Diversidad de andar por casa: luna 2

Avanzamos en nuestro proyecto Diversidad de andar por casa, un experimento fotográfico con el que intentamos estar más atentos a la variedad cultural que nos rodea y, sobre todo, averiguar hasta qué punto somos permeables a ella. Desde que lo iniciamos, el 16 de febrero, hemos aprendido unas cuantas cosas sobre música, gastronomía, rutas migratorias, literatura u oficios. Y, día a día, mientras registramos nuestros pasos en Instagram, comprobamos que hay mucho para descubrir y sorprenderse sin alejarse demasiado de casa.

Por Laura Caorsi y Rubén A. Arribas
@lauracaorsi | @estoy_que_trino

En esta segunda etapa de nuestro camino —que viene marcado por las fases lunares del calendario tradicional chino, como explicamos aquí—, hemos disfrutado de buena música y hemos bebido cosas ricas y distintas, como el bissap y el licuado de baobab. También leímos un par de libros interesantes, cocinamos nuestra primera yuca, practicamos un poco de kazajo y cenamos una tortilla de crisantemos.

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Diversidad de andar por casa: luna 1

España es un país cada vez más diverso y eso se palpa en casi cualquier ámbito de la vida cotidiana. En la actualidad, el 13 % de la población es de origen extranjero; eso, combinado con que llevamos años con cifras similares, ha modificado poco a poco las fotografías familiares, la oferta cultural o la vida en las calles; también qué clase de alimentos, bebidas y productos encontramos en las tiendas, mercados y supermercados. Incluso las propuestas de ocio, la moda o las agendas sociales están cambiando a diario. Nuestro proyecto Diversidad de andar por casa intenta reflejar, aunque sea de manera humilde, parte de esa transformación intercultural que estamos viviendo.

Por Laura Caorsi y Rubén A. Arribas
@lauracaorsi|@estoy_que_trino

Una tarde mientras paseábamos por el barrio de Usera se nos ocurrió que estaría bien documentar qué clase de relación tenemos con la diversidad. No en el plano teórico, sino en nuestra vida cotidiana. Es decir: queríamos saber cómo de permeables somos a las culturas que nos rodean y reflexionar sobre si nos influyen mucho o poco a la hora de configurar nuestra idea del mundo. Si bien nos consideramos personas abiertas, enseguida nos dimos cuenta de que teníamos bastante que mejorar. De ahí que nos propusiéramos un reto: aprender al menos una cosa por día de otras culturas. Durante un año.

Diversidad de andar por casa nació así, de manera natural, como una respuesta adaptativa a esta sociedad en transformación que somos. De paso, nos dio la excusa perfecta para recorrer los barrios y fijarnos mejor en lo que está pasando. También para observar, preguntar, escuchar y asumir el riesgo de probar otros sabores, otras músicas, otras literaturas; en definitiva, otras maneras de ver y entender el mundo. Con suerte, a final de año, esperamos haber incorporado muchas de ellas a la nuestra.

El proyecto lo comenzamos el 16 de febrero, coincidiendo con el inicio del Año Nuevo chino. El objetivo es registrar nuestros hallazgos y aprendizajes diarios mediante una combinación de texto y fotografía, que colgamos en Instagram, con la etiqueta #DiversidadDeAndarPorCasa. Aquí, en la revista, compartimos las fotos en grupo, una vez al mes, siguiendo el calendario lunar chino. Hoy, que ha terminado el primer mes lunar de los 12 que tiene este calendario, recopilamos en Un Puerto las 30 cosas que hemos aprendido en este tramo.

Si pinchas en las fotos, podrás verlas ampliadas y con su leyenda correspondiente. También puedes seguir la evolución del proyecto día a día en nuestro Instagram. Y, por supuesto, puedes dejar comentarios y sugerencias, tanto allí como en esta página.

