El día que cien cámaras buscaron raíces americanas en Madrid

En España hay más raíces americanas de las que imaginas. Muchas de ellas están a simple vista. Otras, hay que buscarlas. La yincana fotográfica que organiza anualmente Casa de América muestra, a través del juego, hasta qué punto son de ida y vuelta las influencias culturales, intelectuales, científicas y… botánicas.

El mes pasado se celebró la quinta edición de esta yincana, que contó con la colaboración de Instagramers Madrid. El desafío consistió en descifrar pistas para encontrar varios objetos —desde una estatua hasta un tipo de flor—, fotografiarlos y subirlos a Instagram con las etiquetas #AmericaNosUne#casamerica. Había tres horas para lograrlo.

En el certamen de este año (al que se apuntaron 104 participantes), la propuesta estuvo ligada, sobre todo, a la naturaleza: había que encontrar varias plantas de origen americano en las inmediaciones de Paseo del Prado y dentro del Jardín Botánico, el principal escenario del juego. Nuestro blog, Un Puerto, se apuntó a la competición en la categoría de equipos. Además de divertirnos mucho, resultamos ganadores y ayer nos entregaron el premio. A continuación os dejamos el recorrido fotográfico que hicimos.

Así fue nuestro itinerario

1 … Estás en la Casa de América, creada para acercar más América a Europa. Por ser la primera foto, te dejamos que fotografíes lo que más te guste de nosotros, por fuera.

Hoy participamos en la yincana #AmericaNosUne, de #casamerica. Nos une, sí, y nos entrelaza.
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2 … Nuestra sala de exposiciones Frida Kahlo se ha llenado de murales de arte efímero para mostrar la evolución del papel de la mujer en América, bajo la visión de nueve grandes artistas.

Mujeres de América Latina: en la #fortaleza siempre hay espacio para que anide la #ternura.

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3 … Tienes que tomar el jardín histórico urbano más antiguo de Madrid, que además ha sido declarado Bien de Interés Cultural y es uno de los bulevares más importantes y bonitos de la capital. En él, si miras hacia un lado y hacia arriba, verás un jardín de lo más curioso. ¿Habrá dentro de él alguna especie americana?

No estamos muy seguras de si es la yucca o la garrya, pero suponemos que algo de América habrá entre las 120 especies de este ‘jardín al cielo’.

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4 … Procede de Estados Unidos y se cultiva en Europa desde principios de 1700. Llegó a uno de nuestros países vecinos antes que a España, pero en Madrid es fácil de observar y disfrutar. Su nombre evoca grandeza y te los puedes encontrar de camino al Real Jardín Botánico.

Nos dicen que su nombre evoca grandeza… Creemos que su fruto es bastante magno, sí.

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5 … Ya hemos llegado al Jardín Botánico y ahora empieza la aventura más americana. El primer nombre de esta flor fue atlcocotlixochitl, y es originaria de México.

Nos resulta más fácil pronunciar su nuevo nombre. Eso sí, vemos que la relación viene de antaño… Y que es muy fecunda.

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6 … Durante años no ha habido ensalada en la que faltase y qué serían de los calurosos veranos del sur sin el plato que se puede comer, del que es ingrediente principal.

Y sí… Es un fruto estupendo y muy refrescante para los días de calor. Una maravilla de colores y texturas.

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7 … La comenzaron a cultivar los pueblos indígenas en el centro de México, y los indígenas taínos del Caribe le dieron un nombre que significa, literalmente, lo que sustenta la vida. A Europa llegó en el siglo XVII. Los celíacos sí lo pueden comer.

Así alumbra, #diverso, lo que sustenta la vida.

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8 … En Argentina, Uruguay y Paraguay, beber la infusión que se hace con sus hierbas es casi una religión.

¡Hemos visto la luz! Aquí está la yerba mate. Es curioso que, siendo uruguayas y habiéndola tomado miles de veces, hayamos descubierto cómo es la planta… en Madrid.

