A mediados de abril, conversé con Lucía Mbomío en la Feria del Libro de Getxo a propósito de su libro Las que se atrevieron (Sial, 2016). A pesar de que esa mañana de domingo salió un sol espléndido, tuvimos la suerte de que nos acompañaran alrededor de cuarenta personas en el auditorio de la Romo Kultur Etxea. Entre la conversación y las preguntas del público —que estuvo muy animado—, al final, charlamos unas dos horas.

Lucía Mbomío (Alcorcón, 1981) es una comunicadora estupenda —se nota que trabaja en la tele—, así que nos dio tiempo a hablar de todo. De su vocación periodística, de la importancia de la lectura en su vida, de su familia, de lo poco que sabemos sobre Guinea Ecuatorial, de su vínculo con el extrarradio madrileño o de algunas experiencias personales con el racismo. También, por supuesto, de su libro y de lo que cuenta sobre esas seis mujeres españolas que se atrevieron a casarse aquí con hombres guineanos en los años 60 y 70, es decir, en pleno franquismo. Una de ellas, por cierto, fue Sofía, su madre, una de las pocas ingenieras industriales de aquella época.

Estas seis mujeres debieron lidiar con la desaprobación, el chantaje o incluso la agresión de sus familiares, con la mirada inquisitorial ajena y con el cuchicheo constante del vecindario. «Me parecía imposible que se pudiese enamorar de un negro», dice la madre de una de ellas. Y, más adelante, agrega: «… me dolía en el alma que mi hija, la única que tenía, tuviera que significarse de esa forma. Sabía que todos hablaban de nosotros en el pueblo». Si bien esas dos frases no alcanzan para resumir un libro lleno de matices y datos, sí pueden dar una idea de lo difícil que fue todo.

Eso sí, quizá lo mejor sea escuchar a la autora leer un par de fragmentos que nos sirvieron para entender mejor de qué estábamos hablando. En este primero, María le da noticia a su padre de que está saliendo con Miguel Ángel:

Y, en este segundo fragmento, Paloma habla de los hijos que tuvo con Cecilio: José Antonio, Palomita y Edjing:

Como explicó Lucía Mbomío en la charla, si bien hemos avanzado bastante respecto de los 60 y los 70, aún nos queda mucho por delante. «La desconfianza sigue ahí», subrayó, y enumeró algunos casos recientes que conocía de primera mano. Además, conviene recordar que vivimos en un país donde muchas personas consideran aún que África es un país o que ser africano es un disfraz, y no una manera tan válida, genuina y valiosa de entender y de habitar el mundo como cualquier otra. Por eso mismo, es importante, dijo Lucía Mbomío, «luchar contra las personas que no entienden que Madrid, España, Alcorcón, también soy yo».

Relatos distorsionados (e incompletos)

Los medios de comunicación, los partidos políticos y las instituciones llevan décadas construyendo un relato distorsionado: «Nos hacen sentir recién llegados, y no somos recién llegados… Quieren hacernos pensar que somos un fenómeno reciente, y no lo somos», se quejó Lucía Mbomío. El sistema educativo tampoco ayuda: por ejemplo, ¿cuántos han estudiado en el colegio, el instituto o la universidad cómo ha sido la relación de España y Guinea Ecuatorial, la última colonia en independizarse (1968)?

Dicho de otro modo: necesitamos más voces y más relatos que expliquen la mezcla que somos. Una mezcla que viene de lejos (y no de hace unos pocos días, como argumentan algunos). De ahí que tengamos el derecho, añadió Lucía Mbomío, de sentirnos de tantos sitios o de tantas culturas como queramos:

Yo hablo en primera persona del plural según me da. Por ejemplo, ayer cené con varias personas de Guinea, y yo hablaba como una guineana más porque desde pequeña me he sentido muy guineana… Bueno, hasta que fui a vivir un año a Guinea y me di cuenta de que no lo era tanto y de que tenía un montón de cosas españolas. Por eso, a veces hablo en primera persona del plural como española; otras, con un nosotras como guineana; otras, como alguien de Alcorcón. Todas esas caras forman parte de mí. Por eso hablo del poliedro, de que somos un prisma con muchas caras. Yo soy periodista, soy mujer o activista afro, pero también soy muchas otras cosas más.

En fin, es imposible dar cuenta de todo lo que hablamos aquella mañana. Si quieres saber más, échale un vistazo a la entrevista que publiqué a finales de mayo en la revista CTXT. Contexto y acción: «No es lo mismo “tengo un amigo negro” que “mi hija está con un negro”». Allí intenté condensar algo de lo mucho que aprendimos conversando con Lucía Mbomío.

*

P. D.: gracias a Getxo Liburutegiak y a Getxo Intercultural Cities por invitarnos a la Feria del Libro y por la hospitalidad con que nos recibieron. Gracias también al Ayuntamiento por haber publicado la 2.ª edición —400 ejemplares— de Segundas impresiones. 18 reencuentros con personas migradas que hicieron de Getxo su hogar, que escribimos Laura Caorsi y yo en 2017. Y, claro, todo nuestro agradecimiento por haberlo repartido de manera gratuita en la feria y en la charla. Si alguien tiene interés en leerlo, puede descargarlo en formato digital o puede solicitarlo en papel al departamento de Interculturalidad del Ayuntamiento.

 

 

 


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