El documental costarricense Casa en tierra ajena (UCR, 2017) defiende un derecho del que apenas se habla en los medios: el derecho a no migrar. Es decir: el de que una persona no sea vea obligada a hacerlo, algo que le viene sucediendo a decenas de miles de personas en Centroamérica en la última década. Las guerras civiles pasadas, los gobiernos corruptos, la connivencia de las multinacionales con las élites locales para explotar los recursos naturales o la violencia de las maras son cuatro razones estructurales que explican por qué migran tantas personas rumbo a Estados Unidos o Europa. A su paso por Bilbao para presentar el documental en la Universidad del País Vasco, Santiago Martínez Artavia, director de fotografía, se hizo un hueco para hablar con Un puerto que cambia.

Por Mayté Guzmán Mariscal

El recrudecimiento de las políticas para controlar la migración no es algo reciente. Tampoco lo son los peligros que acechan a las personas que transitan por territorio mexicano rumbo a los Estados Unidos. Sin embargo, las autoridades permanecen ajenas a la seguridad de las personas migrantes: no existen mecanismos formales para documentar las desapariciones, las violaciones de derechos o las muertes de muchas de ellas. Sensibilizar sobre esta realidad y hacer visible esta circunstancia fue lo que inspiró Casa en tierra ajena (Universidad de Costa Rica, 2017), dirigido por Ivannia Villalobos.

Este documental está basado en el libro No más muros, migración forzada en Centroamérica (Editorial UCR, 2015), de Carlos Sandoval, un investigador costarricense con una dilatada trayectoria en el asunto. La cinta fue coproducida por la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y la Universidad de Costa Rica, y financiada a través de fondos del Consejo Nacional de Rectores. Desde que se ideó hasta que se ejecutó, el proyecto necesitó tres años, y obligó al equipo de rodaje a recorrer unos 4200 kilómetros por Honduras, El Salvador, Guatemala, Costa Rica y México.

Como explica su directora en el siguiente vídeo, se trata de un documental en abierto cuyo objetivo es generar todo el debate posible sobre lo que está sucediendo en Centroamérica. Para ello, no solo recogen testimonios de quienes migran hacia Estados Unidos, sino de quienes se quedan luchando en sus territorios contra el despojo de las multinacionales empresas, soportando la violencia de las maras o el abandono al que se sienten sometidos por sus gobiernos.


Entrevista con Santiago Martínez Artavia | director de fotografía

A su paso por Bilbao para presentar el documental en la UPV, el director de fotografía de Casa en tierra ajena conversó con nosotros acerca de esta interesante propuesta.

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¿Ha tenido algún impacto a nivel de políticas públicas la difusión del libro en que basan el documental, así como el documental mismo?
El libro se ha movido mucho en las ONG y en los espacios académicos, incluso ha llegado a instituciones como la Organización Internacional para las Migraciones. Respecto al documental, las universidades públicas lo han declarado de interés interinstitucional, se ha subido a la plataforma de todas las universidades públicas latinoamericanas, hemos estado en el País Vasco, y ahora iniciaremos una gira latinoamericana. Un ejemplo concreto del impacto es que en Guanacaste, provincia fronteriza con Nicaragua, después de que el Consejo Municipal vio la película, votaron a favor para que la municipalidad cediera un terreno para construir un albergue para migrantes.

¿Qué se esperaba del documental?
No estábamos muy seguros del resultado, pues en la oficina de audiovisual de la UNED es la primera vez que hacemos un documental de esas características. La expectativa más importante era la sensibilización a todos los espectadores del documental, y creo que lo logramos al cien por cien. También lograr un documental de nivel profesional y con profundidad temática, algo que también conseguimos.

¿Ha habido algún seguimiento por parte de la producción de las personas que aparecen en el documental y que estaban en tránsito?
El documental cuenta con una página en Facebook y una web, y ahí seguimos en contacto con algunas personas. También estamos en constante comunicación con las personas que dirigen las casas de migrantes. Con las personas inmigrantes es difícil porque no siempre pueden decir dónde están, el poco seguimiento es lo que hacemos a través de las redes. Hace poco estuvimos en México en la Casa de Migrantes para ver el documental y algunos incluso volvieron a la casa y pudieron verse.

¿Qué ha sido lo más difícil para ti, como fotógrafo, al momento de filmar el documental?
Una de las cosas más difíciles fue  tener tan poco tiempo. La película se filmó en una gira de 10 días por Honduras y El Salvador, y en otra gira de 15 días por Guatemala y México. El resto del material se grabó en Costa Rica. También fue difícil, al menos para mí, entrevistar a estas personas, grabar su testimonio y saber que yo volvería a Costa Rica, mientras ellos se tenían que quedar allí.

¿Fueron difíciles las gestiones para entrar a los centros de detención de inmigrantes del INM, en México?
Sí, estuvimos a punto de no poder entrar; es casi imposible. Fue gracias a los abogados de la Casa de Migrantes en Saltillo; ellos, con su insistencia y sus contactos, lograron que después de varios días de gestiones pudiéramos entrar.

¿Qué otros proyectos tienes en mente?
Este proyecto se planteó como un plan piloto al Consejo Nacional de Rectores para poder elegir otras investigaciones y, a partir de ellas, hacer documentales al nivel de profundidad de Casa en tierra ajena.

¿Has participado en otros proyectos sociales?
En audiovisuales de la UNED, donde trabajo, la mayoría de los trabajos son de corte social y hemos hecho proyectos sobre ecología. También con Ivanna, la directora de Casa en tierra ajena, hicimos la miniserie Mujeres que luchan que tuvo una mención en el reciente festival de Cine Invisible de Bilbao.


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6 comments

  1. Muy bueno, será que América nos toca de cerca y siempre nos muestran realidades globales. Como dice la canción: que lejos está mi tierra y sin embargo que cerca, es que siempre hay un territorio donde la sangre se mezcla.

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