369 | Jouhaina

En general, la procedencia de una persona actúa como tarjeta de presentación, como resumen o etiqueta de quién es. Es un dato casi siempre relevante, porque nos ayuda a colocar a los demás en unos ejes de significado, en unas coordenadas culturales. No es lo mismo decir “colombiano” que “chino”, ni “australiano” que “camerunés”. Tras la etiqueta, esperamos un registro más o menos acotado, más o menos estereotipado, pero bastante concreto. Así funciona el prejuicio, como cajas rotuladas que no hace falta abrir porque su contenido ya se infiere de antemano.

Sin embargo, nacer en un lugar no significa pertenecer a él. Ni siquiera, sentirse identificado. En este sentido, la historia de Jouhaina Maya Hassan diluye la importancia de lo que indican los pasaportes y muestra que hay sorpresas en las cajas. “Yo nací en Senegal, crecí en Costa de Marfil e hice mi carrera en París, pero soy de origen libanés e iraní. Mis raíces están en el Líbano; mi familia, en África y mi cabeza, en Europa”, dice al comenzar la entrevista, desordenando la estantería.

“El Líbano es un país muy pequeño con múltiples influencias culturales y con una historia bastante notable de emigración. De sus orígenes destaca la influencia fenicia, que ha forjado el carácter comerciante y viajero de su gente. En la historia reciente, a mediados del siglo XIX, muchos libaneses se marcharon a Sudamérica. Por eso no es raro encontrar importantes colectivos del Líbano en distintos países de América del Sur. En 1920, esa corriente se repitió. La diferencia es que los barcos hicieron escala en África; principalmente, en Senegal, y muchos libaneses decidieron quedarse allí. Esa es la historia de mis abuelos”, resume en un castellano impecable.

Jouhaina nació en Senegal, pero cuando tenía cinco años, su familia se trasladó a Costa de Marfil. “Emigramos por el trabajo de mi padre, que es comerciante. En la costa occidental africana hay mucha presencia libanesa -señala-. Como muchos otros niños, yo crecí allí. Viví allí hasta los 17 años y, cuando terminé el bachillerato, me fui a París a estudiar. Es preciso entender que las opciones educativas en África eran limitadas -agrega-. En cierto modo, los jóvenes libaneses volvimos a emigrar, como nuestros abuelos, solo que con una finalidad académica”, señala.

La finalidad de Jouhaina -o, más bien, la de su familia- era que estudiara Economía. “Realmente no me atraía la carrera, pero la hice, y también hice el máster en Gestión de Empresas. En ese momento, era muy obediente y muy seria”, dice con una sonrisa. “Eso sí, una vez que terminé los estudios, cuando hice ‘lo que debía hacer’, decidí lanzarme a explorar otras cosas que me gustaban más, como los idiomas, los viajes y las culturas. Había pasado cinco años en París y quería conocer otros lugares”, explica.

De París a Barcelona

El deseo se materializó en un viaje de tres meses a Barcelona. “Bueno… Tres meses era lo previsto, porque viajé para estudiar castellano, pero terminé quedándome un año”, aclara. “Encontré trabajo en una inmobiliaria y pude prolongar mi estancia allí. La verdad es que estaba encantada. Yo venía del agobio de París, una ciudad donde se vive con mucho estrés y mucho individualismo, y me encontré con una ciudad diferente, con otro ritmo y otras costumbres. Claro que no se puede generalizar; tengo amigos parisinos que son unos soles, pero el estrés de la ciudad hace mella en la gente”, describe.

Al año en Barcelona le siguió otro en Senegal. “Me hicieron una oferta de trabajo muy buena y acepté, pero no conseguí adaptarme al país. Mi mentalidad es europea, aquí me siento realmente bien, y eso que toda mi familia está en África -reconoce-. De hecho, de mis hermanos soy la única que no ha regresado. El concepto, no solo de mi familia sino también el cultural libanés, es que los jóvenes se marchen, estudien y vuelvan para continuar y mejorar el negocio familiar. Yo me he desmarcado de esa tendencia”, dice.

En cambio, se ha radicado en Bilbao, una ciudad a la que siente su hogar y donde ha decidido emprender. A mediados de abril, Jouhaina abrirá una tienda de complementos y moda de jóvenes diseñadores. “He hecho muchas cosas y he trabajado en distintas áreas porque creo que uno no debe ceñirse a una única cualidad o afición. Ahora, que ya no soy una cría, me atraía mucho la idea de afincarme y empezar algo propio. A mi familia la visito una vez al año, casi siempre en Navidad, y ellos también vienen a verme un par de veces al año. Saben que estoy feliz, que he encontrado mi lugar “Me cautivó de forma inesperada”, asegura.

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