446 | Mayté

Mayté Guzmán es periodista y llegó a Bilbao hace menos de un mes, aunque Euskadi no es para ella un lugar desconocido. Antes de venir al botxo, vivió un par de años en Donosti, donde hizo un máster en Economía Social y Solidaria. «Se trata de un modelo económico basado en la equidad y la igualdad que tiene a la persona como centro», explica en un esfuerzo de síntesis. «No obstante, el enfoque varía según los lugares. Mientras que en América Latina se lo vincula a un movimiento reivindicativo, que rompe con el capitalismo, en Europa es la cara bonita de las empresas».

Mayté es mexicana, si bien tiene raíces dispersas y ha pasado una tercera parte de su vida alejada de su tierra. «Mi madre es de Zamora, mi padre, de Puebla y yo nací en Guadalajara, donde viví hasta que me fui a estudiar a León», dice, y la frase obliga a recordar que no está hablando de Castilla sino de México, un país donde existen unas cuantas ciudades homónimas a las de aquí, desde Durango hasta Mérida. «El caso es que finalmente acabé radicada en Morelia, una ciudad que me permitía estar cerca de mis padres y, al mismo tiempo, estudiar periodismo».

El gran cambio llegó al terminar la carrera, en 2004. Ese año, Barcelona acogía el primer Fórum Universal de las Culturas y Mayté tuvo la oportunidad de venir junto con dos compañeros. «Una profesora de la universidad nos invitó a compartir nuestra experiencia como jóvenes periodistas», recuerda. La actividad, de gran calado internacional, se centraba en el desarrollo sostenible y la diversidad cultural, así que los chavales dijeron que sí. «Iba a ser un viaje de dos semanas, pero las dos semanas se convirtieron en tres meses; los tres meses, en un año, en dos, en tres…». Y así hasta nueve.

«Cuando cambias de país no puedes preverlo todo», opina. Reconoce que, antes de partir, sí había pensando en extender un poco la duración del viaje, pero también señala que nunca imaginó que se quedaría tanto tiempo. «Éramos estudiantes, veníamos de mochileros y teníamos presupuesto cero. No había un plan, sino que hicimos la típica cosa de jovencillos. Nos imaginábamos que sería fácil coger algún trabajo temporal para ahorrar un poco y viajar mucho», relata con una sonrisa auspiciada por la candidez de antaño. «Lo intentamos, claro, y lo que pasó fue que, en la necesidad de subsistir, nos fuimos quedando».

Trabajó en un hostal, un restaurante bangladeshí, uno mexicano y otro filipino. Y, de todos los viajes soñados, pudo hacer uno. «Conseguí ahorrar para ir al Vaticano durante las exequias del Papa. Estuve allí una semana, cubriendo lo que sucedía. Fue mi primera experiencia periodística de este lado del mundo», cuenta. El resto del aprendizaje vino del sector de la hostelería, «un ámbito del que no sabía nada y que me enseñó unas cuantas cosas». Pese a la distancia y la añoranza, su familia la apoyaba. «’Si yo tuviera tu edad, haría lo mismo’, me decía mi madre, aunque cada tanto me preguntaba cuándo iba a volver».

Euskadi, México, Euskadi

En 2013, después mucho tiempo en Cataluña, Mayté se mudó a Donosti. «Estuve en Guipúzcoa dos años y, cuando terminé el máster, sentí que era el momento de regresar a México». No solo lo sintió; se fue. Apretó «once años en cuatro maletas» y regresó a su país con la intención de dedicarse al periodismo. Esta vez no era un impulso de juventud. Estaba convencida. Y, pese a ello, su decisión tuvo un punto idealista como el que la trajo inicialmente aquí. «Al volver comprendí que muchas cosas habían cambiado».

«Por un lado, las principales ofertas laborales estaban en el DF, una ciudad superpoblada a la que ya no debería llegar más gente. Es una locura vivir ahí. Por otro lado, los medios de provincia está muy viciados. Allí casi no existe el periodismo de investigación; mandan los intereses y los gobiernos regionales. Y a eso hay que añadir que mi Estado, Michoacán, es uno de los más violentos del país». Famoso, hasta no hace mucho, por su Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, el lugar es ahora conocido por las tasas de criminalidad. Solo en julio de este año hubo casi 190 homicidios, alrededor del 10% de los que se registraron en todo México durante ese mes.