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9 … Científico, naturalista, botánico y zoólogo sueco, envió a sus discípulos por todo el mundo. A América fue Loefling. ¿Tomas una foto de su estatua?

He ahí un botánico sumido en sus pensamientos…

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10 … Esta foto la eliges tú, siempre que tenga que ver con América.

Dicen que la diversidad es un tema espinoso. Nosotras creemos que el interés por lo distinto siempre da buenos frutos.

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Artículo Arte urbano y Fotografía

Si te cuesta imaginar la diversidad cultural, échale un ojo a estos libros

Hace algún tiempo, estuvimos en una feria del libro de fotografía y descubrimos cuatro obras que hablaban sobre la cuestión migratoria y la diversidad cultural: Sin fronteras, de Imapla; Passport, de Alexanderk Chekmev; Ville de Calais, del fotógrafo Henk Wildschut; e Immorefugee, del estudio Defrost. Nos pareció importante detenernos en ellos y explorar la manera en que hablan sobre el tema. De algún modo, todos ellos tienen algo en común: a partir de lo visual, nos enseñan a imaginar un mundo más diverso.

Por Rubén A. Arribas
@estoy_que_trino


01  | Sin fronteras (editorial Libros del Zorro Rojo), por Imapla

A un lado, 45 banderas; al otro, los 45 nombres de los países correspondientes. En el medio, de manera horizontal, un corte que divide en dos partes cada bandera y cada nombre, de manera que al combinar banderas y países se pueden obtener más de 2000 combinaciones distintas. Así, de México y Estados Unidos puede salir Mexiunidos; de Bolivia y Francia, Bolicia; y de Canadá y Japón, Capón. Además, se puede pintar —inventar— una bandera y fundar un país propio. En este libro-juego, las banderas aparecen como un símbolo de la diversidad, y no como un emblema de la diferencia. Sin fronteras es un artefacto sencillo y que, de una manera divertida e ingeniosa, nos ayuda a imaginar un futuro con identidades más abiertas a la mezcla.

02 | Passport (editorial Dewi Lewis, 2017), de Alexander Chekmev

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¿Qué cuenta un pasaporte sobre quiénes somos? Este libro de Alexander Chekmev demuestra que bien poco. Es más: la foto del pasaporte ofrece una visión recortada y descontextualizada sobre cuál es nuestra historia personal; solo muestra una parte ínfima. Chekmev participó como fotógrafo en la campaña que lanzó el Gobierno de Ucrania para dotar de un nuevo pasaporte a toda su población, que hasta 1991 había formado parte de la Unión Soviética. Eso le supuso viajar entre 1994 y 1995 a sitios lejanos y de difícil acceso. Así, conoció a muchas personas que padecían enfermedades graves, eran muy mayores o tan pobres que no podían pagarse siquiera un fotógrafo. Fue un trabajo, como él dice, puerta a puerta, donde los servicios sociales procuraban medicinas y alimentos, y él fotografiaba una realidad que le era desconocida. El montaje del libro muestra, por un lado, la fotografía que salió en el pasaporte; por otro, la foto tal y como fue tomada. Además de la historia de cada persona, impresiona ver cuántas veces olvidamos que la compleja realidad excede ese instrumento burocrático llamado pasaporte.

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03 | Ville de Calais, del fotógrafo Henk Wildschut

Ville de Calais (signed) by Henk WildschutEl fotógrafo holandés Henk Wildschut estuvo siguiendo la evolución del campo de refugiados de Calais (Francia) desde el inicio (2015). De hecho, vivió la transformación del asentamiento en casi una ciudad. En vez de hacer retratos o de capturar historias personales, Wildschut intentó documentar las huellas físicas de las personas que esperaban allí su oportunidad para cruzar a Dover (Reino Unido). En su página web, están disponibles algunas de las fotos del libro. Hay tanto material ya sobre Calais que resulta complicado decir qué aporta respecto a tantos otros libros o reportajes fotográficos que nos muestran las condiciones precarias en que vivían allí las personas. Por eso, quizá sean más relevantes sus vídeos; en particular, algunos que hay en su cuenta de Vimeo, como 4.57 min., donde vemos y escuchamos a un chico afgano llamando a su familia.


