Mamadou Dia: mar que quita, mar que da

Mamadou Dia es su nombre. Cuando le preguntan por su edad, dice que no es tan joven como aparenta para después soltar con una enorme sonrisa que tiene 33 años. Es un chico alto, delgado, reflexivo y con buen sentido del humor. Mamadou fue invitado para la novena edición del Festival Cine Invisible de Bilbao, que coordina Kultura, Communication y Desarrollo (KCD), una organización sin ánimo de lucro cuyo fin es la comunicación para la transformación social. Durante un encuentro con periodistas procedentes de distintas latitudes, Mamadou compartió cómo su experiencia como inmigrante en Europa lo motivó a volver a su país, Senegal, para generar proyectos de desarrollo en su comunidad. 

Por Mayté Guzmán Mariscal

«Veo que todos tienen muy claro a qué se dedican. A mí, como hago muchas cosas, se me complica definir todavía qué hago exactamente», comenta con sobrada modestia antes de iniciar el relato de su historia. Entre esas tantas cosas, Mamadou escribe. Es autor de 3052, Persiguiendo un sueño y A las 15:00. Ambos son textos autobiográficos pues, a su corta edad, Mamadou ha vivido intensamente algunas de esas experiencias a las que muchas personas tal vez no sobrevivirían, como viajar en cayuco hasta «El Dorado europeo», como él lo califica, en un dramático trayecto de «ocho largos días».

Durante el encuentro, Mamadou narró su travesía antes de llegar a La Gomera, en Canarias. Si llegaba sano y salvo a Europa, escribiría un libro. Esa fue la promesa que hizo a los suyos cuando se embarcó al Mediterráneo, un mar que ha alimentado a generaciones, pero que también lleva años siendo la tumba de muchos hermanos que emigran desde el continente africano.

Así se lo había prometido a sus amigos, algunos de los cuales emprendieron el camino unos meses después que él, pero que nunca llegaron a su destino. «Al principio el libro era una promesa, después se convirtió en mi forma de despedida para ellos», explica. También es un valioso testimonio de las migraciones en la actualidad: «No solo el viaje en patera es durísimo; cuando llegas a España, además, te das cuenta de que el viaje apenas empieza. Fui consciente de todo lo que tenía que hacer: luchar por encontrar un trabajo, conseguir los papeles, encontrar un lugar donde vivir…».

Hablar de la soledad

En el libro, Mamadou quería contar la experiencia de ser migrante: «Quería decirles a mis hermanos que el sueño europeo no era tal, y que aquí también había mucha pobreza y soledad». Para ello, tocó la puerta de varias editoriales hasta que se convenció de que si quería ver publicada su historia tenía que autopublicarse y así lo hizo.

«Muchos pensarán que hacemos este viaje para olvidar para siempre nuestras tierras, pero no es así —aclara—. Vamos a la búsqueda de un potencial que nos permita volver un día y vivir en África, exactamente lo mismo que hacían los españoles hace pocos años en otros países de Europa y Latinoamérica», señala el autor en el libro.

3052, cifra con la que titula su primera publicación, son los kilómetros que separan Senegal de Murcia, el lugar que le acogió en los primeros años de su estancia en España. El libro está lleno de profundas reflexiones sobre el choque cultural que experimenta un inmigrante.

Entre las imágenes que retrata, Mamadou habla de la soledad a la que se enfrentó por momentos en una sociedad tan polarizada: «No entiendo el hecho de tener tanta gente a mi alrededor y estar tan solo. Me gustaría poder salir del piso, entrar en el de mi vecino y tomar un té con él mientras vemos las noticias sin ningún prejuicio. Pero la sociedad del bienestar no permite este lujo; es fuerte tener una persona tan cerca y sentirla muy lejos, no compartir nada con ella».

Mamadou-Dia-encuentroActualmente, Mamadou gestiona el Centro Cultural Aminata en Gandiol, un pueblo de agricultores y pescadores que se ubica en el norte de Senegal. Su objetivo es contribuir al desarrollo de la comunidad mediante un proyecto educativo que promueva una juventud y una comunidad empoderada, más comprometida y responsable con su entorno.

Además, después de seis años desde su salida de Senegal y de pasar por la acogida, la búsqueda de trabajo sin certificado de residencia, aprender el castellano, dirigir proyectos juveniles, el voluntariado, la vida laboral, los amigos, las familias, el grupo de música y baile africano, Mamadou decidió crear la ONG Hahatay, son risas de Gandiol, una decisión que marcó el inicio del viaje de retorno a su tierra natal, lo que le ha permitido participar en proyectos para el desarrollo de su propia comunidad.


