Txarango, el impacto de la alegría colectiva en tiempos de muros y fronteras

«En sitios rotos, donde gobierna la desesperanza, donde la dignidad parece haber sido arrebatada, la alegría es un acto de rebeldía»

Es difícil contar en pocas palabras todo lo que hay detrás de un grupo como Txarango. Eso sí, sea cual sea el resumen, al menos deberían figurar estos cuatro conceptos: enriquecerse a través del contacto con otras culturas, trabajo colectivo, viajar para conocer y música alegre que sea capaz de incidir socialmente.

Por Rubén. A. Arribas y Laura Caorsi
@estoy_que_trino / @lauracaorsi

Respecto de lo primero, un ejemplo es el centro cultural de Caparan (Senegal). Este centro, dedicado a las artes escénicas, la banda lo financió con dos iniciativas: un concierto en Torelló y unas camisetas diseñadas para la ocasión. Además, en El cor de la terra, su último disco, Txarango ha grabado el tema «Meravellós regal» con los niños y niñas ugandeses del Safari Children’s Choir.

Txarango-discoEn cuanto al trabajo en red, también El cor de la terra es un buen ejemplo de cómo entiende la banda su profesión. Txarango se ha convertido en una cooperativa musical y ha cedido la mitad de los derechos de cada una de las 14 canciones a una organización diferente con la que ha colaborado en algún momento. La idea es financiar aquellos proyectos por los que se sienten representados. Entre las organizaciones elegidas, están Unitat contra el feixisme i el racismeTanquem els CIE o Stop Mare Mortum.

Por último, lo de viajar y lo de incidir políticamente en la sociedad han ido de la mano a la hora de preparar este disco. Antes de sentarse a componer, los integrantes del grupo han querido ser permeables a lo que estaba sucediendo en el mundo y pertrecharse de experiencias vitales que les permitieran acercarse al proceso creativo con una mirada más social. De ahí que, en este último año y medio, Txarango haya tocado en Palestina, Senegal, Gambia, el campo de refugiados de Idomeni o los CIE de Ceuta y de Melilla.

El resultado de esos viajes ha sido doble. Por un lado, la banda ha cursado una suerte de máster en fronteras de manera exprés y se ha empapado de primera mano de lo que está pasando en nuestra Europa-fortaleza. Por otro, allí donde han ido han descubierto que su música alegre y festiva era siempre bien recibida: si algo faltaba allí donde se lanzan bombas, se trafica con seres humanos o se hacina a personas inocentes como si fueran criminales es, precisamente, el baile, las palmas, la oportunidad de cantar… Por esa razón, en vez de ser un disco oscuro y denso —es decir: acorde con la experiencia vital vivida—, Txarango quiso que El cor de la terra fuera pura efervescencia. La elección fue plenamente consciente.

El disco se puede escuchar gratis y de manera íntegra en su web. También se puede descargar sin coste alguno. Por último, un dato: el 22 de junio, la banda tocará en el mítico festival de Glastonbury.

—Antes de publicar este álbum, habéis tocado en sitios como los CIE de Melilla y Ceuta, el campo de refugiados de Idomeni o en Palestina. ¿Qué habéis visto en esos sitios para pedir que abramos las puertas, como dice vuestra canción «Obriu les portes»?
—La verdad es que hemos vivido un año muy intenso. En paralelo a la creación del disco, hemos hecho muchos viajes, que en parte han dado la personalidad a muchas de las canciones. En la canción «Obriu les portes», hablamos de la necesidad de cambiar las políticas migratorias de esta Europa fortaleza en la que vivimos. Hemos estado en Grecia  y hemos visto cómo han sido y son tratados los refugiados. Hemos visto en Melilla (en nuestra frontera sur, que pagamos con nuestros impuestos) el trato a las personas que intentan cruzar la valla. No pedimos nada especial; solo pedimos que se les conceda asilo a los demandantes que, en pleno derecho, lo hacen y no se les concede; pedimos la libre circulación de todo ser humano, independientemente del país de procedencia del que venga.

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Txarango de gira. El autor de las fotos es Bernat Almirall.

—Vuestra música es muy alegre, incluso cuando habláis de vallas y alambradas, como en la canción «Resiste y grita». ¿Qué papel desempeña una propuesta así, festiva, en esos sitios tan llenos de desesperanza donde habéis tocado?  
—Entendemos la alegría como acto de rebeldía. De hecho, es una de las cosas que hemos aprendido en estos viajes. En sitios rotos, donde gobierna la desesperanza, donde la dignidad parece haber sido arrebatada, la alegría es un acto de rebeldía. Y nos hemos dado cuenta de que la música abrazaba a la gente y que, por unos minutos, juntos escapábamos de sus jaulas para cantar, bailar y compartir. Era realmente un acto catártico. Se movía mucha energía.

—¿Podríais recomendarnos canciones de otros grupos que hablen, como las vuestras, sobre las migraciones o el mestizaje cultural?
—Hay muchos grupos que, como nosotros, entienden la música com una herramienta para incidir socialmente. Por ejemplo, Aspencat, que ha estado trabajando en la campaña de cierre de los CIE en Valencia.

*

Obriu les portes

«La música és el batec dels pobles
i amb nosaltres portem els seus camins.
Obriu totes les portes.
Benvinguts al cor de la terra».
He vist el cel cobert de plom.
He vist ciutats desaparèixer com la pols.
He vist un mur furiós al mar, plorar la mare terra.
He recollit metralla al cor;
dels que han fugit desde les portes de l’horror.
Que cremi roig el foc d’un vers contra el foc de la guerra.
Pararem el temps,
hem vingut de lluny.
Del ventre de l’Orient,
dels camins perduts.
Pararem el temps,
canviarem el rumb.
Un crit al vent rebel:
benvinguts, salam aleikum.
Som tot allò que no té nom.
Som el demà de la tristesa i de la por.
Hi haurà un camí sota la nit, hi haurà esperança.
He vist la mort parlar d’amor.
He vist els pobles despertar en una cançó.
Mira’m als ulls, no estarem sols, un altre món esclata.
Pararem el temps,
hem vingut de lluny.
Del ventre de l’Orient,
dels camins perduts.
Pararem el temps,
canviarem el rumb.
Un crit al vent rebel:
benvinguts, salam aleikum.
«En la tierra hacen falta personas que
construyan más y destruyan menos,
que prometan menos y resuelvan más,
que esperen recibir menos y dar más,
que digan mejor ahora que mañana».
Avui s’obriran totes les portes,
tots els camins en un instant.
Nua la nit al teu davant.
Avui trobaràs un mar en calma,
tots els records dels oblidats.
Nua la nit al teu davant.

