360 | Miguel

La relación viene de lejos. Comenzó hace casi 240 años, en la actual provincia de Segovia, cuando las coronas de España y Portugal firmaron el Tratado de San Ildefonso. En aquel encuentro, los representantes de ambos reinos acordaron la paz y, para ello, se repartieron ciertas zonas de los territorios conquistados. Dibujaron los contornos de sus dominios, al menos sobre el papel. Como resultado de la negociación, un enclave africano pasó a formar parte de la corona española a través de un virreinato que se encontraba en América Latina.

El enclave africano es, hoy, Guinea Ecuatorial. Es uno de los países más pequeños del continente y el único que mantiene al idioma español como su lengua oficial. De hecho, cuando logró su independencia -hace apenas 47 años- no era una colonia, sino una provincia. No sorprende, por tanto, que durante mucho tiempo la península ibérica fuera, para los ecuatoguineanos, el mejor lugar donde emigrar. El joven país no había cumplido aún su mayoría de edad cuando la madre de Miguel Obama-ndong tomó la decisión de emprender ese viaje. Era 1985. Él tenía solo siete años.

“Yo no vine, me trajeron”, puntualiza ahora, con sentido del humor. “Y la verdad es que no recuerdo mucho de mi país, ni de mi infancia allí. Tengo, sí, alguna imagen del viaje, del avión y de nuestra llegada a Madrid, donde vivimos durante diez años hasta que nos trasladamos a Bilbao. En África vivíamos próximos a Gabón, así que yo hablaba más francés que español. Cuando llegamos aquí fue difícil. La gente me hablaba y yo entendía, pero respondía en francés”, relata.

Aquello del idioma lo marcó. “Cuando vas a vivir a un lugar, cuando estás en un país que no es el tuyo, tienes que adaptarte. El manejo del idioma es fundamental para eso, para integrarte, trabajar, convivir… y también para defenderte”, puntualiza. “Si no entiendes la lengua, estás indefenso. La gente puede aprovecharse de ti”.

Al respecto, tiene varias anécdotas. “Una vez entré en un bar y pedí dos refrescos. Al pagar, me devolvieron menos de lo que correspondía y reclamé. La mujer que me atendía se sorprendió. ‘Ahh, pero qué bien hablas…’, me decía. Cuando tu aspecto físico denota que eres extranjero, te pasan esas cosas con cierta frecuencia”, lamenta. “Si tú me ves, te das cuenta de que soy de fuera, pero si solo me escuchas, tendrás la impresión de que soy de aquí, tan bilbaíno como cualquiera”, añade, y entonces surge una pregunta inevitable:

Y tú, ¿de dónde sientes que eres?
Ahh… la pertenencia -se ríe-. Muchas veces me preguntan eso. Cuando estoy hablando y digo que he nacido en África, la gente no me cree, insiste en que soy de aquí. Y cuando voy a Guinea o a Gabón me dicen lo contrario, que yo no he podido nacer allí, que soy extranjero. Siempre me toca explicar que me marché de pequeño, que me crié aquí, que mis raíces son africanas pero mi formación tuvo lugar en Europa. Yo digo que soy afrovasco porque me siento así, una mezcla de las dos cosas. Que te hagan elegir entre un sitio u otro es lo mismo que te pregunten a quién quieres más, a mamá o a papá. No tiene ningún sentido.

Música y proyectos

La relación de Miguel con su profesión -es DJ y productor musical- también viene de lejos, de cuando llegó a Bilbao. “Empecé a interesarme por la música aquí, hace veinte años ya. Primero me metí en un grupo, como cantante. Luego aprendí a pinchar discos y me dediqué a eso a tiempo completo. Ahora sigo, pero ya más tranquilo. Colaboro con un grupo de Santutxu que se llama La Medicina y con algunos amigos artistas, pero estoy más dedicado a la producción y difusión cultural”, explica.

“Obviamente -prosigue-, no es fácil. La situación económica es mala y cuesta mucho mantenerse. Pero la música te da siempre un poco de oxígeno. Disfruto mucho con la parte creativa y trabajo con el aspecto más práctico, el de organizar ensayos, promover artistas, conectar músicos y locales o difundir eventos”.

Miguel explica que Bilbao es, para esto, una “ciudad ideal”, donde existe un “buen equilibrio” entre la tranquilidad de la semana y las posibilidades para salir los fines de semana. “Hay muchos locales y muchos artistas. Las oportunidades existen, pero hay que salir a buscarlas. No puedes quedarte en tu casa esperando a que te toquen la puerta. En este ámbito, como en cualquier otro, es importante tomar la iniciativa, moverse y no desistir. Cuando emprendes, el ‘no’ ya lo tienes desde el principio. Tienes que salir en busca del ‘sí’. Es difícil, pero no imposible”.

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