Mar testigo,
Mar amigo con tus peces que has dado comida
a mi pueblo, a mi país y a la tierra entera.
Mar, con tus melodías nos relajamos,
en tus aguas nos bañamos.
Mar, has soportado en tu espalda a mis abuelos cuando iban
hacia otros continentes y a otros les has tragado sus almas.
Hoy es mi turno, estoy en tu vientre
con la esperanza de alcanzar
una tierra donde no sé si me dejarán entrar.
Mar, por favor, cuídanos a mí y a mis hermanos.
Mar, eres el recurso que nos queda, danos la suerte
de llegar vivos y sanos.
Mamadou Dia

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Educar en tiempos de diversidad: 8 reflexiones desde la experiencia

¿Qué piensan los niños y niñas migrantes cuando llegan nuevos a un aula? ¿Qué sienten cuando entran en un entorno donde casi todo es diferente? ¿Cómo reaccionarán? Si lo supiéramos, sería más fácil el trabajo en las escuelas e institutos; sin embargo, la telepatía es una herramienta todavía por desarrollar… Compartir la experiencia docente es importante a la hora de comprender mejor la complejidad que hay detrás de cada caso personal.

Por Sagrario García*

El primer día de clase todo es distinto. Lo es para cualquier alumno; pero, en particular, lo es para quienes vienen de otros países. En el patio se encuentran con niños y niñas de aspecto diferente a los que acaban de dejar en su país, la disposición de aula y las rutinas en clase son otras, y el idioma les resulta extraño. Todo eso puede producir miedo, inseguridad, incertidumbre.

Ante esa misma situación, las reacciones pueden ser muy diferentes. Unos se hacen más pequeños de lo que ya son y procuran volverse invisibles, pasar inadvertidos. Otros hacen lo contrario: reaccionan con una alta dosis de actividad, que se traduce en un incumplimiento de normas, en falta de control, en agresividad. Unos y otros plantean problemas educativos específicos al profesorado.

Las 8 microhistorias que refiero a continuación proceden de mi experiencia como profesora de primaria. Lo único que pretendo al contarlas es compartir lo aprendido y fomentar el debate sobre cómo afrontar los retos educativos que lleva aparejada la diversidad en el aula.

A modo de conclusión, mi aprendizaje lo resumiría así: si bien dominar el idioma es algo fundamental a la hora de que el alumnado extranjero obtenga buenos resultados escolares, hay al menos otros tres factores que influyen tanto o más que ese: la asistencia regular a clase, la importancia que los padres otorguen a su educación y el nivel socioeconómico de la familia. No son los únicos; pero, lo dicho: esto es un resumen.

*

01 | Hablar español no es un garantía de integración inmediata. Su primer día en el colegio, Ramón, de 4 años, se asomó a la que iba a ser su clase de infantil y rompió a llorar, y gritó: «Son todos feos». Estaba recién llegado de Colombia y, probablemente, le chocó la diferencia de rasgos de sus compañeros. Recíprocamente, estos ponían cara de sorpresa cuando Ramón hacía algún comentario debido a su acento o a las palabras que utilizaba. Además, él tampoco estaba acostumbrado a las rutinas que teníamos en clase, así que entre lo uno y lo otro algunos chicos no querían tenerlo en su equipo. Llevó unos 3 o 4 meses que se conocieran y jugaran juntos. Con Ramón aprendí que compartir un idioma no equivale a compartir una cultura (ni siquiera en la infancia…).

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M. Luaces

02 | No hablar español es una garantía de estrés. Desconocer el idioma suele ser fuente de estrés para los niños. Ese fue el caso de Thomas, rumano, de 3 años. El primer día se aferraba angustiado a su padre y no lo soltaba. Al ver la escena, le pedí al padre que se quedara en clase para que su hijo se tranquilizase. Pasados 2 días, tuve que pedirle al padre que se marchara: lloraba él más que su hijo. Al cabo de unas dos semanas de ir sin el padre, el niño comenzó a estar más tranquilo; eso sí, se pasaba las horas agarrado a mi vestido, y el resto de la clase y yo decíamos, en tono de broma, que era mi secretario. Poco a poco, Thomas fue aprendiendo palabras, hasta que a los 2 o 3 meses yo podía avisarle de lo que íbamos a hacer en cada momento. Entonces dejó de ser mi secretario y pudo permanecer tranquilo en su sitio, como uno más.

