322 | María Inés

La próxima semana comenzará a impartirse en Barakaldo un taller gratuito de radio. La primera clase será el martes 1 de abril y el curso se extenderá, semana a semana, hasta mediados de junio. La iniciativa busca trabajar con la voz como herramienta de comunicación, experimentar con las habilidades radiofónicas y constituir un punto de encuentro y acercamiento entre sus participantes. Está organizada por el ayuntamiento y cuenta con el apoyo de Candela Radio, cuyos profesionales se encargarán de compartir sus conocimientos con quienes se apunten.

María Inés Postiglioni -Maine, para los amigos- forma parte del equipo docente. Licenciada en Comunicación y locutora profesional, esta argentina se confiesa enamorada de la radio desde que era adolescente. “Lo tenía clarísimo -dice-: yo quería estudiar Locución. Aquí no existe como carrera, ni hay tanta tradición; se la asocia más al doblaje. Allí, en cambio, tiene muchísimo peso. La formación dura tres años y para entrar en el ISER, que es el Instituto Superior de Estudios Radiofónicos, es necesario pasar por un examen de ingreso muy exigente”, detalla.

Consciente de que “las posibilidades de entrar eran muy pocas”, Maine se apuntó en la universidad para estudiar periodismo. “La carrera de locución tiene mucho de expresión corporal, de actitud, de bagaje. Yo era pequeña todavía. Tenía 18 años. Pensé que al estar tan ‘verde’ no iba a superar la prueba de admisión, así que me inscribí en la facultad de comunicación para hacer algo relacionado con mi vocación y aprovechar el tiempo”, cuenta. Grande fue su sorpresa cuando supo que la habían aceptado.

“Empecé a las dos carreras a la vez, y seguí con ambas, en paralelo, hasta que conseguí trabajo. En ese momento, dejé un poco aparcada la carrera de comunicación”. Fue una pausa, más que una renuncia. “Trabajaba en radio, en presentaciones de actos políticos, de ministerios… Eso me insumía mucho tiempo y, además, me gustaba. Sin embargo, me parecía importante terminar con la licenciatura. Tardé diez años, pero lo hice, si bien todo mi trabajo, toda mi carrera ha estado vinculada a la palabra y la voz, más que al periodismo escrito”, explica.

Así fue en Argentina y lo sigue siendo en el País Vasco, donde llegó, como dice, “por amor”. Su primera incursión fue en 2008 y duró tres meses; un periodo prudencial para conocer el entorno y evaluar también las perspectivas laborales. “En aquel año se hablaba de ‘desaceleración económica’, no de crisis, así que las sensaciones no eran tan malas”, recuerda con un toque de ironía. Convencida de dar el paso, volvió a Argentina a hacer todos los trámites necesarios para radicarse en Euskadi, en condiciones de trabajar. “Cuando regresé, el panorama había cambiado por completo. No había trabajo en los medios”, explica.

Combatir el aburrimiento

En ese momento conoció a Miguel Ángel Puente, el director de Candela Radio, con quien empezó a colaborar. “Él tenía idea de montar los talleres de radio y yo tenía experiencia como profesora, ya que en mi país había dado clases de locución en la Escuela de Arte Municipal. La idea me entusiasmó mucho, y la pusimos en práctica junto con María Paz Giambastiani, otra persiodista argentina, que fue quien nos presentó”. Así nació el taller que se desarrollará ahora en Barakaldo, y que ya antes funcionó en otros municipios de Vizcaya.

“La voz es una estupenda herramienta de comunicación. Se puede trabajar, mejorar, conseguir que sea más plástica y expresiva”, señala Maine que, además de estos talleres, se dedica a impartir clases de educación vocal. Su trabajo consiste en mejorar la expresividad y la oratoria de quienes se apuntan a sus cursos. “Hay muchas personas que necesitan usar la voz para su trabajo y sus actividades cotidianas. Profesores, vendedores, ponentes… Y la mayoría no le saca todo el provecho que podría. Es lógico -añade-. En la escuela nos enseñan a leer, a escribir, pero nadie nos enseña a hablar. No hay clases generales de fonética, de respiración ni de cómo estructurar un discurso”.

El resultado, además de que no pocas personas lleguen a la adultez con problemas foniátricos, respiratorios o tendencia a matratar las cuerdas vocales, es que “no conseguimos expresar nuestros mensajes de un modo atractivo, natural, interesante. Quienes escuchan muchas veces se aburren porque quien habla no es suficientemente claro o no explota del todo los matices de su voz. En las clases, promuevo la naturalidad porque creo que solo así uno puede ser convincente al hablar. Mi trabajo es ese y me encanta. Me sigue gustando, como el primer día”.

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