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China es diferente. Tiene su calendario propio –precisamente estos días celebra la entrada del Año de la Rata con una semana de festejos– y también horarios que harían temblar a cualquier
occidental. La comunidad de chinos de Euskadi nos acerca las peculiaridades de sus tradiciones y admite que sus miembros más jóvenes, que ya han nacido en el País Vasco, «están más ligados a la cultura vasca que a la oriental».

Los calendarios que rigen el mundo soy muy distintos entre sí. Para los cristianos estamos en el año 2008; para los hebreos, en 5768, y para los católicos ortodoxos, en 2000. En el caso de los chinos, hoy comienza una nueva era. Es el Año de la Rata y simboliza «muchas cosas». Para empezar, días de fiesta. Pero… ¿Un animal en lugar de una fecha? ¿Qué celebraciones tienen lugar? ¿Lo siguen festejando aunque vivan en otro país? Zhong Jing Yang, secretario de la Asociación de Chinos en Euskadi, responde a estas cuestiones.

«Para nosotros es la celebración más importante y hacemos grandes festejos durante una semana entera», relata. «Después de un año entero de trabajo… ¡qué menos!», apostilla divertido. Según explica, son siete días de alegría con desfiles en las calles, «como si fuera carnaval». Otra de las peculiaridades de estos festejos es que cada vez se celebran en una fecha distinta, ya que el calendario que siguen los chinos no guarda una correspondencia exacta con el occidental.

Parece algo complejo aunque, en realidad, no lo es. Lo único que hay que hacer para entender su mecanismo es olvidar lo aprendido y pensar en ciclos. Doce, en total; cada uno representado por un animal distinto.Mono, Gallo, Perro, Cerdo… Rata, como el que empieza hoy. Esta nueva etapa se extenderá hasta febrero de 2009 y no volverá a repetirse hasta febrero de 2020. En el medio, año a año, se irán sucediendo los diferentes animales. Como es lógico suponer, cada uno tiene características propias que marcan su ‘reinado’; unas cualidades tan arraigadas en la cultura oriental que hasta determinan las decisiones vitales. Por ejemplo, tener hijos.

«La rata está asociada a la inteligencia –dice Yang–, así que muchos chinos intentarán tener niños en estos meses». Sobre todo, los que están en el país, donde sólo puede haber un hijo por pareja. En ese sentido, aquí hay más posibilidades y bien lo sabe él, que es padre de tres chavales. «Yo vine con mi mujer hace ya 21 años, y todos mis hijos nacieron en Euskadi. Físicamente, son orientales, pero están más ligados a la cultura vasca que a la china». Normal. Los hijos de Yang son vascos y lo que saben del ‘gigante asiático’ es a través de sus padres, sus relatos y la televisión.

La tradición y Bruce Lee

Los festejos de Año Nuevo, como aquí, tienen lugar en familia. «Nos reunimos con los nuestros y también con los amigos, preparamos comida típica y salimos a celebrarlo». La calle se inunda de música, de ritmo y color con diversas actividades artísticas, «como ‘la danza del dragón’». El año nuevo occidental también se celebra en China, «pero apenas durante un día». Ni punto de comparación con esta semana entera de «fiesta merecida».

Lejos de casa, la historia es otra. O, cuando menos, es más modesta. Por una parte, «hay que trabajar». Por otra, «los más jóvenes no sienten tanto la tradición ni tienen mucha idea». Además, no siempre es fácil revivir el ambiente. «Hemos intentado traer a algunos artistas, pero tenían la agenda completa. Lamentablemente, no podrán venir hasta 2009». Es decir, en el Año del Búfalo.

El concepto de los ciclos se apoya en toda una filosofía, y Yang es muy consciente de que, al principio, cuesta entenderla. No obstante, matiza que hoy es «más simple» y que, «gracias a los viajes, la gente conoce algo más». En la década de los ochenta, cuando él llegó al País Vasco, «la falta de información era total». Excepto Bruce Lee y las películas de Kung Fu, que estaban de moda, «la gente no sabía nada de China», recuerda. «Pero lo que más me costó fue el idioma, porque es muy duro no poder comunicarse. Los horarios también son distintos aquí: en mi país me levantaba a las cinco, comía a las once y media, me iba a la cama antes de las seis…».

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