116 | Assane

Assane llegó de noche a Bilbao. Le gusta recordar la experiencia porque ilustra perfectamente lo que supone un salto de país, de continente y de cultura. «Llegué de noche y fui directo a San Francisco», relata. Como todo estaba oscuro, sólo vi lo que mostraban las farolas. Con esa luz, el barrio me pareció bonito, ordenado y limpio…», agrega con una sonrisa que anticipa el desenlace.

Aunque estaba cansado por el viaje, aquella noche casi no durmió. «Tenía muchas ganas de ver qué era Europa. Estaba ansioso y quería que llegara el día para contemplar bien la ciudad. Me pasé toda la noche en la habitación esperando a que amaneciera». Cuando por fin salió el sol, Assane abrió la ventana y se asomó al balcón, que daba a la calle Dos de Mayo. «No podía creer lo que veía. Las condiciones de vida, el ambiente… Todo estaba en peores condiciones que en mi país. Me pregunté ‘¿Dónde estoy?’, porque aquello no se parecía en nada a lo que yo esperaba encontrar. Salí a caminar y me quedé alucinado. ¡Había más negros que en Senegal!», remata al borde de la carcajada.

Sin embargo, recupera la seriedad enseguida. «Comprendí en un tiempo récord que no es igual la Europa real que la que te enseñan cuando estás en África», dice contundente. «Una de las causas de que aumente la tasa migratoria pasa justamente por ahí. Cuando en la escuela nos dan clases sobre Europa, o cuando encendemos el televisor, el mensaje es sólo uno: aquí todo es perfecto. Aquí hay dinero, comida, coches de lujo, la gente es feliz y, si llegas a Europa, tienes la vida resuelta. Si en tu país no estás bien y crees que hay un paraíso en la Tierra, ¿cómo no intentarlo?», reflexiona.

Desde su punto de vista, el desarrollo de Internet, los chats y las redes sociales contribuyen positivamente a ponerle freno a esa situación. «Ahora los chavales graban cosas con el móvil y las cuelgan en la web. Hay más canales de información y hay versiones más realistas de lo que es la vida aquí. Hasta hace cinco años, sólo había un periódico en el país, pero ya han empezado a aparecer otros y eso es muy bueno. Aunque haya periodistas perseguidos o refugiados en Canadá, Senegal está empezando a cambiar», dice Assane.

Cortometraje en proyecto

Lo interesante es que él también ha cambiado. «Cuando volví a mi país hace un año, me sentí un poco decepcionado. Miraba a la gente, observaba las condiciones en las que está la población, e intentaba adaptarme al ritmo de vida, que es otro muy distinto. Pero no podía. Cuando vives en un lugar, no te das cuenta de todos sus problemas. Es al salir cuando ves lo mucho que hay por mejorar», señala Assane. «Sinceramente, estoy harto de los africanos que se quejan y piden ayuda a Europa y Estados Unidos. Tenemos riqueza, recursos y gente. Deberíamos unirnos como pueblo y enfrentar a los gobiernos corruptos, pero no lo hacemos. No lo entiendo», lamenta.

Su visión sobre el mundo es lo que le ha llevado a formar parte de Biluts, una asociación multicultural de la que fue presidente, y en la que ahora desempeña el cargo de secretario. ¿La idea? «Generar espacios de encuentro de manera natural entre personas de diferentes procedencias», resume.

Las actividades que han previsto para noviembre y diciembre apuntan a esa dirección. Encuentros deportivos, talleres interculturales, seminarios, conciertos y hasta un proyecto cinematográfico. «A final de mes, el día 28, rodaremos un ‘corto’ en Bilbao. Se llamará ‘Le passage’ y contará la historia de dos senegaleses que emigran», adelanta Assane.

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