El pasado 29 de enero, en la sala Manuel Falla de la SGAE, se presentó Qué se nos perdió en Cuba, un cortometraje escrito y dirigido por Alexis García Pérez de Medina que aborda de un modo peculiar las migraciones y el encuentro de distintas culturas. El corto, que se rodó hace tres años en Barcelona, ha sido seleccionado en festivales como Todos somos otros, que hace foco en la diversidad social, y se podrá ver en la X Jornada de la cultura cubana en Albacete, que tendrá lugar en junio de este año. Después de asistir al pase en Madrid, conversamos con Alexis sobre su propuesta, donde no faltan ni la humildad ni el sentido del humor.

Por Laura Caorsi
@lauracaorsi

Todo empezó en un bar de Barcelona. Allí estaba Alexis, hojeando el periódico mientras desayunaba, cuando una noticia le llamó la atención: Cuba, su país, es uno de los destinos preferidos por los españoles para emigrar cuando se jubilan. «Ahora no recuerdo si estaba en el tercer o en el quinto lugar, pero sí que estaba entre los primeros —dice—. Poco después, hablando con mi padre por teléfono, se lo comenté. Él sigue viviendo en Cuba y me confirmó que era así. Es más, me contó que conocía a una pareja de malagueños que se habían ido para allá en ese plan».

Así fue la génesis de Qué se nos perdió en Cuba, un cortometraje que se rodó hace tres años en Sitges y que muestra el anverso de las migraciones a las que estamos acostumbrados en Europa: en esta historia, quien deja su tierra en busca de un futuro mejor al otro lado del Atlántico es una familia de Barcelona.

El humor como herramienta

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El cortometraje muestra a una pareja de mediana edad que, apremiada por la crisis económica, decide emigrar a Cuba con sus dos hijos. El abuelo de los chicos se queda en Barcelona, de modo que, ya desde el comienzo, se plantea una situación bien conocida por las personas que migran: la separación de la familia. Sin embargo, el guion no se detiene en el aspecto dramático del asunto, sino que deriva hacia situaciones más pintorescas y divertidas, casi todas surgidas del encuentro entre ambas culturas.

«Yo quería plasmar lo que me enseñaron cuando estudié Dirección de Cine; que hay que tener verdad en las cosas que contamos —explica Alexis—. Muchos hemos emigrado y sabemos lo que es estar lejos; sabemos que hay mucho dolor por la distancia con los familiares. Está bien mostrar eso, pero creo que para contar la verdad hay que hacerlo también con humor. Por eso he planteado el corto de una manera más divertida», sostiene.

De coches, abuelos y Navidades en Cuba

La herramienta del humor también ha sido indispensable para sacar adelante el trabajo y no venirse abajo en los momentos más duros. «El mundo del corto es complicado. Hay que involucrar a mucha gente para llevar un proyecto hasta el final», reconoce Alexis, que se dejó más de un sueldo (y más de dos) en rodar esta historia como quería. «Bueno…, a mí también me gusta complicarme la vida —admite entre risas—. En este caso, fueron cuatro localizaciones en tres días, hubo dos exteriores y un coche antiguo», un Buick azul del 42 en cuyo alquiler invirtió el equivalente a un mes de salario.

El coche podría haber sido otro, sin duda, pero él estaba empeñado en que fuera ese por una razón en particular: su abuelo tenía uno igual. «Yo quería usar un coche como suyo. Incluso le pusimos la misma matrícula», dice. La elección, más que un fetiche, era un pequeño homenaje: «Mi abuelo era gallego y tenía un proverbio para todo. Como buen gallego, te hacía un negocio de la nada; bueno o malo, pero lo hacía. Él trabajó mucho durante toda su vida porque quería garantizarnos un futuro», recuerda Alexis, cuyo vínculo con España le viene por las dos ramas de su familia.

«Yo tenía este abuelo gallego; el otro era de Canarias. Ambos estaban casados con mujeres cubanas y una de ellas, una de mis abuelas, era negra. En este momento falta gente en la familia y yo vivo lejos, pero las reuniones en Navidad eran brutales, ¡la mezcla de acentos era muy divertida!», cuenta Alexis. Para él, que es fruto de un mix cultural y que además ha tenido su propia experiencia migratoria, resulta sencillo, casi natural, mostrar en su cortometraje las diferencias y complicidades que existen entre las distintas culturas.

Rodar un corto: un proyecto de largo recorrido

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El cortometraje se grabó en Sitges, en los terrenos de una empresa cementera. «Costó mucho convencer al dueño de que nos dejara rodar allí. No quería saber de nada, pero yo soy muy insistente —relata con gracia—. La verdad es que, cuando le mencioné el título completo, él se interesó y me dijo: “siéntate y explícamelo otra vez”. Nunca supe cuál era su relación con Cuba, pero está claro que tiene algún vínculo, algo que le despierta simpatía».

De las muchas dificultades que hubo, Alexis recuerda lo complicado que fue ambientar Cuba en Barcelona. «Cuando no pasaba un tren, aparecía una pareja de domingueros con el perro o había un cartel en catalán que nos delataba… Y después, cuando rodamos en el Paseo de Colón, tuvimos incluso que esconder la cámara. En cuanto la gente ve que estás grabando, ya piensa que está Penélope Cruz y mira, busca…».

Además de los actores y las actrices, hubo dos colaboraciones fundamentales para recrear Cuba en la costa mediterránea. La primera fue la del compositor madrileño Gonzalo García Santos, quien hizo la música y «consiguió que el corto sonara a Cuba», a ese lugar tan particular donde, como dice Alexis, «se mezclan la magia y la realidad, el más allá y el más acá».

La otra colaboración fue, precisamente, la de «una santera de verdad, una mujer que nos ayudó mucho con la escena de espiritismo», cuenta él. Esa escena, graciosa, genuina y también larga, no deja a nadie indiferente. «La escena es larga, es verdad, ya me lo han dicho. Tiene críticos y adeptos, pero es el factor diferencial del corto porque tiene un punto documental. Todo lo otro es más habitual, pero esa escena no. Ahí se muestra una parte muy genuina de mi país».

Y es que, como dice Alexis, «Cuba es un lugar muy especial donde se distingue perfectamente el espiritismo de la santería». Para explicar la diferencia entre ambas, hace un resumen muy claro: «El espiritismo es blanco, es renovarse y limpiar el espíritu. La santería es para pedir cosas; es más un rollo de “traeme tres palomas y las sacrificamos”».

Reparto: Joel Angelino, Marieta Sánchez, Antonio del Valle, Gal Soler, Gala Barroso, Albert Green y Margarita Ponce.

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