Abrid las puertas
 «La música es el latido de los pueblos
y con nosotros llevamos sus caminos.
Abrid todas las puertas.
Bienvenidos al corazón de la tierra».
He visto el cielo cubierto de plomo.
He visto ciudades desaparecer como el polvo.
He visto un muro furioso en el mar, [he visto] llorar a la madre tierra.
He recogido metralla en el corazón
de quienes han huido desde las puertas del horror.
Que arda el fuego rojo de un verso contra el fuego de la guerra.
Pararemos el tiempo,
hemos venido de lejos.
Del vientre del Oriente,
de los caminos perdidos.
Pararemos el tiempo,
cambiaremos el rumbo.
Un grito al viento rebelde:
bienvenidos, salam aleikum.
Somos todo lo que no tiene nombre.
Somos el mañana de la tristeza y del miedo.
Habrá un camino bajo la noche; habrá esperanza.
He visto a la muerte hablar de amor.
He visto a los pueblos despertar en una canción.
Mírame a los ojos; no estaremos solos: otro mundo estalla.
Pararemos el tiempo,
hemos venido de lejos.
Del vientre de Oriente,
de los caminos perdidos.
Pararemos el tiempo,
cambiaremos el rumbo.
Un grito al viento rebelde:
bienvenidos, salam aleikum.
«En la tierra hacen falta personas que
construyan más y destruyan menos,
que prometan menos y resuelvan más,
que esperen recibir menos y dar más,
que digan: “Mejor ahora que mañana”».
Hoy se abrirán todas las puertas,
todos los caminos en un instante.
Desnuda, la noche frente a ti.
Hoy encontrarás un mar en calma,
todos los recuerdos de los olvidados.
Desnuda, la noche frente a ti.

*

Si quieres saber más sobre Txarango, te recomendamos estas dos estupendas entrevistas:

  • «Lo que hemos decidido hacer es politizar nuestras acciones», publicada por Mondosonoro;
  • «Estamos aquí para cambiar el mundo y, si no podemos [hacerlo], al menos hacer las revoluciones posibles», publicada por VilaWeb (en catalán).

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Conoce a otros artistas que le cantan a las migraciones y la diversidad en nuestra sección de música migrante

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Una cooperativa africana de Bilbao, modelo europeo de emprendimiento

Empezaron hace un par de años en una tienda de artículos de segunda mano en el barrio de San Francisco, en Bilbao. Allí, entre paraguas, colchones, lámparas y microondas, el vascocamerunés Georges Belinga y el angoleño Betto Snay se plantearon cambiar su realidad y la del vecindario. Cansados del estereotipo —entre condescendiente y criminalizador— que recae sobre el colectivo africano y el barrio, decidieron apostar por el conocimiento subsahariano y crear un espacio donde ese talento pudiera prosperar. Así nació Koop SF 34, un vivero de microproyectos que reúne a más de 25 emprendedores, que ya ha consolidado 5 iniciativas y que ahora, a través del Consejo de Europa, comparte su buen hacer con otras cooperativas similares.  

Por Rubén A. Arribas y Laura Caorsi
@estoy_que_trino / @lauracaorsi

En el imaginario español, si vienes de un país subsahariano, tienes poco que enseñar. El estereotipo es tan injusto que, además de meter en un mismo saco a personas de países tan distintos como Guinea Ecuatorial, Níger o Sudáfrica, suele reducirlas a la categoría de pobres, sin cultura y con todo por aprender. Siempre les damos un lugar entre el alumnado, y nunca como maestros (salvo del djembé, la kora y poco más). Es como si pensáramos que en África no hay universidades o personas que trabajan a diario; como si no hubiera el mismo talento, creatividad y ganas de emprender que en cualquier otra parte del mundo.

Eso sucede, entre otras razones, porque los medios de comunicación ponen el foco casi siempre en lo mismo: las vallas de Ceuta y Melilla, los cayucos, la pobreza. Parece que nada ni nadie bueno o inteligente pudiera venir de allí. De hecho, apenas le prestan atención a perfiles como los de Jolie Mputela, una congoleña licenciada en Ciencias Políticas; Amina Mohammed, una nigeriana licenciada en Administración de Empresas; o Koudjo Klevo, un periodista togolés. Tampoco ponen demasiado énfasis en que muchos migrantes africanos hablan francés o inglés —además de su lengua materna— o en que construyen vínculos comerciales con sus países de origen que mueven cientos de miles de euros anuales (solo desde el puerto de Bilbao, exportan unos 200 contenedores). Pese a que esa realidad está ahí, a pie de calle, nos sigue costando pensar en ellos como proveedores de servicios, clientes o socios empresariales.

Según explica George Belinga, uno de los fundadores de Koop SF 34, en esta entrevista que publicó El Correo, «los extranjeros, en particular si son de origen subsahariano, tienen muchas más barreras que otras personas para sacar adelante sus iniciativas empresariales». Y, como menciona en Up! Euskadi —el blog de emprendimiento del Gobierno vasco—, hay una «gran cantidad de talento desaprovechado, tanto por parte de las empresas como de las instituciones […] talento hundido a base de ayudas paternalistas, ilegalización de personas, persecución policial, falta de formación adecuada o simple desconocimiento…». Además, los medios de comunicación suelen ahondar en lo conflictivo (1 y 2) y obviar los ejemplos de convivencia constructiva.

Crear un entorno para que el talento germine

koops1A falta de una tierra fértil donde la semilla subsahariana pudiese germinar, George Belinga y su socio Betto Snay decidieron ir más allá y salirse del cauce establecido. ¿Por qué no creamos un vivero donde cobijar las ideas laborales de otras personas y las apoyamos para que prosperen?, se preguntaron en 2015. En líneas generales, así fue el origen de Koop SF 34, el espacio de coworking y microproyectos sociales radicado en uno de los barrios con mayor índice de población extranjera de Euskadi.

Como ha reconocido el Consejo de Europa, la propuesta de esta cooperativa está en sintonía con el trabajo que hacen organizaciones similares en Alemania, Reino Unido o Italia. Koop SF 34 apuesta por aunar desarrollo económico y social a la hora de mejorar las condiciones y la calidad de vida en su barrio. Para ello, parte de dos premisas:

  1. cualquier persona tiene conocimientos y saberes que pueden ser útiles laboralmente;
  2. es necesario que haya más personas de origen subsahariano liderando emprendimientos diversos.

Fiel a esos principios, la cooperativa ha consolidado ya cinco iniciativas y prevé concretar otras dos este año.

En este momento, tiene una oferta educativa de lo más sugerente: entrenar con un judoca de élite, como el centroafricano Hardi Malot; aprender wolof con la senegalesa Fatou Dieng —quien además es comerciante y despachante de aduanas—; explorar la creatividad pictórica, junto a la asociación AmiArte y el camerunés William Suh; o desinhibirse y ponerse en forma al ritmo de la kizomba, con el angoleño  Daniel Kikadi. También se pueden dar clases de comercio y exportación con el vascocamerunés George Belinga, uno de los impulsores de Africanized Commerce. En fin, toda una colección de talento al servicio de la comunidad bilbaína, sin importar el color de la piel o el país de nacimiento.

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Una clase de afrodance durante la Kizomba Week celebrada en abril de 2017. Foto: Koops.

