Así fue la charla con Lucía Mbomío en Getxo

 

A mediados de abril, conversé con Lucía Mbomío en la Feria del Libro de Getxo a propósito de su libro Las que se atrevieron (Sial, 2016). A pesar de que esa mañana de domingo salió un sol espléndido, tuvimos la suerte de que nos acompañaran alrededor de cuarenta personas en el auditorio de la Romo Kultur Etxea. Entre la conversación y las preguntas del público —que estuvo muy animado—, al final, charlamos unas dos horas.

Lucía Mbomío (Alcorcón, 1981) es una comunicadora estupenda —se nota que trabaja en la tele—, así que nos dio tiempo a hablar de todo. De su vocación periodística, de la importancia de la lectura en su vida, de su familia, de lo poco que sabemos sobre Guinea Ecuatorial, de su vínculo con el extrarradio madrileño o de algunas experiencias personales con el racismo. También, por supuesto, de su libro y de lo que cuenta sobre esas seis mujeres españolas que se atrevieron a casarse aquí con hombres guineanos en los años 60 y 70, es decir, en pleno franquismo. Una de ellas, por cierto, fue Sofía, su madre, una de las pocas ingenieras industriales de aquella época.

Estas seis mujeres debieron lidiar con la desaprobación, el chantaje o incluso la agresión de sus familiares, con la mirada inquisitorial ajena y con el cuchicheo constante del vecindario. «Me parecía imposible que se pudiese enamorar de un negro», dice la madre de una de ellas. Y, más adelante, agrega: «… me dolía en el alma que mi hija, la única que tenía, tuviera que significarse de esa forma. Sabía que todos hablaban de nosotros en el pueblo». Si bien esas dos frases no alcanzan para resumir un libro lleno de matices y datos, sí pueden dar una idea de lo difícil que fue todo.

Eso sí, quizá lo mejor sea escuchar a la autora leer un par de fragmentos que nos sirvieron para entender mejor de qué estábamos hablando. En este primero, María le da noticia a su padre de que está saliendo con Miguel Ángel:

Y, en este segundo fragmento, Paloma habla de los hijos que tuvo con Cecilio: José Antonio, Palomita y Edjing:

Como explicó Lucía Mbomío en la charla, si bien hemos avanzado bastante respecto de los 60 y los 70, aún nos queda mucho por delante. «La desconfianza sigue ahí», subrayó, y enumeró algunos casos recientes que conocía de primera mano. Además, conviene recordar que vivimos en un país donde muchas personas consideran aún que África es un país o que ser africano es un disfraz, y no una manera tan válida, genuina y valiosa de entender y de habitar el mundo como cualquier otra. Por eso mismo, es importante, dijo Lucía Mbomío, «luchar contra las personas que no entienden que Madrid, España, Alcorcón, también soy yo».

Relatos distorsionados (e incompletos)

Los medios de comunicación, los partidos políticos y las instituciones llevan décadas construyendo un relato distorsionado: «Nos hacen sentir recién llegados, y no somos recién llegados… Quieren hacernos pensar que somos un fenómeno reciente, y no lo somos», se quejó Lucía Mbomío. El sistema educativo tampoco ayuda: por ejemplo, ¿cuántos han estudiado en el colegio, el instituto o la universidad cómo ha sido la relación de España y Guinea Ecuatorial, la última colonia en independizarse (1968)?

Dicho de otro modo: necesitamos más voces y más relatos que expliquen la mezcla que somos. Una mezcla que viene de lejos (y no de hace unos pocos días, como argumentan algunos). De ahí que tengamos el derecho, añadió Lucía Mbomío, de sentirnos de tantos sitios o de tantas culturas como queramos:

Yo hablo en primera persona del plural según me da. Por ejemplo, ayer cené con varias personas de Guinea, y yo hablaba como una guineana más porque desde pequeña me he sentido muy guineana… Bueno, hasta que fui a vivir un año a Guinea y me di cuenta de que no lo era tanto y de que tenía un montón de cosas españolas. Por eso, a veces hablo en primera persona del plural como española; otras, con un nosotras como guineana; otras, como alguien de Alcorcón. Todas esas caras forman parte de mí. Por eso hablo del poliedro, de que somos un prisma con muchas caras. Yo soy periodista, soy mujer o activista afro, pero también soy muchas otras cosas más.