«Cuando llegué, encontré que mi red de periodistas conocidos estaba disuelta. Casi todos mis colegas, excepto dos o tres, se dedican a otras cosas por la inseguridad, porque tienen familia, porque tienen miedo. Incluso mi madre empezó a preguntarme hasta cuándo me iba a quedar…». En ese contexto, Mayté tomó la decisión de volver aquí. Esta vez, a Bilbao, para hacer un doctorado y una tesis que vincula la economía solidaria con la inmigración. «Siendo migrante y periodista, tengo mucho para contar». Como sostiene en su blog, «las historias cotidianas, los personajes cotidianos, son motores esenciales del periodismo».

Artículo publicado originalmente por Laura Caorsi en el diario El Correo.
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2016 América del Norte Ellas

444 | Katherine

El próximo viernes, en Vitoria, se celebrará la Mesa Social para la Paz de Colombia. El encuentro tendrá lugar en el Palacio de Villa Suso, durará seis horas y contará con la participación de personas relevantes en el ámbito político, académico y cultural de ambos lados del Atlántico. El objetivo de la iniciativa, que comenzó a prepararse hace meses, es reflexionar acerca de la situación actual en el país latinoamericano y crear un espacio de pensamiento colectivo para sus ciudadanos en el exterior. Todo un desafío, teniendo en cuenta el resultado del referéndum del día 2.

«La mesa es un punto de partida, no de llegada», apuntan sus organizadores, que se mantienen en pie pese al varapalo de «no» y de la abstención, que superó el 60%. «Queremos promover un gran diálogo para superar el conflicto social, económico y político que subyace a la confrontación armada, en favor de una paz real con justicia social para todos», añaden. Muchos de ellos, miembros del Colectivo Bachué, son víctimas de la violencia. Son refugiados. Forman parte de las casi 396.000 personas que han emigrado en busca de protección internacional. Algunos viven en Euskadi desde hace casi veinte años.

Pero no todos los participantes de la mesa tienen este perfil. «Algunas personas, como yo, vivíamos en Colombia al margen de esta realidad. Vivíamos en una burbuja», resume Katherine Muñoz, una joven bogotana que llegó al País Vasco en 2008, cuando tenía quince años. «Mi vida allí era muy fácil: clase media acomodada, colegio privado, urbanización con vigilancia y una familia compuesta por mi madre, mis hermanos y la empleada. No tenía ni idea de lo que eran las FARC, ni mucho menos podía imaginar el sufrimiento de tantísima gente porque, sencillamente, no coincidíamos. Estábamos en planos paralelos», reconoce.

Sin duda, la idea del mundo que Katherine traía desde Bogotá era también un punto de partida, pero su experiencia a partir de entonces colocó muy lejos el punto de llegada. «Fue aquí donde rompí esa burbuja. Tuve que venir a Euskadi para conocer a mi país», indica. Su historia personal muestra de manera cristalina hasta qué punto puede cambiar una persona y una situación, por difícil que parezca.

«En 2008 estaba en la época difícil de la adolescencia. Discutía mucho con mi madre y quería irme de casa. La mejor opción que encontré fue marcharme con mi padre, que en ese momento estaba viviendo en Mungia. Mis padres se habían divorciado años antes y, después de la separación, mi padre emigró a Euskadi», explica. «Yo quería poner distancia… pero uno no imagina que la distancia es esto».

En el ‘esto’ de Katherine caben muchas cosas: «Un padre que trabaja como jardinero o en la construcción o en lo que surja, un colegio público en Bilbao donde hay chavales extranjeros como tú, incluso de tu país, con los que no tienes afinidad, una crisis económica que deja a tu padre sin ingresos, una cola para el banco de alimentos de Cáritas, una remesa desde Colombia que me mandaba mi mamá para ayudar, un cubo de agua fría cuando dices ‘soy estudiante’ y descubres de repente que eres una inmigrante más».