«Nuestro barrio es maravilloso y queremos impulsar su crecimiento, ofrecer una imagen distinta, más positiva de él. Hay mucho que construir como sociedad, desde los vecinos hasta los Estados», nos decía hace tiempo el senegalés Mamadou Ngom, que también colabora en Koop y es más conocido como Marra. Georges Belinga insiste en la misma idea ahora: «Queremos seguir avanzando y lanzar los dos proyectos que tenemos pendientes: el mercado de las especias, orientado al empoderamiento femenino, y los talleres de educación en la diversidad, dirigido a los niños que están creciendo en una sociedad multicultural. No puede ser que los chavales de distintos colegios, barrios y procedencias solo se encuentren cuando toca competir. ¿No sería mejor brindarles un espacio donde se encuentren a cooperar?»

La charla TED y el arte de tender puentes

El buen hacer de esta cooperativa subsahariana no ha pasado desapercibido. Sin ir más lejos, en abril de este año, Georges Belinga fue invitado a dar una charla TEDx en Vitoria y explicar cuáles son las bases sobre las que se apoya el proyecto. Allí, como se puede ver en el vídeo oficial, explicó los orígenes y los objetivos de Koop, pero también compartió su historia personal. Hijo de un camerunés y una vasca, «negro» cuando está en Europa, «blanco» cuando está en África, él es un buen ejemplo de las identidades múltiples que describe Amartya Sen. La clave de este changemaker es que no se ha aferrado a una única pertenencia, sino que ha aprendido a convivir con su mestizaje cultural.

«No todo el mundo conoce la relevancia de las charlas TED. Pero las personas que sí, flipan. No dejan de preguntarse “cómo han llegado estos ahí”», señala Georges con su inconfundible acento vasco. Lo cierto es que él mismo estaba sorprendido al principio, aunque la experiencia de Koop le había dejado algo claro: su talento consiste en utilizar la hibridación como bisagra entre personas y culturas. Aunque lo suyo es el márketing y el comercio, lo que le sale realmente bien es tender puentes.

Puentes que unen África y Europa, pero que también generan lazos entre los propios africanos, porque lo de «inmigrante subsahariano» no es más que un rótulo impreciso y comodón. Al otro lado del Sáhara hay tanta diversidad como en este. Hay países, para empezar. Y personas que hablan lenguas diferentes, que han tenido experiencias distintas y que pueden aportar miradas únicas. El logro más difundido de esta cooperativa es que ha roto el estereotipo del africano improductivo, delincuente o merecedor de compasión. Pero el logro más profundo es que ha conseguido trabajar con las diferencias para alcanzar un objetivo común.

La cooperativa africana y el Consejo de Europa

En 2017, el Consejo de Europa ha seleccionado a Koop SF 34 para participar en el programa de incubadoras interculturales. El reto para todas ellas es el mismo: convertir la diversidad en la fortaleza de aquellas ciudades y empresas capaces de acogerla y de fomentarla. Tras asistir al primer encuentro que se celebró en Barcelona, Belinga se declara ilusionado con la propuesta europea: «Fuimos con pocas expectativas; sin embargo, nos encontramos con que hay bastantes organizaciones en Europa haciendo cosas parecidas. Es más: en Londres, hay un proyecto gemelo al nuestro».

Estos encuentros reúnen incubadoras interculturales con incubadoras tradicionales de empresas y con representantes gubernamentales. En una primera instancia, el objetivo es conocer los proyectos en los que trabajan quienes participan y, a partir de ahí, aprender, establecer alianzas y optimizar mecánicas de trabajo. El fin último del programa es elaborar un documento colectivo que explique cómo hacer una incubadora intercultural y de qué modo las ciudades y empresas pueden beneficiarse si la incorporan en su día a día. La siguiente ronda será en septiembre en Alemania. Entre tanto, y mientras avanza el proyecto, la conclusión de Belinga es clara: «En Bilbao nos movemos al mismo ritmo de Europa».

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Primera reunión, en Barcelona, de las incubadoras sociales impulsadas por el Consejo de Europa.

Semana africana con invitados de primer nivel

El último gran proyecto de Koop es organizar su primera semana de África en Bilbao. Hasta ahora, la celebración se reducía al consabido 25 de mayo, Día de África; sin embargo, este año han cooperado con otras instituciones —como la Diputación de Bizkaia, el Ayuntamiento de Bilbao, Médicos del Mundo o la Fundación Ellacuría— y han lanzado una ambicioso programa de actos. Además, según Belinga, la idea no es revindicar África, sino proponer una semana de actividades que permitan hacer llegar a la sociedad una mirada africana sobre la interculturalidad.

Entre los actos (ver programa completo más abajo), destaca el del lunes 22, dedicado a la discriminación positiva y el emprendimiento femenino. Los ponentes serán Jaume Lanaspa, director general de la fundación La Caixa; Rita Bosaho, la primera y única diputada negra que hay en el Congreso;  Asier Alea, director de Promoción Exterior y Turismo de la Diputación de Bizkaia; y Alfonso García, director de Empleo, Inclusión Social e Igualdad  de la Diputación.

El martes y el miércoles el protagonismo recaerá en el baile, las historias de mujeres africanas y en debatir sobre feminismo desde una perspectiva afro y desde el islam. El jueves habrá un marcha para recordar a las más de 20.000 personas que han muerto ya en el Mediterráneo. El viernes será el momento para escuchar las historias de activistas políticos como Desiree Bela, Jessica Lukombo o Rubén H. Bermúdez. El sábado se cerrará la semana con un mercadillo social, que a Belinga y a Koop les gustaría que fuera una invitación a que la gente se acercara al barrio y conociera de primera mano quiénes son sus vecinos.

 

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Artículo

Rubén H. Bermúdez: «No necesitamos otra historia de sufrimiento»

En viernes pasado, en La Fábrica, Rubén H. Bermúdez presentó Y tú, ¿por qué eres negro?, un fotolibro que explora qué significa hoy ser negro y español. Nacido en Móstoles en 1981, este hincha del Atlético de Madrid indaga en su historia personal para explicar el sentimiento de extrañeza que le ha acompañado desde niño, su evolución política o el modo en que ha ido construyendo su identidad afroespañola. Este libro es el fruto de 4 años de investigación y algo más de un año trabajando a todo ritmo con una beca FotoPres. De la presentación, nos trajimos 11 flashes sobre el autor y el libro.

Por Rubén A. Arribas y Laura Caorsi
@estoy_que_trino / @lauracaorsi

01 | El punto de partida. Rubén H. Bermúdez (Móstoles, 1981) nació en un entorno blanco: toda su familia era blanca, excepto él. En el colegio, también fue el único negro hasta que un día llegó otro chico; otro que, según su profesor don Ramón, era «negro puro»; a diferencia de él, se entiende, que era negro, pero no tan puro… En su casa, nadie hablaba del tema. Mejor evitar los asuntos espinosos, ya se sabe.

