Durante los diez años que estuve al frente de la página de «Nuevos Vascos», en el diario El Correo, tuve la oportunidad de conocer y entrevistar a 200 mujeres migrantes. Jóvenes y no tanto, trabajadoras o en paro, ejecutivas y camareras de hotel, procedían de lugares tan distintos como Chile, Rumanía, Senegal, México o Japón. Unas habían tenido la oportunidad de estudiar, otras no. Unas eran madres, otras no. Unas habían vivido unas odiseas migratorias dolorosísimas e increíbles, otras habían llegado a Europa en avión. Hablar con ellas y conocer sus historias no solo me permitió comprender la enorme diversidad que hay bajo los rótulos mujer o migrante; también me mostró cuánta riqueza (y oportunidades) hay en las diferencias.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

No es lo mismo migrar cuando eres mujer que cuando eres hombre. La Organización Mundial de las Migraciones (OIM) nos recuerda que el género afecta a los motivos por los cuales se migra, quién lo hace, las redes sociales a las que se recurre para hacerlo, las experiencias de integración y las oportunidades laborales en el lugar de destino. «Las expectativas, las relaciones y la dinámica de poder asociadas con el hecho de ser hombre, mujer, niña o niño, y de identificarse ya sea como lesbiana, homosexual, bisexual, transexual o intersexual, pueden incidir considerablemente en todos los aspectos de este proceso», señala la institución.

Las mujeres somos la mitad de la población mundial. También representamos la mitad de personas que migran en el mundo. Según el informe que se presentó en 2016 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, entre 2000 y 2015, el número de migrantes internacionales aumentó en un 41 % y alcanzó los 244 millones. Casi la mitad son mujeres. La misma proporción se aplica a las personas refugiadas: el 50 % de los refugiados del mundo son mujeres y niñas, como recoge ACNUR. No obstante, solo el 4 % de los proyectos de llamados interinstitucionales de las Naciones Unidas se destinaron a mujeres y niñas en 2014, y solo el 0,4 % de todos los fondos para estados frágiles se destinaron a grupos o ministerios de mujeres de 2012 a 2013. Las cifras son de la propia ONU.

Los números dibujan el continente, pero las historias lo dotan de contenido y sentido. Si bien migrar es una experiencia difícil para casi todas las personas —y más en estos tiempos de deshumanización brutal y absoluta—, las mujeres solemos llevarnos la peor parte. En los proyectos migratorios, hay muchas violencias que marcan el antes, el durante y el después. Así que hoy, en el Día Internacional de la Mujer, desde Un Puerto, queremos rendir un homenaje al valor de todas y cada una de ellas (sin olvidar, claro está, a las mujeres que se quedan o regresan a sus países de origen).

A la vista de las entrevistas y artículos que hemos publicado, podemos asegurar que el mundo sería un lugar más inhóspito de lo que ya es sin mujeres que trabajen en el ámbito de la discapacidad, como Paz o como Gloria; sin mujeres que reivindiquen la diversidad sexual, como Solange; sin mujeres que hablen de feminismo, como Nadia; sin mujeres que transformen el dolor en capacidad de ayuda a los demás, como Clementine; sin mujeres que combatan por los derechos de otras mujeres, como Silvia; sin mujeres que sobrevivan a sus odiseas migratorias, como Natalie o Jolie, y nos las cuenten para que al menos entreveamos la complejidad que hay tras las etiquetas; sin mujeres que ayuden a curarse a otras personas, como Ana María; o sin mujeres que hayan podido superar el machismo y la presión social, como Afaf o Nawal, para rehacerse. Y sería más hostil el mundo sin Mayté, Ana o Sagrario, quienes han aportado su saber y su tiempo para que Un Puerto sea un sitio desde donde otear un horizonte más amplio.

Pese a la variedad de procedencias, de herramientas, de talentos y de lastres, todas las mujeres que hemos conocido en estos años tenían (y tienen) algo en común: la capacidad de reinventarse y de sembrar en tierra extraña. También que no siempre son ellas quienes recogen la cosecha.

recoger-cosecha

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3 comments

  1. Hola, me interesa leer tus entrevistas, supongo que las tienes aquí en Un puerto… En estos tiempos en los que apenas comenzamos a tener voz, los testimonios de las entrevistas son valiosos. Gracias por compartir 🙂

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