Los niños perdidos, de Valeria Luisselli

Entre octubre de 2013 y el final del verano de 2015, llegaron más de 200.000 menores no acompañados a la frontera sur de Estados Unidos. La mayoría venían de Honduras, Guatemala, El Salvador y México, y huían de la situación de violencia generalizada que vivían en sus países. Si lograban no ser deportados en la misma frontera, esos niños y niñas indocumentados debían presentarse ante la corte migratoria de Nueva York. Su defensa estuvo a cargo de varias ONG. La escritora mexicana Valeria Luiselli colaboró como traductora del español al inglés y escribió Los niños perdidos, un ensayo que recoge sus conclusiones de aquella experiencia.

Por Rubén A. Arribas
@estoy_que_trino

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01 | Contra la normalización del horror y de la violencia. Empecemos por el final. Poco antes de terminar su ensayo Los niños perdidos (Sexto Piso, 2016), Valeria Luiselli dice que, «mientras la historia no termine, lo único que puede hacerse es contarla y volverla a contar, a medida que se sigue desarrollando y bifurcando». Ella se refiere a la tragedia migratoria que asola Centroamérica y México debido al intento de miles de personas por alcanzar la frontera sur de Estados Unidos. Esta es una historia donde han desaparecido más de 120.000 personas desde 2006, donde el 80 % de las mujeres y niñas son violadas mientras atraviesan México o donde están documentados 11.333 secuestros solo entre abril y septiembre de 2010. Quizá por eso Luiselli sostiene que «las historias difíciles necesitan ser narradas muchas veces, por muchas mentes, siempre con palabras diferentes y desde ángulos distintos». En caso contrario, explica esta escritora mexicana, corremos el riesgo de «permitir que se siga normalizando el horror y la violencia».

02 | La magnitud de la tragedia. Entre octubre de 2013 y junio de 2014, Estados Unidos detuvo a unos 80.000 menores no acompañados en la frontera con México. Hacia el final del verano de 2015, habían llegado a esa misma frontera otros 102.000 niños y niñas. La mayoría venían de países donde la violencia y el terror campan a sus anchas: Guatemala, El Salvador, Honduras y México. En general, estos menores huían de las maras, de los narcos, de la pobreza o, simplemente, de la indefensión derivada de que sus padres habían emigrado años antes. Es decir: huían porque sus vidas corrían peligro. También porque algún familiar suyo radicado en Estados Unidos había pagado de 3000 a 4000 dólares a un coyote —pasador, traficante de personas— para que lo llevara hasta la frontera. Allí, el menor solo debía entregarse a la Border Patrol. En Estados Unidos cundió el pánico y casi nadie habló de «crisis de refugiados», sino de «crisis migratoria».

03 | ¿De qué va el libro? Si quieres una sinopsis, lee la contratapa del libro. También puedes ver el vídeo que publicó Once Noticias (y que está al final de este bloque). Si quieres hacerte una idea del contenido, puedes leer un fragmento del libro en la revista Gatopardo. También en el blog El Boomerang.


04 | Una puerta trasera para deportar más rápido. 
La Administración del Gobierno de Obama no recibió bien aquel repentino flujo migratorio de menores no acompañados. De hecho, tomó dos medidas bastante discutibles al respecto. La primera fue crear el «priority juvenile docket, una instancia legal para acelerar los procedimientos de deportación de los miles de niños y adolescentes indocumentados», es decir, para dificultar que estos encontraran un abogado o abogada que pudiera defenderlos apropiadamente. Si no tienes defensa, es más fácil deportarte. Eso, en palabras de Luiselli, creaba «una puerta trasera —legal, pero trasera— para no cumplir con una ley firmada por el mismo gobierno». Por cierto, y solo por abundar en lo obvio: ¿cuántos niños y niñas pueden pagarse un abogado?

05 | México, el guardaespaldas de Estados Unidos. La segunda medida del Gobierno fue presionar a México para que se desempeñase el mismo papel que Marruecos, Turquía y otros estados desempeñan respecto de la Europa-fortaleza. Así, el Gobierno de Peña Nieto asignó 102 millones de pesos al llamado «Programa Frontera Sur», cuyo objetivo, según la escritora mexicana, fue «deportar masivamente a migrantes que en muchos casos, por ley migratoria, tendrían derecho a asilo político tanto en México como en Estados Unidos». ¿Qué quiere decir masivamente? Por ejemplo, que en 2015 deportó a 150.000 personas. Por decirlo con otras palabras: México se encarga de hacerle el trabajo sucio a Estados Unidos.

