390 | Germán

Las raíces son muy importantes en el terreno de las migraciones. Ya sean afectivas, lingüísticas, históricas o culturales, condicionan a las personas en muchos planos y aspectos. Las costumbres y tradiciones, lo que gusta y lo que no, están marcados en gran medida por el origen de cada uno, por los comienzos y por los lazos. Por eso suele decirse que la identidad y la pertenencia germinan cuando hay arraigo. Pero, ¿qué pasa cuando se cambia de tierra? En general, que lo clásico cede paso a lo híbrido y que el sentimiento de pertenencia se amplía.

“Yo soy un ciudadano del mundo”, dice Germán Navarro, consciente de que la frase “suena a lugar común y a cliché”. Pero insiste en la idea a través de un dato objetivo: que ha vivido la mitad de su vida en Colombia, su país de nacimiento, y la otra mitad aquí, su país por elección. “Llegué con diecisiete años y de eso han pasado otros quince -expone-. Incluso cuando tuve la ocasión de marcharme, a los pocos años de llegar, me quedé. Terminé aquí el instituto, estudié Bellas Artes en la UPV… hasta acabé casándome con una chica de Algorta -agrega-. Así que, si me preguntas de dónde me siento, necesariamente debo responder que soy un poco colombiano y un poco vasco”.

Germán relata que vino aquí por su padre. “Él trabajaba para la British Petroleum, se especializaba en el área de Salud y Medio Ambiente, y le ofrecieron trasladarse a Euskadi. Al cabo de unos años, lo volvieron a trasladar. Estuvo en Milán, Seul, Hong Kong, Singapur… hasta que se jubiló. El caso es que, cuando lo pasaron de aquí a Italia, yo estaba en la mitad de mi carrera. Me preguntó qué quería hacer y yo decidí quedarme. Me sentía muy a gusto en Getxo y muy feliz con la carrera que había elegido, pese a que todo el mundo me decía que las Bellas Artes no servían para nada, que de eso no iba a vivir”.

La carrera ‘sin salida’ le sirvió de mucho. “No me arrepiento de haberla escogido. Al contrario, siento que fue un gran acierto. Mientras estudiaba comprendí que te tienes que buscar las castañas, que las empresas no te regalan nada y que está en tus manos emprender y crear. Quiero decir, yo disfruté de lo que estudiaba porque se ajustaba muy bien a mi espíritu inconformista y aventurero, pero también porque me permitió empezar muy pronto a trabajar. Cuando estaba cursando el penúltimo año de carrera, me di de alta como autónomo y abrí mi propio negocio de contenidos audiovisuales”.

“Con esa pequeña empresa -prosigue- gestioné varios proyectos. Eran muy distintos entre sí, de modo que pude desarrollarme y aprender cosas nuevas. Me fue muy bien, hasta que la crisis comenzó a notarse en Euskadi, porque una de las primeras partidas que recortan las empresas es la de comunicación y publicidad. En 2013 empezó a haber menos pedidos, menos trabajo. Y pensé que, para salir adelante, tenía que cambiar. Tenía que buscar los nichos de mercado donde la crisis no hubiera golpeado tanto”, explica. Los encontró en Internet y en el ámbito digital y deportivo.

Una vida sobre ruedas

“Empecé a desarrollar varios blogs. El primero se ha convertido en uno de los principales blogs de vapeo en castellano. Hago reseñas de artículos nuevos, doy información y analizo productos, pero no vendo nada en él. Lo que vendo son estadísticas y eso me permite tener anunciantes y cobrar por la publicidad”, resume. “Mis otros blogs, más recientes, abarcan intereses muy concretos: la música, otra de mis pasiones, y el ‘furgoneteo, que va dirigido a personas que tienen furgonetas, que gustan de los deportes, la naturaleza, los viajes y la aventura al aire libre. Este último blog retrata un estilo de vida que cada vez engancha a más gente y que casa muy bien con el kytesurf, un deporte que me encanta”, dice.

Tal ha sido el “flechazo” de la vida sobre ruedas que Germán y su esposa han apostado mucho por él, y hasta tienen una expresión para definir esa manera de entender la vida. “Me gusta pensarme como un nómada digital”, suelta, mientras echa por tierra todo el asunto de las raíces. “Una de las ventajas de nuestro trabajo es que buena parte de él se puede hacer desde cualquier parte del mundo. Tanto los blogs como la posproducción audiovisual solo requieren de un equipo adecuado y de conexión a Internet. Lo demás… es valor para atreverse al cambio”.

“Y es que la sociedad nos enseña a tenerle miedo a lo nuevo -expone-. Pero, ¿por qué coartar el afán de movilidad? ¿Por qué hay que estar sí o sí atado a un lugar, geolocalizado, cuando las características de tu trabajo no te imponen eso? -pregunta-. A veces, por intentar algo diferente te catalogan de manera inadecuada. Si dices que quieres pasar más tiempo en tu furgo que en tu casa o en tu oficina, lo primero que piensan es que eres un hippie o que eres un pijo. Y lo cierto es que no. Somos jóvenes currantes, como tantos otros, cansados de un sistema asfixiante para el trabajador. Pensar de manera creativa también es buscarse la vida”.

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