03 | Los padres y sus ideas preconcebidas sobre la educación. Mamadou tenía 6 años, hablaba poco y se movía mucho. Su español era precario y fue un obstáculo para su correcta asimilación del proceso lectoescritor. Eso sí, este pequeño de Mali tenía una gran impaciencia por aprender a leer; en cambio, el resto de las materias no le interesaban y apenas prestaba atención: su padre, señalando la cartilla, le había explicado enfáticamente cuán importante era para la familia que él pudiera leer e interpretar los papeles. El resultado fue que Mamadou desarrolló cierta habilidad para la lectura mecánica, pero no para la lectura comprensiva. ¿La razón? Su padre no entendía que el desarrollo del lengua es necesario y previo a la lectura, y que todas las actividades escolares iban encaminadas en esa dirección… Por desgracia, eso implicó un retraso importante en el aprendizaje de su hijo.

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M. Luaces

04| Evitar que falten a clase con permiso de la familia. Mariam era una niña marroquí de 5.º de primaria que faltaba frecuentemente a clase. El padre y la madre justificaban estas faltas de asistencia: la chica tenía labores que atender en la casa… Mariam arrastraba falta de base en algunas asignaturas, pero hablaba bien español y árabe. Sus profesores pensábamos que el problema era, sobre todo, el absentismo: cuanto más faltaba, más retrasada se quedaba y menos motivación encontraba para asistir. El tutor de Mariam se entrevistó en varias ocasiones con sus padres con el fin de hacerles comprender la importancia de que asistiera regularmente a clase. Le costó, pero lo consiguió y, en dos trimestres, Mariam mejoró y pudo pasar de curso.

05 | Cuando la familia es una aliada. Naima, de 6 años, también era marroquí. En su caso, sin embargo, la familia demostraba gran interés por su aprendizaje: la madre y el padre asistían a todas las reuniones, animaban a su hija a que hiciera la tarea a primera hora de la tarde, le facilitaban material escolar de primera calidad, la alentaban a leer… Y, cuando llegaban los buenos resultados —Naima era una de las niñas que sacaba mejores notas—, lo celebraban por todo lo alto en casa. Al margen del talento personal, su caso me recordó que el éxito escolar suele asentarse en cuatro pilares: disfrutar con las actividades, asistir regularmente a clase, contar con el apoyo de la familia y la motivación.

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M. Luaces

06 | La importancia de la atención (más o menos) personalizada. Dana, de 7 años, llegó de Rumanía con un español muy precario, pero con una motivación muy alta por aprender. Pese a que su fluidez y velocidad lectora era muy baja, dos factores jugaron a su favor: la estrategia que utilizó su profesora y que su clase era poco numerosa. Los medios disponibles en la escuela eran escasos; sin embargo, al estar en una clase de 20 alumnos, Dana pudo recibir suficiente atención por parte su maestra para progresar a una velocidad razonable. Asimismo, al tener pocos alumnos, la profesora pudo priorizar el desarrollo de lectura comprensiva y el aprendizaje del español en todas las asignaturas. El resultado fue que Dana mejoró su nivel lingüístico rápidamente y, a final de curso podía seguir el ritmo de la clase.

07 | Fomentar el trabajo cooperativo. Alexandra, una niña rumana de 8 años, había repetido 2.º de primaria y necesitaba ayuda constante en Matemáticas. Su dificultad no era de cálculo, sino de lectura comprensiva; por eso, le propuse a Sara —una niña trabajadora y de resultados excelentes— que ejerciera de compañera tutora. La idea era sencilla: Sara sería la encargada de leer y explicarle el enunciado de los problemas a Alexandra; luego, Alexandra resolvería sola los problemas (así yo disponía de tiempo para atender a otros niños). Y funcionó. De hecho, a lo largo del curso, cambié varias veces al compañero tutor para no sobrecargar a ninguno. A final de curso, Alexandra precisaba menos apoyo y durante el curso siguiente funcionó con plena autonomía. Sus resultados no fueron excelentes, pero sí fue aprobando y no volvió a repetir.