En fin, es imposible dar cuenta de todo lo que hablamos aquella mañana. Si quieres saber más, échale un vistazo a la entrevista que publiqué a finales de mayo en la revista CTXT. Contexto y acción: «No es lo mismo “tengo un amigo negro” que “mi hija está con un negro”». Allí intenté condensar algo de lo mucho que aprendimos conversando con Lucía Mbomío.

*

P. D.: gracias a Getxo Liburutegiak y a Getxo Intercultural Cities por invitarnos a la Feria del Libro y por la hospitalidad con que nos recibieron. Gracias también al Ayuntamiento por haber publicado la 2.ª edición —400 ejemplares— de Segundas impresiones. 18 reencuentros con personas migradas que hicieron de Getxo su hogar, que escribimos Laura Caorsi y yo en 2017. Y, claro, todo nuestro agradecimiento por haberlo repartido de manera gratuita en la feria y en la charla. Si alguien tiene interés en leerlo, puede descargarlo en formato digital o puede solicitarlo en papel al departamento de Interculturalidad del Ayuntamiento.

 

 

 


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Entrevista Libros

El día que cien cámaras buscaron raíces americanas en Madrid

En España hay más raíces americanas de las que imaginas. Muchas de ellas están a simple vista. Otras, hay que buscarlas. La yincana fotográfica que organiza anualmente Casa de América muestra, a través del juego, hasta qué punto son de ida y vuelta las influencias culturales, intelectuales, científicas y… botánicas.

El mes pasado se celebró la quinta edición de esta yincana, que contó con la colaboración de Instagramers Madrid. El desafío consistió en descifrar pistas para encontrar varios objetos —desde una estatua hasta un tipo de flor—, fotografiarlos y subirlos a Instagram con las etiquetas #AmericaNosUne#casamerica. Había tres horas para lograrlo.

En el certamen de este año (al que se apuntaron 104 participantes), la propuesta estuvo ligada, sobre todo, a la naturaleza: había que encontrar varias plantas de origen americano en las inmediaciones de Paseo del Prado y dentro del Jardín Botánico, el principal escenario del juego. Nuestro blog, Un Puerto, se apuntó a la competición en la categoría de equipos. Además de divertirnos mucho, resultamos ganadores y ayer nos entregaron el premio. A continuación os dejamos el recorrido fotográfico que hicimos.

Así fue nuestro itinerario

1 … Estás en la Casa de América, creada para acercar más América a Europa. Por ser la primera foto, te dejamos que fotografíes lo que más te guste de nosotros, por fuera.

Hoy participamos en la yincana #AmericaNosUne, de #casamerica. Nos une, sí, y nos entrelaza.
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2 … Nuestra sala de exposiciones Frida Kahlo se ha llenado de murales de arte efímero para mostrar la evolución del papel de la mujer en América, bajo la visión de nueve grandes artistas.

Mujeres de América Latina: en la #fortaleza siempre hay espacio para que anide la #ternura.

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3 … Tienes que tomar el jardín histórico urbano más antiguo de Madrid, que además ha sido declarado Bien de Interés Cultural y es uno de los bulevares más importantes y bonitos de la capital. En él, si miras hacia un lado y hacia arriba, verás un jardín de lo más curioso. ¿Habrá dentro de él alguna especie americana?

No estamos muy seguras de si es la yucca o la garrya, pero suponemos que algo de América habrá entre las 120 especies de este ‘jardín al cielo’.

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4 … Procede de Estados Unidos y se cultiva en Europa desde principios de 1700. Llegó a uno de nuestros países vecinos antes que a España, pero en Madrid es fácil de observar y disfrutar. Su nombre evoca grandeza y te los puedes encontrar de camino al Real Jardín Botánico.

Nos dicen que su nombre evoca grandeza… Creemos que su fruto es bastante magno, sí.

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5 … Ya hemos llegado al Jardín Botánico y ahora empieza la aventura más americana. El primer nombre de esta flor fue atlcocotlixochitl, y es originaria de México.