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02 | El primer hallazgo. Un día, después de un partido del Atlético de Madrid, se cruzó en la calle con un tipo negro que lo saludó y se paró a hablar con él. Resultó ser un activista del movimiento panafricano. Durante la conversación, este le hizo la misma pregunta que todo el mundo: ¿por qué era negro siendo hijo de una familia española? Era la primera vez que una persona negra le formulaba esa pregunta. También fue la primera vez que le lanzaron una hipótesis que lo descolocó. A partir de sus apellidos —Bermúdez y Barriga—, el activista le dijo que podía ser descendiente de africanos que fueron esclavizados en España entre los siglos XV y XIX. ¿Esclavitud en España? ¿Eso cuándo lo explicaron en el colegio?

03 | Ausencia de referentes. ¿Qué referentes podía tener un niño negro en las décadas del 80 y del 90 en España? Pocos, muy pocos. Y tú, ¿por qué eres negro? recoge algunos de ellos: los Conguitos, el Cola Cao, la canción playera de Georgie Dann… Impacta ver, por ejemplo, que en la portada de la mítica serie de Érase una vez el hombre no había una sola persona negra (tampoco ninguna mujer…). Por suerte, y según muestran las páginas del libro, fueron apareciendo otros referentes algo más talentosos, como Magic Johnson, Carl Lewis o Grace Jones. De todos modos, el favorito de Rubén siempre fue Ruud Gullit. Tanto que empezó a sentirse un poco holandés.

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04 |El gesto de extrañeza. Al revisar el álbum familiar, Rubén descubrió algo común en muchas de las fotografías: una mueca de extrañeza; la de quien se siente —o a quien le hacen sentir— diferente; un gesto que puede metaforizar esa tensión permanente entre el silencio familiar y la insistencia de otros en preguntarle por su diferencia. Algunas de esas expresiones pueden apreciarse en la imagen que eligió La Fábrica para anunciar la presentación del libro.

05 |En conflicto con la identidad. Bermudez-xq-negro-3Si tú has nacido en Móstoles, te sientes español; tanto como cualquiera de tus vecinos, ¿no? Es lo normal. Por eso, cuando alguien te pregunta de dónde eres y le dices que de Móstoles, y no te cree e insiste en preguntarte que de dónde eres, al final, terminas por entender que esa persona cree que eres de fuera… Si eso te sucede muchas veces —y te sucede—, terminas sintiéndote no aceptado y en conflicto con tu identidad. Es más: terminas teniendo una infancia difícil y sintiéndote casi más holandés que español. Al fin y al cabo, en la selección de Holanda juega tu ídolo: el gran Ruud Gullit.

06 | La pérdida de la inocencia. A Lucrecia Pérez, la mató un guardiacivil por ser una «negra de mierda». Sucedió en Aravaca (Madrid) en 1992 y es considerado el primer asesinato racista de la España democrática. Rubén tenía entonces 11 años, cuenta en el libro, y añade: «El impacto fue tremendo. Ese día entendí que era negro».

07 | De niño simpático a joven sospechoso. Otro día, en un aparcamiento, le sucedió algo parecido a lo que había visto en el capítulo «Identidad errónea» de El príncipe de Bel Air: se quedó en el coche esperando a su madre y la policía, al ver un negro solo en un coche, se le acercó y le pidió el carné. «No tienes pinta de apellidarte Bermúdez», le dijeron. Lo humillaron, lo intimidaron. Ese día empezó a dejar de ser un negrito simpático para convertirse en potencial sospechoso de cualquier cosa mala que sucediese a su alrededor. Como Carlton en la serie, debió aceptar que la policía suele sospechar de ti si eres negro. Los perfiles raciales existen. Y se aplican.

08 | Tres fotógrafas, tres puntos de inflexión. En sus inicios, el proyecto de Y tú, ¿por qué eres negro? describió una trayectoria algo cambiante. Lo único que parecía claro era la constante acumulación de todo tipo de fotos y la libertad a la hora explorar cualquier arista relacionada con la negritud. Uno de los momentos clave para empezar a centrar el asunto sucedió cuando Rubén se incorporó a la revista Clavoardiendo; allí publicó 3 entrevistas con fotógrafas que lo marcaron en términos políticos: Inés Plasencia, quien le hizo ver que la fotografía es un agente importante en la construcción del racismo y lo puso sobre la pista de Guinea Ecuatorial; Agnes Essonti que lo ayudó con la clave autobiográfica; y Verónica Fieiras, cuyo trabajo sobre los desparecidos le resultó inspirador.

09 | Del gesto de extrañeza al gesto político. Rubén pertenece a ese grupo de artistas que se cuestionan desde dónde hacen las cosas, a quién se dirigen, cuál es el propósito de su trabajo. Él sostiene que la suya es «una mirada afrocentrada»; una mirada comprometida con la comunidad negra y rebelde contra el discurso fotográfico hegemónico. En el fondo, lo uno y lo otro están bastante unidos: casi toda la cultura fotográfica, explicó en la presentación, la ha producido la mirada del varón blanco, la mirada occidental; por tanto, a un negro mostoleño como él, formado en esa tradición tan poco diversa y centrada en sí misma, lo único que le queda es reapropiarse de ese imaginario y devolvérselo a la sociedad convertido en otra cosa. ¿Por ejemplo? En forma de un fotolibro que es un ensayo visual sobre la negritud.

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10 | El significado del color. «Ser negro es una construcción social. En Senegal yo no sería negro», dijo Rubén. Tampoco lo sería, insistió, si tomamos como referencia el trabajo Humanae, de Angélica Dass, sobre el color de la piel. Asimismo, la negritud es una construcción sobre la que conviene pensar. Al respecto, Rubén habló de algunas lecturas o artistas que lo han marcado: desde clásicos como Malcom X, Martin Luther King, Franz Fanon o Angela Davis a El Chojin, Ta-Nehisi Coates o Chimamanda Ngozi Adichie.

11 | Un libro con destinatario. Y tú, ¿por qué eres negro? es un libro que busca aportar algo constructivo a la comunidad negra. «No necesitamos otra historia de sufrimiento», dijo Rubén. De ahí que determinadas decisiones estéticas puedan leerse también en clave política; por ejemplo, evitar las imágenes de negros sufriendo (o, en todo caso, ponerlas fuera del encuadre). Es decir: evitar lo mil veces contado y proponer algo distinto, huir de la historia única y crear ese libro diferente que a él le hubiera venido bien encontrar en algún momento de su vida. Por ahora, dijo, los blancos lo reciben como un aprendizaje o una patada. En cambio, a los negros, les llega como lo que necesitan: un abrazo.

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Arte urbano y Fotografía

La permanence: por qué deberías ver este documental de Alice Diop

El escenario es un modesto consultorio de unos 10 metros cuadrados, ubicado al final de un pasillo perdido de un hospital público francés. Allí se atiende a personas en situación de exclusión social y a inmigrantes sin papeles, solicitantes de asilo y refugio. O dicho de otro modo: a personas que, además de enfermas, están rotas anímicamente.

La directora francosenegalesa Alice Diop asistió a esa consulta durante un año y grabó las entrevistas médicas con los pacientes. A través de ellas conocemos de primera mano la vulnerabilidad y la precariedad vital de quien acude y el compromiso ético y la generosidad de quien atiende. La permanence (2016) muestra las consecuencias que ciertas decisiones en materia de sanidad tienen sobre las personas migrantes. También es un ejemplo de militancia política ante la indiferencia moral que asola a los Gobiernos europeos.

