15 imágenes que nos dejó la fiesta del Año Nuevo chino

El 16 de febrero comenzó un nuevo año chino: el 4716, o año del Perro de Tierra. Según el calendario tradicional, que se basa en los ciclos de la luna, este momento marca el paso del invierno a la primavera y anuncia la llegada de los días más luminosos y tibios. Esto es un gran motivo de celebración. No en vano, el Año Nuevo es la principal fiesta china: se extiende durante varios días e incluye desde multitudinarios desfiles hasta reuniones en familia y una gastronomía especial. La comunidad residente en España también ha organizado sus festejos. El fin de semana nos acercamos a la fiesta de Madrid, donde vive el 27 % de este colectivo.

Por Laura Caorsi y Rubén A. Arribas
@lauracaorsi / @estoy_que_trino

 

No hace tanto que el calendario tradicional chino dejó de ser el calendario oficial. Hasta 1912, el tiempo se medía de otro modo. Se tenían en cuenta los ciclos de la luna y esto daba como resultado unos años de duración variable. Por esta razón, el año del Perro que acaba de comenzar se extenderá hasta el 5 de febrero de 2019.

La fiesta de Año Nuevo es la principal celebración. Lo es dentro del país, donde se organizan festejos que duran varios días, y también fuera, en los países donde existen comunidades chinas importantes. En estas fechas, millones de personas regresan a casa para vivir la fiesta con sus seres queridos. Sí, millones. Como señala Clara Serer Martínez en este artículo, publicado por la revista del Instituto Confucio, «cada año, cuando se acercan estas fechas, se produce uno de los movimientos migratorios más importantes del planeta».

Quienes no pueden volver, lo celebran a distancia. En los países donde hay comunidades chinas más o menos numerosas —como la de España, que cuenta con casi 190.000 personas—, la fiesta se ha instalado con naturalidad, como una celebración más. Y no solo entre los miembros de la propia comunidad, también entre sus vecinos y vecinas. El Año Nuevo chino va camino de convertirse en una fiesta intercultural.

En Madrid, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), residen algo más de 51.000 personas nacidas en China. No es, ni mucho menos, la colectividad extranjera más numerosa (antes están las de países como Rumanía, Ecuador, Colombia, Marruecos o República Dominicana); sin embargo, su presencia es notable en barrios como Usera, donde regentan decenas de restaurantes, peluquerías, supermercados, pequeñas tiendas de alimentación, cafeterías, despachos profesionales, inmobiliarias, clínicas de salud, librerías y otros comercios en apenas un puñado de calles.

Precisamente allí, en Usera, se desarrollaron las principales actividades en torno al Año Nuevo; unas actividades que atrajeron a personas de distintas partes de la ciudad —y del mundo—, incluidos nosotros, que fuimos con curiosidad y volvimos con estas fotos.

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De Andalucía a Euskadi: tres siglos de esclavitud en 15 notas con historia

La esclavitud es una parte relevante de la historia española que solemos omitir. Los documentos muestran que en los siglos XVII y XVIII el 10 % de la población de Sevilla estaba esclavizada y que denunciar a quienes huían resultaba lucrativo. También que Irun, tras la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, fue un destino preferente para los registradores de esclavos o el funcionariado aduanero de la Cuba colonial. Las historias de Pedro Urdanibia, Juan de Larreaundi o Eduardo Velentín confirman que les debemos un reconocimiento y una reparación a miles de personas como Eiza Abdala o María Pereda. Por sorprendente que nos parezca, los prejuicios raciales o el comercio actual de esclavos en Libia vienen de lejos, y tenemos algo que ver.

Por Ana Galdós

01 | La mayor migración intercontinental de la historia. Desde el siglo XVI hasta el XIX, millones de personas negras fueron obligadas a abandonar sus hogares y vendidas como esclavas. Las fuentes cifran entre 10 y 15 millones de personas las víctimas de este comercio; con todo, es difícil cuantificar el número exacto: aunque había un registro oficial de esclavos vendidos, también existía la venta clandestina. En cualquier caso, la trata de esclavos ha sido considerada —por su duración y escala— la mayor migración intercontinental de la historia. Una migración que no fue ni voluntaria ni derivada de un conflicto interno, sino impuesta.

