356 | Elina

Finlandia es un país con características singulares. Un ejemplo es el clima. El invierno allí es muy extenso y muy frío, especialmente en las regiones del norte, donde es la estación más duradera del año. La mayor parte de la población, por tanto, reside en las ciudades y pueblos del sur; en enclaves como Helsinki, la capital, y otras ciudades cercanas. Entre ellas, Tampere, un lugar donde el invierno es menos duro que en otros rincones fineses, aunque en esta época, entre diciembre y febrero, las temperaturas máximas siempre estén bajo cero.

De allí, de Tampere, es Elina Poikonen, que llegó a Bilbao hace poco, en septiembre. “Son ciudades muy similares -compara-. Tampere fue, en el pasado, una ciudad industrial. Ahora, en cambio, es una ciudad de estudiantes porque hay dos universidades. El ambiente es muy tranquilo, como aquí, y la gente es amable. La principal diferencia es que allí viven menos personas. La población apenas supera los 200.000 habitantes”, describe. La proporción de estudiantes, extranjeros y fineses, es alta: alcanza a una de cada cinco personas.

“Otras diferencias que me sorprendieron nada más llegar tienen que ver con el aspecto social. La gente, en Euskadi, sale mucho más a la calle. En los restaurantes ves personas de todas las edades, mayores y niños. De hecho, una de mis cosas favoritas de Bilbao es la cantidad de cafeterías que hay por toda la ciudad; las hay pequeñas, acogedoras. Me encantan”, subraya.

“En realidad, me gusta mucho Bilbao; es muy bonito. Hay montañas y bosques, pero también hay playas. La arquitectura es muy interesante, el metro es moderno y los parques, como el de Doña Casilda, son preciosos. Disfruto recorriéndolos. La cultura vasca es súper interesante, muy auténtica, y la comida es otro punto fuerte -prosigue-. Los pintxos son deliciosos. En este sentido, lo único que echo de menos es el pan de centeno, aunque el pan de aquí también es rico”, matiza.

Finlandia tiene buena imagen en el mundo. Según los informes más recientes de Transparencia Internacional, es el tercer país con menos corrupción, solo superado por Dinamarca y Nueva Zelanda. “Aquí se conocen varias cosas de mi tierra -apunta Elina-. Los vascos saben que nuestro invierno es muy frío, conocen Laponia y saben que allí hay renos, auroras boreales y está la casa de Papá Noel”, comenta, haciendo un guiño a la Navidad. “Y debo decir que estoy muy contenta porque nadie me ha preguntado si vivimos en iglúes o tenemos osos polares”, añade divertida.

En busca del talento estudiantil

Pero, más allá de la nieve o los renos, el buque insignia de Finlandia es la Educación. Su sistema educativo recibe múltiples elogios y, además, marca tendencia en el mundo. Es el modelo de referencia, el sistema con el que muchos otros países se comparan. “En mi país, los profesores tienen un papel muy importante en la educación. Incluso en el instituto los grupos son pequeños, de unos veinte estudiantes por clase. Eso es bueno, ya que el maestro tiene más tiempo para dedicar a quienes más lo necesitan”, explica.

“La educación aquí es muy diferente, al menos en la universidad. En Finlandia se les da a los estudiantes un montón de responsabilidades, y es su trabajo asegurarse de que aprenden, y aprobar los cursos. Mi sensación es que aquí hay un montón de clases de asistencia obligatoria. En cambio, la universidad a la que yo fui es muy libre. Por lo general, los estudiantes no tienen que ir a clases si no quieren o si tienen otras cosas que hacer. Este tipo de percepción les ofrece la posibilidad de, por ejemplo, trabajar durante sus estudios”.

Elina sabe bien de lo que habla, no solo por haber experimentado esa etapa estudiantil, sino por su ocupación actual. Ella trabaja para Demola, una empresa finesa que apuesta por el talento joven, de los estudiantes universitarios, y lo gestiona. “La empresa ha abierto una oficina aquí, en Bilbao. Tenemos cinco grupos de estudiantes que trabajan para resolver problemas de empresas locales. Los principales objetivos de esta iniciativa son, por un lado, ofrecer a los estudiantes una oportunidad de coger experiencia de trabajo real y mostrar sus habilidades. Y, por otro, aumentar la cooperación entre universidades y empresas”, detalla.

Elina forma parte de un grupo que dedica sus esfuerzos en una empresa de tecnología local. “Mi papel, en este proyecto, está ligado a los modelos de negocios y aspectos empresariales. Realmente me gusta mucho mi trabajo. Lo disfruto y, además, me permite crecer. En este caso, me da la oportunidad de tener una experiencia laboral internacional en un lugar que me gusta mucho mientras termino el máster”.

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