Una mudanza de piel

Lo dice sin ambages: la emigración, para ella, fue «una cura de humildad». También le permitió llenarse «de herramientas y recursos» que, de otro modo, jamás habría tenido. «Me habría quedado en Bogotá, habría estudiado Medicina en la Universidad Javeriana y jamás me habría enterado de cómo vive buena parte de la población en mi país». En su lugar, Katherine se estrenó en el mercado laboral en una cadena de comida rápida, ahorró, y con eso se pagó el primer año de su carrera en San Sebastián.

«El segundo año tuve una beca, aunque siempre me ha ayudado mi madre desde Colombia», dice Katherine, que se acaba de graduar como antropóloga. Su carrera, además de la experiencia vital, contribuyó mucho a su cambio. «Mientras estudiaba conocí a personas que lo habían pasado muy mal, colombianos que tuvieron que exiliarse por culpa de la guerrilla, de la violencia machista, de situaciones económicas tremendas… Comprendí el alcance del problema, el impacto de la violencia en la vida de las personas, y desde entonces estoy comprometida con esta causa. Por eso participo en la Mesa del viernes».

En su ponencia, abordará el tema de cómo los jóvenes apuestan por la paz en Colombia. «Es complicado. La gente joven vive en la inercia del bienestar. Si nos movemos poco por la LOMCE, que nos afecta directamente, menos aún por algo que sucede al otro lado del mundo. De todas maneras –matiza–, hay que seguir. Siempre se puede cambiar para ser mejor persona y construir una mejor sociedad».

Artículo publicado originalmente por Laura Caorsi en el diario El Correo.
2016 América del Sur Ellas

425 | Silvana

A principios de mes, en Donosti, se presentó la Red Vasca Antirrumores ZAS! (siglas de Zurrumurruen Aurkako Sarea). La red está integrada por numerosas personas, instituciones públicas y organizaciones sociales, y tiene un objetivo común: desmontar los múltiples rumores asociados a la población inmigrante en Euskadi. Ayuntamientos, diputaciones, asociaciones de extranjeros, fundaciones y organizaciones que trabajan por la igualdad y la inclusión social se dieron cita en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de San Sebastián para dar a conocer este proyecto que combina las políticas públicas con la acción de los movimientos ciudadanos.

Entre los integrantes de la iniciativa se encuentra Silvana Luciani que, además de trabajar en MUGAK, el centro de documentación y observatorio de medios de SOS Racismo, dinamiza propuestas como ‘La familia de al lado‘ –un espacio de encuentro entre familias vascas y extranjeras– e imparte talleres de formación para combatir los rumores negativos que azotan a los inmigrantes. “’Nos quitan el trabajo’, ‘aumentan la delincuencia’, ‘viven de las ayudas oficiales’ o ‘no se quieren integrar’ son algunos de esos prejuicios tan extendidos como falsos”, enumera esta licenciada en Historia que vive en Donosti desde 2003.

Hija de italiano, nieta de vasco y nacida en Argentina, Silvana emigró tras el estallido de la crisis económica en su país. Trabajaba en un banco –aunque confiesa que no le gustaba porque “no creía en lo que vendía”–, cuando le ofrecieron el retiro voluntario, junto a varios compañeros. “La indemnización era buena y acepté, sin saber que poco después se desmoronaría todo el sistema”, recuerda. También dice que tuvo suerte, ya que pudo salvar sus ahorros del famoso ‘corralito’ financiero.

“Decidí emigrar en ese momento, antes de que la devaluación se comiera lo que había ahorrado. Tenía la ciudadanía italiana por mi padre y me esperaba un amigo de la familia aquí, en Andoain. Por eso elegí el País Vasco. Siempre es bueno llegar a un lugar donde tengas a alguien conocido, una mínima red de apoyo, porque los inicios nunca son fáciles -aconseja-. La verdad es que antes de emigrar nunca imaginas lo que te espera. No puedes prever la complejidad de los trámites, el aprendizaje de cómo funcionan las cosas, incluso el rechazo de algunas personas. Yo pensaba que con tener papeles era suficiente, pero no es así”.

