Diversidad de andar por casa: luna 4

Llegamos a la cuarta parada de nuestro proyecto #DiversidadDeAndarPorCasa y, como todos los meses, aquí traemos el resumen gráfico de las cosas que hemos aprendido en este tramo del camino. ¿Sabíais que en Paraguay se prepara un plato italianísimo como los ñoquis (gnocchi) y se sirve acompañado por yuca? Nosotros, no. Lo descubrimos en Madrid, en una de nuestras aventurillas gastronómicas urbanas. 

Por Laura Caorsi y Rubén A. Arribas
@lauracaorsi | @estoy_que_trino

Ñoquis paraguayos, brochetas filipinas, embutidos italianos o sopa de marisco ecuatoriana son algunos de los platos que hemos degustado este mes. Pero no todo ha sido salir y sentarse a mesa puesta, no. Además de comer fuera de casa, nos hemos animado a cocinar con nuevos ingredientes, como la pasta de achiote, el tamarindo y las calabazas boneteras en conserva. También hemos visitado la Feria del Libro y hemos descubierto periódicos que se publican aquí… en otros idiomas. Ah, y estamos haciendo importantes progresos en nuestros conocimientos sobre variedades de maíz.

Si quieres acompañarnos en nuestro aprendizaje día a día, síguenos en Instagram. Para ver los hallazgos de este mes, echa un vistazo a las fotos:

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15 imágenes que nos dejó la fiesta del Año Nuevo chino

El 16 de febrero comenzó un nuevo año chino: el 4716, o año del Perro de Tierra. Según el calendario tradicional, que se basa en los ciclos de la luna, este momento marca el paso del invierno a la primavera y anuncia la llegada de los días más luminosos y tibios. Esto es un gran motivo de celebración. No en vano, el Año Nuevo es la principal fiesta china: se extiende durante varios días e incluye desde multitudinarios desfiles hasta reuniones en familia y una gastronomía especial. La comunidad residente en España también ha organizado sus festejos. El fin de semana nos acercamos a la fiesta de Madrid, donde vive el 27 % de este colectivo.

Por Laura Caorsi y Rubén A. Arribas
@lauracaorsi / @estoy_que_trino

 

No hace tanto que el calendario tradicional chino dejó de ser el calendario oficial. Hasta 1912, el tiempo se medía de otro modo. Se tenían en cuenta los ciclos de la luna y esto daba como resultado unos años de duración variable. Por esta razón, el año del Perro que acaba de comenzar se extenderá hasta el 5 de febrero de 2019.

La fiesta de Año Nuevo es la principal celebración. Lo es dentro del país, donde se organizan festejos que duran varios días, y también fuera, en los países donde existen comunidades chinas importantes. En estas fechas, millones de personas regresan a casa para vivir la fiesta con sus seres queridos. Sí, millones. Como señala Clara Serer Martínez en este artículo, publicado por la revista del Instituto Confucio, «cada año, cuando se acercan estas fechas, se produce uno de los movimientos migratorios más importantes del planeta».

Quienes no pueden volver, lo celebran a distancia. En los países donde hay comunidades chinas más o menos numerosas —como la de España, que cuenta con casi 190.000 personas—, la fiesta se ha instalado con naturalidad, como una celebración más. Y no solo entre los miembros de la propia comunidad, también entre sus vecinos y vecinas. El Año Nuevo chino va camino de convertirse en una fiesta intercultural.

En Madrid, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), residen algo más de 51.000 personas nacidas en China. No es, ni mucho menos, la colectividad extranjera más numerosa (antes están las de países como Rumanía, Ecuador, Colombia, Marruecos o República Dominicana); sin embargo, su presencia es notable en barrios como Usera, donde regentan decenas de restaurantes, peluquerías, supermercados, pequeñas tiendas de alimentación, cafeterías, despachos profesionales, inmobiliarias, clínicas de salud, librerías y otros comercios en apenas un puñado de calles.

Precisamente allí, en Usera, se desarrollaron las principales actividades en torno al Año Nuevo; unas actividades que atrajeron a personas de distintas partes de la ciudad —y del mundo—, incluidos nosotros, que fuimos con curiosidad y volvimos con estas fotos.

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‘Sushi a la mexicana’: fusión de culturas en las cocinas invisibles de EE.UU.

Sushi a la mexicana (2014) es una película sin mayores pretensiones cinematográficas donde la cocina es el punto de encuentro entre dos culturas, y desde la que se perfila una historia sencilla, sustanciosa, que nos habla del aprendizaje, de la importancia de las decisiones, de la tenacidad, de la familia y de la confianza de las personas en sí mismas. Al igual que en el filme Peur de rien, nos encontramos con una protagonista cuya personalidad resolutiva intenta poner en positivo el carácter de las mujeres inmigrantes en circunstancias adversas.

