436 | Claudia

Seis meses en Barcelona alcanzaron para que Claudia Chackelson supiera que iba a volver. Había venido desde Uruguay para cursar un semestre de su carrera –Ingeniería Industrial– y la ciudad le gustó tanto que, cuando terminó ese periodo, se marchó pensando en cómo regresar. “Fue una experiencia muy buena. Me enamoré de la ciudad y del país. Cuando volví a Montevideo, solo me faltaba el proyecto final para graduarme, así que me puse a buscar opciones para hacer un posgrado aquí”.

Buscaba becas de estudio y tenía un máster en mente, algo que durara un año y le permitiera especializarse en logística, pero la oportunidad se le presentó en forma de doctorado. “Había un convenio entre mi facultad y Tecnun, la Escuela de Ingenieros de la Universidad de Navarra. Me ofrecieron venir al departamento de Organización Industrial. La duración no era de un año, sino de cuatro, y la ciudad no era Barcelona, sino San Sebastián, pero a mí me pareció estupendo. ‘Están cerca’, pensé”, dice riéndose de sí misma.

“Llegué en 2009 y la verdad es que vine con la mente abierta a lo que pudiera ocurrir, incluso a quedarme. Si te marchas a un lugar sabiendo que tienes cuatro años por delante, debes ser consciente de que eso puede pasar”, sostiene. Y pasó, solo que de un modo muy distinto al que ella había imaginado. Cuando decidió venir a Euskadi y dedicar todo su tiempo a la ingeniería, no contempló la posibilidad de enamorarse y, mucho menos, de cambiar de profesión. Ambas cosas sucedieron.

“A José, mi marido, lo conocí nada más llegar. Es más, él fue la primera persona que conocí en San Sebastián. Trabajaba en la universidad y, como yo venía sola con un montón de maletas, le pidieron que fuera a recogerme al aeropuerto. Siempre dice que fue el peor día de su vida, pero aquí estamos”, bromea Claudia, que acabó casándose con él unos años después. “La boda estuvo muy bien y fue muy divertida porque José tampoco es vasco, así que vino gente de todos lados”. Divertida y emotiva porque la celebraron en Orio, en el mismo restaurante donde salieron juntos por primera vez.

El cambio profesional llegó de una manera más sutil, como un hobbie. “La universidad ocupaba todo mi tiempo, pero un día comencé a leer libros sobre gestión personal de finanzas. Empecé por lo típico: ‘Padre rico, padre pobre‘, ‘Secretos de la mente millonaria’, cosas así. Compraba los audiolibros y los iba escuchando en el autobús, de camino a la universidad, o mientas hacía deporte. De esa manera, optimizaba el tiempo y hacía algo que me resultaba divertido. Me gustan más los libros de economía que las novelas”.

La psicología del dinero

A medida que avanzaba en sus lecturas, Claudia fue centrando su interés en “la psicología del dinero, esta creencia tan extendida de que es malo y que se refleja en frases como que el dinero no da la felicidad. La realidad es que el dinero es un vehículo que usa todo el mundo, pero que nadie nos enseña a usar. Es parte de la vida cotidiana, tiene una enorme incidencia en muchos aspectos presentes y futuros y, pese a ello, delegamos su gestión. Dejamos que el banco nos diga qué hacer porque confiamos, pero no sabemos distinguir si un producto es bueno o malo”, observa.

Este asunto le pareció tan interesante que decidió investigar más, formarse en Inglaterra y Alemania con expertos en finanzas personales y, finalmente, dar el salto a este campo. “Me atrapó tanto que dejé la ingeniería”, dice Claudia que, a día de hoy, ha constituido una empresa en la que ofrece formación y asesoría financiera. “El dinero tiene tres fases: ingresar, mantener y hacer crecer –explica, en un intento de síntesis–. Hay personas que son muy buenas ingresando, que ganan mucho, pero no saben mantener o ahorrar lo que han ganado. Y hay personas que saben mantener, pero no saben cómo hacer crecer sus ahorros”.

“Mi trabajo consiste en mejorar esas situaciones”, añade Claudia, que además de los cursos ha escrito un libro sobre planificación de finanzas personales. “Podría hablar sobre esto durante horas, pero hay dos cuestiones que me parecen fundamentales. La primera, que es imprescindible aprender a ocuparse uno mismo de sus ahorros. Las noticias muestran con claridad que el sistema de pensiones actual no es sostenible. La segunda, que hacer crecer el dinero es un tema de creatividad. A menudo pensamos ‘esto es lo que hay’ y nos conformamos, sin tener en cuenta que con muy poco se puede hacer mucho. Hace falta disciplina y constancia, eso sí, como cuando te preparas para correr una maratón. Puedes hacer cosas increíbles, pero necesitas tiempo para evitar lesiones”.

Artículo publicado originalmente por Laura Caorsi en el diario El Correo.

Un comentario en “436 | Claudia

  1. Cuando mas , Te /os conozco , mas me sorprendéis , enhorabuena de nuevo y dejadme , acompañar
    os , aunque sea a otro ritmo , ya sabéis la edad no perdona,

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