08 | Implicar a la comunidad educativa. Los maestros a veces se ven desbordados por la pluralidad del aula. Asegurarse de que las familias han comprendido las notas informativas supone muchas veces una labor que les rebasa, por lo que necesitan que alguien intermedie entre el colegio y la familia. A veces, esos intermediadores son profesionales en la materia; otras son personas que pertenecen a la comunidad educativa. En el caso Akram, un niño marroquí de 9 años, recuerdo que le pedimos ayuda a Sofía, una madre también marroquí que había acogido a la familia del chico mientras esta encontraba piso. Sofía hablaba árabe y español, así que ella venía a las reuniones con la familia de Akram y traducía y explicaba las notas del colegio, las pautas… Todo. Gracias a ella, entendieron rápidamente el funcionamiento del colegio y fue más sencillo incluirlos en la dinámica escolar. Sofía me enseñó que, en muchas ocasiones, otras madres y otros padres son unos mediadores culturales estupendos. Solo es cuestión de confiar en ellos y guiarlos.

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Para concluir, me gustaría hacer un doble reconocimiento: por un lado, a los niños que tienen que abandonar su entorno, dejando atrás raíces y familia en situaciones que no querríamos para los nuestros; por otro, a tantos docentes que se esfuerzan cada día, a veces con escasos recursos, para mejorar la situación de niños que son víctimas de circunstancias ajenas.


Sagrario García García (Toledo, 1961) es maestra de Educación Infantil y Primaria, con más de 30 años de experiencia en la escuela pública. Gracias a su interés por la educación integradora, ha desarrollado diversos proyectos, algunos de ellos publicados en revistas como Cuadernos de pedagogía o Padres y maestros. Su proyecto Chuches y vitaminas fue premiado en el VIII Certamen de Materiales Curriculares de la Comunidad de Castilla La Mancha. Como madre, nunca llevó mal del todo que sus hijos salieran a buscarse la vida fuera de España, pero sí que lo de irse haya sido una elección forzosa y que no encuentren oportunidades para volver. Como profesora, eso mismo la ayudó a comprender mejor a su alumnado extranjero.

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Puerto de Bilbao: las armas embarcan; los migrantes, no

El puerto de Bilbao encierra una sangrante paradoja. Dentro del perímetro vallado, se envían varios contenedores cargados con material militar a Arabia Saudí, pese a las advertencias del Parlamento Europeo. Al otro lado de la valla, se deshilacha un campamento de migrantes llegados tras la destrucción de los asentamientos en Calais. Las armas viajan hasta la lejana Jeddah. Los migrantes hasta el cercano Portsmouth. Las primeras llegan sin problema; los segundos, no. Las plataformas sociales denuncian graves irregularidades en los buques que cargan armamento y la Autoridad Portuaria declina hacer declaraciones sobre el tema.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

Para escribir este artículo, que puedes leer completo en El Salto, he conversado con varias personas. Entre ellas, Ignacio Robles, el bombero que se negó a formar parte de un retén de seguridad al enterarse de que la carga era material militar con destino a Jeddah, y que se enfrenta a un expediente disciplinario por ello. También he hablado con el activista Luis Arbide, que me enseñó unas cuantas cosas sobre navegación, barcos y aplicaciones gratuitas que te puedes descargar para seguirlos desde tu móvil.

He hablado con fuentes de la Autoridad Portuaria, que se mantienen al margen del asunto porque, dicen, el puerto es una infraestructura que da un servicio y tanto los migrantes como las armas son ajenos a sus competencias. He leído unas cuantas memorias del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad para comprobar que, en España, la exportación de armas se ha cuadruplicado en menos de 10 años y que, en efecto, Arabia Saudí es uno de sus principales clientes.

Creo que el mejor resumen de lo que ha estado sucediendo en este puerto es una reflexión de Ana Elena Altuna, de la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak Bizkaia, con quien conversé sobre los campamentos de personas migrantes que se levantaron en Zierbena, a modo de nuevo Calais: «Para la gente que migra solo hay riesgos y trabas; para las mercancías y las armas todo son seguridades y apoyos».

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Prueba CCSE: la selectividad de los extranjeros que se quieren nacionalizar

España, 2017. Obtener la nacionalidad es un poco más difícil que antes. Desde octubre de 2015, todos los extranjeros que se quieren nacionalizar deben pasar la prueba CCSE, un examen de conocimientos constitucionales y socioculturales del país. A diferencia del examen de lengua, que solo se exige a quienes proceden de países no hispanohablantes, la CCSE es obligatoria para todos los extranjeros. No importa de dónde sean ni cuánto tiempo lleven viviendo aquí: si quieren su DNI tienen que demostrar lo que saben.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

Esta prueba, diseñada y gestionada por el Instituto Cervantes, contiene 25 preguntas de un total de 300 que los candidatos deben estudiar previamente en un manual. Las preguntas se extraen al azar y abarcan temas variopintos, desde cuál es la profesión de Penélope Cruz hasta a quién compete la enseñanza de las lenguas cooficiales.

