447 | Klaudio

«Más que recursos, lo que hace falta es divulgar que esos recursos existen. Es importante dar a conocer lo que hay. La información no siempre llega a las personas con discapacidad, que nos enteramos poco y tarde sobre las mejoras que se hacen para nosotros». Con esta apreciación empieza la entrevista Klaudio Valenzuela, un chileno que llegó hace quince años a Euskadi y que ha pasado los últimos cinco en una silla de ruedas. «Un accidente desafortunado, una mala caída o la propia vejez te pueden dejar así, con una discapacidad física severa», señala.

En su caso, la causa fue una paliza que recibió hace décadas en Chile y que le dejó secuelas en la séptima vértebra dorsal. «Fui joven y obrero en la época de la dictadura. Protestaba por los derechos de los trabajadores, y los militares me dieron una paliza», resume. Él nunca olvidó la experiencia aunque su cuerpo, en apariencia, se recuperó de los golpes: después de aquello, Klaudio pudo seguir adelante y se mudó a Argentina, donde continuó con su vida. «Viví treinta años en Buenos Aires, por eso tengo este acento».

Esa fue su primera migración, pero no fue la última vez que hizo las maletas. Como otros ciudadanos de Argentina, decidió marcharse en 2001, cuando el famoso corralito estranguló la economía del país. Para Klaudio, además, el episodio coincidió con su separación de pareja. «Fue un momento crítico y sentí la necesidad de poner distancia y buscar cosas nuevas. Mi hermano vivía en el País Vasco, así que vine directo. Quería conocer el primer mundo, viajar… y la verdad es que encontré algo distinto a lo que imaginaba. Encontré muchas barreras», señala, y eso que su discapacidad aún no se había manifestado.

«Me refiero a las trabas administrativas que hay aquí y no en otras partes del mundo. Por ejemplo, en este momento hay más de 40.000 españoles viviendo en Chile. Son personas que han ido a buscarse la vida, como las que hemos venido aquí. Nadie dice que sea fácil encontrar trabajo, pero por lo menos allí no les ponen dificultades añadidas por ser extranjeros. En Europa realmente es complicado. Todo es difícil para el inmigrante desde el primer día. Los trámites y la burocracia son tremendos. Es una pescadilla que se muerde la cola y que te impide llegar y ponerte a trabajar enseguida, como uno más».

Con esfuerzo –y paciencia–, Klaudio logró tramitar sus ‘papeles’ e, incluso, obtener la nacionalidad. De hecho, comparte un dato bonito: «La primera vez que voté fue acá. Tenía sesenta años y nunca antes había podido hacerlo, ni en Chile ni en Argentina». La permanencia en Euskadi le dio esa posibilidad, casi como un buen augurio de que su situación empezaba a mejorar. «Trabajaba haciendo reformas y, cuando podía, hacía alguna excursión o algún viaje. Yo quería conocer muchas cosas. Siempre he tenido mucha curiosidad… Por lo menos una vez fui a Portugal», dice, y se instala un silencio en la charla.

Una nueva perspectiva

La lesión que tenía en la columna le arrebató unos cuantos planes de futuro. «Ya no puedo caminar. Ahora voy en silla de ruedas». Su trabajo era muy físico, ya no lo puede ejercer. Desde su nueva perspectiva, se ha topado con otras barreras. Y, a pesar de todo eso, él no se desanima. «Hago ejercicios y fisioterapia para mejorar mi estado físico, o para evitar que empeore. He conseguido algunos avances y soy bastante independiente, aunque no pueda pasar la fregona», explica con sentido del humor.

«Sigo teniendo muchas inquietudes, aunque no tenga treinta años y mi pensión sea muy pequeña. Sigo siendo una persona creativa con ganas de hacer cosas. En estos años, a raíz de mi invalidez, me di cuenta de que las cosas se podrían hacer mejor. El mundo de la ortopedia es muy caro y no todo el mundo puede acceder a las prótesis o las sillas que necesita a un precio razonable. Me gustaría crear accesorios económicos para ayudar a otras personas con discapacidad», confiesa, y en esa frase hay tanto de utopía como de potencial realidad, porque Klaudio es todo un ‘manitas’.