Por Rubén A. Arribas y Laura Caorsi
@estoy_que_trino / @lauracaorsi

Todo sucede en la pequeña y desvencijada sala del servicio de guardia del hospital Avicenne de Bobigny, en la periferia de París. Allí un médico generalista algo políglota —Jean-Pierre Geeraert— y una psiquiatra pasan consulta. Frente a su mesa, se ve una puerta que da a una oficina donde una trabajadora social resuelve el papeleo administrativo. Fuera, en la sala de espera, esperan su turno personas refugiadas, con la petición de asilo pendiente o migrantes sin cobertura médica. Es uno de los pocos sitios donde los pacientes reciben una atención profesional y gratuita por parte del Estado, así que muchos han viajado incluso desde otras ciudades de Francia.

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Fotograma de La permanence, tomado de la web Directors Notes.

Lo menos terrible de todo cuanto sucede en esa minúscula habitación, por increíble que parezca, es el diagnóstico de las enfermedades. Casi siempre, una conjuntivitis, una diabetes o una fractura mal curada suelen esconder un dolor mucho más profundo: la ausencia de noticias de la familia. No hay angustia más grande que haber huido de tu país —Sri Lanka, Guinea Conakry, Pakistán, Bangladesh, Sudáfrica…— con lo puesto, verte solo en Francia durmiendo en la calle y, encima, no saber si los tuyos están bien. Así, lo habitual es tener problemas para dormir, sentir que la cabeza te va a explotar o padecer una crisis de ansiedad aguda. Es difícil sentir mayor sensación de extravío o desamparo que en el exilio forzado.

Bueno, sí que es posible… Es posible cuando, a esa situación de precariedad vital, hay que sumarle las barreras administrativas existentes. Todo trámite para un migrante, por definición, es largo, confuso y no pocas veces arbitrario. La permanence aporta una detalle clave para entenderlo: la Administración francesa se comunica por correo postal, y sin embargo muchas de las personas afectadas por esos trámites duermen en un parque o en la calle. Por tanto, al dolor del exilio deben sumar el de la indigencia y el de la indiferencia administrativa.

Es más, aún les queda un cuarto drama con el que lidiar: la incomunicación. La mayoría de las personas que acuden a la consulta no hablan bien francés (o hablan un inglés tan limitado como el del médico que los atiende…). Por tanto, no pueden poner en palabras lo que les sucede, lo que sienten, lo que necesitan. Sin embargo, valoran ese rato de charla casi tanto como una radiografía o un analgésico: necesitan salir de su soledad y encontrar un espacio no hostil donde alguien los llame por su nombre y, al menos como enfermos, les haga recobrar su dignidad.

El médico y su compromiso político frente a los recortes

A medida que avanza el documental, la figura del doctor Geeraert se convierte en un icono del compromiso con el código deontológico. Sin perder nunca la distancia ni la sobriedad, este médico prescribe ansiolíticos, redacta certificados, aconseja sobre trámites administrativos y escucha historias brutales sobre quemaduras, cárceles o palizas a golpe de fusil. A la par, y sin perder su tono sobrio y profesional, pregunta por la familia o por la situación personal, y busca ahí un resquicio por donde transmitir una pizca de esperanza, consciente de que, más que una pastilla, la persona que tiene enfrente necesita un asidero para resistir y agarrarse a la vida. «Me siento raro al recetar antidepresivos en estas situaciones. Uno se pregunta para qué sirve eso. No es sino la expresión de nuestra impotencia», dice en un momento de la película.

Una impotencia que es medible de muchas maneras. Quizá las más llamativas sean dos: la ausencia de medios tecnológicos para una atención primaria y la falta incluso, en un momento dado, de papel para las recetas. La permanence nos habla de las trampas que hace el Sistema: por un lado, la ley obliga a los hospitales públicos a abrir una consulta gratuita como la del Geeraert; por otro, el hospital se escuda en las restricciones presupuestarias para no abrirlas o impedir que esas personas reciban una atención sanitaria digna.

De hecho, según explicó Alice Diop en la charla posterior a la proyección en la Cineteca (Madrid), estas consultas se colocan en los lugares más sórdidos y menos acogedores de que disponen los hospitales. Es como si todo quisiera indicarle a quienes usan estos servicios que están de más, que sobran, que la sociedad no los quiere. Que les están haciendo un favor. Según Diop, estas consultas permanecen abiertas porque existe una generación de médicos comprometidos políticamente que, con su trabajo y esfuerzo, cubren las huecos que deja —a veces a propósito— el Estado. En otras palabras: porque existe un compromiso ético personal, no porque existan políticas estatales.

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La directora, Alice Diop, en la Cineteca, durante el coloquio posterior a la proyección.

El respeto (o la importancia de ponerse en la piel del otro)

En el coloquio, Alice Diop puso especial énfasis en que hacer periodismo o documentalismo sobre las personas migrantes debe tener un límite claro: el respeto por el otro. Por desgracia, ese es un valor que vende poco en estos tiempos donde lo que se premia es el voyerismo o la pornografía, según dijo. En La permanence, el respeto es palpable a través de lo que se muestra (y lo que no) en cámara, o del ángulo elegido a la hora de enfocar (y, por tanto, de contar). A esa consulta acuden, por ejemplo, mujeres que tienen quemaduras de ácido en la cara o en la espalda causadas por sus parejas, y sin embargo no vemos su rostro.

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Fotograma de La Permanence, tomado de la web Directors Notes.

Otra manera de medir el respeto es el tiempo que se dedica a entender un problema antes de sentarse a escribir, fotografiar o montar una película. Alice Diop pasó un año yendo a esa consulta —todos los viernes— para comprender la profundidad de lo que allí sucedía. Primero, acudió como oyente; luego, a los 4 meses, empezó a grabar audios y a transcribir las entrevistas médicas; a los 8 meses, hizo algunas fotografías y, por último, pasado el año, comenzó a grabar en vídeo. Así supo como generar un clima de intimidad y colocar una cámara no intrusiva.

Ryszard Kapuscinski dejó escrito que las personas son «la materia más delicada de este mundo» a la hora de escribir y que conviene tenerlo en cuenta por dos razones. Una: porque «con lo que escribimos podemos destruirles la vida»; y dos: porque hablamos de «gente que carece de recursos para defenderse, que no puede hacer nada». Consciente de ello, Alice Diop vela por la integridad y la imagen de quienes salen en su documental y apuesta por un cine ético, alejado por completo de la trituradora mediática que tan bien sabe explotar las aristas sórdidas de cualquier vida.

Es más: La permanence es un cine que humaniza a esas personas que otros criminalizan, marginan y humillan. De hecho, lo más político del documental es, según la propia directora, cómo el doctor Geeraert llama a los pacientes por su nombre y escucha su historia, es decir, su inquebrantable voluntad de tratarlos como las personas que son. Que estén en una situación de precariedad vital extrema o que casi nadie quiera ocuparse de ellos no los convierte en menos personas que otras. Al contrario, como dijo Alice Diop, La permanence no es un documental sobre seres derrotados, sino sobre héroes y heroínas que han salvado muchos obstáculos hasta llegar a esa consulta.