02 | Cadenas de hierro para unos y cadenas de valor para otros. Durante más de tres siglos, miles de personas se beneficiaron económicamente del tráfico de mujeres y hombres negros. El asunto empezaba con los estamentos oficiales que otorgaban las licencias para transportar esclavos, pasaba por quienes se encargaban de hacinarlos en los barcos y llevarlos rumbo a América o Europa, continuaba con los propios tratantes y finalizaba con los compradores. En definitiva, existió toda una cadena de intereses que convirtió la trata de personas en un comercio oficial de gran rentabilidad económica y a gran escala.

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03 | Una mercancía multiusos. Los esclavos fueron una mercancía muy apreciada y demandada por los europeos. Aunque una gran parte estaba destinada a trabajar en las plantaciones agrícolas de América, muchos otros se quedaron en suelo europeo, donde trabajaban en el servicio doméstico o eran conducidos a las galeras para remar en las embarcaciones reales, protagonistas de las grandes batallas navales.

04 | Andalucía, centro del negocio esclavista español. Andalucía fue una de las regiones donde hubo una mayor presencia de esclavos. Los puertos de Sevilla y Cádiz hacían de estas dos localidades centros neurálgicos de compra y venta de personas. Se ha calculado que, durante los siglos XVII y XVIII, los esclavos llegaron a representar el 10 % de la población sevillana. La mayor parte procedía de la zona denominada por los europeos Berbería o costa berberisca, formada por Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. De hecho, la presencia de africanos fue tan importante que, aunque se ha tratado de borrar de la memoria, ha dejado una clara herencia en la cultura andaluza.

05 | La aportación vasca. Los vascos también formaron parte del entramado comercial del sistema esclavista. Los documentos conservados en diferentes archivos históricos constatan su presencia como transportistas, vendedores o propietarios. De hecho, muchos estaban tan estrechamente vinculados con el comercio transatlántico que residían en Sevilla o en Cádiz. También los hubo que trajeron esclavos al País Vasco, así que no era raro entrar en una casa y comprobar que el personal doméstico era una pertenencia más (y adquirida como tal). En ocasiones, los propietarios debieron desprenderse de sus esclavos debido a las órdenes de expulsión que dictaban las autoridades, pues en el País Vasco existía un especial recelo por conservar limpia la sangre y alejarla de todo tipo de mezcla racial. A pesar de ello, muchos dueños los conservaron.

06 | El río Bidasoa, frontera entre la esclavitud y la libertad. Es fácil encontrar documentos que constatan que en el siglo XVI ya había esclavos en el País Vasco. Es más: en Gipuzkoa no solo se los veía acompañando a sus dueños, sino que también se los vio huyendo de ellos. Durante siglos, la ciudad fronteriza de Irun fue el destino de muchos esclavos africanos que huían desde cualquier punto de la península ibérica para intentar cruzar el río Bidasoa y luego, ya en suelo francés, embarcar desde algún puerto rumbo a la libertad. Otra cosa que nos enseñan los documentos históricos es que si el esclavo tenía ya una consideración social nula, el que huía de su dueño incurría en un delito tipificado. Por eso, quienes veían a un esclavo que huía solían denunciarlo para que fuese apresado y juzgado. Eso sí, más que una cuestión de justicia era de economía: si tenía dueño, este te compensaba económicamente; y si no lo tenía, te lo quedabas o lo podías revender.

07 | El prejuicio del color. El 23 de abril de 1532, Pedro de Urdanibia, un vecino de Irun que gozaba de gran prestigio por su poder económico y social, se presentó ante la justicia con un joven negro de 20 años. Cuando se topó con él, Urdanibia le preguntó si era esclavo huido y el joven le dijo no serlo; sin embargo, lo apresó igualmente porque, por su aspecto, «parecía que era esclavo y que venía huido de su dueño». Es decir: el color negro de su piel fue la prueba concluyente. De nada le sirvió al joven confesar ante la justicia que era originario de la Berbería, que había hecho un largo camino desde Portugal y que quería cruzar a Francia.