Silvana es consciente de que llegó a Euskadi en unas condiciones mucho más favorables que la mayoría de los extranjeros y señala que, así y todo, también tuvo que afrontar rechazos o aguantar los estereotipos. “Me han llamado ‘sudaca’ alguna vez, me costó alquilar un piso por el simple hecho de ser extranjera, han puesto en duda mi formación… Si a mí me pasaron esas cosas, ya te puedes imaginar lo que viven otras personas. Hay extranjeros que van en el bus y notan que otros pasajeros evitan sentarse junto a ellos, o personas que entran a un bar y ven cómo la gente guarda los móviles porque creen que les van a robar”. Por eso, hace hincapié en las barreras que suponen los prejuicios.

Prejuicios vs datos

“Los rumores afectan a las relaciones de convivencia. Dificultan mucho la cohesión social. Tanto las generalizaciones como las miradas parciales de la realidad cobran fuerza si no se las cuestiona, especialmente en un contexto de crisis como el que tenemos ahora. Si tú oyes una afirmación despectiva y la dejas pasar, el rumor se va a sentando y las voces discriminatorias crecen”, expone. “Pero, claro, para cuestionar algo como ‘los inmigrantes reciben más pisos de protección oficial que los vascos’ tienes que tener los datos”.

Para saber que los extranjeros representan el 22% de la demanda y solo el 7% de las adjudicaciones de las viviendas protegidas es preciso acceder a las cifras, algo que no todo el mundo hace porque implica tiempo y trabajo. Conscientes de que los prejuicios solo se pueden rebatir con información contrastada y buenos argumentos, la estrategia ZAS! ha creado una página web que recoge los principales rumores y los datos que los refutan. “En el portal hay mucha información, recursos y materiales”, dice Silvana, que anima a visitarla.

“Hay mucho por hacer todavía en este campo. La red ZAS! procura aunar los recursos institucionales con los de la sociedad civil para fomentar la integración y el respeto, para crear espacios de encuentro y evitar la división social. Esto es muy importante, porque actualmente convivimos pero nos relacionamos poco, y eso nos impide ver la gran cantidad de cosas que tenemos en común. La diversidad es una realidad ineludible, el tema es cómo gestionarla”.

Artículo publicado originalmente por Laura Caorsi en el diario El Correo.
2016 América del Sur Ellas

415 | Leonardo

Hay muchas maneras de sumergirse en la cultura de un lugar, pero la gastronomía es una de las vías más directas, sobre todo cuando se trata de Euskadi. La cocina vasca es una de las principales embajadoras de esta tierra, uno de sus atractivos turísticos más importantes y, además, goza de prestigio internacional. Precisamente, ese prestigio culinario fue lo que atrajo a Leonardo Romano hasta aquí, interesado por la profesionalización de los fogones. “No soy cocinero -advierte-, pero me interesa mucho la alimentación y la gastronomía, especialmente desde un enfoque empresarial y creativo en el ámbito de los negocios”.

Leonardo es italiano, de Milán. Hace apenas cinco años no tenía planes de emigrar; se encontraba estudiando en la Universidad de Parma, una de las más antiguas de su país. “Siempre me interesó el universo de la gastronomía, la comida, la bebida, la experiencia de la alimentación. Por eso, cuando terminé el bachillerato me inscribí en la Facultad de Agronomía, porque tenían una especialidad en Ciencias Gastronómicas. Seguí la carrera durante un par de años, pero la verdad es que no me convencía. Estaba más orientada a la industria alimentaria. No era exactamente lo que yo quería aprender”.

La sensación de desánimo, no obstante, se evaporó. Sucedió de repente y casi por casualidad. “Un día, leyendo la prensa en internet, descubrí el Basque Culinary Center. Estaba leyendo una noticia en un periódico, hice clic en un enlace, luego en otro… lo típico cuando navegas. No recuerdo exactamente cómo, pero llegué a un artículo donde se contaba que acababa de abrir el BCC en San Sebastián. Empecé a informarme, a comparar los planes de estudio, las asignaturas y los enfoques. Me di cuenta de que se ajustaba mucho más a mis intereses. Y me vine a Donosti, encantado”, resume ahora en su oficina, donde compagina su trabajo con el proyecto final de carrera.

