398 | Belkis

Belkis Rodríguez no está sola en el momento de la entrevista. La acompañan ocho mujeres. Algunas son colombianas, como ella, y otras son de Ecuador. Todas emigraron hace años hacia Euskadi en busca de trabajo y oportunidades. Todas menos ella, que llegó a Bilbao en enero de este año y que no vino a buscar un empleo, sino a desarrollar una misión. Con un marcado perfil religioso, Belkis forma parte del Centro Internacional de Teoterapia Integral (CENTI), una organización espiritual que se fundó hace 52 años en Colombia y que en la década de los ochenta comenzó a esparcirse por el mundo.

“Soy misionera”, resume, y explica que comenzó su andadura hace ocho años, en su país. “Nací en San Cayetano, un pueblo al sur de Cartagena de Indias, aunque cuando era pequeña mi familia se trasladó a la ciudad. Allí crecí y fui a la universidad. Mientras estudiaba, conocí el proyecto del CENTI. Poco a poco comencé un proceso de transformación de mi vida personal que, por supuesto, compartí con mi familia. Cuando terminé mi carrera [es licenciada en Derecho], decidí entregarme plenamente a esta causa. Era lo que quería hacer”.

Asegura que su familia se lo tomó bien. “Tanto mis padres como mi abuelo, que fue quien me pagó los estudios, me vieron muy involucrada. Obviamente, cuando tomé la decisión de dejar mi casa, mi familia y mi origen, sentí un poco de susto. Siempre da vértigo dejarlo todo, pero estaba convencida, así que mis padres y mi abuelo me apoyaron. ‘Si es lo que a ti te hace feliz, te damos todo el respaldo’, me dijeron. Y así empecé con mi misión, hace ocho años. Me marché de Cartagena y me fui a San Pablo, en Brasil, para trabajar con los jóvenes universitarios. Estuve allí siete años, hasta que mi director me indicó que debía venir aquí”.

Para Belkis fue un gran cambio. Antes de llegar a Bilbao estuvo cinco meses en Madrid, y lo que recuerda de su viaje hacia Euskadi es que “el paisaje se iba haciendo cada vez más verde. Siempre me ha gustado la naturaleza -prosigue-, así que me resultó muy fácil adaptarme. El País Vasco es tan frondoso, tan bonito…”. El entorno la deslumbró, pero el principal cambio que debió asimilar fue el humano. “El perfil de las personas con las que trabajo aquí es muy distinto al que conocí en San Pablo. Allí eran jóvenes estudiantes. Aquí son mujeres con familia que han emigrado y han sufrido mucho”.

Intimidad y confianza

“Hay situaciones muy fuertes. Es la primera vez que yo trabajo con este perfil y la verdad es que no dejo de sorprenderme. Hay mujeres muy luchadoras, con mucha fuerza. Son unas guerreras; merecen todo el respeto y me generan muchísima admiración. Al trabajar en grupo y ser todas mujeres podemos compartir muchos temas de interés común. Se genera un ambiente de intimidad y confianza. Partimos de la base de que la respuesta integral está en Dios. Y, sobre esa base, abordamos distintos aspectos que son muy importantes, como la autoestima, la confianza en una misma o el papel de la familia”, detalla.

“Algo que he aprendido en estos meses es que, con las migraciones, lo que más sufre es la estructura familiar. El proceso de emigrar es muy duro y exigente, hace mella en las parejas y en el corazón de los hijos, que no siempre entienden que sus madres están trabajando por su bien; muchos se sienten abandonados”, explica Belkis, en un intento por sintetizar una problemática compleja que ha afectado o afecta a las mujeres que la acompañan.

Una de ellas, Elsi, asiente y comenta que la congregación le ha enseñado a enfocar la vida de otra manera. “Yo solo vivía para el trabajo, pero no era feliz. Tuve una época en la que me refugiaba en el alcohol. Siempre me quejaba. Pero aprendí a creer en mí misma, en mi fuerza, en mi capacidad. Comprendí que estaba descuidando a mi familia y que tenía que aprender a ser más agradecida, empezando por la gente de aquí. Dirán lo que dirán, pero lo cierto es que te abren las puertas de su casa para que tú salgas adelante. ¿Cómo no vas a dar las gracias?”, se pregunta.

Otra de las mujeres, Ana Isabel, está de acuerdo. Cuenta que aquí adquirió la confianza para estudiar, formarse y trabajar en lo que le gusta. “He crecido mucho en el plano espiritual. Me siento feliz. Y cuando uno es feliz, puede hacer felices a los demás”, dice. Y Belkis, que está organizando junto con ellas un encuentro familiar para el próximo 28 de noviembre, apostilla que “eso es lo importante. No hay que perder de vista la importancia de la familia, de los abrazos, de quererse a uno mismo y querer a los demás”.

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