04 | Immorefugee, por el estudio Defrost

Si no te fijas bien, esta revista parece una más de las muchas que promocionan el alquiler o venta de viviendas de uso vacacional. En cambio, cuando la miras más de cerca, de repente, te ataca la corrección política y te hace preguntarte si es una frivolidad o una genialidad. Desde luego, no deja indiferente. Immorefugee fue una efímera guía de propiedades que anunciaba inmuebles en un área residencial llamada La Nueva Jungla; un espacio habitable que ocupaba unos 500.000 metros cuadros en las afueras de Calais (Francia), que estaba rodeado por una valla de 5 metros de alto y que contaba con agua corriente y electricidad. La nueva Jungla, decía la publicidad de Immorefugee, ofrece diferentes tipos de alojamiento, sea de antigua o de nueva construcción. La idea fue del dúo bruselense Defrost, que se reapropió de la técnica publicitaria para hacernos pensar de una manera diferente sobre lo inhumano del campo de Calais. Encontraron una arista creativa diferente. ¿Alguien imagina que pasaría aquí si se publicase una guía similar con las tiendas de campaña del monte Gugurú?

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Libros

Veronika Drazdova: raíces bielorrusas, corazón en Bilbao

«No somos bichitos raritos: tenemos nuestra cultura… Queremos poner nuestro granito de arena». Veronika Drazdova (Minsk [Bielorrusia], 1981) estudió teatro en la universidad, así que la palabra cultura tiene resonancias muy potentes para ella. De hecho, la música, el diseño, la pintura, la fotografía o la literatura son fundamentales en su día a día: alimentarse de la creatividad ajena le parece algo fundamental a la hora de estimular la propia.

Por eso mismo, Moiqut —su tienda— es un sitio donde se compra ropa y se habla de moda, pero también es un espacio donde se celebran conciertos, fiestas, exposiciones o lecturas dramatizadas. Incluso dispone de un punto de lectura —«Hasta en las mejores familias, hay una oveja lectora», dice un pequeño cartel— donde intercambiar libros y conversar sobre ellos. Además de ropa, Veronika procura vender alegría, buen humor y una buena dosis de creatividad en todo lo que hace. Esta es su historia.

[Si has caído aquí por casualidad y no sabes en qué consiste el proyecto Segundas impresiones, quizá te interese leer esto].
Por Rubén A. Arribas y Laura Caorsi
@estoy_que_trino / @lauracaorsi

Un día iba caminando por Barcelona y encontró un libro abandonado en un banco. Era una novela. Se la llevó a casa, la leyó y sintió que eso era lo que necesitaba leer en ese momento de su vida. Cuando terminó el libro —El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson—, lo colocó en otro banco y deseó que tuviese el mismo efecto balsámico en otra persona. Por eso, en su tienda de ropa, ha reservado un espacio para el intercambio de libros y organiza otras actividades; por el placer de conocer gente y generar una pequeña comunidad con la que compartir afinidades.

MoiqutNacida en Minsk (Bielorrusia) y dramaturga de formación, Veronika Drazdova ha trabajado como dependienta desde que tenía 18 años. Mientras ganaba experiencia como empleada, supo que algún día tendría su propia tienda y que esa tienda suya sería algo especial. Imaginó un espacio donde la ropa se rodeara de arte, desde exposiciones de cuadros y actuaciones musicales hasta obras de microteatro y lecturas dramatizadas interactivas, como las que hacía en la universidad. Incluso pensó que estaría bien organizar fiestas cada tanto para que su clientela se conociera entre sí, pasara un buen rato y pudiera degustar una dosis de talento emergente.

Todo eso lo materializó en Bilbao, donde pudo concretar su idea. «Me gusta mucho el arte; disfruto con él. Cada vez que vienen artistas nuevos, me inspiran», explica. En los carteles de la tienda aún conserva el póster de la fiesta de febrero, donde tocaron los músicos Irrintzi Ibarrola y Peri & Gros, o donde la fotógrafa Teresa Ormazabal expuso su trabajo Transferencias.