“Son la misma cosa -señala-. He tenido la suerte de poder aunar el último paso de la carrera en el BCC con mi trabajo cotidiano, en Platypus Labs. La empresa donde estoy ahora gestiona el programa On Appétit!, una de las iniciativas de San Sebastián 2016 como capital europea de la cultura”. Lo cuenta entusiasmado. Para Leonardo es una vivencia sumamente interesante y, como él mismo dice, una gran oportunidad. Desde que llegó a Donosti y empezó a estudiar, hizo varias prácticas en empresas, dentro y fuera de Euskadi -la más exótica, en Sudáfrica, donde pasó una temporada encargándose de le gestión de personal en un restaurante-. Sin embargo, esta experiencia local le permite embeberse de la cultura vasca y fusionarla con otras culturas del mundo a través de la gastronomía.

Intercambio, fusión

“On Appétit! es un proyecto muy bonito. A lo largo de este año, diez cocineros profesionales de otros países de Europa vendrán a pasar una semana a Euskadi. Otros tantos cocineros locales, harán de guías para ellos: les mostrarán los lugares más representativos de la cultura gastronómica vasca, los productos típicos, cómo se preparan, cómo se cocinan. Al terminar la semana, el cocinero invitado prepara un menú único, en el que utiliza ingredientes locales para elaborar platos con tradiciones de su país de origen”, detalla Leonardo, que aprovecha para comentar que justo esta semana tiene lugar una visita y que además, viene de Italia. “Recibimos a la cocinera Enza Leone y su anfitrión es Patxi Eceiza”, precisa.

“La verdad es que estoy muy contento. El BCC me ha permitido estudiar justo lo que quería, adentrarme en el mundo de la gastronomía y en el terreno de innovación y desarrollo de nuevos modelos de negocio. Tuve la suerte de que mi amigo Andoni, el director ejecutivo de Platypus Labs, confiara en mí para desarrollar este proyecto tan bonito y ambicioso. Para mí, es una manera inmejorable de aproximarme aún más a la cultura vasca y a uno de sus principales valores: la comida”, dice Leonardo, que confiesa disfrutar de la buena mesa más allá de su trabajo.

Reconoce que el País Vasco conquista con los fogones y que la calidad de vida de Donosti es difícil de encontrar en otros sitios, donde la vida es más estresante, el aire está más contaminado y no se disfruta de la proximidad del mar. Así y todo, tiene previsto regresar a su país este año para intentar hacer algo allí. “Tengo a toda mi familia en Italia, tengo mi casa, mis afectos… No descarto volver a Euskadi en el futuro, pero antes quiero darle otra oportunidad a mi ciudad”.

2016 Ellos Europa

404 | Mario

El Adviento -las semanas previas a la Navidad- goza de una importancia especial en ciertos países de Europa. Son días distendidos y tranquilos, de abrazos, de paseos y disfrute familiar. En lugares como Austria, el calendario decembrino avanza entre mercados navideños, chocolates, árboles decorados y nacimientos. No en vano, esta época es, para muchos, la más bonita del año. Y es también una de las cosas que más se añoran al emigrar.

Echo de menos esta época”, confiesa el austríaco Mario Lechner, que ahora vive en Euskadi. “Y extraño el pan negro…” agrega. ¿Añoranza de fogones? “Ya empiezo a hablar como un vasco”, reconoce con humor, mientras recuerda que una de las primeras cosas que le sorprendieron de aquí fue, precisamente, “la importancia que se le da a la gastronomía. ¡No hay conversación en la que no esté presente la comida!”, observa. Ese rasgo, como todo, le ha supuesto un ejercicio de adaptación.