08 | La denuncia como gran negocio. Cuando alguien capturaba a un esclavo huido, recibía una recompensa por parte del propietario. Además, en aquellos casos en los que no apareciera el dueño, la persona que lo había apresado tenía derecho a quedárselo o a venderlo. En mayo de 1535, Juan de Larreaundi, un vecino de Irun, denunció la huida de un joven mulato. Resultó que el joven era esclavo de un comerciante bilbaíno, quien no dudó en acudir a la localidad fronteriza para recuperarlo ofreciendo a cambio una generosa cantidad de dinero. Con esta historia en mente, quizá sea más fácil entender los motivos que llevaron a Pedro de Urdanibia a detener a aquel joven negro de la Berbería.

09 | María Pereda, una mulata a bordo de una gabarra. El Bidasoa se podía cruzar, sobre todo, de dos maneras: a nado o en una gabarra que cruzaba el río a diario. La mulata María Pereda lo intentó de la segunda manera el 1 de septiembre de 1581. Embarcó y todo iba bien hasta que alguien avisó de su fuga y la gabarra fue inmovilizada antes de que llegara a su destino. Por supuesto, María fue detenida y devuelta a su dueña. Ahora bien, tan relevante como eso es que la persona que pilotaba la embarcación fue detenida y sancionada con 4 años de suspensión de empleo.

10 | Siempre rumbo a Francia. Cuando se detenía a personas negras —fueran esclavas o no—, se las retenía en la cárcel hasta que se aclaraba qué se debía hacer con ellas. Además, para evitar que se escaparan, se las sujetaba con grilletes y cepos. Esto ha sido algo que ha sucedido en todas partes y hasta que se abolió la esclavitud. En el caso concreto de la prisión de Hondarribia, hay documentación que habla de dos esclavos que huyeron en pleno invierno de 1617, llegaron al río Bidasoa y se lanzaron al agua. Al parecer, tuvieron la suerte de ser ayudados por varios franceses que se encontraban en la otra orilla del río. Nada se sabe de su suerte después, pero su historia confirma una constante histórica: cruzar el Bidasoa ha sido sinónimo de libertad para muchas personas.

11 | Eiza Abdala, un marroquí revendido. Eiza Abdala había nacido en Salé (Marruecos) y se había embarcado como marinero en un bergatín corsario. Ocurrió que el barco fue capturado por los flamencos y Eiza terminó convertido en esclavo. Como siervo, viajó hasta Andalucía, donde un tiempo después su dueño le concedió la libertad. Eiza quiso regresar a Marruecos; pero, por miedo a que le esclavizaran de nuevo, en lugar de partir desde Sevilla o Cádiz, cruzó toda la península para llegar a Francia, y desde allí alcanzar un puerto donde embarcarse rumbo a su país. En Irun lo apresaron y lo llevaron ante la justicia. Como no pudo demostrar que era una persona libre y tampoco apareció un supuesto propietario, en el verano de 1648, fue de nuevo vendido en la plaza pública de Hondarribia. Eiza tenía 25 años.

12 | De Cuba a Irun, por amor al tráfico aduanero. A lo largo del siglo XIX, los países europeos condenaron y abolieron la esclavitud, incluso en sus colonias de ultramar. Cuba fue la última colonia española en hacerlo, en 1880. El cese del comercio de esclavos, así como la situación de inestabilidad política que vivía la isla, hizo que muchos funcionarios regresaran a España. Unos cuantos registradores de esclavos, que hasta entonces habían anotado cada entrada y salida en la aduana de Cuba, se instalaron en la comarca del Bidasoa por cuestiones laborales: la frontera con Francia estaba en Irun. Algunos registradores incluso conservaron su plaza de funcionario; otros, en cambio, a partir del capital que trajeron, crearon sus propios negocios (por ejemplo, agencias de aduana). Unos y otros desempeñaron un papel relevante en la comunidad irunesa.

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13 | De registradores de esclavos a empresarios o banqueros. A modo de ejemplo, recojo escuetamente un par de historias sobre esa curiosa inmigración de alto nivel económico que llegó desde Cuba a Irun tras la abolición de la esclavitud en el siglo XIX. Una es la de Eduardo Velentín, un registrador de esclavos que fundó una agencia de aduanas y que, además, ejerció de banquero. Otra es la del matrimonio formado por Andrés Fernández —funcionario de aduanas— y Josefina Urtizberea, quienes se instalaron en 1888 en Irun y, como Velentín, invirtieron su capital en fundar una agencia de aduanas (tan importante que, con el tiempo, se denominará «Viuda de A. Fernández e hijo»). Además de abrir negocios, el impacto económico de este exfuncionariado colonial fue medible en la compra de solares que se produjo. Por cierto, está documentado que el matrimonio Urtizberea-Fernández tuvo esclavos en su servicio doméstico en Cuba.

