278 | Ledián

Los días de Ledián Mola están cargados de actividad. Sus jornadas comienzan en Sarriko, donde cursa el bachillerato musical, continúan en Barakaldo, cuyo conservatorio conoce de memoria, y acaban en Santurtzi, donde reside desde hace tres años. «Vivo en la calle Juan Crisóstomo de Arriaga», puntualiza divertido y convencido de que no hay mejor dirección para un amante de la música clásica y violinista profesional, como es él.

Como Arriaga, Ledián toca el violín desde que era un niño. Empezó a los siete años, en Cuba, gracias a la influencia de sus abuelas. «Cuando yo era chiquitín, creía que el puente de los violines estaba hecho de queso. Cada vez que veía uno, con sus agujeritos y su color, me recordaba al queso de los dibujos animados -dice entre risas-. Aquello me tenía fascinado, así que una de mis abuelas me regaló un pequeño violín. Poco después, mi otra abuela me llevó a hacer una prueba de aptitud en el conservatorio de La Habana». Así comenzó su relación con el violín, un instrumento al que considera una prolongación de sí mismo.

«Si tengo un mal día, cuando toco, se nota. Si estoy alegre, también. El violín es una parte más de mi cuerpo, del mismo modo que la música es una manera de entender el mundo, de expresarme y de conectar con los demás». Para él, esa frase tan manida sobre la música, que la define como «un lenguaje internacional», no es un cliché, sino una realidad. De hecho, le ha servido para vincularse con otros jóvenes, vascos, que comparten con él ese gusto.

Los sábados por la tarde, Ledián ensaya con la sinfónica Behotsik en el Centro Cívico de Otxarkoaga. Esta orquesta -que también es una asociación- está integrada por casi cuarenta jóvenes músicos de Euskadi, que entienden su actividad como un modo de unir a las personas, de disfrutar de la cultura y fomentar los lazos de amistad. «Todos son de aquí, excepto yo, que soy el único ‘turista’ del grupo», cuenta con gracia.

«A la gente, al principio, le llama un poco la atención. Lógico, un negro cubano que toca el violín no es algo que se vea todos los días. Sé que es insólito y que siempre está ese miedo a lo distinto, pero la verdad es que me siento muy a gusto, muy feliz. Obviamente, no soy un ‘euro’, que caen bien a todo el mundo, pero con los chicos de Behotsik la relación va más allá de las procedencias o la cuestión cultural. Compartimos una manera de ver las cosas y eso es lo que cuenta», señala.

Chauvinismo

Ledián es un defensor de la ‘ciudadanía del mundo’. «Yo nací en Cuba por casualidad -dice-. Podría haber nacido en Chechenia o en Haití. Por eso, no tengo bandera, y menos ahora, que he cambiado de país y vivo inmerso en una cultura distinta. Cuando emigras, comprendes que el chauvinismo no es positivo. Debes aprender a ser versátil y adaptarte como el agua, que coge la forma del envase. No digo que uno reniegue de sus raíces o se olvide de sus tradiciones. Hay costumbres que se pueden mantener, sin imponerlas, mientras incorporas otras nuevas, del lugar donde vas a vivir».

Para él, la clave está en el equilibrio. «Ni vivir aquí como si estuviera en Cuba, ni pretender que soy vasco», resume. Esa es la conclusión a la que ha llegado después de llevar tres años en Euskadi. «La gente que nunca ha salido de su tierra cree que emigrar es fácil, pero no lo es. Nunca es fácil cambiar de país, aunque tengas cosas a tu favor». Pone de ejemplo su propia historia. «Yo vine aquí por mi padre. Él era bailarín del Tropicana. Hace quince años, viajó a Europa y decidió quedarse. Hizo aquí su vida, formó una familia y me dijo que viniera. Esa parte, que a otros les cuesta tanto, para mí ha resultado muy sencilla».

«Sin embargo, adaptarte al cambio cultural es otra cosa -añade-, porque siempre se sufre un poco». Sobre todo al tropezarte con la imagen que se tiene de Cuba fuera de Cuba. «Es triste que se piense en ella como una isla de puticlubs, o que muchos crean que vivimos con taparrabos, sin ninguna preparación. Obviamente, me gustaría que se tuvieran en cuenta otras cosas, sin idealizar por supuesto, pero sin caer tampoco y exclusivamente en lo negativo».

«Si pudiera elegir algo de mi país, me quedaría con la solidaridad y la proximidad de la gente. En América Latina nunca sabes cuándo vas a necesitar de los demás, así que siempre estás dispuesto a echar una mano. La reciprocidad lo es todo. Aquí hay más individualismo. Probablemente, no sepas ni quiénes son tus vecinos».

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s