Txarango, el impacto de la alegría colectiva en tiempos de muros y fronteras

«En sitios rotos, donde gobierna la desesperanza, donde la dignidad parece haber sido arrebatada, la alegría es un acto de rebeldía»

Es difícil contar en pocas palabras todo lo que hay detrás de un grupo como Txarango. Eso sí, sea cual sea el resumen, al menos deberían figurar estos cuatro conceptos: enriquecerse a través del contacto con otras culturas, trabajo colectivo, viajar para conocer y música alegre que sea capaz de incidir socialmente.

Por Rubén. A. Arribas y Laura Caorsi
@estoy_que_trino / @lauracaorsi

Respecto de lo primero, un ejemplo es el centro cultural de Caparan (Senegal). Este centro, dedicado a las artes escénicas, la banda lo financió con dos iniciativas: un concierto en Torelló y unas camisetas diseñadas para la ocasión. Además, en El cor de la terra, su último disco, Txarango ha grabado el tema «Meravellós regal» con los niños y niñas ugandeses del Safari Children’s Choir.

Txarango-discoEn cuanto al trabajo en red, también El cor de la terra es un buen ejemplo de cómo entiende la banda su profesión. Txarango se ha convertido en una cooperativa musical y ha cedido la mitad de los derechos de cada una de las 14 canciones a una organización diferente con la que ha colaborado en algún momento. La idea es financiar aquellos proyectos por los que se sienten representados. Entre las organizaciones elegidas, están Unitat contra el feixisme i el racismeTanquem els CIE o Stop Mare Mortum.

Por último, lo de viajar y lo de incidir políticamente en la sociedad han ido de la mano a la hora de preparar este disco. Antes de sentarse a componer, los integrantes del grupo han querido ser permeables a lo que estaba sucediendo en el mundo y pertrecharse de experiencias vitales que les permitieran acercarse al proceso creativo con una mirada más social. De ahí que, en este último año y medio, Txarango haya tocado en Palestina, Senegal, Gambia, el campo de refugiados de Idomeni o los CIE de Ceuta y de Melilla.

El resultado de esos viajes ha sido doble. Por un lado, la banda ha cursado una suerte de máster en fronteras de manera exprés y se ha empapado de primera mano de lo que está pasando en nuestra Europa-fortaleza. Por otro, allí donde han ido han descubierto que su música alegre y festiva era siempre bien recibida: si algo faltaba allí donde se lanzan bombas, se trafica con seres humanos o se hacina a personas inocentes como si fueran criminales es, precisamente, el baile, las palmas, la oportunidad de cantar… Por esa razón, en vez de ser un disco oscuro y denso —es decir: acorde con la experiencia vital vivida—, Txarango quiso que El cor de la terra fuera pura efervescencia. La elección fue plenamente consciente.

El disco se puede escuchar gratis y de manera íntegra en su web. También se puede descargar sin coste alguno. Por último, un dato: el 22 de junio, la banda tocará en el mítico festival de Glastonbury.

—Antes de publicar este álbum, habéis tocado en sitios como los CIE de Melilla y Ceuta, el campo de refugiados de Idomeni o en Palestina. ¿Qué habéis visto en esos sitios para pedir que abramos las puertas, como dice vuestra canción «Obriu les portes»?
—La verdad es que hemos vivido un año muy intenso. En paralelo a la creación del disco, hemos hecho muchos viajes, que en parte han dado la personalidad a muchas de las canciones. En la canción «Obriu les portes», hablamos de la necesidad de cambiar las políticas migratorias de esta Europa fortaleza en la que vivimos. Hemos estado en Grecia  y hemos visto cómo han sido y son tratados los refugiados. Hemos visto en Melilla (en nuestra frontera sur, que pagamos con nuestros impuestos) el trato a las personas que intentan cruzar la valla. No pedimos nada especial; solo pedimos que se les conceda asilo a los demandantes que, en pleno derecho, lo hacen y no se les concede; pedimos la libre circulación de todo ser humano, independientemente del país de procedencia del que venga.

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Txarango de gira. El autor de las fotos es Bernat Almirall.

—Vuestra música es muy alegre, incluso cuando habláis de vallas y alambradas, como en la canción «Resiste y grita». ¿Qué papel desempeña una propuesta así, festiva, en esos sitios tan llenos de desesperanza donde habéis tocado?  
—Entendemos la alegría como acto de rebeldía. De hecho, es una de las cosas que hemos aprendido en estos viajes. En sitios rotos, donde gobierna la desesperanza, donde la dignidad parece haber sido arrebatada, la alegría es un acto de rebeldía. Y nos hemos dado cuenta de que la música abrazaba a la gente y que, por unos minutos, juntos escapábamos de sus jaulas para cantar, bailar y compartir. Era realmente un acto catártico. Se movía mucha energía.