14 | Una historia no contada… o mal contada. El comercio de esclavos forma parte de nuestra historia. Otra cosa es que lo silenciemos o lo narremos de una forma sesgada: fueron otros países, fueron otros tiempos, etcétera. Sin embargo, las evidencias están ahí. Para muestra, una pequeña historia familiar: mi tatarabuela Josefina regresó de Cienfuegos (Cuba) poco después de la abolición de la esclavitud y, entre sus pertenencias, trajo consigo un fotografía de un joven negro… Sus grandes manos lo delatan como un incesante trabajador. ¿Se trataba de un esclavo o era acaso un hombre libre? Nadie de mi familia conoce su identidad. La mayoría ni siquiera sabía de la existencia de esa foto hasta que, de forma casual, la encontramos. Lo que sí sabemos es que mi tatarabuela se apellidaba Urtizberea, se casó con Andrés Fernández y tuvo una agencia de aduanas. También que ella nunca habló de esa fotografía.

15 | La esclavitud sigue vigente. Por desgracia, la venta de seres humanos sigue existiendo; así lo ha manifestado la Organización Internacional de Migraciones. Hoy miles de subsaharianos, en su intento por alcanzar algún país europeo, son capturados en Libia y vendidos como esclavos. Muchos logran escapar y llegar a ciudades portuarias donde se encuentran con impedimentos para llegar a otras localidades europeas. Muchos son denunciados y retenidos en las fronteras. Otros cuentan con la solidaridad de personas que evitan que sean devueltos a los lugares de los que huyen, como el caso que se narra en la conmovedora El Havre, de Akira Kaurismäki. En cualquier caso, lo que sucede hoy en Libia nos recuerda que la historia viene de lejos y que nos toca más de cerca de lo que creemos.

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Getxo ofrece un paseo por la diversidad cultural de Euskadi en el siglo XXI

Desde hoy, y hasta el 5 de diciembre, el Aula de Cultura de Getxo acogerá la exposición Primeras impresiones. La muestra se compone de 60 artículos periodísticos escritos por Laura Caorsi y publicados en el diario El Correo a lo largo de la última década. Los artículos reflejan las historias de vecinas y vecinos que nacieron en distintas partes del mundo, que un día migraron e hicieron de este municipio su hogar. La exposición es un paseo por la diversidad cultural y social de Euskadi en el siglo XXI y, además, es el sustrato de los libros Segundas impresiones, que se presentarán en Bilbao y Getxo el 18 de diciembre.

El Aula de Cultura de Getxo ha reunido 60 historias de personas de distintas partes del mundo que alguna vez dejaron sus países y convirtieron este municipio vasco en su hogar. Son historias de personas que tomaron la difícil decisión de migrar, que experimentaron el desarraigo y que tuvieron que empezar desde cero en una tierra y un entorno diferentes al que dejaron atrás.

Estas historias, escritas por Laura Caorsi, fueron publicadas entre 2007 y 2017 en el diario El Correo y forman parte de una serie más amplia, compuesta por 460 artículos en total. La exposición de Getxo, llamada Primeras impresiones, hace foco en las personas de esta localidad y es, en palabras del Ayuntamiento, «una oportunidad para acercarse a los procesos de migración y arraigo contemporáneos que caracterizan Getxo en el siglo XXI».

La muestra, a su vez, es la antesala de Segundas impresiones, una iniciativa editorial impulsada de manera conjunta por Getxo y Bilbao. Esta iniciativa consta de dos libros, cada uno con 18 historias, escritos por Laura Caorsi y Ruben A. Arribas en 2017. Los libros se presentarán el próximo 18 de diciembre, con motivo del Día Internacional de las Personas Migrantes, y recogen la diversidad de estas dos ciudades vizcaínas que forman parte de la Red de Ciudades Interculturales (RECI) y del Programa de Ciudades Interculturales (ICC) del Consejo de Europa.