En general, la gente tiene costumbres y ritmos de vida algo diferentes. Allí somos más de quedar en casa con los amigos y la familia, y no tanto de socializar en la calle ni de ir de bares -compara-. Algo que me llamó la atención cuando vine por primera vez es que la gente no fuese tan abierta como yo me la había imaginado. Sin embargo, he podido comprobar que una vez que uno se crea su entorno en Euskadi, encuentra amigos con una lealtad y un nivel de compromiso muy notables”.

Desde su primer viaje hasta hoy han pasado muchos años y una larga historia de amor. “Mi esposa es donostiarra. La conocí en Italia en 1998, cuando ambos éramos estudiantes de Erasmus. Desde entonces, no he parado de venir a Euskadi. Incluso estuve viviendo aquí de 2006 a 2013. Cuando tuvimos que elegir un sitio para vivir, decidimos que yo me desplazaría. Por mi formación como ingeniero y mi experiencia en la industria siderúrgica y metalúrgica, pensamos que sería más fácil para mí encontrar oportunidades equivalentes en la industria del País Vasco que para ella en Austria siendo, como es, profesora de Derecho en la UPV/EHU”, explica.

Pero lo cierto es que tampoco fue fácil para mí en los inicios -prosigue-. En lugar de tener opciones de acceder a puestos en la industria, que era mi objetivo, se me ofrecían posibilidades en centros de I+D+I”. La oportunidad de hacer lo que realmente le gusta y aquí le ha llegado hace poco. “Soy ingeniero de investigación y simulación dentro de TUBACEX, una empresa que también tiene presencia en Austria. Realizo diseños experimentales para identificar y cuantificar variables de procesos de fabricación de tubos en acero inoxidable y altas aleaciones”.

Es un puesto con distintas y muy variadas facetas, todas con el objetivo de mejorar el producto y minimizar los costes de fabricación”, indica. Y traduce: “Esta una experiencia mucho más fácil y positiva para mí, puesto que la empresa me ha brindado la oportunidad de hacer un cambio interno dentro del propio grupo. Un cambio por el que estoy muy agradecido y que está resultando muy estimulante, pues se me ofrecen nuevos ámbitos y líneas de trabajo. Además, me he incorporado a un departamento en el que hay un equipo de personas con el que da gusto trabajar”.

Nuevos estímulos, nuevo hogar

Sin duda, Mario valora mucho el ambiente laboral, a sus compañeros y el tipo de trabajo que hace. “Me encuentro muy a gusto porque tenemos un clima muy estimulante en el que se promueven los intercambios de ideas y opiniones entre el equipo, lo que para mí es una ventaja añadida”, indica. Pero también está muy a gusto fuera del trabajo. “La adaptación está resultando muy sencilla gracias a mi mujer y su entorno, que me facilitaron mucho todo el proceso en los primeros años”.

Por supuesto, para su familia el traslado a Euskadi fue “una noticia agridulce. Se alegraron por mí porque sabían que suponía la posibilidad de volver a estar con mi mujer, pero lógicamente me echan de menos. En cuanto mi mujer y su familia, qué voy a decir. Están todos encantados de que se me haya ofrecido esta posibilidad. No tengo previsto volver a Austria. Veo mi futuro tanto familiar como profesional aquí, así que iré allí de vacaciones. Lo cierto es que ahora puedo decir sin lugar a dudas que me siento como en casa”.

2015 Ellos Europa

385 | Álvaro

Dos años en Londres. Ese era el plan original. Al menos, ese fue el objetivo que se trazó Álvaro Bertelsen tras acabar su posgrado en Chile. Ingeniero e investigador, explica cómo tuvo la oportunidad de desarrollarse profesionalmente fuera de su país y por qué no lo dudó. “Cuando terminé mis estudios -relata-, el profesor que supervisaba mi trabajo me ofreció postularme a un programa de intercambio para investigar durante dos años en Londres. Me presenté, me aceptaron y allí fui”. Claro y conciso.

