437 | Tété

Emigrar no significa olvidarse del país de origen, de la vida allí ni de los afectos que quedaron. Y, en casos como el de Tété Barrigah, que se marchó de Togo con veinte años, tampoco implica desentenderse de la arista más aciaga de su realidad. Tété no olvida la situación económica que forzó su emigración ni el durísimo viaje que realizó durante años para llegar finalmente a Bilbao. Por el contrario, tiene muy claro que esa realidad sigue oprimiendo a buena parte de la población y auspiciando itinerarios como el suyo, sembrados de peligros y contratiempos.

“Mientras las cosas no mejoren allí, la gente se seguirá marchando. Es importante entender esto y trabajar para cambiarlo. Hay que ofrecer alternativas a los niños y jóvenes que están en Togo, sacarlos de las calles y de la precariedad, darles unos estudios y unas herramientas para que no tengan que emigrar como lo hemos hecho muchos de nosotros”, sostiene. Conscientes de que la ayuda exterior es una pieza clave para poner en marcha la maquinaria del progreso, Tété y otros togoleses residentes en Euskadi han creado una asociación cuya finalidad es tender puentes entre su tierra y el País Vasco.

“Somos muy pocos togoleses –apenas hay 14 en toda la comunidad–, pero nos esforzamos mucho para sacar adelante proyectos sociales que favorezcan la integración aquí y el desarrollo allí. Las dos cosas son muy importantes. En nuestra asociación, Novisi Elkartea, apostamos por los espacios de intercambio cultural. Tenemos un equipo de fútbol donde coinciden vascos y africanos, un grupo de música con el que damos a conocer nuestra percusión, y ahora estamos trabajando en uno de los proyectos más bonitos y ambiciosos que hemos tenido entre manos: llevar un contenedor de libros a Togo”.

Tété explica que, hace unos meses, recibieron una importante colaboración de Azkuna Zentroa. “Nos donaron 8.000 libros y material de informática para ayudar a nuestra iniciativa de desarrollo cultural. La idea es apoyar a los centros educativos infantiles y crear un espacio nuevo, la Biblioteca de Aného, para promover el aprendizaje y el uso de las lenguas castellana y vasca. Queremos llevar el euskera a Togo y, en un futuro, crear allí una euskal etxea. De esa manera, muchos niños huérfanos o pobres que hoy están en la calle, buscándose la vida para poder comer, podrán estar en un sitio seguro, estudiando y aprendiendo idiomas”.

Una gala benéfica

“Pero lo primero es llevar los libros”, señala volviendo al presente. Y para eso hace falta un contenedor, transporte… y dinero. “Hemos organizado una gala benéfica para recaudar fondos”. El Festival ‘Colores de la Diversidad’ tendrá lugar este viernes, a las 19 horas, en Bilborock. Participarán varias asociaciones, no solo africanas, y la entrada costará 5 euros. “La fiesta busca promover la integración y combatir el racismo, la xenofobia y las muchas discriminaciones que nos afectan como sociedad. Celebramos el encuentro de culturas y, además, usaremos lo recaudado para hacer realidad este proyecto en Togo”, expone.

“En mi país hay muchos niños en la calle. A veces, son huérfanos. Otras, tienen padres alcohólicos. Pero siempre son pobres, y tienen que trabajar buscando chatarra, por ejemplo, para poder comer. La situación es tan adversa que no pueden cambiarla solos”, describe Tété, y añade que a él le tocó vivirlo. “En mi familia somos siete hermanos. Cuando mi padre murió, mi madre no ganaba lo suficiente para sacarnos a todos adelante. Mis hermanos mayores trabajaban también, una es peluquera, otra costurera, otro carpintero… Con eso no alcanza para vivir”.

Dos de sus hermanas emigraron a Benín, el país vecino, para trabajar como camareras. Él decidió venir a Europa. Pidió el visado varias veces en el consulado, pero no se lo concedieron, así que se lanzó a hacer un viaje de casi tres años donde descubrió lo mejor y lo peor del género humano. “Tardé solo dos semanas en llegar a Marruecos e intenté cruzar por la valla, pero no lo conseguí. Descubrí que mucha gente vive de los migrantes, que se aprovechan. Hay grupitos que dominan zonas. Hasta para dormir en el monte tienes que pagarles si no quieres tener problemas”, relata.

Tété estuvo dos años así, hasta que se animó a intentarlo otra vez. “Crucé nadando desde Tetuán a Ceuta. De ahí me llevaron a Madrid, luego a Lleida y finalmente vine a Bilbao. Llegué en 2011, dormí en un albergue y en un edificio abandonado, comí en comedores sociales. Lo pasé muy mal y ahora soy voluntario. Mi primer trabajo me lo dio un iraní, que tenía una tienda y necesitaba que alguien le ayudara a pintarla. Fue un camino muy difícil hasta lograr cierta estabilidad. No quiero que otros pasen por lo mismo”.