Existe un vídeo en el que explica cómo arreglar un pinchazo de la silla de ruedas con herramientas tan domésticas como el mango de una cuchara o de un tenedor. «En la ortopedia está todo sobrevalorado y es una pena, porque lo que me pasa a mí le pasa a mucha gente. No somos una minoría; somos el 10% de la población», dice Klaudio, que está decidido a crear una asociación de personas con discapacidades motoras en Leioa. «Hay que construir una sociedad y un entorno sin barreras. Por enfermedades, lesiones o vejez, casi todos vamos a ser dependientes en algún momento de la vida».

Artículo publicado originalmente por Laura Caorsi en el diario El Correo.
2016 América del Sur Ellos

203 | Alexandre

Para muchos extranjeros, Euskadi es un destino inesperado y casual, o está ligado a referencias familiares y afectivas. Para Alexandre Paris, no. Ni llegó aquí por casualidad, ni tenía amigos esperándole. En su caso, la decisión de trasladarse al País Vasco fue meditada con tiempo… tanto que él mismo la define como una “elección estratégica”: la “mejor opción” para él y su mujer, que es logroñesa.

La historia personal y la trayectoria profesional de este ingeniero francés son vitales para entender ese paso. “Nací en París, pero viví en Burdeos desde que era muy pequeño hasta que cumplí 21 años”, relata. Entonces regresó a la capital. Allí estudió ingeniería industrial en la ENSAM – la Escuela Nacional Superior de Artes y Oficios-, se especializó en diseño y desarrollo de nuevos productos y comenzó su actividad profesional en Peugeot, durante el último año de su carrera.

Pero Alexandre no se quedó allí. Se marchó de la ciudad… y del país. “Me fui a Inglaterra, concretamente, a Oxford, para trabajar en el centro de I+D de una multinacional americana de envases”, precisa. Lo interesante es que, al cambio laboral, se sumó otro: el personal. Y es que ahí, en la empresa, Alexandre conoció a su chica, una licenciada en Química oriunda de Logroño.

“Vivimos en el Reino Unido durante cinco años, pero ambos queríamos estar más cerca de nuestras respectivas familias -señala-. Empezamos a pensar cómo hacerlo, qué lugares había en el norte de España o en el sur de Francia, hasta que llegamos a la conclusión de que el País Vasco era el sitio ideal, tanto por su situación geográfica como por las posibilidades de crecimiento profesional para los dos”.

Alexandre y su mujer comenzaron a buscar trabajo. 2007 se estrenó con una vorágine de correos electrónicos y entrevistas laborales por teléfono, hasta que surgieron oportunidades claras. “Tras resolver ese asunto, dedicamos los siguientes tres meses a preparar el traslado”, dice este ingeniero que, en la actualidad, es investigador gerente en la División de Innovación y Sociedad deTecnalia. “Mi trabajo consiste en intentar crear oportunidades de negocio para y con otras empresas”, detalla.

Con la casa a cuestas

Meticuloso y detallista, Alex hizo algunos viajes previos a Euskadi para buscar vivienda, ya que no había nadie que pudiera recibirlos al llegar. “Mi esposa y yo alquilamos una casa cerca de Castro Urdiales, donde vivimos durante siete meses, hasta que compramos la nuestra en Leioa”, comenta. Sin embargo, toda planificación fue poca a la hora de hacer el traslado desde Inglaterra.

“Ay… ese viaje -recuerda entre risas-. Fue tremendo, porque vinimos en coche y en ferry, y con los coches cargados a tope. Estuvimos hasta el último día vendiendo y regalando cosas y, aun así, llenamos los dos vehículos hasta arriba. Así nos fuimos conduciendo unos 160 kilómetros, desde Oxford hasta llegar al puerto donde nos montamos en el ferry. Casi no teníamos visibilidad, no podíamos adelantar en la autopista, y nos guiábamos el uno al otro hablando por el móvil”. Eso sí: conectado en modo manos libres. “Inconciencias las justas”, agrega divertido.

Para él, que ahora tiene 32 años y acaba de ser papá, Euskadi es un lugar ideal. “Tiene playa y tiene monte, las ciudades están pensadas para la gente, estamos cerca de nuestros afectos y, en lo personal, me siento muy a gusto”. Cada vez que va a Burdeos, vuelve con algunos quesos de cabra, yogures especiales y confit de canard. Lo trae para a él y “algún que otro vecino”(afortunado, sin duda). “De todos modos -matiza-, aquí se come fenomenal. Si los ingleses hablan del clima, los vascos hablan de comida. Y lo hacen con una exquisitez que da gusto. El pintxo, el colchón de cebollita, el queso idiazábal… Ay, ¡ese queso me chifla!”.