Nos resulta más fácil pronunciar su nuevo nombre. Eso sí, vemos que la relación viene de antaño… Y que es muy fecunda.

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6 … Durante años no ha habido ensalada en la que faltase y qué serían de los calurosos veranos del sur sin el plato que se puede comer, del que es ingrediente principal.

Y sí… Es un fruto estupendo y muy refrescante para los días de calor. Una maravilla de colores y texturas.

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7 … La comenzaron a cultivar los pueblos indígenas en el centro de México, y los indígenas taínos del Caribe le dieron un nombre que significa, literalmente, lo que sustenta la vida. A Europa llegó en el siglo XVII. Los celíacos sí lo pueden comer.

Así alumbra, #diverso, lo que sustenta la vida.

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8 … En Argentina, Uruguay y Paraguay, beber la infusión que se hace con sus hierbas es casi una religión.

¡Hemos visto la luz! Aquí está la yerba mate. Es curioso que, siendo uruguayas y habiéndola tomado miles de veces, hayamos descubierto cómo es la planta… en Madrid.

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9 … Científico, naturalista, botánico y zoólogo sueco, envió a sus discípulos por todo el mundo. A América fue Loefling. ¿Tomas una foto de su estatua?

He ahí un botánico sumido en sus pensamientos…

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10 … Esta foto la eliges tú, siempre que tenga que ver con América.

Dicen que la diversidad es un tema espinoso. Nosotras creemos que el interés por lo distinto siempre da buenos frutos.

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Artículo Arte urbano y Fotografía

Saïd El Kadaoui: «En realidad, hay muchos Marruecos»

El pasado mes de abril, a propósito del Día Internacional del Libro, charlé con el escritor y psicólogo hispanomarroquí Saïd El Kadaoui en la Biblioteca de Getxo (Bizkaia). Hablamos sobre su última novela, No (Catedral Books, 2016), pero también sobre algunos de sus anteriores libros, como Límites y fronteras (Editorial Milenio, 2008) o Cartes al meu fill, un catalá de soca-rel, gairabé (Ara Llibres, 2011). Además, conversamos de su experiencia laboral en el área de salud mental en contextos de migraciones, identidad y adolescencia. Todo ello, en el marco de la estrategia antirrumores del Ayuntamiento y de la estrategia intercultural que promueve la biblioteca. De aquella tertulia salió una larga entrevista.

Por Rubén A. Arribas
@estoy_que_trino

Como Saïd El Kadoaui y yo somos bastante habladores, la tertulia nos salió de hora y media. Luego, abrimos un turno de preguntas y reflexiones con el público, y Kadaoui fue contestando detalladamente a todo lo que preguntaron. Charlamos de casi todo: sus inicios con la escritura, su relación con las lenguas —sueña en catalán, amazig y español—, la identidad hispanomarroquí, la importancia de lo intelectual a la hora de construir una relación con el mundo, el duelo migratorio, lo poco que sabemos sobre la literatura del Magreb o cómo combatir la islamofobia. Incluso hubo espacio para que una jovencísima asistente —unos 14 años— pidiese consejo sobre cómo ser editora y tener su propia editorial. En fin, paramos de hablar porque había que cerrar la biblioteca y la gente tenía que irse a cenar.

A una parte relevante de esa conversación, le he dado forma y la he publicado recientemente en CTXT, en la sección «El Ministerio», en formato entrevista. Esta lleva como titular esta reflexión: «No cambiaría por nada esta sensación de estar un poquito fuera de lugar». Y la podéis leer en este enlace.

Por aquello de que la entrevista para CTXT debía ajustarse a un formato humanamente abarcable, dejé fuera bastante material. Aprovecho la flexibilidad y la libertad que nos da Un puerto que cambia para ampliarla con 5 preguntas y respuestas extra. Vamos, como los discos y los CD: estos son los bonus tracks. Aquí Kadaoui habla sobre cuántos Marruecos hay en Marruecos, las migraciones o el papel de la literatura en un contexto como el actual.