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Mamadou Dia: mar que quita, mar que da

Mamadou Dia es su nombre. Cuando le preguntan por su edad, dice que no es tan joven como aparenta para después soltar con una enorme sonrisa que tiene 33 años. Es un chico alto, delgado, reflexivo y con buen sentido del humor. Mamadou fue invitado para la novena edición del Festival Cine Invisible de Bilbao, que coordina Kultura, Communication y Desarrollo (KCD), una organización sin ánimo de lucro cuyo fin es la comunicación para la transformación social. Durante un encuentro con periodistas procedentes de distintas latitudes, Mamadou compartió cómo su experiencia como inmigrante en Europa lo motivó a volver a su país, Senegal, para generar proyectos de desarrollo en su comunidad. 

Por Mayté Guzmán Mariscal

«Veo que todos tienen muy claro a qué se dedican. A mí, como hago muchas cosas, se me complica definir todavía qué hago exactamente», comenta con sobrada modestia antes de iniciar el relato de su historia. Entre esas tantas cosas, Mamadou escribe. Es autor de 3052, Persiguiendo un sueño y A las 15:00. Ambos son textos autobiográficos pues, a su corta edad, Mamadou ha vivido intensamente algunas de esas experiencias a las que muchas personas tal vez no sobrevivirían, como viajar en cayuco hasta «El Dorado europeo», como él lo califica, en un dramático trayecto de «ocho largos días».

Durante el encuentro, Mamadou narró su travesía antes de llegar a La Gomera, en Canarias. Si llegaba sano y salvo a Europa, escribiría un libro. Esa fue la promesa que hizo a los suyos cuando se embarcó al Mediterráneo, un mar que ha alimentado a generaciones, pero que también lleva años siendo la tumba de muchos hermanos que emigran desde el continente africano.

Así se lo había prometido a sus amigos, algunos de los cuales emprendieron el camino unos meses después que él, pero que nunca llegaron a su destino. «Al principio el libro era una promesa, después se convirtió en mi forma de despedida para ellos», explica. También es un valioso testimonio de las migraciones en la actualidad: «No solo el viaje en patera es durísimo; cuando llegas a España, además, te das cuenta de que el viaje apenas empieza. Fui consciente de todo lo que tenía que hacer: luchar por encontrar un trabajo, conseguir los papeles, encontrar un lugar donde vivir…».

Hablar de la soledad

En el libro, Mamadou quería contar la experiencia de ser migrante: «Quería decirles a mis hermanos que el sueño europeo no era tal, y que aquí también había mucha pobreza y soledad». Para ello, tocó la puerta de varias editoriales hasta que se convenció de que si quería ver publicada su historia tenía que autopublicarse y así lo hizo.

«Muchos pensarán que hacemos este viaje para olvidar para siempre nuestras tierras, pero no es así —aclara—. Vamos a la búsqueda de un potencial que nos permita volver un día y vivir en África, exactamente lo mismo que hacían los españoles hace pocos años en otros países de Europa y Latinoamérica», señala el autor en el libro.

3052, cifra con la que titula su primera publicación, son los kilómetros que separan Senegal de Murcia, el lugar que le acogió en los primeros años de su estancia en España. El libro está lleno de profundas reflexiones sobre el choque cultural que experimenta un inmigrante.

Entre las imágenes que retrata, Mamadou habla de la soledad a la que se enfrentó por momentos en una sociedad tan polarizada: «No entiendo el hecho de tener tanta gente a mi alrededor y estar tan solo. Me gustaría poder salir del piso, entrar en el de mi vecino y tomar un té con él mientras vemos las noticias sin ningún prejuicio. Pero la sociedad del bienestar no permite este lujo; es fuerte tener una persona tan cerca y sentirla muy lejos, no compartir nada con ella».

Mamadou-Dia-encuentroActualmente, Mamadou gestiona el Centro Cultural Aminata en Gandiol, un pueblo de agricultores y pescadores que se ubica en el norte de Senegal. Su objetivo es contribuir al desarrollo de la comunidad mediante un proyecto educativo que promueva una juventud y una comunidad empoderada, más comprometida y responsable con su entorno.

