413 | Soufiane

Sounfiane Ankri hace hincapié en la formalidad, el respeto y la educación. Son valores importantes para él y “herramientas fundamentales para la integración”. También subraya la voluntad y la predisposición de las personas para formar una sociedad plural. “Si vas a vivir en un país diferente del tuyo, tienes que tener la disposición de integrarte -opina-. No puedes ir a otro sitio y aislarte. Del mismo modo, la sociedad receptora tendrá que estar más abierta a las diferencias culturales. Las personas que migran no llegan vacías. Cuando viajas, no solo cargas tu ropa. En la maleta también llevas tus costumbres, tus recuerdos, tu cultura. Es tu vida y va contigo a donde vayas”.

Para Soufiane este es un tema sensible porque pertenece a un colectivo muy castigado por los prejuicios y, también, muy numeroso en Euskadi. Soufiane es marroquí, uno de los 14.667 que residen en el País Vasco, según los datos del INE. “No todos venimos en las mismas circunstancias ni de la misma manera. No todos contamos con un respaldo económico, o una educación universitaria, por mencionar solo dos aspectos. La adaptación cultural siempre es un desafío, pero para unos es más grande que para otros. Es evidente”, observa. “Lo importante, en todo caso, es cómo abordamos esta cuestión, cómo podemos promover la integración y la normalización desde el propio colectivo marroquí y desde la sociedad de acogida”.

Cuando habla, cuesta pensar que Soufiane trabaja con números, con inversiones y con cuentas de resultados, pero así es. Llegó a Bilbao a principios de 2014 para dirigir la sucursal local del principal banco de Marruecos. Antes, vivió en Madrid durante quince años, buena parte de los cuales los dedicó también a la banca. “Bueno, no siempre fue así -matiza-. Yo soy licenciado en Derecho por la Universidad Mohammed V y vine a España para continuar mi formación. Hice un posgrado en Filosofía del Derecho. Trabajé como mediador social e intercultural; estuve dos años en el departamento jurídico de una asociación de inmigrantes, hasta que vi un anuncio de trabajo de un banco local y me presenté. Mi vida dio un giro de 180 grados”, reconoce.

Soufiane explica que aquella era la primera vez que una entidad bancaria lanzaba una oferta de trabajo específica para extranjeros. “Fue algo muy interesante, porque conformábamos un grupo diverso. Había gente de China, de Guinea… También fue interesante observar las reacciones de los demás empleados; algunos nos miraban con curiosidad, otros con extrañeza. ¿Quién es este? ¿Qué hace aquí? Con el tiempo, uno de mis jefes me confesó que cuando le dijeron que habían contratado a un chico marroquí, él se imaginó que yo iba a aparecer vestido con una djellaba”, relata divertido. “Lo importante es que la experiencia fue muy buena para todos. Dos años después, el banco fue a seleccionar a 14 personas directamente a la universidad, en Rabat”.

Una construcción colectiva

La trayectoria profesional de Soufiane continuó por el sendero bancario. Cambió de entidad y progresó hasta alcanzar un puesto directivo. Sin embargo, nunca olvidó aquellos años como mediador intercultural, ni su experiencia en la asociación de inmigrantes, ni las necesidades de otras personas que han tenido un punto de partida menos afortunado que él. “Hay mucho por hacer y cada uno tiene que aportar y construir desde donde puede. Es verdad que ya no me dedico al trabajo social, pero sí tengo un empleo que me permite patrocinar iniciativas de integración; iniciativas en las que, además, puedo participar como persona”.

El banco donde trabaja colabora, entre otras cosas, con proyectos deportivos que fomentan la integración de los jóvenes extranjeros. Y él se involucra. De hecho, en estos días está yendo al fisioterapeuta porque se lesionó jugando al fútbol con los chavales. Pero este no es el único campo de juego. Soufiane tiene muy claro que quienes han tenido mejores oportunidades, como él, tienen también la responsabilidad de tender puentes, o intentarlo. “Una de las cosas fundamentales que alguien debe hacer cuando va a otro país es aprender su idioma. Esto es vital para poder comunicarse, para poder relacionarse con los demás y para poder transmitir las ideas”, indica.

“Tener una lengua común me permite poner sobre la mesa otros temas. Por ejemplo, señalar que, si bien Marruecos es un país muy cercano, existe un gran desconocimiento. Muchas personas creen que, al bajar del avión, verán desierto y camellos, que la estética general es la del Sahara, y no es así. Mi país es moderno: tiene carreteras, edificios e infraestructuras muy importantes, pero eso nunca se muestra. Tampoco se hace foco en la hospitalidad marroquí, tan típica de los países mediterráneos. Y es una pena. Aunque existen diferencias, tenemos muchas similitudes”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s