P.D.: si habláis francés, esta entrevista con Alice Diop y esta reseña sobre La permanence pueden seros útiles. Aquí, una reseña en español.

Alice Diop estrenó el documental en el 38.º Festival Cinéma du Réel y fue producido por Athénaïse y coproducido por el canal Arte France
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Premios RECI: 4 proyectos que muestran el valor de la diversidad cultural

El 29 de marzo de 2017 pasará a la Historia como el día en que Reino Unido se divorció de la Unión Europea. Miles de vídeos, fotos y artículos se encargarán de recordarnos la fractura. Serán menos quienes recuerden o sepan que ese mismo día, en una discreta sala del CaixaForum Madrid, cuatro proyectos fueron premiados por construir puentes en tiempos de grietas.

Por Rubén A. Arribas y Laura Caorsi
@estoy_que_trino / @lauracaorsi

La diversidad cultural es un hecho creciente en Europa y gestionarla con acierto es el reto del siglo XXI. El desafío no es solo adaptarse a ella o acostumbrarse a que existe, sino convertirla en fuente de prosperidad económica, cohesión social y calidad de vida para toda la ciudadanía. Es decir: en un valor. Conseguirlo no es sencillo ni inmediato —cuesta más tejer lazos que cortarlos—, pero tampoco es imposible. La Red de Ciudades Interculturales (RECI) trabaja desde hace 10 años para demostrarlo.

Los 4 proyectos premiados

Actualmente, 15 ciudades españolas y la isla de Tenerife forman parte de esta red, que está vinculada además con la europea. Más de 100 municipios de distintos países han formalizado su compromiso por trabajar y avanzar conjuntamente hacia un modelo de ciudad intercultural. ¿Y qué es eso? Un espacio donde se promueven los valores de la diversidad, se fomenta la interacción social positiva entre la población y se lucha contra la discriminación o la exclusión de personas o colectivos.

Existen 4 iniciativas originales que han sabido colocarse en la intersección de estas líneas y que, por ello, han sido premiadas. Son las siguientes:

01 | La Policía Municipal de Fuenlabrada. Los indicadores de criminalidad de Fuenlabrada están entre los mejores de España. De hecho, llevan más de una década bajando a pesar de la crisis económica y de que, en principio, la ciudad tenía todas las papeletas para ser un escenario de conflicto: municipio de periferia con un elevado porcentaje de población diversa y 20 polígonos industriales (alguno casi monopolizado por el empresariado chino).

Hace 17 años, la policía asumió como reto incorporar la diversidad en su práctica cotidiana, como una manera de servir mejor a toda la ciudadanía. Para ello, según explicó José Francisco Cano, jefe de la Policía de Fuenlabrada, abrieron su equipo a la diversidad, se formaron en la materia, pusieron el foco en luchar contra los delitos de odio y revisaron su política de identificación de las personas en función del perfil racial. Tiempo después decidieron incorporarse al proyecto europeo de ciudades interculturales.

En la actualidad, colaboran con múltiples asociaciones locales: la Asociación Mujeres Integradoras Al Umma, el Centro Cultural Islámico de la localidad o la Asociación Arriba Perú, Carajo. Una de las claves del éxito de este proyecto es un mensaje inequívoco: tolerancia cero con los delitos de odio.

+ info: «Fuenlabrada explica en Bruselas sus políticas de gestión de la diversidad», cadena SER; «La Policía Local de Fuenlabrada, al servicio de la diversidad», diario 20 Minutos. «La Policía de Fuenlabrada, contra el odio», en El Mundo. La policía tiene cuenta de Twitter.

02 | La Escola Joaquim Ruyra. El alumnado de este colegio público de L’Hospitalet de Llobregat obtiene unas calificaciones tan brillantes como las de los colegios de élite. Eso sí, a diferencia de estos, el 92 % de su población escolar está formada por niñas y niños de origen extranjero y recursos económicos modestos. El dato es representativo de la complejidad social asociada al barrio de La Florida, donde ejerce su labor. Dada esta situación, el colegio buscó un proyecto educativo que, basado en la evidencia científica, le permitiera acometer el reto de educar a una población escolar tan diversa.

Los docentes encontraron y desarrollaron un modelo educativo basado en las comunidades de aprendizaje y en la puesta en práctica de valores como la solidaridad, la cohesión y la inteligencia colectiva. También en la oportunidad de integrar a las familias en el proyecto. La clave es que la escuela salga al barrio y, recíprocamente, que el barrio entre en la escuela; así, gracias a ese entrecruzamiento cotidiano, todo el mundo ha logrado algo notable: interiorizar la idea de «somos diversidad». Y al interiorizarla, según explicó Raquel García, directora de la escuela, la asumen como propia y no necesitan cuestionársela.

Además, el proyecto no se agota en lo académico: esta escuela es un lugar de encuentro donde se aprovecha el bagaje cultural de los niños y de sus familias. Mientras los pequeños debaten sobre los clásicos de la literatura universal, los adultos comparten experiencias o recetas. Incluso prestan apoyo en la clase de Matemáticas. En los periódicos lo llaman el «colegio milagro» o la escuela que «cuestiona las teorías» del tirano informe PISA, y con razón.

+ info: el artículo «Milagro en L’Hospitalet», publicado por El Periódico; «El colegio milagro que revoluciona la educación en España», publicado por El Mundo. El colegio tiene cuenta de Twitter.

03 | Escuela de Tendencias Urbanas. Jesús García Herradón trabaja en Logroño desde hace 30 años con menores considerados como conflictivos, residentes en su mayoría en barrios con elevado índice de población diversa. Lejos de suponerlos un caso perdido y abandonarlos a su suerte, este educador social y su equipo apuestan por desarrollar su potencial creativo. Allí, donde otros solo ven «chavales que fuman porros» y un foco potencial de delincuencia, esta iniciativa explota las ventajas de la diversidad bien orientada y obtiene arte, gente motivada y buen rollo.

Su programa estrella son las Escuelas de Tendencias Urbanas, creadas hace 6 años. Estos espacios son autogestionados por los jóvenes y en ellos se imparten talleres de baile, circo, grafiti o cualquier otra disciplina en la que los chavales tengan interés. Dos factores parecen ser la clave del éxito: uno, darles un espacio físico a los chicos y chicas donde reunirse; otro —más importante aún si cabe—, incluirlos de manera integral en la gestión.

Dado que quienes participan construyen un proyecto acorde con sus expectativas, la mezcla entre personas de diferentes procedencias, capacidades o realidades socioeconómicas sucede de manera natural. De las escuelas han salido bandas sonoras, como la del vídeo, o alguna que han hecho para Medicus Mundi.

+ info: la empresa que gestiona estas escuelas se llama Enzigzag.