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Los candidatos deben abonar 85 euros para hacer el examen, que se celebra en simultáneo el último jueves de cada mes en los 930 centros habilitados para ello. Según el Cervantes, desde 2015 a la fecha se han presentado unas 125.000 personas. En menos de dos años, los extranjeros han desembolsado más de 10 millones y medio de euros en este nuevo requisito burocrático.

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Las cifras son importantes, pero hay más para contar. Para saber cómo son estas pruebas, cómo se viven y qué historias hay detrás de los números, visitamos un centro habilitado el día del examen. Allí conversamos con Cándida, Gloria, Anetta o Cenaida, cuatro personas de las 52 que se presentaron en el turno de las 18 horas. También hablamos con Laura Comes Cerezo, la directora del centro, que nos detalló las dificultades que entraña esta suerte de selectividad. Hay personas sin alfabetizar en su propia lengua y personas que, desde que llegaron, no han hecho más que trabajar. «Muchas no han hecho un examen en su vida, no han tenido la oportunidad de estudiar», nos dijo.

Puedes leer el reportaje completo en El Salto.

 

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Arroces del mundo: la receta colectiva para hacer comunidades más ricas

El sábado pasado, en Bilbao, se celebró una nueva edición de Arroces del Mundo, una iniciativa gastronómica y cultural que busca crear comunidad al calor de los fogones y las charlas de sobremesa. El encuentro, que se celebra cada año desde 2004 en el barrio de San Francisco, contó esta vez con 115 grupos inscritos y la participación de unas 3500 personas. En este artículo os contamos por qué es tan importante esta propuesta y cuáles fueron los arroces premiados.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

Pocas cosas unen tanto como la cocina. Ni qué decir cuando, en lugar de un fogón, hay cientos. Y si los cocineros y comensales han nacido en distintas partes del mundo, tienen edades diversas y se cuentan por miles, el resultado es un día de intercambios y encuentros donde se descubren las similitudes y las diferencias son un punto a favor.

Eso fue lo que sucedió el 1 de julio en la plaza Corazón de María, en Bilbao, durante la celebración de Arroces del Mundo, una propuesta organizada por la Coordinadora de Grupos de San Francisco, Bilbao La Vieja y Zabala que, desde hace ya 14 años, busca crear comunidad, vecindad y nuevos lazos a través de un ingrediente tan humilde y universal como el arroz.

La idea es simple: recurrir a la comida como nexo. Y, para ello, nada mejor que utilizar un ingrediente sencillo, versátil y bien conocido por todos. Desde Colombia hasta China, pasando por España, Senegal o la India, el arroz es uno de los cereales más consumidos del mundo. Existen más de 2000 variedades, aunque solo se cultivan algunas, y es un alimento básico en casi todas las cocinas del planeta.

Un ingrediente, mil combinaciones

El punto de partida es un ingrediente común. Con él, las cuadrillas concursantes elaboran sus propias recetas que, como la vida misma, tienen matices, sabores y texturas diferentes. El arroz admite infinidad de condimentos, técnicas y combinaciones gastronómicas, a tal punto que puede formar parte de una ensalada fría, ser el relleno de unas deliciosas croquetas, el protagonista de un guiso o el ingrediente indispensable de un postre. De la canela hasta el curry y del pescado a la leche, este cereal es un ejemplo magnífico de posibilidades y mezclas.

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Una de las cuadrillas concursantes sirve su arroz. Foto: Ecuador-Etxea.

Y, por ello, es también una excusa. O, mejor dicho, una herramienta para mostrar que en la sociedad hay muchísimas combinaciones posibles, no mejores ni peores, sino distintas entre sí. «Esta celebración quiere hacer frente a todos los prejuicios sobre la interculturalidad y demostrar que la convivencia entre distintas culturas es posible y muy enriquecedora», apuntan desde la organización, antes de señalar que Arroces del Mundo se consolida en Bilbao cada vez con mayor afluencia y más fuerza.

«De hecho, ha crecido tanto que esta vez tuvimos que limitar las inscripciones desde la propia organización. En las dos últimas ediciones habían concurrido unas 4000 personas y era demasiado. No podíamos manejar una asistencia tan numerosa —reconocen—. Este año trazamos un mapa de la plaza, calculamos los espacios que ocupan las mesas y asignamos los lugares para las cuadrillas. Fue más acotado y resultó más sencillo».

