368 | Noelle

Con frecuencia se dice, o se oye, que “migraciones eran las de antes”, las que implicaban viajes de meses, despedidas permanentes, océanos de distancia y desiertos de información. Las que albergaban incertidumbre y no admitían ni soñar con el retorno. La emigración de Galicia, a principios del siglo XX, sirve muchas veces de contraste a los proyectos migratorios de hoy, con aviones, teléfonos móviles e internet. La comparación es válida, pero es miope, porque no ve -o no mira- la realidad de un continente como África, ni de un país como Congo, ni de personas como Noelle. Su viaje desde Kinshasa a Bilbao le llevó medio año, mucho miedo y no pocos sacrificios.

“Cuando murió el presidente Mobutu, el país quedó sumido en el caos. No había unidad política; abundaban las manifestaciones en las calles, la violencia, el saqueo de comercios y la destrucción de los medios de transporte. Cuando Kabila asumió la presidencia, buena parte de la clase política huyó. No había paz, ni consenso, ni posibilidad de oposición en el país. Quienes se dedicaban a la política se fueron al extranjero. Tenían miedo de ser apresados o de sufrir un destino incluso peor”, explica Noelle Mumbunbu para dibujar los antecedentes.

Su marido, que pertenecía a un partido político, huyó. “El peligro para él era real, así que decidió marcharse. Su idea era llegar a Europa y avisarme cuando estuviera aquí. Mientras, yo me quedaría en casa de mi familia, con nuestros hijos”, relata. Y agrega: “Desde que se fue hasta que volví a saber de él pasaron tres años. Eso es lo que tardó en llegar aquí. Durante todo ese tiempo, fue pasando de país en país, siempre dentro de África, viendo cómo dar el siguiente paso para cambiar de continente. La prioridad era sobrevivir. Pero yo, que durante todo ese tiempo no tuve contacto con él, llegué a pensar que había muerto”.

Las historias de los que se iban volvían cargadas de muerte, de incertidumbre y desaparición. “Estuve mucho tiempo pensando en él, en qué le habría pasado, hasta que me resigné a pensar lo peor. Por eso, cuando me llamó tres años después para decirme que estaba bien, que lo había conseguido, no me lo creí. No creía que fuera él, ni que estuviera vivo. Me dijo que estaba en España, que no tuviera miedo, que todo iba a estar bien. Tardé bastante en comprenderlo y en permitirme disfrutar de esa felicidad”.

Una felicidad que tuvo que controlar, pues a la revelación le seguiría otro larguísimo periodo de lucha y espera. Transcurrieron ocho meses hasta que Noelle pudo salir del país, y otros seis hasta que llegó aquí. “Emigrar cuesta dinero, aunque sea en condiciones precarias. Tuve que reunir una cantidad suficiente para llegar hasta Angola, en autobús. El viaje duró una semana. Allí me quedé bastante tiempo, en casa de unos parientes que son comerciantes. Los ayudé con el trabajo, con las ventas, y así pude reunir las cantidades necesarias para continuar con mi camino”.

El camino desconocido

El camino, además de largo, era desconocido. Tanto que viajó en avión desde Angola hasta Portugal pero, en lugar de venir directamente desde allí a Bilbao, pasó primero por Marruecos. “Me decían que a España se llegaba en barco y que se iba desde Marruecos. Y yo seguía a la gente. No hacía preguntas, me dejaba llevar”, explica. Tras la soledad, la vulnerabilidad y el miedo, tras la inmensidad de un mar rodeando una embarcación minúscula, llegó por fin el reencuentro. Dos autobuses y muchas horas después, Noelle llegó a San Mamés, donde la esperaba un abrazo conocido y añorado.

“No podía parar de llorar”, cuenta ahora, en la sede de ACNUR Euskal Batzordea. Además de apuntarse a la EPA, para aprender castellano, Noelle es voluntaria de esta prestigiosa institución, la Agencia de la ONU para los refugiados. Las personas que allí ha conocido, locales y foráneas, le han ayudado a integrarse y a sentirse “útil para la sociedad”. Sabe que su opinión cuenta y que tiene mucho para dar. Por ello, el miércoles pasado estuvo presente en la inauguración de ‘Miradas de África’, una propuesta de encuentro, investigación y reflexión sobre equidad de género, comunicación para la transformación social y construcción de paz positiva en el vecino continente.

La iniciativa, que engloba diversas actividades abiertas a toda la sociedad, tiene por objetivo visibilizar lo que sucede en el continente africano, en países como el de Noelle, donde “desaparecen los periodistas cuando son demasiado críticos”, donde “hacen falta líderes comprometidos con el bienestar y el desarrollo social, que promuevan el progreso”. Países que con realidades muy duras que aquí se desconocen “porque ni siquiera se mencionan en los medios”. La propuesta de ACNUR pretende, en síntesis, mostrar una situación a la que muchas veces se le da la espalda. Corregir nuestra miopía.

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