*

¿La cultura lo ha separado de sus padres? Se lo pregunto porque eso es algo que comparten los protagonistas de No y de Límites y fronteras.
No, al contrario, me ha ayudado a acercarme a ellos de otra manera. Mis padres siempre me han inculcado el valor del estudio. En las novelas, cuando el protagonista estudia se aleja algo de sus padres. Y eso en mi caso también es verdad. Hay un momento en que te preguntas sobre el islam, la tradición, el ser marroquí… Y los padres no pueden darte todas las respuestas; bastante tienen con haber cambiado de país. Entonces ahí, sí, se produce una separación y el hijo dice: «Ahora voy a ser yo quien os explique algunas cosas también». Es el papel de cuando el hijo crece. Por suerte, mis padres siempre me han escuchado.

Hablemos de Anna y Fran, esa pareja europea, culta y sensible, y cuyas opiniones varían en función de a qué lado de la frontera están. Cuando están en Barcelona, dicen cosas como querer salir a reventar la tarjeta; sin embargo, cuando viajan a Marrakech, a la vista de la mezcla de lujo y miseria que encuentran, le dicen al protagonista que «No se puede ser marroquí y vivir bien sin sentirse culpable». ¿Exigimos los europeos coherencia a los demás cuando somos incapaces de cultivar la propia?
Si la gente viene a verte a Barcelona o a Bilbao, ¿adónde la vas a llevar? La llevarás a sitios que estén bien, ¿no? A restaurantes, a museos, etcétera. Hay cantidad de gente que va a Marruecos y que te pide «llévame al vodevil este», es decir, a ver la miseria. O, como en un congreso al que fui a Tetuán, en el que la gente no se quedó tranquila hasta que vio calles sucias y la miseria más absoluta… Entonces ya pudo decir: «Esto es Marruecos». Claro que eso también es Marruecos; pero lo otro que te enseña la gente también es Marruecos, y la gente no te lo enseña porque esconda lo otro, sino porque te quiere y te lleva a ver cosas que están bien. En fin, todo esto cansa mucho y es muy agotador. En Barcelona, como trabajo en inmigración, tengo el honor de recorrerme todos los barrios pobres. Es decir: conozco todos los guetos… Anda que no habría cosas ahí para llamar a los demás insensibles o para mostrar otra cara de Barcelona, ¿verdad? Hay que tener cuidado con esto de pedir coherencia.

Said-Getxo

Los dos amigos marroquíes alrededor de los cuales gira No pertenecen a clases sociales diferentes; ambos hablan de dos Marruecos distintos. ¿Cómo son?
En realidad, hay muchos Marruecos. En el libro salen dos; uno es más rural, modesto, difícil, arraigado en el clan, donde el grupo es fundamental para sobrevivir y donde la tradición tiene un peso enorme, y donde la niñez es fantástica porque tienes mucha familia para disfrutar, pero la adolescencia puede ser bastante complicada porque emanciparse resulta difícil. El otro es un Marruecos que piensa más y que ha tenido la opción de producir algunos cambios, de no estar tan atado a la tradición y que, además, tiene la posibilidad de emanciparse.

¿A qué se refiere exactamente?
En el Marruecos tradicional es muy difícil emanciparse; hacerlo suele significar dejar a la gente a la intemperie: si los hijos no cuidan a los padres, ¿quién lo va a hacer? El Estado no lo va a hacer por ti; el Estado no les va a dar una pensión. En el otro Marruecos, esto funciona de otra manera. En la novela, el padre del amigo del narrador es político y empresario, viaja; pertenece a un Marruecos bastante loco, donde se predica una cosa y se hace otra, y donde puede viajar con facilidad quien tiene enchufe y dinero en el banco. En cambio, los otros marroquíes, si no es la con la emigración, no pueden viajar; no les dejan… Por eso se lanzan al mar. Muchos jóvenes dicen: «Si me dejarais viajar, ¿qué necesidad tendría yo de malvivir fuera? Viajaría, vería, tendría la experiencia y volvería». El problema —el drama— es que no lo pueden hacer. Son dos Marruecos, y son como la noche y el día.