Artículo publicado originalmente por Laura Caorsi en el diario El Correo.
2016 África Ellos

423 | Koudjo

–¿Cómo se escribe tu nombre?
–Koudjo Mawuli Klevo.
–¿Klevo es el apellido?
–Sí. En Togo solo usamos el apellido paterno. La revolución feminista no ha llegado todavía a mi país; es una pena. El apellido de mi madre es Balo. Sería bonito incluirlo porque le tengo muchísimo respeto.

La respuesta y el comentario de Koudjo esbozan muy bien su manera de pensar y permiten entrever cómo funcionan algunas cosas en el país del que se marchó hace ocho años, aunque para contar eso él es mucho más explícito y concreto. Los dos años que ejerció como periodista se notan.

“Togo vivió una dictadura de casi cuarenta años. Desde 1967 el país estuvo bajo el mando de Gnassingbé Eyadéma. Cuando murió, en 2005, una parte de la sociedad creyó que empezaba un periodo nuevo para el país. Los jóvenes, sobre todo, pensábamos que la gestión iba a cambiar, que iba a haber más democracia, pero nos equivocamos. Tras su muerte se suponía que debían celebrarse elecciones… Eso no sucedió. El ejército apoyó a Faure Gnassingbé, el hijo del dictador, que todavía sigue en el poder como presidente”.

“Es decir que seguíamos igual. Iba a ser más de lo mismo –prosigue–. Yo estaba ahí, tenía 23 años. Había estudiado Filología Inglesa y Literatura, trabajaba como periodista. Estaba ahí pero no quería estar ahí. Esa no es una situación cómoda para una persona inteligente, formada y con otra perspectiva de la vida. Es muy difícil vivir bajo una dictadura cuando crees que la política debería mejorar la vida de la gente –razona–. Tenía que buscar una salida”.

La encontró en 2008, gracias a la Expo de Zaragoza. “Unos años antes, había estado en Sierra Leona, en unos encuentros de jóvenes sobre la transformación de conflictos. Como la Expo trataba sobre el agua y el desarrollo sostenible, se acordaron de mí y me invitaron. Vine a España como periodista, en avión y con un visado Schengen en el pasaporte”, detalla. “Para mí era todo un privilegio porque hay mucha otra gente que no puede viajar. También fue la oportunidad de hacer un cambio grande en mi vida. Cuando llegué, decidí no volver”.

Durante su estancia en Zaragoza, Koudjo contactó con un primo suyo que vivía en Suiza. Quería quedarse en Europa y le daba igual la ciudad. Lo que buscaba era un sitio donde hubiera alguien conocido o, al menos, alguien de referencia. “Mi primo me puso en contacto con un amigo suyo, de Sevilla, que a su vez me pasó los datos de otro chico que estaba aquí en Bilbao. Así vine al País Vasco, en autobús desde Zaragoza y con un nombre y un número de teléfono apuntados en un papel. El caso es que llamaba al móvil y siempre estaba apagado. Jamás llegué a conocer a esa persona”.

Dos togoleses, una casualidad

En cambio, encontró de casualidad a dos togoleses como él, que lo alojaron en los primeros tiempos. “Los oí hablar y me acerqué a ellos. Hablaban mi idioma y me guiaron en la ciudad y con los trámites. Así empezó mi vida aquí”, recuerda Koudjo, aunque matiza que no fue fácil. Los ‘papeles’, la subsistencia y el idioma fueron los primeros obstáculos que surgieron en su camino y que él afrontó acercándose a distintas ONG para trabajar como voluntario y conocer a otras personas. “Fue duro, pero no me arrepiento. Seguí formándome, aprendí otras cosas, y además soy más útil para mi familia y mi país desde aquí”.

Tardó años en conseguir un contrato y regularizar su situación. A día de hoy, es el coordinador general en Investing in Youth, un foro europeo de jóvenes preocupados por el desarrollo social, los derechos humanos y las oportunidades para la juventud. También es el secretario de Novsi Elkartea, una asociación solidaria entre Euskadi y Togo. “Acabamos de recibir una donación de 8.000 libros y ahora estamos viendo cómo hacerlos llegar a mi país”, cuenta agradecido y con mucho entusiasmo. Y es que para Koudjo, la clave del desarrollo y la integración está en la participación social.

“Hay que involucrarse. Las instituciones deben ofrecer espacios de encuentro, pero con eso no basta. La integración no se consigue con una varita mágica, sino con el esfuerzo de todos. Los extranjeros debemos tener más iniciativa. Pagar impuestos, pagar el IVA está bien, pero hay que ir más allá. Una vez que has dejado a tu familia, tus amigos, tu país, que has viajado tan lejos y lo has pasado mal, no vas a quedarte de brazos cruzados. No puedes. La inmigración trae riqueza, no solo económica. Es tarea nuestra mostrarlo. La participación social es clave para construir una sociedad que se pueda llamar inclusiva”.

Artículo publicado originalmente por Laura Caorsi en el diario El Correo.
2016 África Ellos