27 | Alberto

Alberto Galindo llegó al País Vasco en noviembre del año 2000. Ingeniero de profesión, vino con la idea de hacer un posgrado en la UPV. Pero no hizo uno, sino dos, y tampoco regresó a Colombia, como tenía previsto al comienzo. Hoy preside la asociación ASOCOLVAS y dirige una cooperativa muy ligada a su país. «El próximo lunes haremos en Bilbao una manifestación por la paz», anuncia. La capital vizcaína no será el único escenario.

Más de 130 ciudades repartidas a lo largo y ancho del globo serán testigos directos del repudio a la violencia en Colombia. Estas urbes, que van de Buenos Aires a París, de El Cairo a Nueva York, y de Ginebra a Melbourne, se manifestarán a favor de la paz y en contra del terror que imprimen las FARC en un Estado al que, «por desgracia», se conoce más por sus armas que por su gente.

La manifestación, de carácter mundial, tendrá lugar el próximo lunes, coincidiendo con el mediodía de Bogotá. En Euskadi, serán las seis de la tarde, y allí estará Alberto Galindo, el presidente de la Asociación de Colombianos en el País Vasco, más conocida como ASOCOLVAS. Para él, que reside en Bilbao desde hace más de siete años, el punto de encuentro será la explanada del Teatro Arriaga.

«Iremos con camisetas blancas y letreros muy simples en contra de la guerra. La manifestación no tiene fines políticos, ni partidarios ni de ninguna clase -advierte-. Lo que queremos es dejar claro nuestro repudio absoluto a las FARC». Y para ello no es necesario haber nacido en Colombia. La convocatoria, de hecho, está abierta «a todos los amigos del país que quieran denunciar la injusticia».

La asociación que Alberto representa – en la actualidad tiene más de 400 socios– se ha hecho eco de este llamado internacional sin dudarlo, convirtiendo a Bilbao en la tercera ciudad española en sumarse al proyecto. «Confiamos en que la sociedad vasca, que ha sufrido la violencia terrorista en carne propia, nos acompañe en esta iniciativa y no nos deje solos. No es posible que unos pocos puedan más que la voluntad colectiva, que sigan impunes mutilando los sueños de la gente», lamenta cuando se refiere al movimiento armado.

Y son los sueños (a veces rotos; otras, recién gestados) los que han motivado a 11.000 colombianos a trasladarse hacia el País Vasco. Entre ellos, este ingeniero, que llegó a la capital vizcaína con la intención de hacer un posgrado. «Yo quería cursar un máster en Dirección y Competitividad Empresarial, pero no había plazas, así que me apunté en otro, sobre Cooperación Internacional y Desarrollo», recuerda. Al terminarlo –y lejos de conformarse con ello–, se inscribió en el curso que quería al principio. Como resultado, adquirió los conocimientos necesarios para manejar con destreza sus dos actividades actuales: la presidencia de una asociación con mucha presencia en Euskadi y la dirección de una cooperativa.

El trabajo cooperativo

De ASOCOLVAS, que hoy preside, fue secretario durante tres años. Tiempo más que suficiente para descubrir a las instituciones vascas y dar a conocer la asociación. «Queríamos fortalecer nuestra identidad al tiempo que mejorar los servicios que prestamos», relata. Aunque admite que «no siempre es fácil sacar adelante los proyectos», Alberto es capaz de enumerar con rapidez los muchos papeles que desempeña el colectivo.

Además de ofrecer asesoramiento a los recién llegados, la asociación tiene un grupo de información para los extranjeros interesados en la creación de microempresas. Otro grupo, el de mujeres, brinda apoyo psicológico y social. Y también hay un colectivo de jóvenes que «invierte su tiempo en actividades constructivas en lugar de estar en la calle», sin olvidar los cursos de informática que han impartido para facilitar la inserción laboral.

Por otra parte, la cooperativa satisface distintas demandas. Desde la asesoría legal en materia de
extranjería y la financiación de electrodomésticos, hasta un locutorio «con la última tecnología», una agencia de viajes y un servicio de gestoría para comprar viviendas en Colombia sin tener que desplazarse allí. ¿Clientes vascos? «Sí, uno. Compró una casa en Medellín».

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