Precisamente, una pieza de Teresa Ormazabal le sirve a Veronika para explicar qué le aporta rodearse de arte. «Un cuadro suyo me ayudó a entenderme mejor a mí misma: ahora sé que soy la capitana de un barco solitario sobre un mar de zanahorias», dice. Y, consciente de la sorpresa que inspira la imagen que evoca, añade: «¿Que por qué un mar de zanahorias? No hay explicaciones profundas… Es algo visual».

A la vista de la ropa desenfadada que vende —y que elige en ferias de Londres o París—, resulta sencillo captar su gusto artístico. Sus prendas preferidas tienen formas asimétricas, son minimalistas y utilizan tonos suaves. También el espacio refleja su interés por lo estético: la tienda es diáfana, con poca ropa —pero elegida con mimo— e invita al contacto personal. Esto último es clave para ella: le encanta conversar con todas las personas que entran. Disfruta de la cercanía.

Un proyecto viable

La idea de un local así surgió en sus paseos por el barrio de Malasaña, cuando vivía en Madrid. Allí trabajó siete años en una tienda que vendía ropa de segunda mano y que desempeñaba una intensa labor solidaria en África. Se implicó tanto y tan a fondo en el proyecto que casi termina de cooperante en Mozambique. Impulsiva y llena de energía como es ella, pensó que esa era la mejor manera de salir del estancamiento laboral al que sentía que había llegado. Sin embargo, supo dar un paso atrás a tiempo y reorientar su espíritu social.

Fruto de esa crisis, le quedaron dos enseñanzas. Una, la filosofía aprendida en aquella tienda: mejor arreglar pequeños problemas concretos que aportar dinero para grandes causas generales. Otra, lo que le pedía el cuerpo: cambiar de ciudad. Por eso, cuando unos amigos hace nueve años le dijeron que por qué no venía a Bilbao y los visitaba, dijo enseguida que sí. «Era mayo, llovía —cómo no—, salimos a pasear y me fijé en los abedules, en las ventanas iluminadas y las escenas familiares que se entreveían detrás de esas cortinas: la tele parpadeando, gente cenando…». En ese preciso instante quedó prendada de Bilbao. Sintió que aquí podría encontrar algo que echaba de menos desde que salió de Minsk: la sensación de hogar.

De hecho, el nombre de su tienda, Moiqut, significa ‘hogar’, aunque antes de tener la acogedora apariencia de hoy, fue una ferretería. Como recuerda Veronika, el local estaba lleno de estanterías y albergaba unas 8000 tuercas cuando ella y su pareja lo cogieron para reformar. Ahora, la tienda alberga una de aquellas estanterías —donde se encuentran los libros— y el techo conserva el aire industrial que una vez dominó la atmósfera.

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El proyecto lo supervisó Lan Ekintza, de quien Veronika valora que actuara como un interlocutor crítico para afinar su idea. «Yo tenía un proyecto y me ayudaron a poner las bases. Todavía tengo una asesora que sigue la evolución del negocio, me recomienda cursos, me da consejos…», detalla. Y, con orgullo de alumna aplicada, agrega: «Estoy siguiendo el plan de negocio que presenté, paso por paso».

Fruto de esa perseverancia en el trabajo bien hecho y de la creatividad que ha demostrado al colaborar con otros comercios o la facultad de Bellas Artes, la tienda recibió hace poco un reconocimiento institucional: «Nos han dado la baldosa al comercio innovador». También el de la gente: en el certamen Arteshop Bilbao 2017, que mezclaba artistas y tiendas, ganaron el premio del público.

Una ciudad donde madurar

Veronika aprecia particularmente la vida cultural bilbaína. Apoyó desde el inicio la apuesta teatral de Pabellón n.º 6, va a la ópera al Euskalduna —sobre todo, si ponen Carmen— y disfruta mucho de los conciertos de Bilborock y de la música en directo en el Residence. «También me quedo con lo verde, con los parques… En cualquier sitio te sientas en un banquito y hay zonas de confort; a algunos les parecerá una tontería, pero otros valoramos mucho eso», subraya.

