Si te cuesta imaginar la diversidad cultural, échale un ojo a estos libros

Hace algún tiempo, estuvimos en una feria del libro de fotografía y descubrimos cuatro obras que hablaban sobre la cuestión migratoria y la diversidad cultural: Sin fronteras, de Imapla; Passport, de Alexanderk Chekmev; Ville de Calais, del fotógrafo Henk Wildschut; e Immorefugee, del estudio Defrost. Nos pareció importante detenernos en ellos y explorar la manera en que hablan sobre el tema. De algún modo, todos ellos tienen algo en común: a partir de lo visual, nos enseñan a imaginar un mundo más diverso.

Por Rubén A. Arribas
@estoy_que_trino


01  | Sin fronteras (editorial Libros del Zorro Rojo), por Imapla

A un lado, 45 banderas; al otro, los 45 nombres de los países correspondientes. En el medio, de manera horizontal, un corte que divide en dos partes cada bandera y cada nombre, de manera que al combinar banderas y países se pueden obtener más de 2000 combinaciones distintas. Así, de México y Estados Unidos puede salir Mexiunidos; de Bolivia y Francia, Bolicia; y de Canadá y Japón, Capón. Además, se puede pintar —inventar— una bandera y fundar un país propio. En este libro-juego, las banderas aparecen como un símbolo de la diversidad, y no como un emblema de la diferencia. Sin fronteras es un artefacto sencillo y que, de una manera divertida e ingeniosa, nos ayuda a imaginar un futuro con identidades más abiertas a la mezcla.

02 | Passport (editorial Dewi Lewis, 2017), de Alexander Chekmev

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¿Qué cuenta un pasaporte sobre quiénes somos? Este libro de Alexander Chekmev demuestra que bien poco. Es más: la foto del pasaporte ofrece una visión recortada y descontextualizada sobre cuál es nuestra historia personal; solo muestra una parte ínfima. Chekmev participó como fotógrafo en la campaña que lanzó el Gobierno de Ucrania para dotar de un nuevo pasaporte a toda su población, que hasta 1991 había formado parte de la Unión Soviética. Eso le supuso viajar entre 1994 y 1995 a sitios lejanos y de difícil acceso. Así, conoció a muchas personas que padecían enfermedades graves, eran muy mayores o tan pobres que no podían pagarse siquiera un fotógrafo. Fue un trabajo, como él dice, puerta a puerta, donde los servicios sociales procuraban medicinas y alimentos, y él fotografiaba una realidad que le era desconocida. El montaje del libro muestra, por un lado, la fotografía que salió en el pasaporte; por otro, la foto tal y como fue tomada. Además de la historia de cada persona, impresiona ver cuántas veces olvidamos que la compleja realidad excede ese instrumento burocrático llamado pasaporte.

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03 | Ville de Calais, del fotógrafo Henk Wildschut

Ville de Calais (signed) by Henk WildschutEl fotógrafo holandés Henk Wildschut estuvo siguiendo la evolución del campo de refugiados de Calais (Francia) desde el inicio (2015). De hecho, vivió la transformación del asentamiento en casi una ciudad. En vez de hacer retratos o de capturar historias personales, Wildschut intentó documentar las huellas físicas de las personas que esperaban allí su oportunidad para cruzar a Dover (Reino Unido). En su página web, están disponibles algunas de las fotos del libro. Hay tanto material ya sobre Calais que resulta complicado decir qué aporta respecto a tantos otros libros o reportajes fotográficos que nos muestran las condiciones precarias en que vivían allí las personas. Por eso, quizá sean más relevantes sus vídeos; en particular, algunos que hay en su cuenta de Vimeo, como 4.57 min., donde vemos y escuchamos a un chico afgano llamando a su familia.


04 | Immorefugee, por el estudio Defrost

Si no te fijas bien, esta revista parece una más de las muchas que promocionan el alquiler o venta de viviendas de uso vacacional. En cambio, cuando la miras más de cerca, de repente, te ataca la corrección política y te hace preguntarte si es una frivolidad o una genialidad. Desde luego, no deja indiferente. Immorefugee fue una efímera guía de propiedades que anunciaba inmuebles en un área residencial llamada La Nueva Jungla; un espacio habitable que ocupaba unos 500.000 metros cuadros en las afueras de Calais (Francia), que estaba rodeado por una valla de 5 metros de alto y que contaba con agua corriente y electricidad. La nueva Jungla, decía la publicidad de Immorefugee, ofrece diferentes tipos de alojamiento, sea de antigua o de nueva construcción. La idea fue del dúo bruselense Defrost, que se reapropió de la técnica publicitaria para hacernos pensar de una manera diferente sobre lo inhumano del campo de Calais. Encontraron una arista creativa diferente. ¿Alguien imagina que pasaría aquí si se publicase una guía similar con las tiendas de campaña del monte Gugurú?

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La red solidaria que envuelve al Puerto de Bilbao

Alrededor de 70 personas viven acampadas en las inmediaciones del Puerto de Bilbao. Son, en su mayoría, muchachos jóvenes procedentes de Albania que han decidido emigrar a Reino Unido y que tienen muy pocas posibilidades de ingresar legalmente al país. Por eso lo intentan como polizones, en los ferris que conectan las ciudades portuarias del continente (como Bilbao, Santander y, antes, Calais) con la isla. Los chavales —casi todos menores de 25 años—, van en busca de un lugar donde haya trabajo y la perspectiva de un futuro mejor, pero en su camino encuentran no pocas barreras que torpedean constantemente ese proyecto.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

Desde 2017 a la fecha, el Puerto de Bilbao se ha blindado a estos migrantes que, pese al nuevo muro de 4 metros de altura que bordea el área, el incremento de la vigilancia y los sucesivos desmantelamientos del campamento donde residen, siguen intentando montarse en los barcos. Durante el año pasado, según las cifras de la Guardia Civil, hubo más de 3.800 intentos frustrados. Más de 50 por persona.

Sobre esta situación, mucho se ha dicho y escrito en la prensa. Casi siempre, desde la perspectiva de las compañías navieras, la Autoridad Portuaria o los transportistas (estos últimos se enfrentan a multas de 2.200 € si desembarcan en Reino Unido con un polizón). De momento, el foco no está puesto en las historias de estos jóvenes, cuyos relatos e ilusiones no son muy diferentes de los de cualquier chaval español, excepto porque sus pasaportes abren menos puertas. Tampoco se menciona la impresionante red de solidaridad ciudadana que se ha tejido en pocos meses para arropar a estos chicos y dignificar mínimamente su espera hasta que tenga lugar la partida.

El artículo que escribí para El Salto aborda estas dos cuestiones. Lo hace de la mano de Merce Puig Zuluaga y Heri Lago-Lekue, dos vecinos de Vizcaya que forman parte de esa red solidaria; y de Shefqet Lami, uno de esos chavales de Albania que llegó hace 6 meses y que, a día de hoy, vive en Barrika. Sus testimonios ayudan a entender mucho mejor lo que ocurre en este punto de la costa vasca. Puedes leer el reportaje completo aquí.

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