37 | Saliu

La capital vizcaína va a temblar este sábado, pero no lo hará por el frío, sino por el ritmo musical. Ocho grupos de percusión compuestos por extranjeros y vascos convertirán a San Francisco, Bilbao La Vieja y Zabala en un gigantesco escenario. Mamadú Saliu Djaló, uno de los músicos guineanos, adelanta cómo será la fiesta y repasa su propia historia; la que le trajo hasta el País Vasco, a donde vino buscando a su hermano.

Sentado en una cafetería del Casco Viejo de Bilbao, Saliu -cuyo nombre significa ‘buena gente’ o, también, ‘afortunado’- comparte un relato “bonito” pero, sobre todo, interesante y real. Mientras abre un sobrecito de azúcar y hace girar la cuchara en la taza, repasa “a grandes rasgos” su vida que, como bien se apresura a advertir, “podría servir de base para escribir una novela”.

Nació en Guinea Bissau -“la que fue colonia portuguesa”- y tiene 33 años, aunque su documento de identidad señale que roza los cuarenta. ¿Un error en la inscripción? “Un error… pero buscado”, contesta, y enseguida explica el porqué. “Mi familia no quería que yo hiciera el servicio militar. Allí es obligatorio y allí también hay guerra. Lo que te pagan por ser soldado es una bolsa de cincuenta kilos de arroz, una caja de pescado y diez euros en metálico. Y no estaba dispuesto a dejarme matar por eso”.

Con los funcionarios del Estado disconformes -“hubo un periodo de siete meses en el que no cobraron su sueldo”-, era fácil conseguir cualquier cosa, incluso cambiarse la edad. “Hubo gente que se quitó años y hubo otra, como yo, que se agregó”, detalla. El siguiente paso que dio fue la obtención de su pasaporte para viajar de manera legal. “No vine en patera, lo hice en avión. Y tampoco viajé hacia España. Primero viví en Portugal”.

Llegó a Lisboa en 2001 y allí se quedó siete meses, donde consiguió trabajar sin problemas, con permiso de residencia, y donde pudo empezar a ahorrar. “Yo quería encontrar a mi hermano -recuerda- porque hacía años que no le veía. Él salió de Guinea hacia Cuba con una beca para estudiar arquitectura. En ese momento, en mi país, aún no había universidades, así que mi madre hizo un gran esfuerzo para que él pudiera viajar”. Tras convertirse en profesional, el hermano de Saliu viajó hacia el país luso porque el suyo, “tristemente”, estaba en plena revuelta.

Le perdieron entonces la pista, aunque sabían que estaba en Europa. Sin embargo, cuando Saliú llegó a Portugal, su hermano ya no estaba. “Se había venido a Bilbao”, dice, y añade que él no lo dudó. Con las 470.000 pesetas que había ahorrado, viajó a la capital vizcaína, donde no conocía a nadie y donde no dominaba el idioma. “Llegué a la una y media de la mañana -recuerda-, me subí a un taxi y pedí que me llevaran a San Francisco. Lo único que sabía era que ahí vivían los negros y que podría encontrar a mis paisanos”.

Bastó abrir la puerta del coche para encontrarse con uno que, además, conocía del barrio, en Guinea. No obstante, tardó casi un año en poder abrazar a su hermano. “Me hospedé en la pensión de Nelson, un uruguayo del que acabé siendo amigo. Al principio, desconfiaba un poco de mí, pero me ayudó a estudiar electricidad y, también, a conseguir trabajo. Le debo mucho a él y a la gente que me dio la oportnidad de crecer. Muchos extranjeros cometen errores por falta de apoyo o recursos”, reflexiona.

Terapia musical

Tal vez por esa gratitud y esas “ganas de ayudar a más gente”, Saliu comenzó a vincularse con asociaciones y proyectos que promueven la integración social. Y lo hizo desde la música, ya fuera dando clases de percusión y danza africanas o pinchando discos en fiestas de Nochevieja organizadas para extranjeros que están aquí sin familia y pasan solos la Navidad. “Con más ganas que talento”, tocó un par de veces en el Palacio Euskalduna; una de ellas con Gontzal Mendibil y la otra, con la compañía de teatro Galatea.

Ahora, de cara al encuentro del sábado, se presentará con su grupo -‘Calabaza Grande’- en los exteriores de Bilbo Rock.No estarán solos. Como ellos, otros siete grupos de percusión darán la nota en una muestra musical organizada por la Coordinadora de Grupos de Bilbao La Vieja, San Francisco y Zabala para dar a conocer la riqueza y la diversidad cultural que existen hoy en dia en estos barrios bilbaínos. Los recitales, que comenzarán a las doce en punto, repasarán sonidos de Marruecos, Camerún, Congo, Brasil, Costa de Marfil, Guinea y el propio País Vasco, representado por la txalaparta. “Al final, tocaremos todos juntos y haremos un gran estruendo en la Plaza Corazón de María, donde seguirá la fiesta”, anticipa este guineano sin ocultar su entusiasmo y lo “feliz” que se siente en Bilbao.

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