—¿Podríais recomendarnos canciones de otros grupos que hablen, como las vuestras, sobre las migraciones o el mestizaje cultural?
—Hay muchos grupos que, como nosotros, entienden la música com una herramienta para incidir socialmente. Por ejemplo, Aspencat, que ha estado trabajando en la campaña de cierre de los CIE en Valencia.

*

Obriu les portes

«La música és el batec dels pobles
i amb nosaltres portem els seus camins.
Obriu totes les portes.
Benvinguts al cor de la terra».
He vist el cel cobert de plom.
He vist ciutats desaparèixer com la pols.
He vist un mur furiós al mar, plorar la mare terra.
He recollit metralla al cor;
dels que han fugit desde les portes de l’horror.
Que cremi roig el foc d’un vers contra el foc de la guerra.
Pararem el temps,
hem vingut de lluny.
Del ventre de l’Orient,
dels camins perduts.
Pararem el temps,
canviarem el rumb.
Un crit al vent rebel:
benvinguts, salam aleikum.
Som tot allò que no té nom.
Som el demà de la tristesa i de la por.
Hi haurà un camí sota la nit, hi haurà esperança.
He vist la mort parlar d’amor.
He vist els pobles despertar en una cançó.
Mira’m als ulls, no estarem sols, un altre món esclata.
Pararem el temps,
hem vingut de lluny.
Del ventre de l’Orient,
dels camins perduts.
Pararem el temps,
canviarem el rumb.
Un crit al vent rebel:
benvinguts, salam aleikum.
«En la tierra hacen falta personas que
construyan más y destruyan menos,
que prometan menos y resuelvan más,
que esperen recibir menos y dar más,
que digan mejor ahora que mañana».
Avui s’obriran totes les portes,
tots els camins en un instant.
Nua la nit al teu davant.
Avui trobaràs un mar en calma,
tots els records dels oblidats.
Nua la nit al teu davant.

Abrid las puertas
 «La música es el latido de los pueblos
y con nosotros llevamos sus caminos.
Abrid todas las puertas.
Bienvenidos al corazón de la tierra».
He visto el cielo cubierto de plomo.
He visto ciudades desaparecer como el polvo.
He visto un muro furioso en el mar, [he visto] llorar a la madre tierra.
He recogido metralla en el corazón
de quienes han huido desde las puertas del horror.
Que arda el fuego rojo de un verso contra el fuego de la guerra.
Pararemos el tiempo,
hemos venido de lejos.
Del vientre del Oriente,
de los caminos perdidos.
Pararemos el tiempo,
cambiaremos el rumbo.
Un grito al viento rebelde:
bienvenidos, salam aleikum.
Somos todo lo que no tiene nombre.
Somos el mañana de la tristeza y del miedo.
Habrá un camino bajo la noche; habrá esperanza.
He visto a la muerte hablar de amor.
He visto a los pueblos despertar en una canción.
Mírame a los ojos; no estaremos solos: otro mundo estalla.
Pararemos el tiempo,
hemos venido de lejos.
Del vientre de Oriente,
de los caminos perdidos.
Pararemos el tiempo,
cambiaremos el rumbo.
Un grito al viento rebelde:
bienvenidos, salam aleikum.
«En la tierra hacen falta personas que
construyan más y destruyan menos,
que prometan menos y resuelvan más,
que esperen recibir menos y dar más,
que digan: “Mejor ahora que mañana”».
Hoy se abrirán todas las puertas,
todos los caminos en un instante.
Desnuda, la noche frente a ti.
Hoy encontrarás un mar en calma,
todos los recuerdos de los olvidados.
Desnuda, la noche frente a ti.

*

Si quieres saber más sobre Txarango, te recomendamos estas dos estupendas entrevistas:

  • «Lo que hemos decidido hacer es politizar nuestras acciones», publicada por Mondosonoro;
  • «Estamos aquí para cambiar el mundo y, si no podemos [hacerlo], al menos hacer las revoluciones posibles», publicada por VilaWeb (en catalán).

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Conoce a otros artistas que le cantan a las migraciones y la diversidad en nuestra sección de música migrante

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Lock Ons: pensar en los demás aunque no quieras

Las intervenciones artísticas pueden lanzar mensajes muy potentes cuando están bien planteadas. No hace falta que sean de gran tamaño ni que las firme una estrella del street art si las piezas están bien hechas y se colocan en el lugar oportuno. Cuando esto sucede, el arte urbano sin estridencias es capaz de llegar donde muchas campañas no llegan.

El arte puede hacerte sentir vulnerable cuando te encuentras seguro, pensar en lo terrible cuando fotografías lo bello o arrugarte el corazón cuando estás en pleno instante hedonista. Puede hacerte entender —de un vistazo— que hay personas que luchan, que sufren y mueren soñando con estar justo ahí, donde estás tú.

Señales punzantes del mundo exterior

Un pinchazo en una pompa de jabón. Eso es lo que provoca este trabajo del artista callejero Rough.eq, que eligió la apacible y ordenada ciudad de Basilea para recordarle a sus transeúntes que son muy afortunados. No muy lejos de este mundo hay otro mundo bien distinto donde la gente lo pasa fatal. La propuesta del artista es señalarlo.