Con todo, se inscribieron 115 grupos y asistieron unas 3500 personas de 60 nacionalidades distintas. «Nuestro objetivo es impulsar la integración de las personas que viven en estos barrios, sean autóctonas o inmigrantes». Y, no menos importante, recuperar las calles para las personas. «Esta jornada festiva quiere reclamar el uso libre y responsable de las calles como espacios de encuentro, creación y reivindicación»; un propósito especialmente importante para estos tres barrios (San Francisco, Zabala y Bilbao La Vieja), muchas veces relegados y cargados de estereotipos.

La fiesta reivindicativa

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La música también fue protagonista durante toda la jornada. Foto: Ecuador-Etxea.

La Coordinadora lo dice bien claro: «Arroces del mundo es fiesta y reivindicación». No solo propone una jornada divertida y amena; también persigue mejoras concretas. Denuncia «la situación de abandono de los barrios y sus habitantes», apuesta por la interculturalidad y el «reconocimiento de la riqueza que aporta la diversidad de personas y culturas». Además, exige una «mejora de las condiciones de vida» y busca que el barrio sea un «lugar abierto a la participación espontánea» donde puedan existir la autogestión, el trabajo en red y el impulso de la participación ciudadana. En suma, que se utilice el espacio público como lugar de encuentro y mestizaje entre personas y colectivos que trabajan por un mundo nuevo.

«Si algo queremos subrayar, más allá de los aspectos teóricos o ideológicos, es la posibilidad real que supone este día para conocer, contactar y relacionarse, es decir, tener experiencias concretas con personas de diferentes orígenes, culturas, creencias y situaciones personales. La jornada ofrece una buena oportunidad para poner en cuestión cantidad de estereotipos y prejuicios personales y sociales, y posibilitar actitudes a favor de la integración social del diferente y de una convivencia normalizada», exponen.

Arroz con buen fondo

La fiesta y el concurso gastronómico ganan consistencia año a año con este fondo trabajado, abierto e inclusivo. Y demuestra que, al calor de los fogones, se pueden forjar vínculos duraderos y estrechos entre personas de diversas procedencias que, de no haber migrado, jamás se habrían conocido.

El jurado gastronómico, conformado por seis personas pertenecientes a tradiciones gastronómicas bien distintas —Camerún, Senegal, México, República Dominicana, Euskadi y Andalucía—, escogió a las cuadrillas ganadoras de esta edición. Estas fueron las siguientes:

  • en cuarto lugar, la Cuadrilla de los viernes;
  • en tercer lugar, Suspira y conspira;
  • en segundo lugar, Konpartsa Uribarri;
  • y, en primer lugar, dos asociaciones que cocinaron juntas: Ahizpatasuna y Mujeres del Mundo Babel.
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Las ganadoras reciben el premio y el aplauso de los asistentes. Foto: Ecuador-Etxea.

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P.D. 1: Ahizpatasuna es una interesantísima asociación de mujeres vascas y marroquíes. Si queréis saber más sobre su trabajo e integrantes, podéis leer aquí la historia de Afaf El Haloui (que aparece en el centro de la foto luciendo una txapela).

P.D. 2: Todas las fotos utilizadas en este artículo fueron realizadas por Ecuador-Etxea (eskerrik asko!). Podéis seguir su trabajo en Facebook, Twitter o Pinterest.

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Migrantes portugueses ahogados en el Bidasoa: 14 datos poco conocidos

Entre 1957 y 1974, cientos de portugueses murieron ahogados tratando de cruzar el río Bidasoa, frontera natural entre España y Francia. Estos migrantes huían del régimen dictatorial de Salazar y de la guerra de descolonización que Portugal acometía en África. Aquellos hombres y mujeres salieron de su país de forma clandestina y se jugaron la vida para convertirse en mano de obra barata y explotada en Francia. Entre medias, su dinero sirvió para que una red de pasadores que hubo en Irun y Hendaya se enriqueciera a su costa.

Por Ana Galdós

01 | Portugal, un país de emigración. Entre finales de los años 50 y principios de los 70, emigraron de Portugal alrededor de 1,5 millones de personas. Es decir: un 18 % de la población total del país y un 47 % de su población activa. Los conocidos como «ahogados del Bidasoa» formaron parte de un gran contingente de migrantes que partió rumbo a Francia. Estos llegaron a razón de unos 80.000 por año, así que en poco tiempo la portuguesa se convirtió en la comunidad extranjera más importante del país galo. Dado que este se encontraba en plena expansión económica, les abrió sus puertas por ser una mano de obra blanca y católica. Les dio trabajo y, con ello, papeles. A cambio, eso sí, los portugueses tuvieron que vivir en condiciones de miseria y hacinamiento.

