38 | Zulay

Zulay Govea llegó al País Vasco en septiembre de 2003, tras tomar una de las decisiones más importantes de su vida. Hizo un alto en su carrera, abrazó fuerte a sus hijos y dejó atrás Venezuela para ver «cómo era aquí». Cinco años después, se confiesa «enamorada y feliz», y es mamá de un niño pequeño. En Getxo, donde vive ahora, ha encontrado lo que buscaba y, además, ha vuelto a estudiar. «Me apunto a todos los cursos», dice.

Supo de la existencia de Euskadi ejerciendo su profesión. Zulay Govea es abogada y, cuando estaba en Venezuela, preparó los documentos necesarios para una amiga suya que quería venir aquí. Desde los trámites legales hasta la venta de sus propiedades: todo. La tarea habría sido una más si no fuera por un detalle de su vida personal: «Recién me había divorciado del que fue mi primer esposo y sentí una necesidad muy fuerte de poner tierra de por medio». Más que tierra, agua. La suficiente para formar un océano.

Dar ese paso no fue sencillo, pues suponía aparcar la carrera y distanciarse de su familia, así que se planteó probar suerte durante tres meses. «Llegar es muy duro porque te sientes como perdida. No conoces a nadie y nadie te conoce a ti. Todo es nuevo y diferente. Además, extrañas mucho», recuerda. No obstante, y pese a todo, el País Vasco le gustó. Tanto, que decidió quedarse. «Hubo una pareja que me ayudó mucho en ese momento, incluso cuando estuve en ferma con lesiones renales muy graves», dice con gratitud.

Zulay se siente una mujer afortunada. No sólo encontró «buenos amigos» en Euskadi; a ella la encontró el amor. «Me enamoré -desvela con picardía- y tuve a mi tercer hijo, que ahora tiene tres años». Entretanto, convalidó su título de Bachiller «sin problemas» y se informó para hacer lo mismo con su diploma de abogacía. «Debo dar diez exámenes y todavía no me he puesto a ello, pero tengo claro que lo haré, así sea con bastón», asegura. «Me gusta sentirme activa y aprender cosas nuevas».

Desde esa convicción, los cursos de formación para inmigrantes que promueve el Ayuntamiento de Getxo le llegaron como un regalo del cielo. El año pasado, en su primera edición, Zulay se apuntó a casi todos. Y 2008 no será la excepción. «El domingo pasado estuve en el segundo taller de ‘Cuidados a personas dependientes’ y se lo recomendé a todo el mundo. Allí había casi treinta personas de distintos países que tenían ganas de hacer cosas», relata.

La letrada venezolana se define como una persona muy activa que siente «fascinación por los cursos pequeños». Ha sabido mantenerse en contacto con el centro de empleo y las oficinas públicas del municipio , y sostiene que “si eres perseverante, te alientan, te ayudan y te llevan hasta donde quieras llegar». Por esa razón, sigue de cerca las ofertas de formación y hace todo lo que puede, siempre que los cursillos y las charlas le permiten compaginar sus obligaciones laborales y familiares. Es precisamente por eso que le gustan tanto estos ciclos: «Se celebran los domingos para poder llegar a más gente».

Excursiones en grupo

Pero también tienen otra ventaja: son una puerta de acceso al empleo. «Hay mucha gente joven que se dedica a la limpieza doméstica, y eso es una crueldad», opina Zulay. En su caso, y pese a haber acabado los estudios universitarios, trabajó durante un tiempo como cajera reponedora. «Luego hice un curso de operaria de mantenimiento de limpieza y así conseguí un puesto», expone. Aunque está «muy contenta» con la oportunidad, no está en sus planes detenerse. Su siguiente desafío será formarse como auxiliar de gestión administrativa y encontrar un trabajo dentro de una oficina, el lugar donde quiere estar.

La experiencia de ‘Getxon bizi’ le ha permitido algo más: relacionarse con otras personas. Para las personas que emigran, la soledad es la peor carga, y una forma de paliarla es «abrirse un poco a los demás». El programa desarrollado por el Consistorio getxotarra y la ONG Médicos del Mundo ha tenido este factor en cuenta y, por ello, añadió excursiones a distintos puntos de Euskadi y visitas guiadas por el municipio.

«Los paseos son geniales. Conoces más del País Vasco y aprendes a manejarte mejor en la propia ciudad en la que vives. Para mejor, siempre se forman grupos, cada uno lleva algo de comer típico de su tierra y lo comparte con los demás». A propósito de la querencia, ¿qué hay de Venezuela? «Allí están mi madre y mis hijos -responde-. Fui en diciembre y lo pasé muy bien. Por suerte, uno de los chicos vendrá a vivir conmigo, aunque siempre extrañas. Es mi país y nunca lo podré olvidar».

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