En este escenario de un mundo árabe en decadencia y de una sociedad española en transformación, ¿qué papel desempeña la literatura?
La gente necesita alimentarse de historias. Incluso en el Marruecos más tradicional —y esto es algo que pierde la gente que emigra, y es una pena—, ¿qué es lo que le pide la gente que no sabe leer a las tías o las abuelas? Que les cuenten historias. Las abuelas y las tías que saben contar historias tienen un éxito enorme. ¿Por qué? Porque las necesitamos; las historias son un alimento, no una masa más. Necesitamos la literatura. Necesitamos historias para imaginar, para soñar, para creer, para sentirnos iguales y diferentes a los demás. La literatura es importantísima para crear esta dimensión que trasciende lo cotidiano, pero que también te habla de tu vida. No es un lujo; es una necesidad.


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Entrevista Libros

15 imágenes que nos dejó la fiesta del Año Nuevo chino

El 16 de febrero comenzó un nuevo año chino: el 4716, o año del Perro de Tierra. Según el calendario tradicional, que se basa en los ciclos de la luna, este momento marca el paso del invierno a la primavera y anuncia la llegada de los días más luminosos y tibios. Esto es un gran motivo de celebración. No en vano, el Año Nuevo es la principal fiesta china: se extiende durante varios días e incluye desde multitudinarios desfiles hasta reuniones en familia y una gastronomía especial. La comunidad residente en España también ha organizado sus festejos. El fin de semana nos acercamos a la fiesta de Madrid, donde vive el 27 % de este colectivo.

Por Laura Caorsi y Rubén A. Arribas
@lauracaorsi / @estoy_que_trino

 

No hace tanto que el calendario tradicional chino dejó de ser el calendario oficial. Hasta 1912, el tiempo se medía de otro modo. Se tenían en cuenta los ciclos de la luna y esto daba como resultado unos años de duración variable. Por esta razón, el año del Perro que acaba de comenzar se extenderá hasta el 5 de febrero de 2019.

La fiesta de Año Nuevo es la principal celebración. Lo es dentro del país, donde se organizan festejos que duran varios días, y también fuera, en los países donde existen comunidades chinas importantes. En estas fechas, millones de personas regresan a casa para vivir la fiesta con sus seres queridos. Sí, millones. Como señala Clara Serer Martínez en este artículo, publicado por la revista del Instituto Confucio, «cada año, cuando se acercan estas fechas, se produce uno de los movimientos migratorios más importantes del planeta».

Quienes no pueden volver, lo celebran a distancia. En los países donde hay comunidades chinas más o menos numerosas —como la de España, que cuenta con casi 190.000 personas—, la fiesta se ha instalado con naturalidad, como una celebración más. Y no solo entre los miembros de la propia comunidad, también entre sus vecinos y vecinas. El Año Nuevo chino va camino de convertirse en una fiesta intercultural.

En Madrid, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), residen algo más de 51.000 personas nacidas en China. No es, ni mucho menos, la colectividad extranjera más numerosa (antes están las de países como Rumanía, Ecuador, Colombia, Marruecos o República Dominicana); sin embargo, su presencia es notable en barrios como Usera, donde regentan decenas de restaurantes, peluquerías, supermercados, pequeñas tiendas de alimentación, cafeterías, despachos profesionales, inmobiliarias, clínicas de salud, librerías y otros comercios en apenas un puñado de calles.

Precisamente allí, en Usera, se desarrollaron las principales actividades en torno al Año Nuevo; unas actividades que atrajeron a personas de distintas partes de la ciudad —y del mundo—, incluidos nosotros, que fuimos con curiosidad y volvimos con estas fotos.