Además, después de seis años desde su salida de Senegal y de pasar por la acogida, la búsqueda de trabajo sin certificado de residencia, aprender el castellano, dirigir proyectos juveniles, el voluntariado, la vida laboral, los amigos, las familias, el grupo de música y baile africano, Mamadou decidió crear la ONG Hahatay, son risas de Gandiol, una decisión que marcó el inicio del viaje de retorno a su tierra natal, lo que le ha permitido participar en proyectos para el desarrollo de su propia comunidad.


Mar testigo,
Mar amigo con tus peces que has dado comida
a mi pueblo, a mi país y a la tierra entera.
Mar, con tus melodías nos relajamos,
en tus aguas nos bañamos.
Mar, has soportado en tu espalda a mis abuelos cuando iban
hacia otros continentes y a otros les has tragado sus almas.
Hoy es mi turno, estoy en tu vientre
con la esperanza de alcanzar
una tierra donde no sé si me dejarán entrar.
Mar, por favor, cuídanos a mí y a mis hermanos.
Mar, eres el recurso que nos queda, danos la suerte
de llegar vivos y sanos.
Mamadou Dia

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Educar en tiempos de diversidad: 8 reflexiones desde la experiencia

¿Qué piensan los niños y niñas migrantes cuando llegan nuevos a un aula? ¿Qué sienten cuando entran en un entorno donde casi todo es diferente? ¿Cómo reaccionarán? Si lo supiéramos, sería más fácil el trabajo en las escuelas e institutos; sin embargo, la telepatía es una herramienta todavía por desarrollar… Compartir la experiencia docente es importante a la hora de comprender mejor la complejidad que hay detrás de cada caso personal.

Por Sagrario García*

El primer día de clase todo es distinto. Lo es para cualquier alumno; pero, en particular, lo es para quienes vienen de otros países. En el patio se encuentran con niños y niñas de aspecto diferente a los que acaban de dejar en su país, la disposición de aula y las rutinas en clase son otras, y el idioma les resulta extraño. Todo eso puede producir miedo, inseguridad, incertidumbre.

Ante esa misma situación, las reacciones pueden ser muy diferentes. Unos se hacen más pequeños de lo que ya son y procuran volverse invisibles, pasar inadvertidos. Otros hacen lo contrario: reaccionan con una alta dosis de actividad, que se traduce en un incumplimiento de normas, en falta de control, en agresividad. Unos y otros plantean problemas educativos específicos al profesorado.

Las 8 microhistorias que refiero a continuación proceden de mi experiencia como profesora de primaria. Lo único que pretendo al contarlas es compartir lo aprendido y fomentar el debate sobre cómo afrontar los retos educativos que lleva aparejada la diversidad en el aula.

A modo de conclusión, mi aprendizaje lo resumiría así: si bien dominar el idioma es algo fundamental a la hora de que el alumnado extranjero obtenga buenos resultados escolares, hay al menos otros tres factores que influyen tanto o más que ese: la asistencia regular a clase, la importancia que los padres otorguen a su educación y el nivel socioeconómico de la familia. No son los únicos; pero, lo dicho: esto es un resumen.

*

01 | Hablar español no es un garantía de integración inmediata. Su primer día en el colegio, Ramón, de 4 años, se asomó a la que iba a ser su clase de infantil y rompió a llorar, y gritó: «Son todos feos». Estaba recién llegado de Colombia y, probablemente, le chocó la diferencia de rasgos de sus compañeros. Recíprocamente, estos ponían cara de sorpresa cuando Ramón hacía algún comentario debido a su acento o a las palabras que utilizaba. Además, él tampoco estaba acostumbrado a las rutinas que teníamos en clase, así que entre lo uno y lo otro algunos chicos no querían tenerlo en su equipo. Llevó unos 3 o 4 meses que se conocieran y jugaran juntos. Con Ramón aprendí que compartir un idioma no equivale a compartir una cultura (ni siquiera en la infancia…).

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02 | No hablar español es una garantía de estrés. Desconocer el idioma suele ser fuente de estrés para los niños. Ese fue el caso de Thomas, rumano, de 3 años. El primer día se aferraba angustiado a su padre y no lo soltaba. Al ver la escena, le pedí al padre que se quedara en clase para que su hijo se tranquilizase. Pasados 2 días, tuve que pedirle al padre que se marchara: lloraba él más que su hijo. Al cabo de unas dos semanas de ir sin el padre, el niño comenzó a estar más tranquilo; eso sí, se pasaba las horas agarrado a mi vestido, y el resto de la clase y yo decíamos, en tono de broma, que era mi secretario. Poco a poco, Thomas fue aprendiendo palabras, hasta que a los 2 o 3 meses yo podía avisarle de lo que íbamos a hacer en cada momento. Entonces dejó de ser mi secretario y pudo permanecer tranquilo en su sitio, como uno más.