02 | La dictadura y la guerra como fuerzas expulsoras. A principios de la década del 60, el régimen dictatorial de Salazar había entrado en guerra con sus provincias coloniales en África. Por tanto, todos los jóvenes en edad de hacer el servicio militar estaban obligados a combatir en Angola, Mozambique o Guinea Bisáu. Entre los ahogados en el Bidasoa, no solo hubo jóvenes que escapaban del servicio militar, sino africanos que huían también de la guerra con Portugal. Su situación recordaba a la de aquellos jóvenes españoles que emigraron a América a principios del siglo XX para evitar ser llamados a filas para la guerra del Rif.

03 | Datos inciertos sobre muertes… ciertas. No existen datos reales sobre el número total de muertos. Pero, según la prensa de la época, fueron cientos; de hecho, en 1973, el ABC publicó un breve artículo donde cifraba en 130 el número de personas ahogadas en el Bidasoa —80 portugueses y 50 africanos— el año anterior. Eran migrantes sin documentación que utilizaron los pasos clandestinos para cruzar la frontera. Conocían las dificultades y los riesgos, pero no tenían otra elección para escapar de la pobreza y de la guerra.

04 | Lo llamaban hacer el salto. Los migrantes portugueses podían salir de su país y atravesar España de forma legal, pero para ello necesitaban el pasaporte. Ahora bien, para obtenerlo, se les exigía mostrar el diploma de Educación Primaria y debían esperar más de 6 meses para que se lo entregasen. Estas dos condiciones abocaban a la mayoría a convertirse en clandestinos: muchos carecían de estudios —y, por tanto, de diploma— y casi todos iban a Francia porque allí tenían apalabrado un trabajo donde debían incorporarse inmediatamente, es decir, no podían esperar 6 meses. Al paso desde Portugal a España y de aquí a Francia lo llamaban «hacer el salto».

05 | Casi 800.000 portugueses en 10 años. Según el Ministerio de Interior francés, durante el periodo de mayor intensidad migratoria (1963-1973), cada año entraban en el país galo una media de 78.500 portugueses. Aunque es difícil estimar el número, se considera que el 55 % lo hizo de forma clandestina. Los migrantes viajaban escondidos en falsos fondos de camiones, en maleteros de coches o en trenes de mercancías. Descansaban en casas de particulares, que les acogían previo pago de una cantidad de dinero. Si las autoridades los interceptaban, no solo eran devueltos a su país, sino que podían ser encarcelados. En esos años, Portugal consideraba la migración clandestina como un crimen.


06 | Una historia tipo.
Adilia Moreira es una de esas migrantes que saltó a lo desconocido en busca de una vida mejor. Ella vivía en el norte de Portugal —la región más castigada por la pobreza— y, pese a estar embarazada de 6 meses y llevar consigo a su hija de 2 años, metió sus pertenencias en una maleta y se encaminó hacia la frontera con España. Allí, con la ayuda de unos pasadores, atravesó el país de forma irregular. Adilia recuerda el cansancio, el frío y, sobre todo, el miedo que les acompañó en aquel viaje de más de 600 kilómetros.

07 | Un viaje caro e inseguro. El pasador y el migrante acordaban un precio que, por lo general, equivalía a 6 meses o 1 año de su sueldo en Francia. En general, los migrantes no disponían de esa cantidad, así que se veían obligados a vender su patrimonio, a pedir préstamos a particulares o a hipotecar parte del sueldo que iban a cobrar en Francia. El primer pago se efectuaba en Portugal, en el momento de la salida. Después pagaban a los pasadores que les habían conducido hasta Gipuzkoa o Navarra para cruzar la frontera. Cuando llegaban a Francia, pagaban el resto. Sin embargo, hubo pasadores que no cumplieron su acuerdo y abandonaron a los migrantes en mitad del camino, como a los ahogados en el río Bidasoa.

08 | Irun y Hendaya: los puntos calientes. El río Bidasoa es la frontera natural que separa por el oeste Francia de España. Eso hace que la frontera oficial entre ambos países estuviese en los puentes que lo cruzaban. Ante la imposibilidad de cruzar los puentes y el desconocimiento del terreno, los migrantes se veían obligados a depender de los pasadores y a utilizar pasos clandestinos. De ahí que en Irun —la orilla vasca— y en Hendaya —la orilla francesa— existiese una red de personas que cobraban por esconder y pasar a los migrantes. Esa red incluía puntos de acogida, taxis y gabarras.