 

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#8M: Sembrar en tierra extraña

Durante los diez años que estuve al frente de la página de «Nuevos Vascos», en el diario El Correo, tuve la oportunidad de conocer y entrevistar a 200 mujeres migrantes. Jóvenes y no tanto, trabajadoras o en paro, ejecutivas y camareras de hotel, procedían de lugares tan distintos como Chile, Rumanía, Senegal, México o Japón. Unas habían tenido la oportunidad de estudiar, otras no. Unas eran madres, otras no. Unas habían vivido unas odiseas migratorias dolorosísimas e increíbles, otras habían llegado a Europa en avión. Hablar con ellas y conocer sus historias no solo me permitió comprender la enorme diversidad que hay bajo los rótulos mujer o migrante; también me mostró cuánta riqueza (y oportunidades) hay en las diferencias.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

No es lo mismo migrar cuando eres mujer que cuando eres hombre. La Organización Mundial de las Migraciones (OIM) nos recuerda que el género afecta a los motivos por los cuales se migra, quién lo hace, las redes sociales a las que se recurre para hacerlo, las experiencias de integración y las oportunidades laborales en el lugar de destino. «Las expectativas, las relaciones y la dinámica de poder asociadas con el hecho de ser hombre, mujer, niña o niño, y de identificarse ya sea como lesbiana, homosexual, bisexual, transexual o intersexual, pueden incidir considerablemente en todos los aspectos de este proceso», señala la institución.

Las mujeres somos la mitad de la población mundial. También representamos la mitad de personas que migran en el mundo. Según el informe que se presentó en 2016 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, entre 2000 y 2015, el número de migrantes internacionales aumentó en un 41 % y alcanzó los 244 millones. Casi la mitad son mujeres. La misma proporción se aplica a las personas refugiadas: el 50 % de los refugiados del mundo son mujeres y niñas, como recoge ACNUR. No obstante, solo el 4 % de los proyectos de llamados interinstitucionales de las Naciones Unidas se destinaron a mujeres y niñas en 2014, y solo el 0,4 % de todos los fondos para estados frágiles se destinaron a grupos o ministerios de mujeres de 2012 a 2013. Las cifras son de la propia ONU.

Los números dibujan el continente, pero las historias lo dotan de contenido y sentido. Si bien migrar es una experiencia difícil para casi todas las personas —y más en estos tiempos de deshumanización brutal y absoluta—, las mujeres solemos llevarnos la peor parte. En los proyectos migratorios, hay muchas violencias que marcan el antes, el durante y el después. Así que hoy, en el Día Internacional de la Mujer, desde Un Puerto, queremos rendir un homenaje al valor de todas y cada una de ellas (sin olvidar, claro está, a las mujeres que se quedan o regresan a sus países de origen).

A la vista de las entrevistas y artículos que hemos publicado, podemos asegurar que el mundo sería un lugar más inhóspito de lo que ya es sin mujeres que trabajen en el ámbito de la discapacidad, como Paz o como Gloria; sin mujeres que reivindiquen la diversidad sexual, como Solange; sin mujeres que hablen de feminismo, como Nadia; sin mujeres que transformen el dolor en capacidad de ayuda a los demás, como Clementine; sin mujeres que combatan por los derechos de otras mujeres, como Silvia; sin mujeres que sobrevivan a sus odiseas migratorias, como Natalie o Jolie, y nos las cuenten para que al menos entreveamos la complejidad que hay tras las etiquetas; sin mujeres que ayuden a curarse a otras personas, como Ana María; o sin mujeres que hayan podido superar el machismo y la presión social, como Afaf o Nawal, para rehacerse. Y sería más hostil el mundo sin Mayté, Ana o Sagrario, quienes han aportado su saber y su tiempo para que Un Puerto sea un sitio desde donde otear un horizonte más amplio.

Pese a la variedad de procedencias, de herramientas, de talentos y de lastres, todas las mujeres que hemos conocido en estos años tenían (y tienen) algo en común: la capacidad de reinventarse y de sembrar en tierra extraña. También que no siempre son ellas quienes recogen la cosecha.

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15 imágenes que nos dejó la fiesta del Año Nuevo chino

El 16 de febrero comenzó un nuevo año chino: el 4716, o año del Perro de Tierra. Según el calendario tradicional, que se basa en los ciclos de la luna, este momento marca el paso del invierno a la primavera y anuncia la llegada de los días más luminosos y tibios. Esto es un gran motivo de celebración. No en vano, el Año Nuevo es la principal fiesta china: se extiende durante varios días e incluye desde multitudinarios desfiles hasta reuniones en familia y una gastronomía especial. La comunidad residente en España también ha organizado sus festejos. El fin de semana nos acercamos a la fiesta de Madrid, donde vive el 27 % de este colectivo.