Bilbao es, sobre todo, una ciudad que le permite construir relaciones personales a su medida: «Soy de ir siempre a los mismos sitios y tomar tal pintxo en tal bar… ¡Llevo nueve años yendo a la misma peluquería!». Sus rutinas no son manías; simplemente, le gusta sentir que tiene raíces aquí, que forma parte de la comunidad. Cuando entra en esos locales y la saludan por su nombre, se siente como en casa.

Migrar implica mucha soledad, especialmente en ciertos periodos; de ahí que Veronika rehuya de lo impersonal. Si bien los inicios fueron duros, ahora, después de tantos años, la situación es la contraria: «Dedico tiempo a las personas que me importan, y son muchas. Cuando llegan las Navidades, lo difícil es cuadrar fechas con todos los amigos y amigas de la cuadrilla. ¡Me faltan fines de semana!».

Según ella, no tiene idea de marcharse. «Aquí me han dado la posibilidad de montar el negocio. En otra ciudad,no sé si hubiera sido posible», especula. Además, ha conseguido lo que buscaba: proximidad con las personas y un entorno amable donde crecer sin sobresaltos. «He madurado en Bilbao —dice—. He aprendido que se puede vivir siendo fiel a ti misma». Quizá eso ayude a entender una frase en bielorruso que está pintada en su tienda y que se lee nada más entrar: «Lo que empezó siendo un refugio, ahora es mi casa».

Segundas impresiones

Música africana que nace (y crece) en España

¿Cuánto sabes sobre la música africana que se compone actualmente en España? Si la respuesta es poco o nada —o solo algo de folclore—, tenemos noticias para ti: hay vida más allá de la kora y del djembé. De la mano del rapero angoleño Betto Snay, afincado en Barakaldo, te proponemos 4 artistas para descubrir este mundo de sonidos afro nacidos o madurados aquí: Lion Sitté, Afrika Bibang, Mr_o y Brick Pako.

Por Rubén A. Arribas
@estoy_que_trino

Este verano, una lluviosa y muy bilbaína tarde de julio, visitamos al rapero angoleño Betto Snay en la sede de la cooperativa Koop SF 34. Habíamos estado el mes anterior en su concierto en el café La Palma, en Madrid, así que estuvimos charlando de su actuación. También conversamos sobre los otros dos músicos que cantaron antes que él; dos raperos con raíces africanas: el madrileño Duddi Wallace y el irunés Rush Blacka. Ambos fueron toda una sorpresa para nosotros, que no conocíamos más allá de los socorridos Frank T y el El Chojin.

A la vista de nuestro desconocimiento en la materia, Betto se comprometió a recomendarnos algo de la música africana que se está haciendo aquí. Una semana después, nos sonó el wasap y nos llegaron cuatro canciones de cuatro artistas de los que no teníamos ni idea. Los escuchamos, nos gustaron y, por eso, los compartimos. Hay tres propuestas de rap y una de soul; las cuatro repletas de espíritu africano nacido y crecido aquí.

01 | «Los niños del parque», de Lion Sitté. Vallecano de pura cepa, penúltimo del 11 hermanos, sus padres emigraron de Guinea Ecuatorial en los años 70 y se instalaron en Madrid. Entre otras influencias musicales, Lion Sitté cita a las familias gitanas de Vallecas, con quienes descubrió a Camaron, Carmen Linares o Ketama; el freestyle callejero; y la tradición africana que le inculcó su madre: cantar en todo momento. Ha tocado con Pitingo y Juan Carmona, pero también con El Chojin o Chulito Camacho. Su estilo es el reggae-dancehall. El resto de su vida y obra, puedes leerlo en su blog. También en su canal de You Tube.