03 | Los padres y sus ideas preconcebidas sobre la educación. Mamadou tenía 6 años, hablaba poco y se movía mucho. Su español era precario y fue un obstáculo para su correcta asimilación del proceso lectoescritor. Eso sí, este pequeño de Mali tenía una gran impaciencia por aprender a leer; en cambio, el resto de las materias no le interesaban y apenas prestaba atención: su padre, señalando la cartilla, le había explicado enfáticamente cuán importante era para la familia que él pudiera leer e interpretar los papeles. El resultado fue que Mamadou desarrolló cierta habilidad para la lectura mecánica, pero no para la lectura comprensiva. ¿La razón? Su padre no entendía que el desarrollo del lengua es necesario y previo a la lectura, y que todas las actividades escolares iban encaminadas en esa dirección… Por desgracia, eso implicó un retraso importante en el aprendizaje de su hijo.

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04| Evitar que falten a clase con permiso de la familia. Mariam era una niña marroquí de 5.º de primaria que faltaba frecuentemente a clase. El padre y la madre justificaban estas faltas de asistencia: la chica tenía labores que atender en la casa… Mariam arrastraba falta de base en algunas asignaturas, pero hablaba bien español y árabe. Sus profesores pensábamos que el problema era, sobre todo, el absentismo: cuanto más faltaba, más retrasada se quedaba y menos motivación encontraba para asistir. El tutor de Mariam se entrevistó en varias ocasiones con sus padres con el fin de hacerles comprender la importancia de que asistiera regularmente a clase. Le costó, pero lo consiguió y, en dos trimestres, Mariam mejoró y pudo pasar de curso.

05 | Cuando la familia es una aliada. Naima, de 6 años, también era marroquí. En su caso, sin embargo, la familia demostraba gran interés por su aprendizaje: la madre y el padre asistían a todas las reuniones, animaban a su hija a que hiciera la tarea a primera hora de la tarde, le facilitaban material escolar de primera calidad, la alentaban a leer… Y, cuando llegaban los buenos resultados —Naima era una de las niñas que sacaba mejores notas—, lo celebraban por todo lo alto en casa. Al margen del talento personal, su caso me recordó que el éxito escolar suele asentarse en cuatro pilares: disfrutar con las actividades, asistir regularmente a clase, contar con el apoyo de la familia y la motivación.

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06 | La importancia de la atención (más o menos) personalizada. Dana, de 7 años, llegó de Rumanía con un español muy precario, pero con una motivación muy alta por aprender. Pese a que su fluidez y velocidad lectora era muy baja, dos factores jugaron a su favor: la estrategia que utilizó su profesora y que su clase era poco numerosa. Los medios disponibles en la escuela eran escasos; sin embargo, al estar en una clase de 20 alumnos, Dana pudo recibir suficiente atención por parte su maestra para progresar a una velocidad razonable. Asimismo, al tener pocos alumnos, la profesora pudo priorizar el desarrollo de lectura comprensiva y el aprendizaje del español en todas las asignaturas. El resultado fue que Dana mejoró su nivel lingüístico rápidamente y, a final de curso podía seguir el ritmo de la clase.

07 | Fomentar el trabajo cooperativo. Alexandra, una niña rumana de 8 años, había repetido 2.º de primaria y necesitaba ayuda constante en Matemáticas. Su dificultad no era de cálculo, sino de lectura comprensiva; por eso, le propuse a Sara —una niña trabajadora y de resultados excelentes— que ejerciera de compañera tutora. La idea era sencilla: Sara sería la encargada de leer y explicarle el enunciado de los problemas a Alexandra; luego, Alexandra resolvería sola los problemas (así yo disponía de tiempo para atender a otros niños). Y funcionó. De hecho, a lo largo del curso, cambié varias veces al compañero tutor para no sobrecargar a ninguno. A final de curso, Alexandra precisaba menos apoyo y durante el curso siguiente funcionó con plena autonomía. Sus resultados no fueron excelentes, pero sí fue aprobando y no volvió a repetir.