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Alexis García Pérez: «El humor es la clave de ‘Qué se nos perdió en Cuba’»

El pasado 29 de enero, en la sala Manuel Falla de la SGAE, se presentó Qué se nos perdió en Cuba, un cortometraje escrito y dirigido por Alexis García Pérez de Medina que aborda de un modo peculiar las migraciones y el encuentro de distintas culturas. El corto, que se rodó hace tres años en Barcelona, ha sido seleccionado en festivales como Todos somos otros, que hace foco en la diversidad social, y se podrá ver en la X Jornada de la cultura cubana en Albacete, que tendrá lugar en junio de este año. Después de asistir al pase en Madrid, conversamos con Alexis sobre su propuesta, donde no faltan ni la humildad ni el sentido del humor.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

Todo empezó en un bar de Barcelona. Allí estaba Alexis, hojeando el periódico mientras desayunaba, cuando una noticia le llamó la atención: Cuba, su país, es uno de los destinos preferidos por los españoles para emigrar cuando se jubilan. «Ahora no recuerdo si estaba en el tercer o en el quinto lugar, pero sí que estaba entre los primeros —dice—. Poco después, hablando con mi padre por teléfono, se lo comenté. Él sigue viviendo en Cuba y me confirmó que era así. Es más, me contó que conocía a una pareja de malagueños que se habían ido para allá en ese plan».

Así fue la génesis de Qué se nos perdió en Cuba, un cortometraje que se rodó hace tres años en Sitges y que muestra el anverso de las migraciones a las que estamos acostumbrados en Europa: en esta historia, quien deja su tierra en busca de un futuro mejor al otro lado del Atlántico es una familia de Barcelona.

El humor como herramienta

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El cortometraje muestra a una pareja de mediana edad que, apremiada por la crisis económica, decide emigrar a Cuba con sus dos hijos. El abuelo de los chicos se queda en Barcelona, de modo que, ya desde el comienzo, se plantea una situación bien conocida por las personas que migran: la separación de la familia. Sin embargo, el guion no se detiene en el aspecto dramático del asunto, sino que deriva hacia situaciones más pintorescas y divertidas, casi todas surgidas del encuentro entre ambas culturas.

«Yo quería plasmar lo que me enseñaron cuando estudié Dirección de Cine; que hay que tener verdad en las cosas que contamos —explica Alexis—. Muchos hemos emigrado y sabemos lo que es estar lejos; sabemos que hay mucho dolor por la distancia con los familiares. Está bien mostrar eso, pero creo que para contar la verdad hay que hacerlo también con humor. Por eso he planteado el corto de una manera más divertida», sostiene.

De coches, abuelos y Navidades en Cuba

La herramienta del humor también ha sido indispensable para sacar adelante el trabajo y no venirse abajo en los momentos más duros. «El mundo del corto es complicado. Hay que involucrar a mucha gente para llevar un proyecto hasta el final», reconoce Alexis, que se dejó más de un sueldo (y más de dos) en rodar esta historia como quería. «Bueno…, a mí también me gusta complicarme la vida —admite entre risas—. En este caso, fueron cuatro localizaciones en tres días, hubo dos exteriores y un coche antiguo», un Buick azul del 42 en cuyo alquiler invirtió el equivalente a un mes de salario.

El coche podría haber sido otro, sin duda, pero él estaba empeñado en que fuera ese por una razón en particular: su abuelo tenía uno igual. «Yo quería usar un coche como suyo. Incluso le pusimos la misma matrícula», dice. La elección, más que un fetiche, era un pequeño homenaje: «Mi abuelo era gallego y tenía un proverbio para todo. Como buen gallego, te hacía un negocio de la nada; bueno o malo, pero lo hacía. Él trabajó mucho durante toda su vida porque quería garantizarnos un futuro», recuerda Alexis, cuyo vínculo con España le viene por las dos ramas de su familia.

«Yo tenía este abuelo gallego; el otro era de Canarias. Ambos estaban casados con mujeres cubanas y una de ellas, una de mis abuelas, era negra. En este momento falta gente en la familia y yo vivo lejos, pero las reuniones en Navidad eran brutales, ¡la mezcla de acentos era muy divertida!», cuenta Alexis. Para él, que es fruto de un mix cultural y que además ha tenido su propia experiencia migratoria, resulta sencillo, casi natural, mostrar en su cortometraje las diferencias y complicidades que existen entre las distintas culturas.

Rodar un corto: un proyecto de largo recorrido

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El cortometraje se grabó en Sitges, en los terrenos de una empresa cementera. «Costó mucho convencer al dueño de que nos dejara rodar allí. No quería saber de nada, pero yo soy muy insistente —relata con gracia—. La verdad es que, cuando le mencioné el título completo, él se interesó y me dijo: “siéntate y explícamelo otra vez”. Nunca supe cuál era su relación con Cuba, pero está claro que tiene algún vínculo, algo que le despierta simpatía».

