Borderline: otra estética de las fronteras

Borderline, Valerio Vincenzo

Por Laura Caorsi

Borderline es un proyecto fotográfico profesional que comenzó hace 10 años y que, a finales de febrero, podrá adquirirse en formato libro. Muchas de las fotos que lo conforman se pueden ver aquí, en su página web, o aquí, en un reciente artículo del diario El País. Se trata de una colección de imágenes que muestran el aspecto actual de las antiguas fronteras interiores de Europa, aquellas que definían de manera nítida la silueta de los países y que se han ido diluyendo tras la entrada en vigor del acuerdo de Schengen. El origen de este trabajo, sin embargo, es anterior: nace de una experiencia personal de Valerio Vincenzo, el autor de las fotos, cuando estuvo en París en 1995.

borderline-vincenzoVincenzo, que es italiano, se encontraba en Francia ese año como estudiante de intercambio. Cuando las clases terminaron, decidió quedarse algunos meses más. «Como italiano, obtener mi permiso de residencia en Francia fue una verdadera carrera de obstáculos. Siempre faltaba algún documento que nunca antes me habían pedido. Recuerdo que me citaron en varias ocasiones desde el cuartel general de la policía. La última fue tan solo para firmar con tinta negra un documento que, descuidadamente, yo había firmado en azul –detalla para ilustrar el absurdo de la burocracia–. Pocos meses después de obtener los preciados documentos que me permitían permanecer en suelo francés, esta enorme maquinaria administrativa se derritió como nieve bajo el sol: Italia empezó a formar parte del Área Schengen. Para la administración francesa, yo ya no era un migrante italiano, sino un nacional europeo. Ya no había más necesidad de mostrar certificados, ni de rellenar formularios y firmarlos en negro para poder vivir allí».

El origen más íntimo de Borderline se encuentra en esta vivencia, aunque tuvieron que pasar varios años para que Valerio Vincenzo se lanzara a recorrer Europa para fotografiar las fronteras. Su trabajo fue galardonado en 2013 con el Premio Louise Weiss de periodismo europeo y fue nominado para los premios Canon Silver Camera de 2016 en Holanda.

Ahora, en 2017, cuando los muros y las divisiones vuelven a levantarse con vehemencia –ya no solo en el terreno, sino en las mentalidades y los discursos–, su proyecto tiene más valor todavía. Por eso, cuando descubrí las fotos, me puse en contacto con él, para conocer mejor las ideas que sostenían la cámara. En respuesta, Vincenzo me envió un avance del texto que ha escrito para su libro. Desde mi punto de vista, estos son los 5 aspectos más relevantes:

1 | El interés por la huella de un paso de frontera

La primera imagen de la serie se inspira en una foto que hizo Henri Cartier-Bresson en 1969, en Bailleul, en la frontera de Francia con Bélgica. Casi 40 años después, Valerio Vincenzo fue hasta allí, decidido a fotografiar el mismo lugar y el mismo puesto de control fronterizo. «Quería rendir homenaje a un logro fundamental en la construcción de Europa: la libertad de movimiento. Pensé en hacer un proyecto que pudiera ilustrar ese cambio histórico». La foto de Bailleul marcó el inicio de un periplo de 10 años y decenas de fotos a lo largo y ancho del continente. El trabajo de Vincenzo me ha hecho recordar (y valorar) las muchas veces que crucé fronteras dentro de Europa con total libertad; generalmente, de vacaciones, con un bocadillo en la mochila y a pie:

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2 | El valor relativo de los pasaportes

«La libertad de movimiento está incluida en el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos –recuerda el fotógrafo–. Pero, hoy, este derecho no es el mismo para todos. Por ejemplo, el portador de un pasaporte alemán o suizo puede entrar en más de 150 países sin visado, mientras que las personas con pasaporte afgano no pueden entrar ni en 30». Una interesante infografía de Javier Hernando, publicada en 2014 en United Explanations, muestra de manera muy clara la desigualdad a la que se refiere Vincenzo.

3 | El aspecto de las fronteras: ¿son como imaginamos?

«Buscar ‘frontera’ en las Imágenes de Google arroja un conjunto deprimente de resultados: una sucesión infinita de fotos de muros y alambres de espino. Sin embargo, esta asociación es engañosa: solo el 6% de las fronteras del mundo son barreras. Las fronteras, en la actualidad, tienden a ser lugares de paso». Hemos hecho la prueba y comprobamos que Vincenzo tiene razón: nuestra idea base de lo que es una frontera se corresponde más a las imágenes que nos devuelve Google que a lo que en realidad son en su mayoría. Esto resulta, cuando menos, perturbador. Las fronteras, como las personas, también son víctimas del estereotipo.

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4 | Las tensiones y la pérdida de identidad

«A menudo, se utiliza como argumento que el control de la libertad de movimiento reduce los riesgos de que la inmigración descontrolada diluya la ‘identidad’ de un país. Esta creencia parte de una visión de la sociedad como algo estático, pero la Historia nos muestra que la sociedad no es estática: Europa siempre ha sido un escenario de extensas mezclas», dice Vincenzo. También lo dice la socióloga Saskia Sassen en su libro Inmigrantes y ciudadanos, cuya reseña completa se puede leer aquí.

¿Por qué no ver la inmigración como una palanca capaz de dinamizar una sociedad? «En el sur de Italia, en Calabria, Riace es un ejemplo conmovedor: este pueblo, que perdió casi la mitad de la su población a lo largo del último siglo, ha adoptado en estos años una valiente y exitosa política de refugiados, integrando a quienes llegaban en la vida económica y social del pueblo. El asunto no es minimizar tensiones ocasionadas por el influjo de inmigrantes; es la guetización la que causa estas tensiones, no la inmigración en sí misma». En España, tenemos un ejemplo parecido: la localidad aragonesa de Binéfar.

5 | La importancia de aprender la lección (y corregir la tarea)

«He cruzado estas fronteras libremente demasiadas veces como para aceptar un retroceso. A lo largo de estas fronteras he visto demasiados monumentos conmemorativos de paz y fraternidad entre naciones como para aceptar la idea de ver estos lugares volver a convertirse en zonas militarizadas. He oído demasiadas historias de parejas, familias, pueblos y comunidades enteras destrozados por divisiones irracionales. He visto demasiados restos de todo tipo de barreras como para no indignarme por los nuevos muros y alambradas de nuestra época. ¿Acaso estas nuevas instalaciones no contradicen lo que la Historia nos ha enseñado? Y en Europa tenemos mucha historia de la que podemos aprender».

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