Por Laura Caorsi y Rubén A. Arribas
@lauracaorsi / @estoy_que_trino

 

No hace tanto que el calendario tradicional chino dejó de ser el calendario oficial. Hasta 1912, el tiempo se medía de otro modo. Se tenían en cuenta los ciclos de la luna y esto daba como resultado unos años de duración variable. Por esta razón, el año del Perro que acaba de comenzar se extenderá hasta el 5 de febrero de 2019.

La fiesta de Año Nuevo es la principal celebración. Lo es dentro del país, donde se organizan festejos que duran varios días, y también fuera, en los países donde existen comunidades chinas importantes. En estas fechas, millones de personas regresan a casa para vivir la fiesta con sus seres queridos. Sí, millones. Como señala Clara Serer Martínez en este artículo, publicado por la revista del Instituto Confucio, «cada año, cuando se acercan estas fechas, se produce uno de los movimientos migratorios más importantes del planeta».

Quienes no pueden volver, lo celebran a distancia. En los países donde hay comunidades chinas más o menos numerosas —como la de España, que cuenta con casi 190.000 personas—, la fiesta se ha instalado con naturalidad, como una celebración más. Y no solo entre los miembros de la propia comunidad, también entre sus vecinos y vecinas. El Año Nuevo chino va camino de convertirse en una fiesta intercultural.

En Madrid, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), residen algo más de 51.000 personas nacidas en China. No es, ni mucho menos, la colectividad extranjera más numerosa (antes están las de países como Rumanía, Ecuador, Colombia, Marruecos o República Dominicana); sin embargo, su presencia es notable en barrios como Usera, donde regentan decenas de restaurantes, peluquerías, supermercados, pequeñas tiendas de alimentación, cafeterías, despachos profesionales, inmobiliarias, clínicas de salud, librerías y otros comercios en apenas un puñado de calles.

Precisamente allí, en Usera, se desarrollaron las principales actividades en torno al Año Nuevo; unas actividades que atrajeron a personas de distintas partes de la ciudad —y del mundo—, incluidos nosotros, que fuimos con curiosidad y volvimos con estas fotos.

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De Andalucía a Euskadi: tres siglos de esclavitud en 15 notas con historia

La esclavitud es una parte relevante de la historia española que solemos omitir. Los documentos muestran que en los siglos XVII y XVIII el 10 % de la población de Sevilla estaba esclavizada y que denunciar a quienes huían resultaba lucrativo. También que Irun, tras la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, fue un destino preferente para los registradores de esclavos o el funcionariado aduanero de la Cuba colonial. Las historias de Pedro Urdanibia, Juan de Larreaundi o Eduardo Velentín confirman que les debemos un reconocimiento y una reparación a miles de personas como Eiza Abdala o María Pereda. Por sorprendente que nos parezca, los prejuicios raciales o el comercio actual de esclavos en Libia vienen de lejos, y tenemos algo que ver.

Por Ana Galdós

01 | La mayor migración intercontinental de la historia. Desde el siglo XVI hasta el XIX, millones de personas negras fueron obligadas a abandonar sus hogares y vendidas como esclavas. Las fuentes cifran entre 10 y 15 millones de personas las víctimas de este comercio; con todo, es difícil cuantificar el número exacto: aunque había un registro oficial de esclavos vendidos, también existía la venta clandestina. En cualquier caso, la trata de esclavos ha sido considerada —por su duración y escala— la mayor migración intercontinental de la historia. Una migración que no fue ni voluntaria ni derivada de un conflicto interno, sino impuesta.

02 | Cadenas de hierro para unos y cadenas de valor para otros. Durante más de tres siglos, miles de personas se beneficiaron económicamente del tráfico de mujeres y hombres negros. El asunto empezaba con los estamentos oficiales que otorgaban las licencias para transportar esclavos, pasaba por quienes se encargaban de hacinarlos en los barcos y llevarlos rumbo a América o Europa, continuaba con los propios tratantes y finalizaba con los compradores. En definitiva, existió toda una cadena de intereses que convirtió la trata de personas en un comercio oficial de gran rentabilidad económica y a gran escala.

