261 | Carlos Andrés

Tiene solo veinte años, pero algunos de sus intereses se asemejan a los de una persona mayor. “Mi sueño -dice- es comprar la escuelita de mi pueblo, en Colombia, montar allí un comedor social para quienes no tienen recursos, y ofrecer talleres de carpintería, o albañilería, o pintura para que puedan aprender un oficio y mejorar su futuro. Así no solo es un acto de caridad, sino también de oportunidad. Me encantaría poder hacerlo”, imagina Carlos Andrés Patiño Varón, un joven músico y cantante colombiano que llegó a Euskadi en 2004, cuando era un niño.

“Mi familia y yo vivíamos en Honda-Tolima, un pueblo pequeño y muy bonito de Colombia que no llega a los 60.000 habitantes. Mi padre trabajaba en una empresa de construcción y, hace doce o trece años, le ofrecieron venir aquí porque es muy bueno en su oficio, aunque esté mal que yo lo diga. Su idea era progresar, así que aceptó la propuesta. Primero vino él, luego mi mamá, y finalmente vinimos mi hermana y yo”, resume. “Entonces yo tenía doce años, pero todavía me acuerdo de las cosas que me sorprendieron de Bilbao”, añade.

El museo Guggenheim, los centros comerciales “tan enormes” y la organización de la ciudad son sus primeras menciones. “Me sorprendió mucho el modo de vida que había aquí, que todo estuviera ordenado, súper organizado, con una policía local amable y cercana… Me cautivó el clima, tan diferente al de mi pueblo, donde casi no llueve y todos los días tienes 35 grados. Y la comida… ay, la comida. El primer año subí de peso un montón. Todavía tengo algún pijama de esa época en el que ahora quepo tres veces”, cuenta divertido.

Su primer contacto con la gente de aquí fue la escuela. “Algo difícil, al principio, como en cualquier lugar al que llegas y eres ‘el nuevo’. Pero poco a poco me fui integrando y, al final, estaba encantado. Además, yo vine a Euskadi contento, entusiasmado, porque iba a estar de nuevo con mis padres y porque iba a conocer un mundo nuevo, unas costumbres distintas… Y la verdad es que me gustó desde el primer momento. Las tradiciones de aquí son muy bonitas, y los deportes también. Algunas veces he jugado pelota vasca”, desvela.

Pero la pasión de Carlos Andrés no es el deporte, sino la música. Cuenta que desde pequeño tenía curiosidad, aunque se lanzó a ello de manera profesional hace tres años. Adoptó como nombre artístico el apellido de su madre, Varón, y con él ha rubricado sus trabajos, su página web y el videoclip de su primer sencillo, ‘Movimiento violento’. A día de hoy, compagina su carrera musical con su labor como ayudante de producción en el estudio de grabación Jey Company Music, en Bilbao. Y aunque ya ha realizado su primera gira en Colombia, tiene clara la importancia del trabajo en el día a día de este lado del Atlántico.

Desde abajo y poco a poco

“Fue muy duro llegar a ser cantante -explica-. Cuando acabé el instituto, me puse a trabajar el otras cosas: de mensajero, en la obra, de panadero, repartiendo folletos… Así pude ahorrar algo para dar los primeros pasos en este mundo. Mis padres, al principio, no estaban muy de acuerdo. Pero ahora me apoyan al 100% y, si no fuera por ellos y por los profesionales de la música que he conocido aquí, no podría haber hecho realidad esta ilusión. Con mi amigo Jhona montamos el estudio aquí en Bilbao y eso nos ha permitido crecer como músicos”, dice. “Eso, y la ayuda de Dios”, añade Andrés, que se confiesa “muy creyente”.

En el estudio, hace “de todo”. Sus canciones son suyas “desde el principio hasta el final; letra, música y mezclas”. Compone temas para otros artistas… y hace trabajo social. “Mi sueño es ayudar a la gente con la música”, dice. “Quizá algún día pueda cumplir con mi idea de la escuelita, en Colombia, pero mientras tanto procuro hacer cosas aquí, aunque sean más pequeñas o menos ambiciosas, al alcance de mis posibilidades”, señala.

“Hoy en día -prosigue- hay muchos jóvenes en paro, que no tienen ocupación o no están estudiando, y se pasan mucho tiempo en las calles. Cuando los veo, los invito al estudio para enseñarles las cosas que sé, cómo mezclar, cómo funciona el sonido, cómo se graba un tema… La música puede ser muy positiva, y siempre es mejor estar creando cosas y aprendiendo algo nuevo que estar plantado en una acera sin proyectos”.

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