250 | Eusebio

A Eusebio Frasqueri le encanta su trabajo. No solo porque se dedica a ello desde hace más de cuarenta años, sino por el modo en que habla de su labor. Eusebio es albañil y ha trabajado en la construcción durante toda su vida. “Empecé en Paraguay, cuando tenía once años”, precisa. Hoy tiene 57 y se matiene activo en Vitoria.

“Me dedico a colocar azulejos y suelos, a lo que aquí se denimina alicatado. Es un trabajo de terminación, de detalles, porque en esa fase de la obra ya no entra nadie más que tú y lo que haces con tus manos. No interviene ni el pintor, ni el fontanero, nadie. Y eso significa que el acabado que tú consigues allí se quedará, a la vista de todo el mundo. Por eso es tan importante hacerlo bien y con cuidado, controlar las técnicas y ser meticuloso y detallista”, indica.

Consciente de que su oficio es tan antiguo como universal, Eusebio no dudó en ampliar sus horizontes cuando hizo falta. Primero, en Estados Unidos y, después, de este lado del Atlántico. “Viajé a Galicia en 2002 en busca de trabajo, intentando que me contratara alguna empresa de construcción. Hice contactos, hablé con mucha gente del sector, y me explicaron que para poder contratarme y hacer las cosas bien, yo tenía que estar en mi país de origen y recibir allí una oferta firme de empleo”.

Él quería seguir por esa vía, aunque fuese más lenta, laboriosa, burocrática y cara. Sabía que las posibilidades eran pocas, que podrían tardar en llegar y que su objetivo podría alejarse. Pero, aun así, lo intentó. Recopiló información y documentos, hizo todas las gestiones que estaban en su mano, y marchó con la esperanza de que el esfuerzo le conduciría a buen puerto. Acertó, aunque la odisea le llevó de un país sin mar a una ciudad sin costa.

“Un arquitecto de Vitoria se interesó, y así fue como yo vine a Euskadi, con trabajo asegurado y un lugar donde vivir. Llegué aquí hace casi nueve años, junto con 13 trabajadores más”. La familia, eso sí, quedó en Paraguay. “Esta vez no fue tan duro porque mis hijos -tiene cinco- ya son grandes. Los sacrificios han valido la pena”.

Desde que llegó al País Vasco, Eusebio ha estado trabajando en el oficio que tanto aprecia. Pero, además, ha tenido la ocasión de compartir lo que sabe y conectar con su faceta más social. Desde hace cuatro años, es instructor de alicatado en la cárcel de Nanclares. “Me presenté a ese puesto con muchísima ilusión. En mi país había trabajado como visitador social en una penitenciaría y sé lo importante que es ofrecer a las personas una segunda oportunidad. Cuando me llamaron para decirme que el trabajo era mío, me sentí muy feliz”.

Construir nuevas historias

Esa misma alegría es la que transmite en sus clases, convencido de que “no solo se trata de un oficio, sino de una oportunidad”. Los cursos, “tienen una parte teórica y una práctica, pero al final también hay que producir. En algunos pabellones hace falta colocar azulejos o renovar el alicatado, y eso lo hacemos nosotros. Cuando miramos el trabajo acabado, la sensación es muy gratificante. Yo siempre les digo a los internos: ‘Eso lo hicieron ustedes’. Y la gente se entusiasma”.

Eusebio tiene muy claro que la inserción social es fundamental para todas las personas. También para las que vienen de fuera, como él, y tienen por delante el desafío de construir una nueva historia, lejos de los afectos y el entorno conocido.

Como presidente de la Asociación de Paraguayos en Vitoria (APAVI), se preocupa por esttrechar lazos con la gente de su tierra, “mantener las tradiciones, el folclore y el gusto por el encuentro, ya sea con un partido de fútbol o una muestra de danzas típicas”, explica.

Pero también pone en valor “las cosas buenas del País Vasco, que son muchas”; tantas como para venir y quedarse. “La limpieza de las calles, la seguridad ciudadana, la cantidad de espacios verdes que hay… Para mí -dice- ha sido muy sencillo adaptarme, incluso al frío del invierno. Además, me gusta mucho la lectura y aquí tengo la posibilidad de comprar libros, algo que no siempre podía hacer en mi país. Esas cosas tan simples, y a la vez tan importantes, hacen que sienta que he encontrado mi lugar en el mundo y que muchas veces diga ‘yo también soy de Vitoria’”.

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