06 | No somos números; somos historias. Hay quienes se esfuerzan por olvidar y hacer olvidar que detrás de los números hay personas. Es decir: nombres y apellidos, historias de vida, sentimientos. En todas partes hay tecnócratas, periodistas, asesores, políticos o vecinos a los que, por increíble que parezca, debemos explicarles que las personas no somos un balance que hay cuadrar, un porcentaje del que alardear o un puñado de huesos destinados a aparecer en fosas comunes como las de Tamaulipas. Por eso, debemos contar una y otra vez la historia de las hermanitas guatemaltecas de 5 y 7 años que viajaron con el teléfono de la madre bordado en el vestido o la del chico hondureño al que la mara le mató a su mejor amigo y a él lo iba a buscar a la salida del colegio. También la de todas esas madres que pagan a un coyote miles de dólares por una sencilla razón:  el viaje con el coyote les parece menos peligroso que dejar a sus hijos en su país.

07 | Tamulipas, el símbolo de las nuevas matanzas. En la fosa de San Fernando (Tamaulipas) aparecieron los cadáveres de 72 personas migrantes asesinadas por el cártel de Los Zetas en el marco de su lucha contra el cártel del Golfo por el control de una zona estratégica para el tráfico de drogas, dinero y armas. El hallazgo fue un punto y aparte para la sociedad civil mexicana; demostraba la connivencia entre el Estado, la policía y los narcos para eliminar a decenas de personas de manera sistemática, sin dejar rastro y sin investigar qué pasó. De hecho, la periodista Alma Guillermoprieto coordinó un libro donde convocó a otros colegas —Juan Villoro, Elena Poniatowska,  Joge Volpi o la propia Valeria Luiselli— a recuperar la historia de esas 72 personas. Desde entonces se han descubierto decenas de fosas comunes similares en San Fernando y en otras localidades mexicanas cerca de la frontera. También aparecieron iniciativas como Más de 72, coordinada por Marcela Turati, que testimonian lo espeluznante de lo sucedido.


08 | La noción de comunidad, ¿en peligro de extinción? 
Los niños perdidos plantea al menos cinco preguntas relevantes:

  1. ¿Está desapareciendo la noción de comunidad entre otras razones, porque los flujos migratorios están desestructurando las familias?
  2. ¿Cómo se educan y crecen —qué clase de protección y de contención reciben— todos esos niños y niñas cuyos padres y madres migran a Estados Unidos en busca de una vida mejor?
  3. ¿Es la guerra del narco una guerra hemisférica que abarca «el territorio que empieza en los Grandes Lagos del norte de Estados Unidos y termina en las sierras de Celaque, en el sur de Honduras?
  4. ¿Son para muchos las pandillas, maras o gangas el último rescoldo de comunidad?
  5. Si quienes llegan a la frontera de Estados Unidos pertenecieran a «mejores nacionalidades y genealogías más puras», ¿los tratarían mejor, es decir, como las niñas y niños que son?

09 | El lado luminoso del Imperio. Por suerte, Estados Unidos es mucho más que Donald Trump, el Tea Party o el amor de muchos por tener un rifle en casa. También «es un lugar lleno de individuos» con «un sentido profundo de compromiso social con una comunidad» y que, si les explicas lo que está sucediendo, se implican y aportan soluciones. Además del trabajo de las ONG con las que colabora —The Door o Safe Passage—, Luiselli cuenta lo que le sucedió como profesora en su asignatura de español en la Universidad de Hofstra. A fuerza de debatir en clase la cuestión migratoria, su alumnado terminó formando una asociación —la Teenage Inmigrant Integration Association— que da clases de inglés y de preparación para la universidad, fomenta el deporte como herramienta de inclusión, tiene un programa de radio o un grupo de debate sobre derechos y responsabilidades civiles. Quizá esa sea la conclusión más alentadora del ensayo: «Solo se necesitan diez estudiantes motivados para empezar a hacer una mínima diferencia».

*

P.D.: Valeria Luiselli hablando en español en Democracy Now!

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