317 | Pilar

Quienes pasean con frecuencia por la ría de Bilbao los habrán visto. Se reúnen cuatro veces por semana en Uribitarte, junto al Puente del Ayuntamiento, donde ensayan pasos y coreografías. “Mucha gente se para en el borde del puente a mirar; hay personas que se quedan un buen rato observándonos, aunque casi nadie sabe qué estamos bailando, ni por qué lo hacemos”, explica la boliviana Pilar Soliz, miembro del grupo y de una fraternidad internacional llamada Caporales San Simón.

“Los caporales son un tipo de danza folclórica de mi país, una fusión musical y un tipo de expresión artística cada vez más conocida en distintas partes del mundo”, resume. Y lleva razón. Esta danza, que nació a finales de los sesenta, se inspiró en la figura del caporal; es decir, el capataz de los esclavos negros que llegaban al altiplano de Bolivia en la época colonial. Desde su creación hasta hoy ha evolucionado mucho y se ha consolidado; de ahí que en 2011 haya sido declarada Patrimonio Cultural e Inmaterial.

El origen de esta danza está en el altiplano boliviano y quizás su mejor caja de resonancia es el carnaval de Oruro, la provincia de Pilar. Para ella, que llegó a Bilbao hace siete años, siempre fue muy importante mantener esa tradición y, sobre todo, darla a conocer, compartirla con los demás. “Me gusta promover la integración, aprender de las demás culturas y enseñar cómo es la nuestra -dice-. En ocasiones, los colectivos de extranjeros tendemos a aislarnos, a juntarnos solo entre nosotros, y eso no es bueno para nadie. Lo verdaderamente interesante, lo rico, es fomentar la interrelación. Por eso en nuestro grupo de danza no solo hay bolivianos, también hay gente de aquí, de Colombia, Perú, Ecuador o Alemania”, enumera.

Habla de ello con entusiasmo, el mismo que se cuela en su voz cuando anuncia las próximas actuaciones, los días 1 y 2, en Bilbao. “Falta muy poco para el carnaval. Este momento del año es muy importante para nosotros, ya que se suman más personas a las presentaciones y llegamos a ser más de cuarenta. El próximo sábado elegiremos a nuestra ‘miss’, la joven que nos representará aquí, en la federación de Caporales a nivel estatal y que tendrá la posibilidad de bailar en Bolivia”, explica Pilar, cuya labor consiste en “organizar actividades para promover la cultura y la danza” de su país. La fraternidad a la que pertenece tiene carácter internacional, y ella es subcoordinadora de la filial en España.

“Estamos todos conectados. Cada año renovamos los trajes, que son muy vistosos, coloridos y brillantes, y aquí llaman mucho la atención. La vestimenta, que no es un disfraz, viene desde Bolivia y el diseño es común para todos; lo que varía es el color: a cada país le corresponde uno”, detalla Pilar que, además de coordinar al grupo de Bilbao, es contable de profesión.

Fuga de cerebros

“Yo estudié en mi país y acabé allí la licenciatura, poco antes de venir para aquí. En ese momento, ya tenía a mi niña, pero vivíamos con mis padres y mi hermana. La razón principal para emigrar fue independizarnos y dejar de suponer una carga para ellos. Tanto mi hermana como yo teníamos trabajo, pero la remuneración no era suficiente, así que ella vino primero y, poco después, llegué yo con mi pequeña… Una ‘pequeña’ que ya tiene trece años”, comenta Pilar, un poco sorprendida por el paso del tiempo.

“Cuando llegué aquí empecé, como casi todo el mundo, a trabajar en tareas de limpieza. Poco a poco fui avanzando. Sin embargo, nunca pude dedicarme a lo mío ni homologar mi título. Y, ojo, que las barreras para ello no las he encontrado aquí, sino en mi propio país -aclara-. El Gobierno boliviano ha puesto un montón de trabas para evitar la llamada ‘fuga de cerebros’. En síntesis, lo que te dicen es que si quieres ejercer tu profesión, vayas a hacerlo allí, donde la situación está fatal. Precisamente por eso nos fuimos…”, razona.

Sin embargo, pese a toparse con trabas o tener guardado su título en un cajón, el cambio ha valido la pena y Pilar se siente “muy afortunada”. Quizá no haya podido desempeñarse como contable, pero la experiencia de cambiar de país le ha brindado otras cosas. “Para empezar, he conseguido lo que quería, he trabajado desde el principio y he salido adelante con mi hija. Pero, además, he encontrado una manera activa y concreta de difundir una parte de mi cultura. Cuesta asentarse, aunque los lazos se construyen con el tiempo. Eso es muy gratificante”.

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