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03 | Una mercancía multiusos. Los esclavos fueron una mercancía muy apreciada y demandada por los europeos. Aunque una gran parte estaba destinada a trabajar en las plantaciones agrícolas de América, muchos otros se quedaron en suelo europeo, donde trabajaban en el servicio doméstico o eran conducidos a las galeras para remar en las embarcaciones reales, protagonistas de las grandes batallas navales.

04 | Andalucía, centro del negocio esclavista español. Andalucía fue una de las regiones donde hubo una mayor presencia de esclavos. Los puertos de Sevilla y Cádiz hacían de estas dos localidades centros neurálgicos de compra y venta de personas. Se ha calculado que, durante los siglos XVII y XVIII, los esclavos llegaron a representar el 10 % de la población sevillana. La mayor parte procedía de la zona denominada por los europeos Berbería o costa berberisca, formada por Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. De hecho, la presencia de africanos fue tan importante que, aunque se ha tratado de borrar de la memoria, ha dejado una clara herencia en la cultura andaluza.

05 | La aportación vasca. Los vascos también formaron parte del entramado comercial del sistema esclavista. Los documentos conservados en diferentes archivos históricos constatan su presencia como transportistas, vendedores o propietarios. De hecho, muchos estaban tan estrechamente vinculados con el comercio transatlántico que residían en Sevilla o en Cádiz. También los hubo que trajeron esclavos al País Vasco, así que no era raro entrar en una casa y comprobar que el personal doméstico era una pertenencia más (y adquirida como tal). En ocasiones, los propietarios debieron desprenderse de sus esclavos debido a las órdenes de expulsión que dictaban las autoridades, pues en el País Vasco existía un especial recelo por conservar limpia la sangre y alejarla de todo tipo de mezcla racial. A pesar de ello, muchos dueños los conservaron.

06 | El río Bidasoa, frontera entre la esclavitud y la libertad. Es fácil encontrar documentos que constatan que en el siglo XVI ya había esclavos en el País Vasco. Es más: en Gipuzkoa no solo se los veía acompañando a sus dueños, sino que también se los vio huyendo de ellos. Durante siglos, la ciudad fronteriza de Irun fue el destino de muchos esclavos africanos que huían desde cualquier punto de la península ibérica para intentar cruzar el río Bidasoa y luego, ya en suelo francés, embarcar desde algún puerto rumbo a la libertad. Otra cosa que nos enseñan los documentos históricos es que si el esclavo tenía ya una consideración social nula, el que huía de su dueño incurría en un delito tipificado. Por eso, quienes veían a un esclavo que huía solían denunciarlo para que fuese apresado y juzgado. Eso sí, más que una cuestión de justicia era de economía: si tenía dueño, este te compensaba económicamente; y si no lo tenía, te lo quedabas o lo podías revender.

07 | El prejuicio del color. El 23 de abril de 1532, Pedro de Urdanibia, un vecino de Irun que gozaba de gran prestigio por su poder económico y social, se presentó ante la justicia con un joven negro de 20 años. Cuando se topó con él, Urdanibia le preguntó si era esclavo huido y el joven le dijo no serlo; sin embargo, lo apresó igualmente porque, por su aspecto, «parecía que era esclavo y que venía huido de su dueño». Es decir: el color negro de su piel fue la prueba concluyente. De nada le sirvió al joven confesar ante la justicia que era originario de la Berbería, que había hecho un largo camino desde Portugal y que quería cruzar a Francia.

08 | La denuncia como gran negocio. Cuando alguien capturaba a un esclavo huido, recibía una recompensa por parte del propietario. Además, en aquellos casos en los que no apareciera el dueño, la persona que lo había apresado tenía derecho a quedárselo o a venderlo. En mayo de 1535, Juan de Larreaundi, un vecino de Irun, denunció la huida de un joven mulato. Resultó que el joven era esclavo de un comerciante bilbaíno, quien no dudó en acudir a la localidad fronteriza para recuperarlo ofreciendo a cambio una generosa cantidad de dinero. Con esta historia en mente, quizá sea más fácil entender los motivos que llevaron a Pedro de Urdanibia a detener a aquel joven negro de la Berbería.