Antes de explicar en qué consiste el trabajo Lock Ons (bloqueos), va un apunte de contexto: el escenario donde se instala esta obra es una de las ciudades culturales más importantes de Europa y la tercera más poblada de Suiza. Basilea es una ciudad fronteriza que se engarza en la confluencia con Francia y Alemania, y es también, como se ve en la foto de abajo, una urbe tranquila que se asienta a horcajadas del Rin.

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Cruzar el Mittlere Brüke (ese puente de la foto) es un trayecto habitual para los residentes y un recorrido obligado para los turistas. No solo porque conecta dos zonas de la ciudad, sino porque ofrece una panorámica estupenda de la parte antigua y permite hacer buenas fotos.

El puente, como se ve, es de piedra y cemento. Sin embargo, no es ajeno a una costumbre cada vez más extendida en el mundo: la de poner «candados de amor». Puesto que el Mittlere Brüke no tiene barandillas de hierro, los candados se concentran en la única reja que hay en todo el puente, justo en medio de la construcción.

Más allá del trasfondo cursi, del impacto negativo que supone la acumulación de candados para la arquitectura, y de lo discutible que pueda ser elegir estos ingenios como símbolo de amor, lo cierto es que la composición, en su conjunto, es llamativa. Precisamente por ello, porque capta la atención de los viandantes, Rough.eq eligió este punto para anclar allí esta escultura:

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Encadenada a los candados que profesan amor, hay una pequeña escultura de cemento que representa un grupo de migrantes en un bote, similar a los de verdad, los que intentan llegar a Europa en busca de refugio y asilo. Las figuritas y la embarcación, pintadas de colores, discuten en silencio con los candados, con esa reja, con nuestro férreo y limitante concepto del amor.

Ponerse en la piel de los otros

El contraste me pareció tan interesante que decidí hacer unas fotos. Y, mientras eso sucedía, observé la reacción de otras personas que, como yo, pasaban frente a la reja. Hubo de todo. Algunas también fotografiaban la escultura. Otras la encontraban curiosa y algunas otras, incómoda. No faltó quien se esforzó para fotografiar los candados dejando afuera del encuadre al barquito de los vulnerables. Como en la vida misma.

Todo aquello me resultó muy sugerente —cómo no—, pero terminó por cautivarme cuando apenas dos días después, en una zona cercana, encontré otro barquito, otra escultura. Si la primera me hizo pensar en la tragedia del Mediterráneo y recordar imágenes tan duras como las que muestra el documental Astral, la segunda me hizo sentir la pequeñez de echarse al mar sin saber si habrá una orilla al otro lado.

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¿Qué tiene esta figura para provocar una sensación así? La realidad que representa y el lugar donde la han colocado: se encuentra en la antesala de tu propia experiencia en el agua.

Solo una tabla entre el agua y tus pies

La catedral de Basilea está a orillas del Rin, en una zona elevada, no al nivel de las aguas. Desde las inmediaciones de este edificio baja una larga escalera de piedra que da acceso a un muelle flotante de madera. Este muelle —que si estuviera en otro país describiríamos como precario— permite subirse a una pintoresca barcaza, también endeble y también de madera. En tres o cuatro minutos, cruzas el río en ella, y te plantas al otro lado de la ciudad.

La escultura de los refugiados está allí, a pocos metros del río, del muelle y de la barcaza real, que es la razón por la que has bajado hasta este sitio. Porque eres turista y quieres montarte en el barco a hacer fotos.

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Claro, la experiencia cambia —y mucho— cuando cinco minutos antes te has topado con un objeto que te coloca la indefensión y la injusticia en la cabeza. Después de ver la escultura de los refugiados es muy difícil, sino imposible, cruzar el río sin pensar en otros cruces y otras aguas. Es muy difícil no sentir empatía con toda la gente que se lanza al mar de horizonte incierto cuando tú mismo te sientes vulnerable en ese barquito que se mece demasiado, que tiembla a merced de las corrientes y se estremece bajo tus pies.

Y eso que ves la orilla de enfrente, la barcaza lleva un cable de seguridad y solo has pagado 1,50€ por cruzar. La historia de los refugiados, como ya sabemos, es bien distinta hasta en eso.

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De vuelta en casa y, antes de sentarme a escribir, busqué datos sobre las pequeñas esculturas. De la obra Lock Ons y el artista, Rough.eq, encontré poca información en internet. La más completa se publicó hace un par de meses en la web de Brooklyn Street Art (BSA), donde reseñan este trabajo. Según explica el escultor a los autores de la página, creó y colocó más piezas en la ciudad, y la respuesta de la gente fue rápida, aunque no tiene muy claro si fueron muestras de apoyo o no. De los cuatro barquitos que instaló inicialmente, tres desaparecieron. El parecido con la realidad no es una mera coincidencia.


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