392 | Georges

Cosmopolita, inseguro, pintoresco, deprimido, alegre, venido a menos, con posibilidades y echado a perder. Todos estos adjetivos -algunos de ellos, contradictorios- se emplean a menudo para referirse a un mismo lugar: el barrio de San Francisco, el más diverso de todo Bilbao. Este espacio, que muchos relacionan solo con la delincuencia y las drogas, es también el hogar de decenas de inmigrantes y sus familias. Sus calles albergan la mayor concentración de extranjeros de todo el norte de la Península y ofrecen una interesantísima galería de comercios variopintos con artículos y productos de todas partes del mundo.

Sin duda, es un barrio de contrastes muy marcados y eso explica que para algunas personas represente una oportunidad, mientras que para otras supone un problema. Para Georges Belinga, un joven vasco de origen camerunés, “San Francisco es un lugar de oportunidades y el problema está en el enfoque. Las dos calles principales del barrio son un polo de atracción para muchísimos extranjeros que viven fuera de Bilbao, incluso fuera de Euskadi, y que vienen hasta aquí a comprar alimentos típicos de sus países, o tejidos u objetos específicos que no encuentran en otros lugares -describe-. Es lo mismo que ocurre en Barakaldo, con las grandes superficies comerciales que atraen a gente de Donosti o Santander”.

La diferencia que destaca Georges es el grado de dificultad para emprender, y no solo cuando se compara al pequeño comerciante con las marcas multinacionales, sino cuando se compara a los pequeños comerciantes entre sí. “Los extranjeros, en particular si son de origen subsahariano, tienen muchas más barreras que otras personas para sacar adelante sus iniciativas empresariales. Y, aunque parezca una paradoja, donde más se nota esa dificultad es en San Francisco, el barrio en el que viven”.

En el contorno de su relato están los planes municipales de rehabilitación de este barrio, una iniciativa que Georges critica porque “encierra una discriminación velada, deja fuera a un sector de la población que quiere emprender, no es inclusivo con los inmigrantes, se centra en regenerar espacios y se olvida de las personas”.

“En este momento -describe-, muchas lonjas de San Francisco son de gestión municipal. Para poder alquilar una, hay que presentar un plan de negocio que incluya un estudio de viabilidad económica, un plan de márketing y otras cosas por el estilo. La pregunta es la siguiente: si una persona tiene dificultades para manejar el castellano hablado, ¿cómo va a desarrollar un documento de treinta páginas con ese nivel de complejidad?”

La respuesta se ve en los comercios: “Tenemos muchos negocios de moda, diseño o arquitectura que podrían estar aquí o en cualquier otro lado, ya que sus clientes no son personas del barrio. Y, al mismo tiempo, tenemos personas del barrio que no pueden iniciar negocios bonitos en el lugar donde viven y que, además, le darían mucha más vida a sus calles. Hay algo en esta rehabilitación que falla: se prioriza el diseño a las fruterías”.

Emprender en grupo
Para ponerle remedio a esta situación, Georges y un numeroso grupo de amigos han apelado a la máxima de que ‘la unión hace la fuerza’: han decidido impulsar el emprendimiento conjunto, de manera colectiva, y apostar por las sinergias. “En este barrio hay muchas iniciativas empresariales. Lo que falta es el apoyo, el primer empujón. Por eso hemos creado un espacio de coworking donde nos podamos ayudar unos a otros y donde las distintas actividades puedan lucirse y prosperar”, dice, y cita algunas de ellas: “Tiendas de moda africana, venta de telas, una galería de arte, un gimnasio, academia de idiomas, reparación de electrodomésticos y comercio internacional. ¿Sabías que en Euskadi existe una notable actividad exportadora de artículos de segunda mano hacia África? Esta labor comercial, gestionada por africanos, mueve unos 200 contenedores anuales en el Puerto de Bilbao. Pero de eso no se habla”, lamenta.

El espacio de coworking, que comenzará a funcionar en estos días, estará localizado en la Plaza de la Cantera y, como todo vivero de empresas, aunará varios proyectos simultáneos. “El objetivo último de esta iniciativa es que los niños del barrio tengan unos referentes adultos prósperos en los que mirarse y romper el mito de que los africanos solo viven de ayudas sociales. Koop SF 34 no está subvencionado, es un trabajo colectivo”, remarca Georges. “Es preciso cambiar la percepción social. Cuando yo era niño, los extranjeros y los negros solo causábamos extrañeza. Hoy, hay rechazo”.

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