La pregunta es qué pasó entre ese momento y el actual, porque Álvaro lleva seis años viviendo en Euskadi. Y la respuesta tiene -en parte- nombre de mujer. “Cuando estaba en Inglaterra conocí a quien hoy es mi esposa. Empezamos a salir, nos comprometimos, nos casamos y en 2009 nos trasladamos aquí, a San Sebastián. Ella es donostiarra y eso tuvo mucho peso en la decisión, pero también influyeron otros factores relacionados con lo profesional”, indica.

“La crisis económica que empezó entonces desempeñó su papel, sin duda, aunque lo que más influyó en ese cambio fueron las expectativas laborales y de formación”, reconoce. “Yo siempre había tenido claro que quería hacer un doctorado y dedicarme a la investigación, y en Londres vivía una situación paradójica: trabajaba en la universidad, en un laboratorio de investigación… pero no tenía el doctorado ni veía el modo de hacerlo. Eso era una limitante para mí”, comenta Álvaro, que empezó a buscar nuevos horizontes.

Y en esa búsqueda, se perfiló Donosti. “Me concedieron una beca para hacer aquí el doctorado”. En su tesis, Álvaro exploró las “técnicas de planificación y registro de la cirugía robótica guiada por imagen” -operaciones quirúrgicas asistidas por robots-, algo que puede sonar a ciencia ficción, pero que está muy presente en las tendencias científicas y la investigación actual. “La cirugía asistida por robótica médica es real. Existe un interés creciente en dotar de inteligencia a las máquinas”, señala Álvaro, y en este punto es casi imposible no acordarse de las obras de Isaac Asimov.

“No se trata de reemplazar al cirujano en ningún caso, ni de que un robot pueda operar por sí solo, sino de ser capaces de brindarle a los cirujanos una herramienta más precisa, más refinada y más segura que les ayude en su trabajo”, aclara. Y lo dice desde el conocimiento práctico, no solo teórico, ya que, tras acabar su tesis, Álvaro comenzó a explorar activamente este campo. En la actualidad, es investigador senior del centro tecnológico Vicomtech-IK4, donde se dedica a desarrollar estas sofisticadas herramientas de aplicación médica.

“Es interesante señalar que los avances no son homogéneos. El estado de desarrollo es desigual y varía según la disciplina quirúrgica. Por ejemplo, uno de los robots más conocidos es el da Vinci, muy poco invasivo, diseñado para la cirugía urológica. En este nicho, la robótica ha tenido mucho éxito. En otros, está en etapas más tempranas. Lo importante es que en todas se avanza. Y, de hecho, esa es la faceta que más me gusta de mi trabajo: poder trabajar con las nuevas tecnologías, estar siempre en la frontera de lo que es y lo que vendrá”, dice.

Las bondades de esta tierra

Desde su punto de vista, “el País Vasco tiene una muy buena infraestructura de investigación. Se le da importancia y, además, hay salida laboral para los investigadores. En Chile, por ejemplo, es muy difícil que un doctor trabaje fuera del ámbito universitario. Aquí, no. Hay empresas y centros tecnológicos competitivos que apuestan por la innovación”, compara.

Pero Euskadi no es solo trabajo. También hay otras muchas cualidades que le han animado a quedarse. “Donosti es una ciudad estupenda para vivir, sobre todo si tienes niños. Mi mujer y yo estamos en ese momento ahora mismo, tenemos tres hijos, y la verdad es que aquí siempre hay planes para disfrutar con los peques: parques, playa… El paisaje es maravilloso y lo cierto es que me siento muy a gusto”, describe Álvaro, y deja para el final una pequeña revelación: conocía las bondades de esta zona mucho antes de venir aquí.

“Hace mucho tiempo, mis padres vinieron a Pamplona. Estaban recién casados, así que fue hace cuarenta años, más o menos. Vivieron una temporada allí. De hecho, mis dos hermanas mayores nacieron en Navarra. Luego regresaron a Chile, donde nacimos los demás. El caso es que ellos le tienen un cariño muy grande a estas tierras… y que nosotros crecimos con sus relatos. Como te podrás imaginar, están muy contentos de que viva aquí. ¡Y cada vez que vienen de visita lo hacen encantados!”

2015 América del Sur Ellos