02 | «Afrika, revolution», de Afrika Bibang. Esta cantante debutó con un disco en solitario llamado Entzun (Metak, 2004), que trajó una corriente de aire fresco a la escena vasca: pocas veces se había escuchado antes cantar soul, reggae o rythmn and blues en euskera. En Euskadi ha grabado con gente tan dispar como Gontzal Mendibil, Kepa Junkera, Etsaiak o Fermin Muguruza. En la actualidad, vive en Barcelona y canta —en inglés— con la Johnny Freelance Experience. Aquí, una entrevista para el programa Afroeuropeos (y, aquí, cantando soul en español). Seguro que también debe de haber por ahí algún vídeo donde canta en fang, la lengua de su familia guineana.

03 | «Seamos uno», de Mr_o.  Benjamín Nguema Asongsua prefiere hacer música y no encasillarse en géneros: r&B, trap, afrobeat, rap… Más que contar algo de él —uno de los grandes del rap, según Betto Snay—, lo mejor es ver esta entrevista para Ilicit Rebel TV; ahí lo puedes escuchar hablar sobre su llegada a Barcelona, el circuito musical español o del contenido panafricanista de algunas de sus canciones. Incluso rapea sobre la música que suena mientras lo entrevistan. A decir de él, en Soundcloud lo encuentras todo. Otra forma de seguirlo es a través de su perfil en Facebook.

04 |«Kaw-bi», de Brick Pako. Este senegalés, afincado en Pamplona, canta en wólof y hace unos temas con una marcha que no veas. En su último disco, Siki-Saka él ha compuesto toda la música y contado con la colaboración de la Chula Potra y de Kutxi Romero en un par de temas. Antes de este trabajo en solitario, Brick Pako publicó otro álbum con el grupo Benation, compuesto por tres senegaleses. También cantó el año pasado con el Drogas en aquel en aquel mítico concierto que el antiguo miembro de Barricada dio en Pamplona. En esta entrevista radial para Planeta Ruido (1 y 2), además de hablar sobre sus orígenes, explica que Kaw-Bi es una crítica a esos inmigrantes que pierden y traicionan los valores aprendidos en sus casas.


musica-migranteConoce a otros artistas que le cantan a las migraciones y la diversidad en nuestra sección de música migrante

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Lock Ons: pensar en los demás aunque no quieras

Las intervenciones artísticas pueden lanzar mensajes muy potentes cuando están bien planteadas. No hace falta que sean de gran tamaño ni que las firme una estrella del street art si las piezas están bien hechas y se colocan en el lugar oportuno. Cuando esto sucede, el arte urbano sin estridencias es capaz de llegar donde muchas campañas no llegan.

El arte puede hacerte sentir vulnerable cuando te encuentras seguro, pensar en lo terrible cuando fotografías lo bello o arrugarte el corazón cuando estás en pleno instante hedonista. Puede hacerte entender —de un vistazo— que hay personas que luchan, que sufren y mueren soñando con estar justo ahí, donde estás tú.

Señales punzantes del mundo exterior

Un pinchazo en una pompa de jabón. Eso es lo que provoca este trabajo del artista callejero Rough.eq, que eligió la apacible y ordenada ciudad de Basilea para recordarle a sus transeúntes que son muy afortunados. No muy lejos de este mundo hay otro mundo bien distinto donde la gente lo pasa fatal. La propuesta del artista es señalarlo.

Antes de explicar en qué consiste el trabajo Lock Ons (bloqueos), va un apunte de contexto: el escenario donde se instala esta obra es una de las ciudades culturales más importantes de Europa y la tercera más poblada de Suiza. Basilea es una ciudad fronteriza que se engarza en la confluencia con Francia y Alemania, y es también, como se ve en la foto de abajo, una urbe tranquila que se asienta a horcajadas del Rin.

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Cruzar el Mittlere Brüke (ese puente de la foto) es un trayecto habitual para los residentes y un recorrido obligado para los turistas. No solo porque conecta dos zonas de la ciudad, sino porque ofrece una panorámica estupenda de la parte antigua y permite hacer buenas fotos.