09 | María Pereda, una mulata a bordo de una gabarra. El Bidasoa se podía cruzar, sobre todo, de dos maneras: a nado o en una gabarra que cruzaba el río a diario. La mulata María Pereda lo intentó de la segunda manera el 1 de septiembre de 1581. Embarcó y todo iba bien hasta que alguien avisó de su fuga y la gabarra fue inmovilizada antes de que llegara a su destino. Por supuesto, María fue detenida y devuelta a su dueña. Ahora bien, tan relevante como eso es que la persona que pilotaba la embarcación fue detenida y sancionada con 4 años de suspensión de empleo.

10 | Siempre rumbo a Francia. Cuando se detenía a personas negras —fueran esclavas o no—, se las retenía en la cárcel hasta que se aclaraba qué se debía hacer con ellas. Además, para evitar que se escaparan, se las sujetaba con grilletes y cepos. Esto ha sido algo que ha sucedido en todas partes y hasta que se abolió la esclavitud. En el caso concreto de la prisión de Hondarribia, hay documentación que habla de dos esclavos que huyeron en pleno invierno de 1617, llegaron al río Bidasoa y se lanzaron al agua. Al parecer, tuvieron la suerte de ser ayudados por varios franceses que se encontraban en la otra orilla del río. Nada se sabe de su suerte después, pero su historia confirma una constante histórica: cruzar el Bidasoa ha sido sinónimo de libertad para muchas personas.

11 | Eiza Abdala, un marroquí revendido. Eiza Abdala había nacido en Salé (Marruecos) y se había embarcado como marinero en un bergatín corsario. Ocurrió que el barco fue capturado por los flamencos y Eiza terminó convertido en esclavo. Como siervo, viajó hasta Andalucía, donde un tiempo después su dueño le concedió la libertad. Eiza quiso regresar a Marruecos; pero, por miedo a que le esclavizaran de nuevo, en lugar de partir desde Sevilla o Cádiz, cruzó toda la península para llegar a Francia, y desde allí alcanzar un puerto donde embarcarse rumbo a su país. En Irun lo apresaron y lo llevaron ante la justicia. Como no pudo demostrar que era una persona libre y tampoco apareció un supuesto propietario, en el verano de 1648, fue de nuevo vendido en la plaza pública de Hondarribia. Eiza tenía 25 años.

12 | De Cuba a Irun, por amor al tráfico aduanero. A lo largo del siglo XIX, los países europeos condenaron y abolieron la esclavitud, incluso en sus colonias de ultramar. Cuba fue la última colonia española en hacerlo, en 1880. El cese del comercio de esclavos, así como la situación de inestabilidad política que vivía la isla, hizo que muchos funcionarios regresaran a España. Unos cuantos registradores de esclavos, que hasta entonces habían anotado cada entrada y salida en la aduana de Cuba, se instalaron en la comarca del Bidasoa por cuestiones laborales: la frontera con Francia estaba en Irun. Algunos registradores incluso conservaron su plaza de funcionario; otros, en cambio, a partir del capital que trajeron, crearon sus propios negocios (por ejemplo, agencias de aduana). Unos y otros desempeñaron un papel relevante en la comunidad irunesa.

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13 | De registradores de esclavos a empresarios o banqueros. A modo de ejemplo, recojo escuetamente un par de historias sobre esa curiosa inmigración de alto nivel económico que llegó desde Cuba a Irun tras la abolición de la esclavitud en el siglo XIX. Una es la de Eduardo Velentín, un registrador de esclavos que fundó una agencia de aduanas y que, además, ejerció de banquero. Otra es la del matrimonio formado por Andrés Fernández —funcionario de aduanas— y Josefina Urtizberea, quienes se instalaron en 1888 en Irun y, como Velentín, invirtieron su capital en fundar una agencia de aduanas (tan importante que, con el tiempo, se denominará «Viuda de A. Fernández e hijo»). Además de abrir negocios, el impacto económico de este exfuncionariado colonial fue medible en la compra de solares que se produjo. Por cierto, está documentado que el matrimonio Urtizberea-Fernández tuvo esclavos en su servicio doméstico en Cuba.