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El río Bidasoa, desde la costa de Hondarribia. Al fondo: Hendaya. Foto: L.Caorsi.

09 | El modus operandi. Cuando los migrantes llegaban a Irun, el pasador les llevaba a un lugar seguro que, por lo general, era una casa en el monte (baserri) o un hostal cerca de la estación de tren. Allí aguardaban hasta que el pasador consideraba que era seguro cruzar la frontera. Las posibilidades solían ser dos: cruzar el río a nado o en una pequeña embarcación denominada gabarra. Una tercera alternativa era que un taxista se apostara con el coche cerca de la frontera y, utilizando un código de luces con los faros del coche, señalase si la vía estaba libre o no para cruzar por el puente.

10 | La última etapa: después de la frontera. Al otro lado del río, ya en Francia, a los migrantes solían esperarlos taxis o camionetas que los llevaban hasta la estación de tren de Hendaya y de Bayona, donde un comité de compatriotas les recibía y les entregaba un billete de tren. Por lo general, se dirigían a una ciudad donde ya tenían a un familiar o alguna amistad. Sin embargo, cuando llegaban a su destino, se veían obligados a vivir en barracas y muchos no encontraron el trabajo prometido. La decepción y el desamparo eran enormes. Esta situación quedó bien reflejada en una película francesa de 1967 titulada O salto: le voyage du silence.

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Fotograma de la película O Salto: le voyage du silence, de Christian de Chanlonge.

11 | La versión vasca de lo sucedido. Rosa Arburua ha publicado un estudio que recoge la experiencia de algunos pasadores del Bidasoa. A través de testimonios orales, esta historiadora vasca muestra la forma de proceder de los pasadores y da cuenta de la —buena— imagen que ellos tenían de sí mismos. Entre otras historias, Arburua explica la de Otilia Taboada, quien hizo del contrabando su forma de vida. Esta mujer empezó con productos comestibles e industriales y amplió su negocio al paso de portugueses. Ella los recogía, los escondía y les ayudaba a cruzar la frontera atravesando el río o caminando por los montes que separan Navarra de Francia. El estudio de Arburua menciona también la participación de los taxistas en la red, así como la existencia del Hostal Tranche, un lugar de referencia adonde acudían los portugueses porque su dueño hacía también de pasador.

12 | Lazos de hermandad francolusa. Fruto de aquella década de migraciones, hoy, solo en la región de Aquitania, residen unos 40.000 portugueses. En la actualidad son muchos los municipios que tienen lazos con poblaciones lusitanas a través de hermanamientos. Hendaya es una de ellas, hermanada desde 1994 con Viana do Castello, localidad del norte de Portugal con la que desarrolla proyectos culturales y actividades deportivas conjuntas.

13 | Cine, literatura y algo de fútbol para recordar el salto. Conscientes y orgullosos del esfuerzo que hicieron sus madres y sus padres, algunos descendientes de aquellos migrantes quieren que la memoria colectiva siga recordando las situaciones infames y de peligro que estos soportaron. El escritor y traductor Carlos Batista es uno de ellos; en su novela Le Poulailler, narra la historia de su padre, quien con 19 años escapó de Portugal y cruzó de forma clandestina la frontera con Francia. El cineasta José Vieria, también hijo de migrantes, a través de su documental Gens du salto, describe la experiencia de estas personas que lucharon por tener un futuro mejor. El conocido futbolista Robert Pires tampoco olvida sus orígenes: en más de una ocasión, ha contado que su padre huyó con 17 años de Portugal para evitar participar en la guerra con Angola; él, nacido en Reims, fue campeón del mundo en 1998 con la selección francesa.

14 | El recuerdo de José Saramago. El escritor portugués remarcaba en un texto llamado «Historias de la emigración» la importancia de recordar las dificultades y el camino recorrido por sus compatriotas. «Que tire la primera piedra quien nunca haya tenido manchas de emigración ensuciándole el árbol genealógico…», empezaba diciendo ese texto. Y es que todos hemos tenido en nuestro árbol genealógico algún familiar que salió de su país de origen en busca del pan que su tierra le negaba. Aquellos cientos de portugueses —y africanos— que murieron ahogados en el Bidasoa escapaban de la miseria y de la guerra igual que hoy lo hacen esas miles de personas que, como ya señalaba Saramago entonces, se ahogan «en ese otro Bidasoa más ancho y más hondo que es el Mediterráneo».

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