34 | Lucho

Los Bomberos de Bilbao se desnudaron ante sus ojos y de aquella sesión de fotos surgió un producto incendiario: un calendario sugerente y sexy que estremeció a la sociedad. Tras la cámara, estaba él, un experto en trabajar con la luz, pero siempre ubicado en las sombras; por ello sus retratos son más conocidos que su propio rostro. Se llama Lucho Rengifo, es fotógrafo de profesión, peruano de nacimiento y nuevo vasco por elección.

Lleva veinte años afincado en Vizcaya, aunque recuerda con precisión que llegó por casualidad. «Vine aquí por una chica que entonces era mi novia», detalla. Antes de eso, vivió en Londres durante tres años y medio, donde intentó estudiar teatro pese a no dominar el idioma. «De verdad, me apasionaba –confiesa–. Cuando surgió la posibilidad de viajar a Inglaterra por el trabajo de mi padre, no lo dudé. Pedí una excedencia de un año en la facultad de Ingeniería y me marché a probar suerte». Desde entonces hasta ahora, sólo ha vuelto a Perú por turismo, por sus padres y su hermana, la querencia que más extraña.

Pero no fue la actuación, sino la fotografía, la disciplina que lo cautivó. «Yo estaba convencido de que el teatro era lo mío –asegura–, hasta que ‘ella’ se cruzó en mi camino, me sedujo y me enamoró. Al final, me rendí a sus pies. Hice un curso para dominar la técnica, y el resto lo descubrí yo solo», relata este «autodidacta» en permanente idilio con su profesión.

Llegó a Euskadi en ese estado pleno, con la sensación de que todo era posible y de que se comería el mundo enseguida. «Pensaba que iba a arrasar, pero no». La verdad es que tardó unos años en alcanzar esa meta soñada. «Fui realizando mi trabajo a conciencia, paso a paso, desarrollándome técnica y creativamente», relata. Así conoció el mundo de la moda, los certámenes de belleza, la fotografía publicitaria, las pasarelas… y ¿los Bomberos de Bilbao?

¿Cómo se enmarca esa instancia en su trayectoria profesional? Fue otro guiño de la vida que le llegó por casualidad. «Los bomberos querían recaudar fondos para hacer un viaje a Australia y pensaron en un calendario que pudieran vender con ese fin. Uno de los chicos conocía mi trabajo y entonces me llamaron para fijar una reunión», explica. Aquel encuentro dio paso a una sesión de fotos rompedora que causó sensación en España y no pasó desapercibida, especialmente entre el público femenino.

Pero tampoco pasó inadvertida para los productores de televisión de ETB, que se inspiraron en ese trabajo para dar vida al programa ‘El calendario del año’, un ‘reality’ novedoso que se emitió en 2007 y que contó con la presencia de Lucho. Si el primer proyecto dio un gran impulso a su carrera, el segundo dio a conocer su nombre, su rostro y su manera de trabajar. «Para mí significó un gran paso porque por primera vez me enfrenté a que el gran público viera cómo soy cuando trabajo, cómo es el proceso y cómo me relaciono con las personas que retrato».

La magia y los hechizos

Ese nexo que consigue –tal vez arte, tal vez magia, quizá un poco de los dos– es posible por su experiencia y por su modo de mirar. Incluso con los objetos consigue esa sintonía, cuando estudia sus texturas, sus formas, y el punto en el que se encuentran en su «máxima expresión». Con las personas sucede lo mismo. «Yo siento cuando se entregan», cuando la timidez y el corte que provoca una cámara ceden paso a la confianza y le permiten «conectar».

Sin embargo, hay una constante que subyace en cada proyecto. A Lucho Rengifo, el enamoramiento le incita a avanzar; algo más que comprensible para alguien que se dedica a capturar cosas bellas. Así fue con su profesión –de la que se confiesa totalmente cautivado–, con el motivo que le trajo a estas tierras, y con la razón que encontró para quedarse. «Me enamoré de Bilbao, de su gente y de la cultura vasca. Me encanta este lugar».

Fruto de ese idilio es el nuevo proyecto que se trae entre manos: un libro de fotografías basado en la mitología de Euskadi, con especial énfasis en las brujas y las lamias. Este trabajo, que aún se encuentra en fase de gestación, contará con la colaboración de diseñadores de moda vascos, escritores locales y escenarios autóctonos. «La mitología de aquí me parece alucinante, los cuentos y las leyendas contienen una gran riqueza y estoy deseando poder plasmar esa belleza en la fotografía», adelanta. Por supuesto, el desafío le infunde «respeto». «A veces me pregunto qué hace un peruano abordando la cultura ancestral de un país que no es el suyo, pero quizás por ser extranjero descubro en ella algo nuevo». Algo que llama su atención y le enamora.

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