381 | Sabrina

El entorno muestra a veces lo que sucede en el interior, y la historia de Sabrina Cacho es un buen ejemplo de ello. Los cambios notables de paisaje han acompañado siempre a los cambios en la vida de Sabrina, una joven suiza que vivió parte de su infancia en Zurich, toda su adolescencia en Canarias y que vive su juventud en Bilbao, donde ha empezado su vida profesional y donde ha decidido iniciar un negocio por su cuenta. “Si no pones a prueba tus sueños, nunca sabrás qué resultados puedes tener”, dice con todo el convencimiento y toda la ilusión que caben en sus 24 años.

Sabrina es estilista. Estudió peluquería en Canarias y viajó por primera vez a Bilbao cuando llegó el momento de hacer sus prácticas. “Sucedieron dos cosas a la vez -explica-. Por un lado, en Canarias no había muchas oportunidades de trabajo. Por otro, yo tenía aquí un primo, también peluquero, que me permitía hacer las prácticas con él”. Así, como en tantos otros casos migratorios, su decisión de venir al País Vasco fue laboral.

Lo cuenta sin hacer épica del asunto, ya que los cambios han sido para ella algo habitual. “Me fui de Zurich cuando tenía ocho años y también fue por trabajo; en este caso, de mi padre. Para mí es algo normal. No me cuesta adaptarme a los entornos nuevos. El cambio de Suiza a Canarias no me resultó muy duro, y tampoco el de Canarias a Euskadi. Es verdad que los paisajes son muy distintos, y también el clima y la gente… pero no tengo problemas con eso, ni con los idiomas”, dice. “En cuanto al carácter de los vascos, es ciero que al principio son un poco cerrados, que no te ofrecen su amistad así como así. Sin embargo, cuando se abren y confían en ti, son personas super generosas, grandes amigos y muy leales, apunta Sabrina, que también está muy familiarizada con la interculturalidad.

“Mi padre es suizo y mi madre es italiana”, detalla con un entrañable acento canario. “Y yo, cuando vine a Bilbao, conocí aquí a mi chico. Él y su familia son de aquí”, apunta Sabrina, mientras desvela una de las principales razones para quedarse. “Cuando acabé las prácticas, empecé a trabajar como empleada en varias peluquerías”, dice y concreta que fueron seis en tres años. ¿Por qué tantas en tan poco tiempo? “Hay mucha rotación y lo habitual son los contratos temporales, contratos de trabajo por producción”, responde, al tiempo que ilustra la realidad laboral que viven miles de jóvenes, enfrentados a la precarización del mercado de trabajo.

“Es muy sacrificado… En la última peluquería donde trabajé, estaba prácticamente sola para todo. El negocio no iba muy bien. Mi jefa venía los fines de semana a coger el dinero que se había recaudado y, la mayor parte de las veces, las ganancias no llegaban ni siquiera para cubrir mi sueldo. Ella tenía, además, una tienda de alimentación, y en un momento me ofreció quedarme a cargo de la peluquería. Me entusiasmé mucho. Mi novio me ayudó con el plan de marketing y juntos buscamos la manera de hacerla crecer. El negocio no era mío, pero yo sentía como si lo fuera”, confiesa.

Año nuevo, proyecto nuevo

Las iniciativas empezaron a dar frutos, pero no los suficientes a ojos de la dueña del local, que “en Navidad decidió cerrar la peluquería por reformas… y nunca más la volvió a abrir”, cuenta Sabrina. Así las cosas, con el inicio del nuevo año, se planteó aprovechar la experiencia, lanzarse por su cuenta y emprender. “Mi chico siempre me ha apoyado en todo, y juntos nos planteamos montar una peluquería propia. Hicimos un plan de promoción similar al que habíamos diseñado para la otra y, también hay que decirlo, tuvimos mucha suerte. Sus padres nos echaron un buen cable, nos han ayudado mucho, y mi primo, el peluquero, me ayudó también con el material para poder empezar”, explica, agradecida.

“Esto sí que nos costó, porque es difícil empezar algo desde cero. Nunca falta la gente que te dice que estás loca, que cómo vas a emprender en época de crisis… Pero por suerte tampoco faltan los amigos que te apoyan y te empujan a seguir hacia adelante. En estos meses, nos hemos movido mucho y también nos hemos vinculado con asociaciones solidarias para hacer labor social, enseñar lo que hacemos y conocer personas encantadoras de aquí y de otros países. Hay que pensar de manera creativa. Como te decía al principio, si no haces el intento, nunca sabrás si era posible alcanzar tus metas”.

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