08 | Implicar a la comunidad educativa. Los maestros a veces se ven desbordados por la pluralidad del aula. Asegurarse de que las familias han comprendido las notas informativas supone muchas veces una labor que les rebasa, por lo que necesitan que alguien intermedie entre el colegio y la familia. A veces, esos intermediadores son profesionales en la materia; otras son personas que pertenecen a la comunidad educativa. En el caso Akram, un niño marroquí de 9 años, recuerdo que le pedimos ayuda a Sofía, una madre también marroquí que había acogido a la familia del chico mientras esta encontraba piso. Sofía hablaba árabe y español, así que ella venía a las reuniones con la familia de Akram y traducía y explicaba las notas del colegio, las pautas… Todo. Gracias a ella, entendieron rápidamente el funcionamiento del colegio y fue más sencillo incluirlos en la dinámica escolar. Sofía me enseñó que, en muchas ocasiones, otras madres y otros padres son unos mediadores culturales estupendos. Solo es cuestión de confiar en ellos y guiarlos.

***

Para concluir, me gustaría hacer un doble reconocimiento: por un lado, a los niños que tienen que abandonar su entorno, dejando atrás raíces y familia en situaciones que no querríamos para los nuestros; por otro, a tantos docentes que se esfuerzan cada día, a veces con escasos recursos, para mejorar la situación de niños que son víctimas de circunstancias ajenas.


Sagrario García García (Toledo, 1961) es maestra de Educación Infantil y Primaria, con más de 30 años de experiencia en la escuela pública. Gracias a su interés por la educación integradora, ha desarrollado diversos proyectos, algunos de ellos publicados en revistas como Cuadernos de pedagogía o Padres y maestros. Su proyecto Chuches y vitaminas fue premiado en el VIII Certamen de Materiales Curriculares de la Comunidad de Castilla La Mancha. Como madre, nunca llevó mal del todo que sus hijos salieran a buscarse la vida fuera de España, pero sí que lo de irse haya sido una elección forzosa y que no encuentren oportunidades para volver. Como profesora, eso mismo la ayudó a comprender mejor a su alumnado extranjero.

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Puerto de Bilbao: las armas embarcan; los migrantes, no

El puerto de Bilbao encierra una sangrante paradoja. Dentro del perímetro vallado, se envían varios contenedores cargados con material militar a Arabia Saudí, pese a las advertencias del Parlamento Europeo. Al otro lado de la valla, se deshilacha un campamento de migrantes llegados tras la destrucción de los asentamientos en Calais. Las armas viajan hasta la lejana Jeddah. Los migrantes hasta el cercano Portsmouth. Las primeras llegan sin problema; los segundos, no. Las plataformas sociales denuncian graves irregularidades en los buques que cargan armamento y la Autoridad Portuaria declina hacer declaraciones sobre el tema.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

Para escribir este artículo, que puedes leer completo en El Salto, he conversado con varias personas. Entre ellas, Ignacio Robles, el bombero que se negó a formar parte de un retén de seguridad al enterarse de que la carga era material militar con destino a Jeddah, y que se enfrenta a un expediente disciplinario por ello. También he hablado con el activista Luis Arbide, que me enseñó unas cuantas cosas sobre navegación, barcos y aplicaciones gratuitas que te puedes descargar para seguirlos desde tu móvil.

He hablado con fuentes de la Autoridad Portuaria, que se mantienen al margen del asunto porque, dicen, el puerto es una infraestructura que da un servicio y tanto los migrantes como las armas son ajenos a sus competencias. He leído unas cuantas memorias del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad para comprobar que, en España, la exportación de armas se ha cuadruplicado en menos de 10 años y que, en efecto, Arabia Saudí es uno de sus principales clientes.

Creo que el mejor resumen de lo que ha estado sucediendo en este puerto es una reflexión de Ana Elena Altuna, de la plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak Bizkaia, con quien conversé sobre los campamentos de personas migrantes que se levantaron en Zierbena, a modo de nuevo Calais: «Para la gente que migra solo hay riesgos y trabas; para las mercancías y las armas todo son seguridades y apoyos».

Enlaces de interés

 

 

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