14 | Una historia no contada… o mal contada. El comercio de esclavos forma parte de nuestra historia. Otra cosa es que lo silenciemos o lo narremos de una forma sesgada: fueron otros países, fueron otros tiempos, etcétera. Sin embargo, las evidencias están ahí. Para muestra, una pequeña historia familiar: mi tatarabuela Josefina regresó de Cienfuegos (Cuba) poco después de la abolición de la esclavitud y, entre sus pertenencias, trajo consigo un fotografía de un joven negro… Sus grandes manos lo delatan como un incesante trabajador. ¿Se trataba de un esclavo o era acaso un hombre libre? Nadie de mi familia conoce su identidad. La mayoría ni siquiera sabía de la existencia de esa foto hasta que, de forma casual, la encontramos. Lo que sí sabemos es que mi tatarabuela se apellidaba Urtizberea, se casó con Andrés Fernández y tuvo una agencia de aduanas. También que ella nunca habló de esa fotografía.

15 | La esclavitud sigue vigente. Por desgracia, la venta de seres humanos sigue existiendo; así lo ha manifestado la Organización Internacional de Migraciones. Hoy miles de subsaharianos, en su intento por alcanzar algún país europeo, son capturados en Libia y vendidos como esclavos. Muchos logran escapar y llegar a ciudades portuarias donde se encuentran con impedimentos para llegar a otras localidades europeas. Muchos son denunciados y retenidos en las fronteras. Otros cuentan con la solidaridad de personas que evitan que sean devueltos a los lugares de los que huyen, como el caso que se narra en la conmovedora El Havre, de Akira Kaurismäki. En cualquier caso, lo que sucede hoy en Libia nos recuerda que la historia viene de lejos y que nos toca más de cerca de lo que creemos.

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Getxo ofrece un paseo por la diversidad cultural de Euskadi en el siglo XXI

Desde hoy, y hasta el 5 de diciembre, el Aula de Cultura de Getxo acogerá la exposición Primeras impresiones. La muestra se compone de 60 artículos periodísticos escritos por Laura Caorsi y publicados en el diario El Correo a lo largo de la última década. Los artículos reflejan las historias de vecinas y vecinos que nacieron en distintas partes del mundo, que un día migraron e hicieron de este municipio su hogar. La exposición es un paseo por la diversidad cultural y social de Euskadi en el siglo XXI y, además, es el sustrato de los libros Segundas impresiones, que se presentarán en Bilbao y Getxo el 18 de diciembre.

El Aula de Cultura de Getxo ha reunido 60 historias de personas de distintas partes del mundo que alguna vez dejaron sus países y convirtieron este municipio vasco en su hogar. Son historias de personas que tomaron la difícil decisión de migrar, que experimentaron el desarraigo y que tuvieron que empezar desde cero en una tierra y un entorno diferentes al que dejaron atrás.

Estas historias, escritas por Laura Caorsi, fueron publicadas entre 2007 y 2017 en el diario El Correo y forman parte de una serie más amplia, compuesta por 460 artículos en total. La exposición de Getxo, llamada Primeras impresiones, hace foco en las personas de esta localidad y es, en palabras del Ayuntamiento, «una oportunidad para acercarse a los procesos de migración y arraigo contemporáneos que caracterizan Getxo en el siglo XXI».

La muestra, a su vez, es la antesala de Segundas impresiones, una iniciativa editorial impulsada de manera conjunta por Getxo y Bilbao. Esta iniciativa consta de dos libros, cada uno con 18 historias, escritos por Laura Caorsi y Ruben A. Arribas en 2017. Los libros se presentarán el próximo 18 de diciembre, con motivo del Día Internacional de las Personas Migrantes, y recogen la diversidad de estas dos ciudades vizcaínas que forman parte de la Red de Ciudades Interculturales (RECI) y del Programa de Ciudades Interculturales (ICC) del Consejo de Europa.

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