268 | Noreida

Son las cuatro y media de la tarde, el ambiente está tranquilo y parece un buen momento para hablar. La cafetería de Noreida está en calma. Apenas unos minutos antes, la cocina bullía de actividad. Los encargados de los fogones -tres personas- se afanaban en preparar sin demora la comida; en especial, los platos estrella: las picadas, la bandeja paisa y el sancocho. Cocina típica de Colombia, el país que Noreida dejó hace ya más de diez años. «Yo me vine como casi todos, buscando un futuro mejor. En mi ciudad, Medellín, ya no podía quedarme. Trabajé durante varios años en una tienda de ropa y allí ganaba lo justo, pero cuando nació mi hija ese dinero dejó de ser suficiente; no me alcanzaba para vivir». Por aquel entonces, a su hermana le ofrecieron empleo en Bilbao. «Era un trabajo de asistenta, en una casa de familia, pero al final no lo aceptó. Ella consiguió un buen trabajo en Colombia y decidió quedarse», relata Noreida, que en ese momento lo vio claro: «Pregunté si me aceptarían a mí en su lugar, dijeron que sí y vine». Una ilación muy sencilla para una decisión complicada.

«Mi hija tenía catorce meses cuando emigré, y separarme de ella fue la cosa más difícil que he hecho en la vida. Viajé con la esperanza de que las cosas serían rápidas. Tenía la esperanza de regresar pronto a Colombia, o de traer a mi niña conmigo en poco tiempo, pero cuando llegué a Bilbao comprendí que eso era una fantasía. Nada es sencillo, porque uno viene lleno de ilusiones y piensa cosas irreales. Por ejemplo, yo decía: ‘Voy dos años, junto dinero, vuelvo y me compro una casita’. Pero luego las cosas se complican, el tiempo empieza a correr y tienes que elegir entre volver sin nada y aguantar o tirar para adelante y regresar con algo».

Noreida eligió quedarse, trabajar y ahorrar todo lo posible. «Limpiaba casas, tenía tres empleos en el día y los fines de semana en un restaurante. Trabajaba todos los días para estar activa y porque no sabía cuánto tiempo iba a aguantar sin mi pequeña. Lo único que hacía en esa primera época era ahorrar. Me privaba de muchas cosas, compartía habitación, comía lo que me daban en mi trabajo… La mentalidad era gastar lo mínimo posible y volver», dice Noreida que, a pesar de su convicción inicial, vio cómo sus planes cambiaron.

Miedo a las deudas

«Al cabo de un tiempo empecé a trabajar como camarera en un bar latino, y allí me hicieron los ‘papeles’. Tardé cuatro años en conseguirlos, pero eso lo cambió todo. El primer trámite que hice fue para traer a mi hija conmigo. Mientras esperaba, seguía esforzándome en el bar y me fue muy bien: muchos clientes me animaban a que abriera mi propio negocio. ‘Aquí venimos por ti’, decían ellos. Y yo les contestaba que cómo iba a montar un bar, si no tenía suficiente y me daban mucho miedo las deudas».

Los clientes siguieron insistiendo hasta que pidió un préstamo y se lanzó por su cuenta; primero, en San Ignacio y después en Indautxu, donde sigue hasta ahora. «Aquello fue muy sacrificado y la verdad es que no lo hubiera conseguido si no fuera por estos clientes. Ellos me animaron desde el principio, y también me siguieron. Me gustaría hacer público mi agradecimiento», dice Noreida bastante emocionada. Para alguien como ella, que vino aquí a ganarse la vida, que no le gusta que le regalen nada y que disfruta con la sensación de conseguir las cosas por sí misma, la confianza y la fidelidad es un activo invaluable.

«Cuando abrí mi negocio también fui a buscar a mi hija. Nunca se me va a olvidar el reencuentro. La dejé allí con catorce meses y volví a abrazarla cuando tenía seis años, pero lo conseguí. Hoy está aquí conmigo. He vuelto a formar una pareja, tengo un niño pequeño y aunque estamos en tiempos de crisis, difíciles para todos, estoy contenta con lo que he logrado».

«Y sí, hay momentos complicados -reconoce-. Paso muchas horas aquí porque hay que estar en todo, en la cocina, con los proveedores, con los clientes… Hay días que, cuando llego a casa, mis niños están dormidos y eso me apena, pero lo prefiero mil veces a tenerlos lejos de mí. Eso no. Nunca más».

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