04 | MOB: Makers of Barcelona. MOB es un espacio de coworking constituido por unas 300 personas de diversas procedencias. Allí ser extranjero no supone un lastre, sino un valor muy apreciado; de hecho, lo normal es mezclarse y buscar la creatividad inherente a los equipos interculturales. Además de compartir sitio físico en Barcelona, estos makers cosmopolitas tienen una pasión en común: la tecnología. También un objetivo que los une: utilizarla para empoderar a la gente de a pie. Si tu abuela jamás ha visto una impresora 3D, MOB es tu aliado perfecto para enseñarle cómo funciona.

Entre los proyectos más conocidos de este espacio, está la primera manifestación de hologramas del mundo… Sí, hologramas en vez de personas. Los hologramas protestaron en Madrid contra la Ley Mordaza ante el Congreso de los Diputados en abril de 2015… Y la policía no pudo detener a nadie, claro.

El rostro visible de MOB es la inconformista Cecilia Tham. Ella nació en Hong Kong, es hija de refugiados birmanos, se licenció en Harvard y es una mujer emprendedora donde las haya. Si quieres probar su talento para motivar a quienes trabajan con ella, échale un vistazo a su charla TED «The power of us» o a esta entrevista:

+ info: Puedes seguir a Cecilia Tham en Twitter. También a los Makers of Barcelona.
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La inmigración explicada a mi hija, Sami Naïr

¿Merece la pena leer en 2017 un libro publicado en 2001? ¿Tiene algo que contarnos aún La inmigración explicada a mi hija (DeBolsillo, 2001), el clásico de Sami Naïr? Por desgracia, sí: muchos de los análisis y diagnósticos realizados entonces siguen vigentes o nos permiten apreciar el camino recorrido en materia migratoria. De hecho, Naïr incluyó este texto en La Europa mestiza. Inmigración, ciudadanía, codesarrollo (Galaxia Gutenberg, 2010), el libro que compila buena parte de su obra intelectual.

inmigracion-hija-nairLa inmigración explicada a mi hija es un libro didáctico y de carácter divulgador. Está estructurado en forma de charla entre Naïr y su hija de 16 años, y capítulo tras capítulo acomete los grandes temas asociados a la inmigración: el fantasma de la «marea humana», el racismo, las generaciones, el sistema universal de protección de los derechos humanos… Naïr habla en calidad de padre francés con familia argelina y de residente en España, pero también, claro está, como el catedrático de Ciencias Políticas, doctor en Filosofía Política, doctor en Letras y Ciencias Humanas, asesor político y experto en migraciones que es. El resultado es un libro de fácil lectura que permite acceder a varias ideas fundamentales de su pensamiento.

Al publicarse en 2001, el libro nació al calor de la ley orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social. Tanto es así que, a modo de anexo, incluye el texto íntegro de la ley (además de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789). De lo mucho que se puede comentar, hay tres cuestiones que, por su actualidad, quizá llaman la atención más que otras: la construcción de un islam europeo, la autopercepción de los españoles como migrantes y ciertos cálculos demográficos y reflexiones políticas.

1. El islam: la encrucijada de la pluralidad religiosa

En el capítulo «Una nueva religión europea», Naïr realiza el siguiente vaticinio:

Si los inmigrantes musulmanes se sienten abandonados, despreciados en su fe, se encerrarán en sí mismos y harán de su religión un refugio identitario contra la dureza de la sociedad de acogida. Además, los Estados de donde proceden intentarán controlarlos por medio de la religión. Financiarán la construcción de mezquitas, enviarán a ministros de culto que estarán a sueldo del país de origen e impondrán su propia visión del islam en el país de acogida. Numerosos países ricos de confesión musulmana ya lo están haciendo. En fin, también los movimientos integristas acechan a la inmigración. Se aprovechan del desasosiego de los inmigrantes no integrados, del racismo, de la marginación, para propagar su fanatismo religioso y transformar la confesión en ideología política. Por eso creo que no hay postergar la ayuda a aquellos inmigrantes que quieren integrar su religión democráticamente en el país de acogida.

Lamentablemente, a la vista está que los países europeos hicieron poco o nada para solucionar un problema que saltaba a la vista. Hoy vivimos una ola de islamofobia de una intensidad impensable entonces. Es más: la actual imagen mediática del migrante musulmán dista mucho de la persona trabajadora, pacífica y tolerante que menciona Naïr en el libro. Tampoco parece que sea el mejor momento para la pluralidad religiosa en algunos países. Ahí está, para corroborarlo, lo sucedido el año pasado con el barrio de Molenbeek tras los atentados de Bruselas o lo ocurrido hace poco durante las elecciones de los Países Bajos.

(Un inciso: resulta recomendable ver este reportaje de Euronews que recoge algunos de los grandes hits de la campaña holandesa. A saber: Geert Wilders llamando «escoria» a los marroquíes, los hijos holandeses de los migrantes marroquíes hablando de que son tan holandeses y holandesas como cualquiera, los gais autóctonos quejándose del acoso de los migrantes musulmanes… En fin, el reportaje es breve, pero da cuenta de la complejidad que entraña la convivencia y da la pauta de lo poco que trabajamos en políticas de inclusión y de gestión de la diversidad).

En todo este tiempo, diría Naïr, ha faltado voluntad para construir «un islam europeo». Quizá eso suene algo duro a oídos de políticos como Esperanza Aguirre —recuérdese su tuit sobre los Reyes Católicos— o Francisco Marhuenda —véase su tuit donde dice que «los musulmanes nacieron matando»—, pero la demografía manda: en 2001 ya eran 15 millones las personas que practicaban el islam en Europa, es decir, ya entonces estábamos ante «la segunda religión europea». Por tanto, resulta tan absurdo ignorar su presencia como proponer soluciones incendiarias a la Wilders o a la Le Pen (también, todo sea dicho, sobra lo de Erdogan llamando «fascista» a Holanda, un país mucho más tolerante y democrático que el suyo…). Tenemos que aprender a convivir, de eso se trata.

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Según Naïr, esa convivencia la debemos forjar alrededor de tres ejes: construir un espacio público laico —neutro en términos políticos y religiosos—, admitir el «pluralismo de confesiones» en el espacio privado y poner la ley como garante de los derechos y deberes de la ciudadanía. No necesitamos echar a nadie; lo que precisamos es pactar unas reglas de convivencia claras y organizarlas a través de la ley. Las democracias, en teoría, funcionan así.

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Ahora bien, eso implica un desafío para quienes vienen y para quienes acogen. Por un lado, los musulmanes deben adaptarse a la cultura de la sociedad que los recibe y construir un islam ajustado a ese ámbito, es decir, «un islam español». En palabras de Naïr, eso les ayudaría, además, «a abandonar la tesitura de extranjeros» (imagino que el ejemplo a seguir sería Sadiq Khan, el alcalde de Londres). Entre las medidas para lograr esa adaptación, Naïr recomienda, por ejemplo, que los imanes sean españoles y formados en España (un modo de evitar los religiosos retrógrados financiados por los petrodólares). Asimismo, considera que los musulmanes europeos deben renunciar a la poligamia, aceptar la igualdad entre varones y mujeres, seguir la educación del país donde residen, evitar politizar las mezquitas y circunscribir la religión al ámbito privado.