Por Mayté Guzmán Mariscal

Sushi a la mexicana, dirigida por Anthony Lucero, también se convierte en una sutil crítica al rol que se le asigna a los inmigrantes, quienes quedan invisibilizados en las cocinas de los mejores restaurantes de Estados Unidos, aunque son ellos el motor que los hace lucir bien. Juana Martínez, la protagonista de este filme,  está convencida de que no quiere estar más detrás y, con su tenacidad, lo consigue.

En Sushi a la mexicana hay un mensaje claro y sencillo sobre la voluntad. También es una invitación sutil a no conformarse. El cine se ha encargado a menudo de revictimizar a la mujer que es madre soltera y por ello acaba cediendo a la necesidad para hacer lo que sea por sus hijos, con una vida atravesada por el sufrimiento y la renuncia. Juana Martínez es inmigrante en los Estados Unidos, también es madre soltera y, junto a su padre, hace frente a las necesidades de la familia sin dejar de lado su avidez de aprender.

Tras haber trabajado como cocinera en distintos restaurantes de comida mexicana, vendedora de fruta en un carro ambulante, limpiadora de un gimnasio, empleada en un autolavado, Juana ve una oportunidad en un anuncio afuera del restaurante japonés Osaka. Aunque tiene amplia experiencia en cocina internacional, nunca había trabajado en un restaurante japonés, sin embargo, su actitud decidida le abre la puerta a la primera vez.

Barrera de género

Hasta aquí, la historia transcurre sin mayores altibajos, aunque cuando aparece el componente culinario en el centro, es innegable que la trama se vuelve más generosa y atractiva para el espectador.

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En el restaurante, Juana conoce a Aki, quien le enseña los aspectos elementales de la cocina japonesa en una suerte de mística donde el maestro oriental acompaña a su discípula mexicana hacia el éxito. Entre ellos se teje un vínculo de amistad y compañerismo determinante en la película. De esta manera, el interés de Juana la lleva a dominar la preparación de los platillos japoneses más complejos, algo que culturalmente está reservado solo para los hombres. Su resolución va más allá cuando consigue posicionarse en el segundo lugar en el concurso de televisión Maestros del Sushi y ganar definitivamente el aprecio del dueño del restaurante para que pueda cocinar de igual a igual con el resto de cocineros varones orientales.

La película pone sobre la mesa otra reflexión que tiene que ver con la escasa fuerza social del inmigrante, igual que su visibilidad. A pesar de ser el motor de la industria gastronómica de aquel país, sus oportunidades de empleo se reducen por la falta de documentos y, en ocasiones, por las barreras del idioma.

Analizada con la lente de la actual coyuntura estadounidense, con el ascenso de Trump al poder, Sushi a la mexicana consigue hablarnos de esos sueños de miles de migrantes que este hombre se empeña en convertir en pesadilla.


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Arroces del mundo: la receta colectiva para hacer comunidades más ricas

El sábado pasado, en Bilbao, se celebró una nueva edición de Arroces del Mundo, una iniciativa gastronómica y cultural que busca crear comunidad al calor de los fogones y las charlas de sobremesa. El encuentro, que se celebra cada año desde 2004 en el barrio de San Francisco, contó esta vez con 115 grupos inscritos y la participación de unas 3500 personas. En este artículo os contamos por qué es tan importante esta propuesta y cuáles fueron los arroces premiados.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

Pocas cosas unen tanto como la cocina. Ni qué decir cuando, en lugar de un fogón, hay cientos. Y si los cocineros y comensales han nacido en distintas partes del mundo, tienen edades diversas y se cuentan por miles, el resultado es un día de intercambios y encuentros donde se descubren las similitudes y las diferencias son un punto a favor.

Eso fue lo que sucedió el 1 de julio en la plaza Corazón de María, en Bilbao, durante la celebración de Arroces del Mundo, una propuesta organizada por la Coordinadora de Grupos de San Francisco, Bilbao La Vieja y Zabala que, desde hace ya 14 años, busca crear comunidad, vecindad y nuevos lazos a través de un ingrediente tan humilde y universal como el arroz.

La idea es simple: recurrir a la comida como nexo. Y, para ello, nada mejor que utilizar un ingrediente sencillo, versátil y bien conocido por todos. Desde Colombia hasta China, pasando por España, Senegal o la India, el arroz es uno de los cereales más consumidos del mundo. Existen más de 2000 variedades, aunque solo se cultivan algunas, y es un alimento básico en casi todas las cocinas del planeta.

