393 | Valentina

La música -suele decirse- es un lenguaje universal. Pero si además las canciones se interpretan en varios idiomas, y la cantante y el guitarrista proceden de países distintos, la música puede transformarse en una poderosa herramienta de mixturas y fusión. Este es el caso de Nebbian, un dúo de guitarra y voz integrado por Haritz Laboa y Valentina Ridolfi que versiona canciones en euskera, inglés, español e italiano. “La gente se suele sorprender porque no es habitual asistir a un concierto en tantos idiomas”, dice ella, entusiasmada con el proyecto.

“Yo no soy cantante profesional -reconoce-; soy profesora de italiano. La música siempre me interesó y me gustó, pero nunca me había atrevido a cantar en público. Cuando vivía en Verona, mi ciudad, estaba rodeada de buenos músicos. Muchos de mis amigos se dedican a ello o han estudiado en el conservatorio. Yo no. Como tenía un entorno tan profesional, nunca había creído en mis posibilidades. Tuve que venir a Gernika y conocer a la gente adecuada para animarme a dar el paso”, explica Valentina, que vive en Euskadi desde hace seis años.

“La historia viene de antes. En 2006 viajé a Barcelona con una beca Erasmus. Allí conocí a unos chicos vascos… y uno de ellos acabó siendo mi pareja. Pero, como siempre digo, yo primero me enamoré del País Vasco y después de un euskaldún. En Semana Santa vine a conocer la reserva de Urdaibai y me encantó. Me sorprendió mucho el lugar y me gustó el trato de la gente, tan amable y atenta conmigo. Después llegó lo demás”, relata con humor, aunque “lo demás” también haya incluido un año y medio de relación a distancia. “Tenía que terminar la carrera, así que volví a Italia. Después, sí, regresé a Euskadi”.

La elección del País Vasco estuvo condicionada por su relación personal y por el propio entorno, que le cautivó. Pero la decisión de marcharse de Italia ya estaba tomada desde hacía mucho tiempo. “Tenía claro que me iría a otro país. Quería vivir fuera y dedicarme a enseñar italiano. Verona es una ciudad preciosa, muy turística y muy rica, pero también alberga muchas diferencias sociales, políticas e ideológicas. Muchos jóvenes nos hemos marchado de allí, algunos con becas de movilidad y otros buscándose la vida. Esto de la ‘fuga de cerebros’ existe desde hace diez o quince años”, lamenta.

En su ‘búsqueda exterior’, Euskadi le ha permitido hacer realidad varios sueños: vivir en otro país, dedicarse a la docencia y animarse -finalmente- a compartir su voz con la música. “Trabajo en Gexto, en Casa Italia, donde doy clases y me ocupo de la programación didáctica. Sin embargo, vivo en Gernika, un lugar donde me encuentro muy a gusto porque tiene un ambiente musical bastante vivo y hay iniciativas culturales muy interesantes. Una de esas iniciativas es Iparragirre Rock Elkartea -prosigue-. Tiene unos ochenta socios que han convertido un pabellón industrial en un local espléndido para la música, con salas de conciertos y de ensayo”.

Las cosas claras, en la niebla

Fue, de hecho, en ese lugar donde Valentina conoció a Haritz, su compañero musical. “Él me había oído cantar y yo lo había escuchado tocar la guitarra. Decidimos probar algo juntos y así fue como surgió Nebbian”, una propuesta de folk políglota que experimenta con las fusiones y las mezclas, tanto de estilos como de idiomas. El propio nombre del dúo es también el resultado de esta fusión. “Nebbia, en italiano, significa ‘niebla’. La letra ene al final, en euskera, es una proposición de lugar. De este modo, hemos inventado una palabra que podría traducirse como ‘En la niebla’”, explica con entusiasmo juvenil y paciencia docente.

“Lo de la niebla -continúa- tiene que ver con Verona, ya que allí es muy frecuente, un elemento climático característico. Es como el mar. Las personas que han crecido en una ciudad marinera, echan de menos la costa y la presencia del mar cuando se van. A mí me pasa eso con la niebla… Pero resulta que Gernika es bastante neblinosa, de modo que hasta en esos detalles logró conquistarme”, desvela.

Así y todo, lo que más destaca Valentina de su ciudad de adopción es el ambiente cultural, que le ha permitido poner en marcha una vocación creativa. “Con Haritz hemos ofrecido unos quince conciertos en los últimos meses, y tenemos previstos tres más en octubre, en el gastetxe de Muxika, en la tetería Baobab de Bilbao y en Akorda. Son presentaciones de formato reducido e intimista que nos permiten explorar cosas nuevas, no solo en la música. Algunas veces introducimos la gastronomía, con aperitivos italianos. Y gusta. También funciona de maravilla en Casa Italia, cuando organizamos el ‘La Divina Comida’. La mesa es otro ámbito magnífico de encuentro”.

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