Por otro lado, les pide a los Gobiernos europeos —y, en particular, al español— que sean hospitalarios con el culto islámico. Eso incluye establecer con claridad dónde y cómo se pude abrir una mezquita y promulgar leyes que habiliten «centros de plegaria» en espacios públicos (hospitales, aeropuertos, universidades, etcétera). También respetar sus festividades, sus «prescripciones alimentarias» o facilitarles emplazamientos idóneos para que tengan cementerios.

No hay solución ideal, afirma Naïr, pero la convivencia entre religiones es un desafío que debe resolverse por cauces democráticos. Es decir: mediante el diálogo, y no mediante la sharia de unos y las proclamas beligerantes de otros, discursos que solo nos llevan a la eterna polarización que termina en violencia. De ahí que las soluciones que intentemos deban aspirar al sincretismo: nuestras respectivas culturas deben enriquecerse mutuamente, fusionarse, mutar, transformarse en otras capaces de superar las limitaciones de las anteriores. Sí, cambiar: menos esencialismos y más voluntad de cambio, más mestizaje. Una cultura es un punto de partida para abrirse a lo universal, no un candado con el que asegurar el repliegue sobre una identidad particular.

2. La emigración española: al exilio del relato oficial

Otra parte notable del libro es la mirada sobre la emigración española de los 60. Sin entrar en grandes profundidades —algo se puede hacer, por ejemplo, a través de 4.º Mundo, emigración española en Europa, de Andrés Sorel—, Naïr sostiene que España es un país donde las migraciones ocupan un lugar marginal en su relato como nación. Es más, según él, le asignamos el lugar de «fracaso social histórico»:

A mi modo de ver, si los españoles olvidan que también ellos fueron inmigrantes en el extranjero es porque la emigración no constituye motivo de gloria para nadie. Incluso en ocasiones es motivo de vergüenza. Evoca la miseria, el hambre, la dureza de las relaciones entre españoles, en su propia tierra… Una especie de fracaso histórico.

Asimismo, tendemos a idealizar cómo fue aquella migración; lo recordamos todo más bonito de lo que fue. Según Naïr, en general, no fuimos tan bien recibidos como algunos se han empeñado en contar; de hecho, ahí están los campamentos franceses que albergaron a los refugiados de la Guerra Civil. Tampoco accedimos a buenos puestos de trabajo, sino que nos contrataron para los empleos más duros y menos cualificados, y fuimos clandestinos (imperdible al respecto el documental El tren de la memoria). Es más: allí donde fuimos —Países Bajos, Francia, Suiza o Alemania— nos perseguía el sambenito de ruidosos, brutos, violentos, sanguinarios —por los toros— y siempre dispuestos a irse de fiesta. Y pocas veces se hablaba bien de nosotros, pues éramos lo que «los inmigrantes latinos, magrebíes o africanos» son hoy en nuestra sociedad.

Por último, Naïr deja planteadas varias preguntas: aquellos millones de españoles y españolas que emigraron alentados por la dictadura franquista, ¿regresaron o se asentaron en los países de acogida y alimentaron con sus hijos las segundas generaciones de esos países? Es más: ¿cuántos se acogieron al derecho de reagrupamiento familiar y se llevaron a los suyos al país donde vivían?

Moraleja: antes de criticar la reagrupación familiar ajena, revisemos lo que hicimos nosotros en el pasado… Incluso vayamos más allá y pensemos en los amigos o conocidos que se han ido durante esta crisis a vivir a Dinamarca, Chile o Estados Unidos: ¿y si un día quisieran reagrupar a sus padres o hermanos para tenerlos más cerca, por razones de salud, etcétera?

3. Demografía, polarización social y miedo a perder lo conseguido

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Sami Naïr. Foto: Wikimedia.

Por último, me han interesado tres reflexiones de contexto. La primera tiene que ver con un comentario demográfico: «En el Tercer Mundo, la población crece mucho más deprisa que las riquezas, y en consecuencia tiende a empobrecerse más que a enriquecerse». Es tan cierto como paradójico, pues el problema de Europa es su envejecimiento y su necesidad de aumentar como sea su demografía (sea vía nacimientos, sea mediante migraciones de repoblación, etc.) para conservar su Estado del Bienestar. Curiosamente, en 1960, Europa tenía el 20 % de la población mundial y África, el 9 %; la predicción para 2050, según Naïr, era que las cifras se invertirán: África aportará el 20 % y Europa, el 7 %. En principio, nadie espera que África tenga entonces un peso geopolítico y económico acorde con su demografía.

La segunda idea es que «ninguna sociedad puede evolucionar a un ritmo para el que no está preparada». ¿Por qué? Porque siempre está tensionada entre quienes opinan que la hospitalidad con las personas migrantes significa disolver los cimientos de la sociedad y quienes, si no haces tabla rasa de todo lo que hay, te reprochan que, en el fondo, no quieres cambiar nada. En fin, que la «vía del punto medio», como la define Naïr, tiene mala prensa garantizada (en La Europa mestiza relata algunos de los avatares vividos con el Gobierno socialista francés a vueltas de la política sobre el codesarrollo que trató de impulsar).

La tercera es que las personas migrantes suelen ser las más duras con otras personas en su misma situación. A quienes ya encontraron sitio —o algo parecido a eso— en la sociedad de acogida, toparse con otros migrantes «les recuerda de forma palpable el pasado» y les despierta un gran resentimiento, también miedo a perder lo que ya tienen. Quizá uno de los ejemplos más notables al respecto —y esto lo añado yo— sea que las patrullas fronterizas con las que Estados Unidos controla el paso de México están constituidas por muchas personas de ascendencia hispana. La ferocidad del capitalismo puede palparse en esa lucha por la supervivencia de las capas sociales más débiles.

Para acabar, un dato anecdótico… que no es tan anecdótico. En 2001, Naïr le pregunta a su hija por el francés más importante a nivel mundial. En ese momento, la respuesta que le dio su hija fue «Zinedine Zidane», un segunda generación. Casi 16 años más tarde, la respuesta sea probablemente la misma: el francés más famoso continúa siendo una persona cuyas raíces familiares están en Argelia y cuyo nombre figura en Wikipedia también en árabe. Sin embargo, la selección francesa de fútbol lleva tiempo atravesada por las acusaciones de racismo debido a la inclusión de muchos jugadores negros o la exclusión de algunos jugadores por su origen magrebí. En fin, el reto, como dice Naïr, es el mestizaje y la fusión, no elaborar sofisticados mecanismos de repliegue identitario.

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P. D.: si os sabe a poco la charla entre Sami Naïr y su hija, podéis ver esta conversación entre Samir Naïr y su amigo Tzvetan Todorov (recientemente fallecido). Son unas dos horas (en español). También son recomendables esta entrevista que le hizo Iñaki Gabilondo y esta otra que le hizo Mónica Terribas. Por último, esta entrevista que publicamos con él en revista Teína (2007) y recomiendo esta conferencia.


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