385 | Álvaro

Dos años en Londres. Ese era el plan original. Al menos, ese fue el objetivo que se trazó Álvaro Bertelsen tras acabar su posgrado en Chile. Ingeniero e investigador, explica cómo tuvo la oportunidad de desarrollarse profesionalmente fuera de su país y por qué no lo dudó. “Cuando terminé mis estudios -relata-, el profesor que supervisaba mi trabajo me ofreció postularme a un programa de intercambio para investigar durante dos años en Londres. Me presenté, me aceptaron y allí fui”. Claro y conciso.

La pregunta es qué pasó entre ese momento y el actual, porque Álvaro lleva seis años viviendo en Euskadi. Y la respuesta tiene -en parte- nombre de mujer. “Cuando estaba en Inglaterra conocí a quien hoy es mi esposa. Empezamos a salir, nos comprometimos, nos casamos y en 2009 nos trasladamos aquí, a San Sebastián. Ella es donostiarra y eso tuvo mucho peso en la decisión, pero también influyeron otros factores relacionados con lo profesional”, indica.

“La crisis económica que empezó entonces desempeñó su papel, sin duda, aunque lo que más influyó en ese cambio fueron las expectativas laborales y de formación”, reconoce. “Yo siempre había tenido claro que quería hacer un doctorado y dedicarme a la investigación, y en Londres vivía una situación paradójica: trabajaba en la universidad, en un laboratorio de investigación… pero no tenía el doctorado ni veía el modo de hacerlo. Eso era una limitante para mí”, comenta Álvaro, que empezó a buscar nuevos horizontes.

Y en esa búsqueda, se perfiló Donosti. “Me concedieron una beca para hacer aquí el doctorado”. En su tesis, Álvaro exploró las “técnicas de planificación y registro de la cirugía robótica guiada por imagen” -operaciones quirúrgicas asistidas por robots-, algo que puede sonar a ciencia ficción, pero que está muy presente en las tendencias científicas y la investigación actual. “La cirugía asistida por robótica médica es real. Existe un interés creciente en dotar de inteligencia a las máquinas”, señala Álvaro, y en este punto es casi imposible no acordarse de las obras de Isaac Asimov.

“No se trata de reemplazar al cirujano en ningún caso, ni de que un robot pueda operar por sí solo, sino de ser capaces de brindarle a los cirujanos una herramienta más precisa, más refinada y más segura que les ayude en su trabajo”, aclara. Y lo dice desde el conocimiento práctico, no solo teórico, ya que, tras acabar su tesis, Álvaro comenzó a explorar activamente este campo. En la actualidad, es investigador senior del centro tecnológico Vicomtech-IK4, donde se dedica a desarrollar estas sofisticadas herramientas de aplicación médica.

“Es interesante señalar que los avances no son homogéneos. El estado de desarrollo es desigual y varía según la disciplina quirúrgica. Por ejemplo, uno de los robots más conocidos es el da Vinci, muy poco invasivo, diseñado para la cirugía urológica. En este nicho, la robótica ha tenido mucho éxito. En otros, está en etapas más tempranas. Lo importante es que en todas se avanza. Y, de hecho, esa es la faceta que más me gusta de mi trabajo: poder trabajar con las nuevas tecnologías, estar siempre en la frontera de lo que es y lo que vendrá”, dice.

Las bondades de esta tierra

Desde su punto de vista, “el País Vasco tiene una muy buena infraestructura de investigación. Se le da importancia y, además, hay salida laboral para los investigadores. En Chile, por ejemplo, es muy difícil que un doctor trabaje fuera del ámbito universitario. Aquí, no. Hay empresas y centros tecnológicos competitivos que apuestan por la innovación”, compara.

Pero Euskadi no es solo trabajo. También hay otras muchas cualidades que le han animado a quedarse. “Donosti es una ciudad estupenda para vivir, sobre todo si tienes niños. Mi mujer y yo estamos en ese momento ahora mismo, tenemos tres hijos, y la verdad es que aquí siempre hay planes para disfrutar con los peques: parques, playa… El paisaje es maravilloso y lo cierto es que me siento muy a gusto”, describe Álvaro, y deja para el final una pequeña revelación: conocía las bondades de esta zona mucho antes de venir aquí.

“Hace mucho tiempo, mis padres vinieron a Pamplona. Estaban recién casados, así que fue hace cuarenta años, más o menos. Vivieron una temporada allí. De hecho, mis dos hermanas mayores nacieron en Navarra. Luego regresaron a Chile, donde nacimos los demás. El caso es que ellos le tienen un cariño muy grande a estas tierras… y que nosotros crecimos con sus relatos. Como te podrás imaginar, están muy contentos de que viva aquí. ¡Y cada vez que vienen de visita lo hacen encantados!”

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