De las muchas dificultades que hubo, Alexis recuerda lo complicado que fue ambientar Cuba en Barcelona. «Cuando no pasaba un tren, aparecía una pareja de domingueros con el perro o había un cartel en catalán que nos delataba… Y después, cuando rodamos en el Paseo de Colón, tuvimos incluso que esconder la cámara. En cuanto la gente ve que estás grabando, ya piensa que está Penélope Cruz y mira, busca…».

Además de los actores y las actrices, hubo dos colaboraciones fundamentales para recrear Cuba en la costa mediterránea. La primera fue la del compositor madrileño Gonzalo García Santos, quien hizo la música y «consiguió que el corto sonara a Cuba», a ese lugar tan particular donde, como dice Alexis, «se mezclan la magia y la realidad, el más allá y el más acá».

La otra colaboración fue, precisamente, la de «una santera de verdad, una mujer que nos ayudó mucho con la escena de espiritismo», cuenta él. Esa escena, graciosa, genuina y también larga, no deja a nadie indiferente. «La escena es larga, es verdad, ya me lo han dicho. Tiene críticos y adeptos, pero es el factor diferencial del corto porque tiene un punto documental. Todo lo otro es más habitual, pero esa escena no. Ahí se muestra una parte muy genuina de mi país».

Y es que, como dice Alexis, «Cuba es un lugar muy especial donde se distingue perfectamente el espiritismo de la santería». Para explicar la diferencia entre ambas, hace un resumen muy claro: «El espiritismo es blanco, es renovarse y limpiar el espíritu. La santería es para pedir cosas; es más un rollo de “traeme tres palomas y las sacrificamos”».

Reparto: Joel Angelino, Marieta Sánchez, Antonio del Valle, Gal Soler, Gala Barroso, Albert Green y Margarita Ponce.

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Getxo ofrece un paseo por la diversidad cultural de Euskadi en el siglo XXI

Desde hoy, y hasta el 5 de diciembre, el Aula de Cultura de Getxo acogerá la exposición Primeras impresiones. La muestra se compone de 60 artículos periodísticos escritos por Laura Caorsi y publicados en el diario El Correo a lo largo de la última década. Los artículos reflejan las historias de vecinas y vecinos que nacieron en distintas partes del mundo, que un día migraron e hicieron de este municipio su hogar. La exposición es un paseo por la diversidad cultural y social de Euskadi en el siglo XXI y, además, es el sustrato de los libros Segundas impresiones, que se presentarán en Bilbao y Getxo el 18 de diciembre.

El Aula de Cultura de Getxo ha reunido 60 historias de personas de distintas partes del mundo que alguna vez dejaron sus países y convirtieron este municipio vasco en su hogar. Son historias de personas que tomaron la difícil decisión de migrar, que experimentaron el desarraigo y que tuvieron que empezar desde cero en una tierra y un entorno diferentes al que dejaron atrás.

Estas historias, escritas por Laura Caorsi, fueron publicadas entre 2007 y 2017 en el diario El Correo y forman parte de una serie más amplia, compuesta por 460 artículos en total. La exposición de Getxo, llamada Primeras impresiones, hace foco en las personas de esta localidad y es, en palabras del Ayuntamiento, «una oportunidad para acercarse a los procesos de migración y arraigo contemporáneos que caracterizan Getxo en el siglo XXI».

La muestra, a su vez, es la antesala de Segundas impresiones, una iniciativa editorial impulsada de manera conjunta por Getxo y Bilbao. Esta iniciativa consta de dos libros, cada uno con 18 historias, escritos por Laura Caorsi y Ruben A. Arribas en 2017. Los libros se presentarán el próximo 18 de diciembre, con motivo del Día Internacional de las Personas Migrantes, y recogen la diversidad de estas dos ciudades vizcaínas que forman parte de la Red de Ciudades Interculturales (RECI) y del Programa de Ciudades Interculturales (ICC) del Consejo de Europa.

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