2011 Ellos Europa

101 | Jessica y Carmen

Tras la gran fiesta deportiva del Mundialito BBK, este fin de semana arranca un torneo de fútbol de verano organizado por la Asociación Multicultural de Lamiako. En el evento participarán 20 equipos masculinos y 12 femeninos, que se disputarán en estos meses el campeonato. «Las mujeres hemos encontrado mucho apoyo y un lugar para nosotras», dice la coordinadora, Carmen Iza.

Hoy comienza un torneo de fútbol de verano organizado por ASMUL con la colaboración del Ayuntamiento de Leioa. El campeonato, cuyos partidos se jugarán todos los fines de semana, se extenderá hasta septiembre y contará con la participación de veinte equipos masculinos, doce femeninos y seis infantiles. En total, más de quinientas personas de distintas procedencias que se han puesto camisetas de deporte para entrenar, competir y, sobre todo, divertirse.

La participación de este certamen es numerosa y diversa. Sin embargo, desde ASMUL subrayan que el objetivo principal es lograr una mayor implicación femenina. «Los chicos ya tienen gran parte del camino hecho. Las chicas, no. Hasta el momento, nadie se había ocupado de ellas, no tenían dónde jugar, ni siquiera entrenador. Nos interesa que las mujeres dispongan de un espacio propio y queremos reivindicar Lamiako como punto de encuentro», manifiestan desde la asociación.

La reflexión no es menor y está muy lejos del discurso hueco o la demagogia. La mayor parte de las mujeres extranjeras convive con la presión del trabajo, la añoranza familiar y las obligaciones económicas, pero no tiene una actividad recreativa que le permita rebajar la sensación de agobio, distraerse y equilibrar los sentimientos. Esta realidad es, justamente, la que valida las metas de ASMUL, pues, más allá del deporte, los encuentros periódicos y el trabajo en equipo tejen una red social con lazos afectivos muy fuertes.

Lo saben bien Jessica Zabala y Carmen Iza, dos jugadoras de Bolivia y Ecuador que interrumpen su sesión de calentamiento para compartir impresiones sobre el torneo. «El fútbol es un deporte para todos, no tiene sexo ni edad, y lo único que importa es que te guste», dice Jessica sin agitarse, como si no hubiera hecho estiramientos y abdominales antes de empezar a charlar.

Normal. Esta joven boliviana es una de las mejores deportistas de la asociación. En su país jugaba al fútbol desde pequeña y sólo dejó de entrenar durante unos meses cuando estuvo embarazada. «Mi hija tiene un año ahora y suelo traerla al campo», dice Jessica, y agrega: «El ambiente es muy bueno, muchas de nosotras somos amigas y, además de jugar, hablamos, compartimos vivencias y confraternizamos organizando comidas».

El factor social

Como ella, que en septiembre comenzará a estudiar Administración y Finanzas, hay otras 150 mujeres de edades y países variados que participan de este proyecto deportivo. Y Carmen Iza, de Ecuador, es quien coordina a todos los equipos. «Me encanta el fútbol -afirma muy seria- y ya le he dicho a mi familia que, cuando muera, quiero que pongan un balón en la caja», añade ahora con una amplísima sonrisa. El sentido del humor es fundamental para sobrellevar algunas cosas en la vida.

«Llegué aquí con mi marido hace ocho años y todavía no hemos vuelto a Ecuador. Allí están nuestros cuatro hijos, que quedaron al cuidado de mis padres», relata Carmen antes de hacer una pausa. «Cuando vinimos, nuestro hijo mayor tenía once años y el menor, tres. El pequeño no tiene recuerdos con nosotros y el grande ya es un hombre. Vivir separados es difícil, pero lo hemos hecho por ellos, para darles la educación y el futuro que nosotros no tuvimos».

Muchas mujeres sufren las consecuencias de tomar decisiones tan duras y, en ese sentido, «tener este lugar en Lamiako, este campo para entrenar, y el apoyo de un ayuntamiento y una asociación es muy importante. A diferencia de los chicos, antes no teníamos donde entrenar, donde reunirnos. Pero poco a poco conquistamos la igualdad y ya no estamos en un segundo plano», indica.

2009 América del Sur Ellas