El puente, como se ve, es de piedra y cemento. Sin embargo, no es ajeno a una costumbre cada vez más extendida en el mundo: la de poner «candados de amor». Puesto que el Mittlere Brüke no tiene barandillas de hierro, los candados se concentran en la única reja que hay en todo el puente, justo en medio de la construcción.

Más allá del trasfondo cursi, del impacto negativo que supone la acumulación de candados para la arquitectura, y de lo discutible que pueda ser elegir estos ingenios como símbolo de amor, lo cierto es que la composición, en su conjunto, es llamativa. Precisamente por ello, porque capta la atención de los viandantes, Rough.eq eligió este punto para anclar allí esta escultura:

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Encadenada a los candados que profesan amor, hay una pequeña escultura de cemento que representa un grupo de migrantes en un bote, similar a los de verdad, los que intentan llegar a Europa en busca de refugio y asilo. Las figuritas y la embarcación, pintadas de colores, discuten en silencio con los candados, con esa reja, con nuestro férreo y limitante concepto del amor.

Ponerse en la piel de los otros

El contraste me pareció tan interesante que decidí hacer unas fotos. Y, mientras eso sucedía, observé la reacción de otras personas que, como yo, pasaban frente a la reja. Hubo de todo. Algunas también fotografiaban la escultura. Otras la encontraban curiosa y algunas otras, incómoda. No faltó quien se esforzó para fotografiar los candados dejando afuera del encuadre al barquito de los vulnerables. Como en la vida misma.

Todo aquello me resultó muy sugerente —cómo no—, pero terminó por cautivarme cuando apenas dos días después, en una zona cercana, encontré otro barquito, otra escultura. Si la primera me hizo pensar en la tragedia del Mediterráneo y recordar imágenes tan duras como las que muestra el documental Astral, la segunda me hizo sentir la pequeñez de echarse al mar sin saber si habrá una orilla al otro lado.

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¿Qué tiene esta figura para provocar una sensación así? La realidad que representa y el lugar donde la han colocado: se encuentra en la antesala de tu propia experiencia en el agua.

Solo una tabla entre el agua y tus pies

La catedral de Basilea está a orillas del Rin, en una zona elevada, no al nivel de las aguas. Desde las inmediaciones de este edificio baja una larga escalera de piedra que da acceso a un muelle flotante de madera. Este muelle —que si estuviera en otro país describiríamos como precario— permite subirse a una pintoresca barcaza, también endeble y también de madera. En tres o cuatro minutos, cruzas el río en ella, y te plantas al otro lado de la ciudad.

La escultura de los refugiados está allí, a pocos metros del río, del muelle y de la barcaza real, que es la razón por la que has bajado hasta este sitio. Porque eres turista y quieres montarte en el barco a hacer fotos.

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Claro, la experiencia cambia —y mucho— cuando cinco minutos antes te has topado con un objeto que te coloca la indefensión y la injusticia en la cabeza. Después de ver la escultura de los refugiados es muy difícil, sino imposible, cruzar el río sin pensar en otros cruces y otras aguas. Es muy difícil no sentir empatía con toda la gente que se lanza al mar de horizonte incierto cuando tú mismo te sientes vulnerable en ese barquito que se mece demasiado, que tiembla a merced de las corrientes y se estremece bajo tus pies.

Y eso que ves la orilla de enfrente, la barcaza lleva un cable de seguridad y solo has pagado 1,50€ por cruzar. La historia de los refugiados, como ya sabemos, es bien distinta hasta en eso.

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De vuelta en casa y, antes de sentarme a escribir, busqué datos sobre las pequeñas esculturas. De la obra Lock Ons y el artista, Rough.eq, encontré poca información en internet. La más completa se publicó hace un par de meses en la web de Brooklyn Street Art (BSA), donde reseñan este trabajo. Según explica el escultor a los autores de la página, creó y colocó más piezas en la ciudad, y la respuesta de la gente fue rápida, aunque no tiene muy claro si fueron muestras de apoyo o no. De los cuatro barquitos que instaló inicialmente, tres desaparecieron. El parecido con la realidad no es una mera coincidencia.


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