332 | Unity

Nigeria casi nunca es noticia. Poco se cuenta en el mundo de esta antigua colonia británica que, en la actualidad, es el país más poblado de África y uno de los que registra más cantidad de idiomas. Allí se habla medio millar de lenguas, además del inglés, aunque en el plano internacional su embajador sea el silencio. La excepción ocurrió este año, cuando el grupo terrorista Boko Haram secuestró a más de doscientas niñas de una escuela de Chibok, al noreste del país. Entonces sí, las vicisitudes del Estado traspasaron sus fronteras para caer en las redes sociales e instalarse en los telediarios.

La noticia de las chicas secuestradas sobrecogió al resto del mundo. Miles de personas -incluidos muchos políticos- se fotografiaron con el lema ‘Devolved a nuestras niñas’ (‘Bring back our girls’). Pero, ¿qué puede sentir un nigeriano cuando ve esas noticias desde lejos? “Que nada ha cambiado y que el país ha ido a peor; que allí gobierna el miedo”. Así de contundente -y, también, de resignado- responde Unity James, un ciudadano del sur de Nigeria que vive en Vitoria desde hace ocho años.

“El país ya estaba mal cuando yo me fui… y mira que, de eso, ya ha pasado un buen tiempo”, aclara él, que vivió varios meses en París y cinco años en Madrid antes de radicarse en Euskadi. “Nigeria no ha tenido buenos Gobiernos ni buenos líderes. La mayor parte de las instituciones están marcadas por la corrupción. Cuando yo vivía allí, aunque estudiaba, lo único que veía era que no iba a tener posibilidades de futuro. Daba igual la cualificación que tuvieras o que hubieras estudiado mucho: en mi país, sin un ‘enchufe’, no tienes ni una oportunidad”, lamenta. Y añade que por eso se fue.

“La gente no se va porque sí, ni porque quiera vivir lejos de su familia. La gente se va de un país cuando siente que en él no va a poder buscarse la vida. Eso fue lo que me pasó a mí. Si yo hubiera sido el hijo de un ministro, seguro que no tendría problemas para salir adelante y conseguir un trabajo. Pero mi familia es una familia normal. Mi hermano emigró antes que yo; vino a Madrid y, gracias a él, pude venir yo también. Cuando miro lo que ocurre ahora mismo en Nigeria siento muchísima pena, una gran tristeza. Duele ver que tu país va a peor. Ahora, además de la corrupción y la falta de trabajo, hay miedo, hay inseguridad y está la incertidumbre de no saber qué va a pasar mañana”.

Un miedo desconocido

Más que en el pesimismo, las palabras de Unity se apoyan en una dura realidad. Analiza la situación con parámetros europeos y toma decisiones con la responsabilidad de tener tres hijos. “Lo que ha ocurrido en mi país con las doscientas niñas secuestradas es impensable en Europa. Aquí no se conoce esa clase de inseguridad. Por supuesto que me gustaría volver a mi tierra algún día, pero no en estas condiciones: sin trabajo, con tres hijos vascos y con miedo. No puedo hacerles eso a ellos, que han nacido aquí y están acostumbrados a esto”, razona él, aunque también es crítico con el ‘sueño europeo’.

“Honestamente, yo no puedo decir que aquí estamos ‘muy bien’, o que estamos como imaginamos que estaríamos. En este momento, estoy en el paro y es mi mujer quien soporta toda la carga económica. Eso no es vivir mejor, eso es aguantar, resistir, como tantas otras familias de aquí con la crisis”, explica Unity, que es miembro activo de la asociación nigeriana Esan Akugbe y colabora también con Kira, la Coordinadora de Inmigrantes y Refugiados de Álava. Es evidente que conoce de primera mano infinidad de situaciones dramáticas.

Resulta interesante conocer su opinión sobre otras de las noticias más calientes del momento: la frontera sur y los saltos grupales a la valla. “Personalmente, nunca estuve allí ni viví nada similar porque vine de otra manera, con una carta de invitación de mi hermano y todas las cosas que me pedían -explica-. Pero cuando veo esas imágenes siento tristeza y vergüenza. Los jóvenes que cruzan así, jugándose la vida, no tienen información. No saben realmente lo mal que está el país, ni que hay crisis, que falta trabajo o que, como inmigrante, lo pasas mal. Esa información no llega a África. Y, cuando llega, no le hacen caso. No se lo creen. Allí todavía se piensa en Europa como un gran árbol que da dinero”.

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