Un ingrediente, mil combinaciones

El punto de partida es un ingrediente común. Con él, las cuadrillas concursantes elaboran sus propias recetas que, como la vida misma, tienen matices, sabores y texturas diferentes. El arroz admite infinidad de condimentos, técnicas y combinaciones gastronómicas, a tal punto que puede formar parte de una ensalada fría, ser el relleno de unas deliciosas croquetas, el protagonista de un guiso o el ingrediente indispensable de un postre. De la canela hasta el curry y del pescado a la leche, este cereal es un ejemplo magnífico de posibilidades y mezclas.

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Una de las cuadrillas concursantes sirve su arroz. Foto: Ecuador-Etxea.

Y, por ello, es también una excusa. O, mejor dicho, una herramienta para mostrar que en la sociedad hay muchísimas combinaciones posibles, no mejores ni peores, sino distintas entre sí. «Esta celebración quiere hacer frente a todos los prejuicios sobre la interculturalidad y demostrar que la convivencia entre distintas culturas es posible y muy enriquecedora», apuntan desde la organización, antes de señalar que Arroces del Mundo se consolida en Bilbao cada vez con mayor afluencia y más fuerza.

«De hecho, ha crecido tanto que esta vez tuvimos que limitar las inscripciones desde la propia organización. En las dos últimas ediciones habían concurrido unas 4000 personas y era demasiado. No podíamos manejar una asistencia tan numerosa —reconocen—. Este año trazamos un mapa de la plaza, calculamos los espacios que ocupan las mesas y asignamos los lugares para las cuadrillas. Fue más acotado y resultó más sencillo».

Con todo, se inscribieron 115 grupos y asistieron unas 3500 personas de 60 nacionalidades distintas. «Nuestro objetivo es impulsar la integración de las personas que viven en estos barrios, sean autóctonas o inmigrantes». Y, no menos importante, recuperar las calles para las personas. «Esta jornada festiva quiere reclamar el uso libre y responsable de las calles como espacios de encuentro, creación y reivindicación»; un propósito especialmente importante para estos tres barrios (San Francisco, Zabala y Bilbao La Vieja), muchas veces relegados y cargados de estereotipos.

La fiesta reivindicativa

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La música también fue protagonista durante toda la jornada. Foto: Ecuador-Etxea.

La Coordinadora lo dice bien claro: «Arroces del mundo es fiesta y reivindicación». No solo propone una jornada divertida y amena; también persigue mejoras concretas. Denuncia «la situación de abandono de los barrios y sus habitantes», apuesta por la interculturalidad y el «reconocimiento de la riqueza que aporta la diversidad de personas y culturas». Además, exige una «mejora de las condiciones de vida» y busca que el barrio sea un «lugar abierto a la participación espontánea» donde puedan existir la autogestión, el trabajo en red y el impulso de la participación ciudadana. En suma, que se utilice el espacio público como lugar de encuentro y mestizaje entre personas y colectivos que trabajan por un mundo nuevo.

«Si algo queremos subrayar, más allá de los aspectos teóricos o ideológicos, es la posibilidad real que supone este día para conocer, contactar y relacionarse, es decir, tener experiencias concretas con personas de diferentes orígenes, culturas, creencias y situaciones personales. La jornada ofrece una buena oportunidad para poner en cuestión cantidad de estereotipos y prejuicios personales y sociales, y posibilitar actitudes a favor de la integración social del diferente y de una convivencia normalizada», exponen.

Arroz con buen fondo

La fiesta y el concurso gastronómico ganan consistencia año a año con este fondo trabajado, abierto e inclusivo. Y demuestra que, al calor de los fogones, se pueden forjar vínculos duraderos y estrechos entre personas de diversas procedencias que, de no haber migrado, jamás se habrían conocido.

El jurado gastronómico, conformado por seis personas pertenecientes a tradiciones gastronómicas bien distintas —Camerún, Senegal, México, República Dominicana, Euskadi y Andalucía—, escogió a las cuadrillas ganadoras de esta edición. Estas fueron las siguientes:

  • en cuarto lugar, la Cuadrilla de los viernes;
  • en tercer lugar, Suspira y conspira;
  • en segundo lugar, Konpartsa Uribarri;
  • y, en primer lugar, dos asociaciones que cocinaron juntas: Ahizpatasuna y Mujeres del Mundo Babel.
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Las ganadoras reciben el premio y el aplauso de los asistentes. Foto: Ecuador-Etxea.

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P.D. 1: Ahizpatasuna es una interesantísima asociación de mujeres vascas y marroquíes. Si queréis saber más sobre su trabajo e integrantes, podéis leer aquí la historia de Afaf El Haloui (que aparece en el centro de la foto luciendo una txapela).

P.D. 2: Todas las fotos utilizadas en este artículo fueron realizadas por Ecuador-Etxea (eskerrik asko!). Podéis seguir su trabajo en Facebook, Twitter o Pinterest.

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